28.3.17

El hombre y su necesidad de autoengaño

El hombre y su necesidad de autoengaño

Por Sara Plaza

«Abajo del campamento, en el bosque de tilos y arces, el viejo botánico que me ha acompañado a la montaña ha descubierto un haya gigantesca, de más de cuarenta metros de alto, único fósil vegetal superviviente de la era glacial, de más de un millón de años de antigüedad. Hay que levantar la cabeza para ver, en lo alto de sus desnudas ramas, unas tiernas hojas minúsculas. El tronco tiene un gran hueco que podría servir de madriguera a un oso. El viejo botánico me hace entrar en él asegurándome que, aunque se albergue allí un oso, sólo sería posible encontrarlo en invierno. Me meto dentro: las paredes están tapizadas de musgo. También en el exterior el gran árbol se halla recubierto de aterciopelado musgo. Sus raíces y ramas enmarañadas se insinúan cual dragones y serpientes entre los matorrales y las altas hierbas.

–Joven, aquí tiene la naturaleza en estado realmente virgen –dice golpeando el tronco con su piolet. Llama a todos los miembros de la reserva "jóvenes". Ya sexagenario, conserva una salud envidiable. Valiéndose de su piolet a modo de bastón, no para de recorrer las montañas.

–Talan los árboles de madera preciosa para hacer materiales con ella. De no haber tenido este hueco, también éste hubiera caído. No puede decirse, en sentido estricto, que sea éste ya un bosque primitivo. Todo lo más es un bosque primitivo de "segundo orden" –suspira él.

Ha venido a recoger ejemplares de bambúes-flechas, el alimento de los pandas. Yo le acompaño introduciéndome entre la espesura de bambúes secos, más altos que un hombre. No encontramos ningún bambú vivo. Me explica que han de pasar sesenta años desde el momento que florecen y germinan y el que se secan, luego vuelven a echar brotes otra vez antes de un nuevo florecimiento. Tal es exactamente la duración de un kalpa, la sucesión de las existencias y de los renacimientos en la religión budista.

–El hombre sigue las vías de la Tierra, la Tierra sigue las vías del Cielo, el Cielo sigue las vías de la Vía, y la Vía sigue sus propias vías –recita con fuerte voz–, no hay que llevar a cabo actos en contra de la naturaleza, no hay que aspirar a lo imposible.

–¿Qué valor científico reviste la salvación de los pandas?

–No es más que un símbolo, un consuelo, el hombre tiene necesidad de engañarse a sí mismo. Por un lado, salva una especie que ha perdido su capacidad de supervivencia, pero por otro, acelera la destrucción del entorno que le permite subsistir. Fíjate en las dos orillas del Minjiang, todos los bosques han sido talados y el mismo río no es más que una corriente de negro lodo. Y no hablemos ya del Yangtsé. ¡Y encima quieren hacer un lago artificial! ¡Construyendo una presa a la altura de las Tres Gargantas! Por supuesto que es muy romántico tener proyectos fantásticos. La historia atestigua que ha habido varias veces hundimientos del terreno en esta región de falla geológica y la construcción de la presa va a destruir todo el equilibrio ecológico de la cuenca del Yangtsé. ¡Si alguna vez hay un gran terremoto, los cientos de millones de habitantes que viven en el curso inferior y medio del río se verán convertidos en peces! Por supuesto, nadie quiere escuchar las palabras de un viejo como yo. ¡El hombre saquea la naturaleza, pero la naturaleza acabará por tomarse venganza!

Estoy en el bosque en medio de los helechos que nos llegan hasta la cintura y cuyas enrolladas hojas se asemejan a inmensos embudos. De un verde esmeralda aún más vivo, las Rodgersia aesculifolia son de siete hojas verticiladas. Por todas partes hay una atmósfera saturada de humedad. No puedo evitar preguntarle:

–¿No hay serpientes en esta maleza?

–Aún no es la estación, pero al comienzo del verano, cuando el tiempo se suaviza, se vuelven peligrosas.

–¿Y bestias salvajes?

–¡No es a ellas a las que hay que temer, sino más bien al hombre!

Me explica que en su juventud, se topó un día con tres tigres. La madre y su cría pasaron cerca de él. El tercero, el macho, levantó la cabeza y se acercó. Se miraron, luego el animal desvió la mirada y se alejó a su vez.

–Normalmente, el tigre no ataca al hombre más que cuando éste le persigue por todas partes con intención de exterminarlo. No se encuentra ya rastro de tigres en la China meridional. Tendrías que ser realmente afortunado para encontrar uno ahora.

Lo dice en un tono burlón.

–¿Y el licor de huesos de tigres que venden por todas partes?

–¡Es puro caramelo! Ni siquiera los museos consiguen tener ya ejemplares. En estos diez últimos años, no se ha comprado una sola piel de tigre en todo el país. Alguien fue a la aldea de Fujian para comprar un esqueleto de tigre, pero una vez analizado ¡se vio que se trataba de huesos de cerdo y de perro!

Se echa a reír, después, ahogándose, descansa un momento apoyado en su bastón de montañero:

–He escapado en varias ocasiones a la muerte en mi vida, pero nunca a causa de las garras de los animales salvajes. En cierta ocasión, fui secuestrado por unos bandidos que pretendían intercambiarme por un lingote de oro, creyendo que había nacido en una familia adinerada. No se imaginaban que un pobre estudiante como yo, que investiga en las montañas, no tenía otros bienes que un reloj prestado por un amigo. Otra vez, fue durante un bombardeo japonés. La bomba cayó sobre la cumbrera de la casa donde yo vivía, haciendo volar todas las tejas del tejado, pero no estalló. La tercera vez fue cuando me denunciaron, acusado de ser "derechista" y enviado a una granja para ser reeducado. Durante el periodo de catástrofes naturales, no había ya nada que comer, mi cuerpo estaba cubierto de edemas y a punto estuve de palmarla. ¡Joven, no es la naturaleza la que causa espanto, sino el propio hombre! Te bastará con familiarizarte con la naturaleza y ella se acercará a ti. El hombre, si es inteligente, por supuesto, es capaz de inventarlo todo, desde las calumnias hasta los bebés probeta, pero al mismo tiempo extermina a diario dos o tres especies en el mundo. Este es el gran autoengaño de los hombres.»

