26.12.17

Vínculos como rizoma

Vínculos como rizoma

Por Sara Plaza

Reproducimos a continuación la traducción al castellano de una interesante entrevista de la periodista Montse Dopico a la poeta María Rosendo, que junto con la también poeta Andrea Nunes, acaba de ganar el premio Illas Sisargas de poesía erótica, con el poemario a dos manos titulado Diáspora de Amor Balea. La entrevista original en gallego apareció el pasado día 16 de diciembre en el diario online Praza Pública, con el título "O amor que se presenta en 'Diáspora' é combativo porque rompe as normas do heteropatriarcado capitalista".

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Cartas de amor en forma de poemas. Que conforman un relato de la ausencia, del anhelo por reencontrarse con la persona amada. Así es Diáspora de Amor Balea, el poemario con el que María Rosendo y Andrea Nunes ganaron el premio Illas Sisargas de poesía erótica. Pero es mucho más que eso. Mediaba, entre las dos autoras, la distancia física, ya que Andrea se encontraba en China y María en Galicia. Ahora bien, el libro refleja otra migración, que deja una huella tanto o más honda. Un movimiento hacia "outras formas de amarse, de construirse en la afectividad", tal como nos explica María en esta entrevista, en la que hablamos también de su obra anterior, Nómade, además de analizar un poco la conexión de Diáspora con los anteriores poemarios de Andrea Nunes.

En realidad, los dos libros, Nómade y Diáspora de Amor Balea, están relacionados con la migración. ¿De qué forma? No sé, además, si podemos decir que el hecho de que los dos traten ese tema está relacionado con la situación de una generación (la vuestra), que tuvo que volver a emigrar. ¿Qué piensas tú de eso?

Si, los dos poemarios tienen la temática de la migración presente, de una manera muy transversal, pero yo encuentro que es una migración que va más allá de los territorios físicos. Es cierto que Nómade fue escrito en su mayor parte fuera, en Argentina, pero lo que movió los poemas, lo que los hizo posibles no fue la diáspora física sino un sentimiento de extranjería en la propia piel. Nómade existe por la necesidad de poner palabras a un estado de sitio histórico contra las mujeres, que desde que existe el patriarcado nos hace a todas aquellas socializadas como mujeres, tener que ir en busca de nosotras mismas, de nuestro centro, que nos fue usurpado para atender antes los deseos de los otros