Gao Xingjian. La Montaña del Alma. Barcelona: Planeta, 2001, pp. 71-74.

Imagen. Pintura de Gao Xingjian

21.3.17

La ciudad perdida de Z

La ciudad perdida de Z

Por Edgardo Civallero

El teniente coronel Percival "Percy" Harrison Fawcett nació en agosto de 1867 en Torquay (Devon, Reino Unido). Hijo de un miembro de la RGS (Royal Geographical Society/Real Sociedad Geográfica), se enroló en 1886 en el ejército británico y sirvió como artillero en Trincomalee, Sri Lanka. Allí conoció a la que sería su esposa, Nina Paterson, en 1901. El mismo año se unió a la RGS para poder estudiar topografía y elaboración de mapas, y luego trabajó en el servicio secreto británico en el norte de África y en Malta.

En 1906, con 39 años, viajó a Sudamérica por primera vez. Fue a realizar un relevamiento cartográfico de una sección del límite entre Brasil y Bolivia, a pedido de la RGS; los dos países se disputaban esa área, rica en caucho y con una frontera poco clara, y habían solicitado la intervención de un observador neutral, el gobierno británico. Durante su trabajo en la zona en 1907 dijo haber visto numerosas especies de animales increíbles, como una anaconda de 19 m, un perro del tamaño de un gato, o la araña apazauca, que los habitantes locales referían como muy venenosa (declaraciones por las que fue ridiculizado por la comunidad científica). Asimismo, describió detalladamente en sus cuadernos el ambiente y la vida de los habitantes de aquellos lugares.

Fawcett realizó siete expediciones a la Amazonia entre 1907 y 1924. Se entendía bien con los pueblos indígenas con los que se cruzaba, básicamente a base de regalos, paciencia y mucha cortesía. En 1908 describió las fuentes del río Verde, en Brasil, y en 1910 localizó las fuentes del río Heath, entre Bolivia y Perú. Tras su expedición de 1913 anunció haber visto perros con narices dobles.

Basándose en una investigación bibliográfica y, sobre todo, en los cientos de historias fantásticas y rumores legendarios que había ido escuchando a lo largo de sus viajes y sus años en América del Sur, para 1914 había formulado la teoría de que existía una "ciudad perdida" (que él llamó "Z") en el Mato Grosso. Señalaba que allí había existido una civilización compleja, y que seguramente habrían sobrevivido ruinas aisladas, a pesar de que nadie (y especialmente la BGS) daba crédito a sus hipótesis. En apoyo de su teoría sobre la existencia de "ciudades perdidas" vino el descubrimiento, en 1915, del llamado Manuscrito 512, hoy conservado en la Biblioteca Nacional de Brasil en Río de Janeiro. Se trata de un texto famoso y asombroso, supuestamente escrito por el bandeirante João da Silva Guimarães, que el que cuenta que en 1753 él y sus compañeros se toparon con las ruinas de una ciudad con arcos, estatuas y un templo con jeroglíficos en el sertão de Bahía. Esa ciudad, que Fawcett llamó "ciudad de Raposo" y ubicaba en la Chapada Diamantina, se convirtió en su segundo objetivo después de "Z".

A pesar de su edad, al principio de la Primera Guerra Mundial el británico volvió a Europa y sirvió a su país comandando una brigada de artillería. Luego regresó a Brasil para seguir con sus exploraciones, estudiando la flora y la fauna local y los posibles restos arqueológicos. En 1920 realizó un intento en solitario por buscar la ciudad de Z, pero fracasó.

En 1925 emprendió un nuevo viaje tras su misterioso objetivo, acompañado por su hijo mayor, Jack, y el mejor amigo de este, Raleigh Rimell. Antes de partir, Fawcett indicó que si la expedición no regresaba no se debían enviar partidas de rescate. Los tres iban bien preparados, y el grupo era pequeño para evitar llamar la atención de algunos de los pueblos indígenas hostiles a los europeos, cuyas tierras planeaban cruzar. Partieron el 25 de abril de Cuiabá, capital del estado de Mato Grosso, y su última comunicación tuvo lugar el 28 de mayo, cuando Fawcett escribió una carta a su esposa. Se supone que cruzaron el Alto Xingú, abandonando el territorio del pueblo Kalapalo y entrando en el de los Xavante.

Nunca más se volvió a saber de ellos.

Dado que el propio explorador había manifestado su deseo de que no se lo buscara, las sospechas comenzaron recién un año después de su desaparición. Algunos relatos indígenas afirmaban que vivía con una tribu desconocida, o que había hallado la ciudad perdida y se había quedado allí. En 1927, Brian, el otro hijo de Fawcett, que trabajaba como ingeniero en los ferrocarriles peruanos, recibió la visita de un colega francés que le dijo haber visto a su padre vivo en el estado Minas Gerais, aunque nadie le creyó.

En 1928 se organizó la primera expedición en su búsqueda, pero solo llegó hasta los Kalapalo, que se mostraron verdaderamente agresivos. Le siguieron casi un centenar de expediciones que intentaron encontrarlo, sin suerte; muchas de ellas fueron masacradas por los pueblos nativos. En 1943 el presidente brasileño Getulio Vargas lanzó la expedición Roncador-Xingú para establecer bases aéreas en esa región del Mato Grosso. Fue entonces cuando el periodista Edmar Morel aprovechó la ocasión para viajar y entrevistarse con los Kalapalo, llegando a la conclusión de que ellos habían asesinado a Fawcett.

En 1947, los famosos hermanos Vilas Boas, en el marco de la misma expedición Roncador-Xingú, pasaron algunos meses entre los Kalapalo, y también terminaron sospechando que habían sido los asesinos de Fawcett, a pesar de que los indígenas fueron cambiando las versiones de su relato una y otra vez. En 1950, el cacique Kalapalo Ixarari, en su lecho de muerte, confesó a Orlando Vilas Boas que él mismo había asesinado a Fawcett de un hachazo en la cabeza, por una falta de respeto del británico.

Tras la muerte de Ixarari, Vilas Boas pidió ver la tumba de Fawcett. Esta fue localizada y abierta, se recuperaron los huesos y se los envió a Londres, donde fueron analizados. Pero los restos no concordaban con la descripción del perdido explorador. Se dudó incluso de que fueran los de un hombre blanco.

Muchos años después, en 2005, un reportero del New York Times, David Grann, entrevistó nuevamente a los Kalapalo. Descubrió entre ellos una tradición oral vigente sobre Fawcett (uno de los primeros hombres blancos en visitarlos), que decía que el explorador había descansado entre ellos durante su último viaje y había seguido camino hacia el este, a pesar de las advertencias de que no lo hiciera porque los indígenas de esa zona eran muy violentos. Durante cinco días, dijeron los Kalapalo, sus vigías vieron el humo del fuego de los blancos. Luego no lo vieron más, y supieron que los extranjeros estaban muertos.

Tras tantas versiones y tantas idas y venidas, probablemente nunca se conozca el destino final de los tres aventureros.

Fawcett fue amigo de Conan Doyle, que utilizó los relatos de sus expediciones amazónicas (concretamente, la del descubrimiento de las llamadas "colinas de Ricardo Franco") como apoyo para su "Mundo Perdido". Mucho se ha escrito sobre su último viaje. E incluso se ha filmado una película, aún por estrenar, basada en el libro que el periodista Grann escribió en 2009.

* * *


Recientemente, el antropólogo Michael Heckenberger y otros colegas, colaborando con el pueblo Kuikuro (que habitan tres aldeas del Parque Indígena del Xingú, en Mato Grosso, y son el pueblo indígena más numeroso de la región), han descubierto los restos de una civilización que han llamado Kuhikugu. Se trata de unas 20 localidades repartidas en un área de 70.000 km cuadrados, con una población aproximada de 50.000 personas, y posiblemente habitadas desde hace 1500 años hasta hace 400, cuando su población habría sido exterminada por las enfermedades llegadas desde Europa.

El sitio principal de Kuhikugu, X11, se encuentra a orillas del lago Kuhikugu, en la cabecera del río Xingú, muy cerca de donde Fawcett presuponía la existencia de los restos de Z. Aunque, evidentemente, no se trataba ni de un El Dorado ni de una ciudad de la Atlántida, como decían los relatos y las leyendas, sino de una sencilla red de aldeas que alcanzó un alto nivel de desarrollo socio-económico en el corazón de la Amazonia.

14.3.17

Mataron a amada Amada mas vive Amada García [1]

Mataron a amada Amada mas vive Amada García [1]

Por Sara Plaza

Reproducimos a continuación una entrevista del periodista Xurxo Salgado al historiador Bernardo Máiz, con motivo de la publicación de su último libro "Amada García e os seus arredores" (Edicións Embora, 2017), en el que recoge la historia de esta mujer y de la represión franquista en la comarca de Ferrolterra. Publicada originalmente en gallego en el portal Historia de Galicia, con el título, "Bernardo Máiz: "Amada García loitaba polo empoderamento feminino e por iso a asasinaron na Guerra Civil", dicha entrevista ha sido traducida por Sara Plaza con permiso de su autor.

Pocas veces se hacen trabajos como este sobre la represión de las mujeres durante la Guerra Civil y el Franquismo. ¿Por qué decidiste contar la historia de Amada?

Como sabes, llevo muchos años investigando y publicando sobre la historia de la Galicia contemporánea y oí hablar de Amada García desde pequeño, pues es una historia que está presente en toda Ferrolterra. Ella quedó en la memoria popular como emblema, como víctima destacada entre las víctimas de la represión. Su muerte es un verdadero drama envuelto en mitos, tan cariñosos como sentimentales, en los que yo intuía a la protagonista como minimizada, una pobre mujer asesinada, fusilada al poco de parir, cuando no había hecho nada la pobre, solo bordar una bandera [2]. Pero como historiador percibía que había mucho más detrás, y lo había, vaya si lo había. Amada no era una pobre mujer, una inocente, era una mujer que no bordó ninguna bandera, una mujer que luchaba por el empoderamiento femenino y alcanzó protagonismo político, y eso fue lo que le costó la vida.

Hay estadísticas que dicen que entre 1936 y 1939, 77 mujeres fueron asesinadas, 274 represaliadas y miles, silenciadas: Elvira Bao, Consuelo Rodríguez, Chelo y tantas otras. Cuesta imaginar cómo fue la vida de esas mujeres represaliadas. ¿Cómo era la de Amada?

Lamentablemente, en ese periodo fueron asesinadas más mujeres en Galicia, ya tenemos una nómina de 86, de ellas 27 en el área de Ferrol, buena muestra del compromiso femenino en esta tierra con la democracia y la República. La mayoría de ellas eran muy jóvenes, de la generación que con la República de 1931 dio un paso adelante, mujeres que salieron a la calle a reclamar sus derechos en igualdad, todos, no solo el de voto, iban por delante de los partidos. Amada desarrolló un fuerte activismo: militando en el Partido Comunista, interviniendo en mítines, formando parte de una lista electoral del Frente Popular para las elecciones municipales de 1936 que no llegaron a celebrarse. Esa era la generación de mi madre, estudiante de medicina en el tiempo republicano, que contaba que había perdido la guerra dos veces, como demócrata y como mujer.

Me estoy acordando del personaje del doctor Pereira de la novela de Tabucchi en el Portugal salazarista, intentado escapar de la realidad metido en su diario cultural. ¿Cómo era la vida diaria de los perdedores durante la guerra y los primeros años del franquismo?

El franquismo sembró y cultivó el miedo con ejecuciones, paseos, palizas, destierros, multas, depuraciones..., y duró cuarenta años elaborando y aplicando una legislación en la que estaba prohibido todo lo que no era obligatorio.

La vida de los derrotados pienso que está muy bien recogida en el poema de Carbalho Calero "Como puidemos vivir?" en el que escribe "(…) Os olhos múltiples e insones da Medusa fixos en nós á espreita / dos que tiveron que viver morrendo entre os seus matadores,/ Lendo a imprensa / que de lama nos enchera, saudando/as insignias contra as quais militaramos" ["(...) Los ojos múltiples e insomnes de la Medusa fijos en nosotros al acecho / de los que tuvieron que vivir muriendo entre sus matadores, / leyendo la prensa / que los había enlodado, saludando / las insignias contra las que habían militado"]. Hasta el paso de los cuarenta a los cincuenta la única oposición verdaderamente activa en Galicia era la oposición armada, la guerrilla, a no ser que veamos la no colaboración con el "Régimen", o el exilio interior, como una forma de oposición, que también.

Recordemos que los años cuarenta son recordados como los años del hambre, el racionamiento duró hasta 1952, sufrimos un gran atraso tecnológico,... Los índices económicos españoles, el PIB, de 1935 no se recuperaron hasta 1957. Después, desde principios de los sesenta en adelante, la emigración y el turismo aportaron divisas y la represión se atemperó en la forma, también la manera de oponerse a la dictadura franquista, el protagonismo pasó al movimiento obrero y al estudiantil.

"Dicen que la hija de Petronila, la redeira, Amadita, quiere ser concejala. Por Dios, una vergüenza! La mujer de un obrero", recoges en tu libro. Un estigma social que todavía pervive, ¿no?

Las cosas han cambiado hoy... Algo. Hay una derecha "de toda la vida", una clase/ casta que conforma un bloque de poder, mucho, que entendía y entiende que el derecho a gobernar les es propio, que les pertenece de manera natural, a ellos y a quien se les arrima, la pequeña burguesía mimética. Eso sucedía entonces y hoy, no solo en la gran política, también a nivel local, pero para aquel tiempo basta con repasar quiénes ocupaban entonces las alcandías en las villas gallegas: comerciantes, armadores, la mesocracia...

¿Qué mujeres participaban en política en el tiempo republicano? Eran muy pocas, eran abogadas, maestras, con el caso de excepcional de Dolores Ibarruri, del Partido Comunista como Amada García, una excepción, como eran excepción las alcaldesas con las que di en la Galicia republicana, solo dos y las dos con estudios. Esa derecha villana, pequeño burguesa y zafia, de Casino y Acción Católica, malamente soportaba a un marinero, a un carpintero, a un albañil... en un cargo público, menos a una mujer y todavía menos si era de origen popular; ellos y ellas reaccionaban con desprecio y animadversión, un clasismo y un sexismo que escondían envidia y miedo.

El padre era anticlerical. El primo era cenetista. El marido de la UGT... ¿Cómo era la Galicia, la Ferrolterra del 36, para que una mujer como Amada se meta de lleno en la revolución? ¿La familia influía más que la política o era la política la que acababa influyendo en las familias?

En el caso concreto de Amada García hay que considerar el medio, todo él, una Ferrolterra cosmopolita y muy girada a la izquierda, la cuna del movimiento obrero gallego, y concretamente Mugardos todavía más a la izquierda; funcionaban en la villa, y bien, un Centro Republicano, un potente Ateneo Libertario, un grupo comunista muy activo, una agrupación socialista, en Franza y O Seixo había dos entidades sociales muy dinámicas y una Hermandad Galleguista, entre San Xoán y Limodre (Fene) mantenían una casa del pueblo... Por otra parte, la proximidad a Ferrol, apenas quince minutos en lanchas de pasaje desde Mugardos o desde O Seixo, facilitaba las actividades sociales y políticas, también las laborales.

Me han dicho que este libro no es una biografía al uso, es verdad, no es una biografía lineal. Amada es el hilo conductor de un tiempo y de un espacio, presento los parámetros económicos, políticos, sindicales, educativos... de Ferroltera y de Mugardos, pues Amada era hija de su tiempo, una mujer espabilada en un ambiente familiar y local sensible, en el que resultaba fácil que ella y otras tomaran conciencia de sí mismas como mujeres con derechos, como ciudadanas en igualdad.

Has contado que del 20 al 24 de julio murieron unas 40 personas en Ferrol, solo en tiroteos entre golpistas y republicanos. Y luego hubo una brutal represión. ¿Qué pasó en esos días negros para que una mujer acabara condenada a muerte?

A consecuencia del posicionamiento político y de la polarización política históricos, la represión en Ferrol fue terrible, un lugar con un gran astillero, un Arsenal, la Base Naval, el único lugar de Galicia en el que hubo posibilidades de que los alzados fuesen derrotados militarmente. Eso explica que en Ferrolterra eliminaran físicamente casi a la tercera parte de las personas que los sublevados mataron en Galicia, entre ellos muchos profesionales de la Armada y trabajadores del sector naval, la mayoría vecinos de la zona, pero también de lugares alejados, pues la demarcación ferrolana da la Delegación de Orden Público incluía todo el norte de la provincia de A Coruña; de ahí que a Ferrol llevaran a juzgar en consejos de guerra y, si era el caso, ejecutar, a muchas personas de fuera, hasta de Mañón, As Pontes, Miño, también marineros de la Armada republicana. Sirva como ejemplo de esa centralización un aspecto que recojo en el libro: de las 90 personas de Mugardos asesinadas por el franquismo entre 1936 y 1976, solo 15 de ellas fueron eliminadas en territorio mugardés.

Amada García formó parte del Comité mugardés de defensa de la República creado por el Frente Popular de Mugardos el día 19 de julio y hasta el día 24, cuando entró el ejército sin que hubiera enfrentamiento armado; como Ferrol ya había caído el día 22, la gente de izquierdas más avisada huyó o se escondió. Lo único que sucedió en Mugardos durante esos cinco días fue la constitución de patrullas, requisas de armas, barricadas, la detención por orden del gobernador civil de un grupito de "pollos fascistas" a los que nada les pasó. Pero, por desgracia, hubo un tiroteo en el Pazo de Piñeiro cuando los derechistas que se habían hecho fuertes allí se negaron a entregar las armas que tenían; dispararon desde dentro, mataron a un carabinero y, en la respuesta de los defensores de la legalidad republicana, perdieron la vida uno de los niños del pazo y un cura que allí vivía. Precisamente, la investigación judicial militar que condujo a la ejecución de Amada García, que jamás estuvo en el Piñeiro, comenzó por la investigación de lo sucedido en ese lugar y terminó enredando a más de setenta personas de Mugardos, Ares, Fene, Cabanas..., con resultados realmente trágicos.

Desde el 25 de julio y hasta el 24 de diciembre de 1936, Amada García sufrió arresto domiciliario, le cortaron el pelo al cero, fue ultrajada, sometida a trabajos forzosos en las obras del muelle de Mugardos, nada menos y tampoco nada más, aunque en el "Correo Gallego" del 19 de agosto la calificaban como dirigente comunista. La detuvieron por orden judicial en abril de 1937 y ya no salió más, el consejo de guerra fue los días 1, 2 y 3 de diciembre, ella y otros siete republicanos fueron ejecutados el 27 de enero de 1938, otro lo sería meses después. Por lo tanto, Amada y sus compañeros no cayeron durante la represión en caliente en el fervor de los primeros días de la tragedia que comenzó en julio de 1936, cuando más muertes irregulares hubo, cuando en los consejos de guerra condenaban a mansalva. Lo sucedido con Amada y sus camaradas fue en frío, incluso hay quien me comentó que si sería para dar ejemplo, tardío digo yo. Amada fue víctima en primer lugar de un régimen político sangriento, y en segundo lugar de la intolerancia llevada hasta las últimas consecuencias.

Con todo, en el libro hablas de Manuel Vázquez Fariña, el alcalde de Mugardos, como impulsor de la denuncia por despecho al ser rechazado por Amada. ¿Qué hay de cierto o de leyenda en esta historia?

El teniente López-Sors, jefe militar de Mugardos, redactó un informe terrible y lleno de falsedades a finales de julio de 1936 contra las personas del Comité del Frente Popular de Mugardos, informe que utilizaron cuando el consejo de guerra. Otro informe posterior de Vázquez Fariña es todavía más duro, igual que otro de Esteban Cortizas ("Bailarín") como jefe local de "Falange", en esos informes, y sin que hubiese delito de sangre en ninguno de los encausados, basaron las condenas de muerte.

El capitán de artillería López de Ayala, muy buen defensor de Amada, fue quien le recomendó ponerse como víctima de la venganza de un sátiro ofendido por ser rechazado en sus pretensiones libidinosas. Mis referencias orales señalan que las inclinaciones sexuales de él eran otras.

Hay también algo muy chocante en toda esta historia, o por lo menos a mí me lo parece, que es la condena de Amada justo después de tener un hijo. ¿Ni el tan "cotolicísimo" Movimiento Nacional tenía normas, digamos humanitarias, para evitar situaciones así?

Amada estaba presa en la cárcel de mujeres de Ferrol, y parió a Gabrielito el 31 de octubre de 1937 en el hospital de la Caridad, vigilada por un guardia, aunque el fiscal miliar no había elevado su petición de penas, pero en el auto de procesamiento se deduce ya que iban a ser fuertes. Sí, es cierto que sorprende mucho la ejecución de la madre de una niña de siete años y de un niño de tres meses, de hecho a la otra condenada a muerte, Elena Leira, también madre, se la conmutaron. Dos señoras de Mugardos consiguieron entrevistarse con un miembro del cuerpo jurídico militar para interceder por Amada, y confirmé la respuesta que les dio el militar gracias a unas notitas manuscritas: no iba a haber perdón para ella; quien quiera conocer la respuesta en su literalidad que mire en la página 260 del libro. De nuevo la intolerancia, mas también estamos analizando la sinrazón, por lo que no se le pude buscar lógica alguna a lo sucedido, salvo la barbarie, el exterminio del enemigo.

En aquel frío 27 de enero fueron fusilados, junto a Amada, Juan José Teixeiro Leira, José María Montero Martínez, Ángel Roldos Gelpi y Antonio Eitor Cañiza de Mugardos, Ramón Rodríguez López y Jaime González Pérez de Ares y Germán López García de Cabanas. ¿Mataban entonces juntos a hombres y mujeres? ¿Por qué?

Los hombres estaban presos en el castillo de San Felipe, Amada García y Elena Leira en la cárcel de mujeres de Ferrol. Fueron trasladadas al castillo de San Felipe, las dos con un bebe en el regazo, los días del consejo de guerra, y Amada de nuevo el 26 de enero, el día anterior a su ejecución. Solo hubo ocho mujeres ejecutadas en Galicia por sentencia judicial, y, salvo Amada, creo que las mataron de una en una, en fechas y puntos diferentes, pero sí he comprobado cómo en otros lugares los fusilamientos eran mixtos si la condena era colectiva, incluso juntaban personas condenadas en más de un consejo de guerra.

Tú conociste al marido de Amada, Gabriel Toimil, y al resto de la familia. También has hablado y tratado con muchos represaliados. ¿Cómo describirías lo que siente una personas que pierde a un ser querido en esas circunstancias?

Yo he visto mucho y vivido mucho, mantengo una frialdad aparente, pero he tomado notas con un nudo en la garganta, entrevistado con lágrimas en los ojos; imagina las familias, hay gente que nunca superó el trauma, son víctimas colaterales de un crimen.

Después de la ejecución de Amada, Gabriel Toimil Dopico, el viudo, entregó a su hija a la familia Toimil y el niño Gabrielito a los abuelos maternos, que abandonaron Mugardos para siempre. Gabriel nunca más tuvo problemas, se fue lejos y no volvió hasta la jubilación; me entrevisté con él dos veces, me contó cosas, muchas, pero algunas no quiso, y la segunda vez, el ya muy mayor, me dijo que me fuera, que lo dejara en paz, y lo entiendo. Su hijo, Gabriel Toimil García, arrastró siempre la carga de la muerte de su madre, celebro la amistad que llegué a tener con él, la mucha información que me dio, pero tenía una tristeza que algunos estimulaban, no sé, hay gente que prefiere lo morboso sobre lo verdadero... Me decía el otro día Amada Toimil Rey, nieta de Amada García, hija de Gabriel, el niño nacido estando ella presa, que, al final, ella ha conseguido superar la tristeza gracias a la publicación del libro, es la memoria liberada leyendo la verdad; ella misma aportó un escrito que va en los anexos.

En toda tu historia está siempre planeando la idea del castillo de San Felipe, de tan funesto recuerdo. Si sus muros hablaran, cuántas cosas contarían, ¿verdad? Y desde 2015 estamos esperando que San Felipe sea ese espacio de la memoria que precisa Ferrolterra, ¿cuándo será posible que esto se haga realidad?

Allí no hubo tantas ejecuciones como muchos piensan. Yo he publicado un estudio ("Castelo de San Felipe, cárcere e morte") en el que incluyo las cifras de las personas allí asesinadas, 150 entre 1936 y 1950, que son muchas, una sola sería mucho, pero en el cementerio de Canido de Ferrol, en el de Serantes, en el de Val en Narón, el número de muertos que hubo allí causa horror. Lo que pasa es que el castillo de San Felipe tiene un porte, una estructura, una posición preferente en la boca de la ría de Ferrol, fue cárcel militar hasta 1981... Muchos elementos que le dan un carácter simbólico, en este caso de la represión. Y sí, las paredes podrían contar mucho, no solo de muertes, también de presos carlistas, de presos cantonalistas, de bandidos presos, de presos huidos, de gobernadores que permitían a los presos cultivar pequeñas huertas para el rancho y vender los productos, otros que se beneficiaban de esas ventas y hasta cobraban a los presos por los petates en los que dormían...

Desde 1998 conmemoramos allí el 27 de enero como fecha significativa de la represión. En el año 2006, el Año de la Memoria, colocamos allí una lápida en memoria de las personas ejecutadas. En el Plan Director para la rehabilitación del castillo, que es del año 2010, proyecto en el que colaboré, está previsto un espacio para recordar a quienes allí sufrieron. Hubo que esperar hasta 2016 para que el concello de Ferrol escogiera oficialmente el 27 de enero como Día de la Memoria, y este año el alcalde aceptó públicamente mi propuesta, también pública, de instalar allí un memorial que recoja la nómina de los mártires de la barbarie. Ahora toca trabajar más.

[1] Traducción de los últimos versos del poema de Claudio Rodríguez Fer:

Pecharon a amada Amada / de costas á libre ría. / Baluartes de hornabeque / aprisionaron a cría. // Escoitaron os disparos / os tres que tanto a querían. / Filliño, marido e pai / no barco que a despedía. // Mataron a filla de un / e a nai do que entón nacía. / Mataron a compañeira / de nome Amada García. // Foi vítima da vinganza / de quen para si a quería. / O prezo da súa beleza / encheu de sal a baía. // Ata o polbo de Mugardos / ergue os seus brazos na ría. / Para todos será praza / da vila mortal un día. // Loitou por social xustiza / co puño que o pobre erguía. / Cría na fraternidade / e na igualdade ela cría. // Lembramos os compañeiros / que con ela alí morrían. / Mataron a amada Amada, / mais vive Amada García.

[2] En otra entrevista que se publicó en el diario digital "Praza Pública", a la pregunta de la periodista Montse Dopico, "[l]a leyenda lo que dice es que Amada fue asesinada... por bordar una bandera. Un rol muy femenino, sin duda. En la causa militar contra ella, además de su actividad política, hablan de que había hecho bocadillos para los revolucionarios", responde Bernardo Máiz:

La gente con la que hablé dice que, efectivamente, ella estaba preocupada por el marido, que había desaparecido, y que andaba preguntando por él. Es normal, porque se escuchaban los tiros y Gabriel no volvía. Es normal también que, en sus circunstancias, negase su militancia y se pusiese como una pobre mujer que solo buscaba a su marido. Pero está claro que sí fue militante y que sí fue al concello para participar en la resistencia contra el golpe. No fue solo para hacer bocadillos y para cargar agua, como cuentan algunos testigos y como ella misma aseguró en su declaración.

También es verdad que lo único que hicieron fue requisar armas y detener a algunos derechistas. En la causa contra ella se afirma que ella decía que había que tirarlos al pozo, cosa que ella negó. Porque ni los tiraron al pozo, ni iban a envenenarlos como también se dijo, ni les hicieron nada. Los retuvieron, simplemente. Pues esos fueron los "vengadores" que después los acusaron. [...]

Continúa la periodista, "[l]a cuestión es que fue represaliada por su actividad política. O, más bien, como dice su nieta Amada Toimil en un documento que recoges en el libro, por ser mujer republicana y de izquierdas. Una mujer de clase obrera que se atrevía a tener y manifestar públicamente ideas avanzadas". Y entonces el historiador explica:

Es que decir que murió injustamente por coser una bandera es minimizarla. Además, todos los asesinados por los golpistas murieron injustamente. Pero es que Amada ni sabía bordar. La bandera existió y Amada la llevo, pero la bordó una bordadora, y el diseño lo hizo su marido, Gabriel Toimil.

¿Qué pasó con esto? Amada tuvo dos defensores. El primero fue el teniente de intendencia Octavio Fernández-Herrerín. El segundo, que sustituye al primero cuando este marcha para la guerra, fue el capitán de artillería Francisco López de Ayala, que era un hombre culto que intentó defenderla presentándola como una Mariana Pineda. [...]

Imagen. Amada García.

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7.3.17

Un fragmento de historia malgache

Un fragmento de historia malgache

Por Edgardo Civallero

En Africa: Desde la prehistoria hasta los estados actuales (4.ed. México: Siglo XXI, 1978 [Historia Universal Siglo XXI, 23], pp. 321-323), Pierre Bertaux dedica un capítulo entero –el último– a la poco divulgada historia de la isla de Madagascar. El francés se detiene unos cuantos párrafos en el célebre reino de Imerina, en el territorio del pueblo Merina, uno de los más importantes grupos étnicos malgaches.

Sobre tal reino y sobre uno de sus regentes más influyentes apunta Bertaux lo siguiente:

"Imerina creció constantemente bajo los sucesivos soberanos; sin embargo, apenas se extiende sobre unos 60 kilómetros a lo largo y otros tantos a lo ancho. No obstante, en el siglo XVIII se divide en cuatro reinos distintos, bien pronto reducidos a tres. La anarquía lo amenaza.

Hacia 1787, un joven príncipe llamado Ramboasalama ('el perro con buena facha') fue aclamado como rey de uno de los cuatro reinos, el de Ambohimanga. Tomó el nombre de Andrianampoinimerina, o más brevemente, Nampoina el Deseado. Primero concluye tratados y alianzas matrimoniales, con los otros reinos merinas, lo que le asegura siete años de paz, durante los cuales reorganiza su Estado. Da a sus parientes el mando de las aldeas fortificadas que protegen sus fronteras; compra fusiles, reúne tropas. Cuando los otros príncipes se inquietan es demasiado tarde. Nampoina se apodera de Tananarive hacia 1796, después de duros combates y de reveses que logra superar. Reconstituye la unidad del reino merina.

Pero no se detiene ahí. Se anexiona los pequeños reinos vecinos. Los reyes betsileos se ven obligados a sometérsele, ya por diplomacia, ya por la fuerza.

Después dirigió sus miradas hacia los soberanos sakalavas de la costa Oeste, el rey de Menabne y la reina de Boina. Sus negociaciones e intercambio de regalos no produjeron al principio ningún resultado decisivo. Sin embargo, supo extender poco a poco su fama por toda la isla.

Su mérito particular es haber comprendido que no bastaba apoyarse sobre una casta, aunque ésta fuera dominante. Nampoina asocia a su autoridad, bajo diferentes formas, a personajes salidos de todas las clases y castas. La clase dirigente no es ya la de los aristócratas, sino la de los administradores: gobernadores, consejeros, escogidos entre todas las castas y todas las tribus, en función no de su origen, sino de sus cualidades y de su fidelidad. Imerina es dividido en seis territorios administrados directamente. Más allá de Imerina, los soberanos vasallos conservan su autonomía, pero pagan tributo. En las regiones mal sometidas o desiertas, instala Nampoina colonos de Merina. El pueblo es consultado periódicamente: el rey celebra una gran asamblea, un 'kabaty', donde explica sus intenciones con una elocuencia poética y, por supuesto, las hace aprobar por vía de aclamación.

Nampoina prohíbe el alcohol y el tabaco. Prohíbe quemar el bosque. Cuida de que todo el mundo tenga trabajo y de que nadie tenga hambre. Declara la guerra al hambre, pero también a la pereza. Cuando alguien viene a pedirle auxilio, exclama ¡que se le dé un azadón! Utiliza el trabajo forzado para rehacer los diques y canales. Dicta un Código Penal que reprime la rebelión contra el soberano, el crimen, el robo y la magia maléfica. Instituye pesos y medidas, reglamenta los mercados, organiza la economía interior de Imerina en circuitos cerrados, salvo para la importación de fusiles y pólvora y la exportación de esclavos, sobre todo hacia las islas Maskareignes, que en cierto momento llegó a absorber 1300 por año.

En 1810 Nampoina, con más de sesenta años de edad, cae enfermo. Entre sus 24 hijos, designó como sucesor único a Radama, que a la sazón tenía quince años. Le recomendó a sus consejeros, legándoles por testamento político la fórmula: 'El mar es el límite de mis campos de arroz', es decir, el principio de la unidad política de la isla. Murió dejando el recuerdo de haber sido el más grande soberano y hombre político de Madagascar".

Hasta aquí Bordeaux, un germanista francés con escasa experiencia en África que, paradójicamente, escribió (o, mejor dicho, compiló) uno de los libros más influyentes sobre historia africana en la Europa de posguerra. Uno que formó parte de una colección de 36 volúmenes publicada entre 1965 y 1981 en alemán por la Fischer-Bücherei y traducida, con mayor o menor fortuna y calidad, a numerosos idiomas.

La historia del mal llamado "continente negro" fue y continúa siendo, a día de hoy, una gran desconocida para los académicos occidentales. La de la isla de Madagascar –un territorio de por sí rodeado de un denso halo de misterio y exotismo– no es la excepción.

Medio siglo después de su publicación original (1966), algunos de los datos provistos por Bordeaux en su texto sobre Madagascar han sido corregidos por nuevas fuentes, en especial por los textos producidos por los propios historiadores malgaches. Merece la pena revisarlos, especialmente porque permiten vislumbrar unas sociedades, unos personajes, unos acontecimientos y unas costumbres muy poco conocidas fuera de Madagascar y de los ámbitos académicos especializados.

Un fragmento de historia malgache
Andrianampoinimerina nació en 1745 en Ikaloy, en la meseta central de Madagascar. Era hijo de la princesa Ranavalonandriambelomasina, y nieto del rey Andriambelomasina, señor de Imerina. Siguiendo la costumbre del pueblo Merina, al que pertenecía, sus padres le dieron al nacer un nombre humilde, Ra-ambo-asalama, "el perro saludable", para evitar llamar la atención de los rivales o los malos espíritus (al llegar a la edad adulta lo cambiaría a Ramboasalamarazaka). Nacido bajo signos propicios, creció en la corte, y pronto destacó como un eximio jugador de fanorona, un juego de tablero indígena malgache que, según se creía, aumentaba la inteligencia y mejoraba el pensamiento estratégico. También aprendió kabary –una estilizada forma de discurso en público, y no una asamblea–, el uso de proverbios ohabolana, y la interpretación de la tradicional cítara valiha.

Llegó al mundo en un momento en el que el hambre y los conflictos asolaban Imerina, ubicado en las tierras altas malgaches: uno de sus reyes de antaño había dividido el reino entre sus cuatro hijos, desatando una guerra civil que duró casi 80 años.

Durante su juventud, Ramboasalamarazaka desdeñó su posición como noble y se dedicó al comercio. Durante ese periodo se ganó una merecida fama como protector de los plebeyos (hova), defendiéndolos de los ataques de los guerreros y traficantes de esclavos de los vecinos reinos Sakalava, ubicados en la costa oeste de la isla. Se convirtió en un verdadero self-made man, con fuerte temperamento, tenacidad, sentido de la justicia e independencia.

Tras varios conflictos con su tío Andrinajafy, que estaba en el trono de uno de los cuatro reinos Merina (Imerina Avarandrano o "Imerina del norte", cuya capital era Ambohimanga), y no pocos intentos de asesinato, Ramboasalamarazaka asumió el reinado a los 42 años, prácticamente por la fuerza, con el nombre de Andrianampoinimerina. En la década de 1790 reunificó el antiguo reino de Imerina, ocupando las 12 "colinas sagradas" de su pueblo y conquistando su antigua capital, Antananarivo (Tananarive, en francés) en 1793. Su objetivo de reunificación estaba completo en 1797. Para 1800 había expandido su territorio significativamente, logrando alianzas con pueblos vecinos mediante tratados o casamientos; se dice que tuvo 12 esposas, y que construyó a cada una de ellas una casa en cada una de las colinas sagradas. Desde 1800 en adelante intentó poner a los 18 grupos étnicos de Madagascar bajo su control, enviando embajadores que proponían la sumisión o una invasión militar. La expansión Merina fue resistida por los reinos Sakalava, que se mantuvieron como los principales enemigos de Imerina: a lo largo del reinado de Andrianampoinimerina tuvieron lugar numerosas expediciones de esclavistas Sakalava que tomaban prisioneros a los Merina y los vendían en los mercados de la costa oeste a traficantes europeos. Ninguna de las campañas para neutralizarlos sirvió de nada.

Entre los muchos legados de Andrianampoinimerina se encuentran el desarrollo y la organización de Antananarivo y su complejo real, el Rova. La ciudad se dividió en barrios según las distintas clases y los distintos clanes. El rey incorporó a sus políticas de gobierno tanto lo sobrenatural –los ídolos de todos los grupos étnicos y sociales– como los conocimientos más realistas, y combinó las prácticas tradicionales con numerosas innovaciones. A la hora de gestionar un complicado escenario étnico, cultural y social, siempre buscó el equilibrio: repartir poder, igualar las oportunidades, reconocer a todos los actores... Mantuvo y acrecentó la antigua tradición Merina del fanompoana (trabajo como pago de impuestos), trabajo que utilizó para numerosas obras públicas: ampliar los sistemas de irrigación, por ejemplo. Utilizaba bandas de músicos hiragasy para entretener a las cuadrillas de trabajadores, y luego las enviaba por las villas del interior del país, para contar noticias, anunciar nuevas leyes y mantener a todo el mundo informado. Estableció un código civil y uno penal formales (los primeros de Madagascar) y prohibió el consumo de estupefacientes (drogas, alcohol y tabaco), aunque mantuvo algunas viejas costumbres, como la tangena (juicio en el cual sobrevivir a la ingesta de veneno probaba la inocencia del acusado). Reguló la economía instaurando mercados oficiales (tsena), pesos estandarizados (fandanjana) y otras unidades de medida. Finalmente, creó un ejército (foloalindahy, "los 100.000 hombres") que le sirvió para sus campañas, necesarias para expandir tierras y para conseguir esclavos, lucrativo negocio mantenido como monopolio por la casa real.

Andrianampoinimerina murió en Antananarivo en julio de 1810, a los 65 años. Tenía 11 hijos y 13 hijas. Radama, de 18 años, sucedió a su padre, y se casó con la hija de un hombre que, enterado de un complot contra Andrianampoinimerina, le avisó a tiempo y ayudó a salvar su vida. A la muerte de Radama, su mujer gobernaría Imerina durante 33 años con el nombre de Ranavalona I.

Los restos de Andrianampoinimerina fueron enterrados, siguiendo la tradición vazimba, dentro de una canoa, en una de las tumbas reales tranomasina de Ambohimanga, la capital espiritual de los Merina. Cuando los franceses impusieron su presencia colonial en la isla en 1895, destruyeron la tumba del famoso monarca y colocaron sus restos en la tumba de su hijo en Antananarivo. Intentaban eliminar el pasado malgache, especialmente para destrozar el espíritu de resistencia de los participantes en la rebelión Menalamba, que pretendían echar a los ocupantes de su tierra.

En su lecho de muerte, Andrianampoinimerina le dijo a Radama: "El mar es el límite de mi campo de arroz" (atao ko ny ranomasina no valamapria ko). Se trataba de una afirmación tradicional de los reyes de Imerina, que soñaban con ocupar todo Madagascar. Radama juró a su progenitor que lograría cumplir tal ambición. Pero ni él ni ninguno de sus sucesores lograron alcanzar semejante objetivo.

Imagen A: Mapa de la costa oriental de África en 1829. Colección de mapas Perry-Castañeda, Biblioteca de la Universidad de Texas, EE.UU.

Imagen B: "The Queen's Ordinary Style of Appearing in Public" [El estilo habitual de la reina para aparecer en público]. Tomado de History of Madagascar, de William Ellis (1838).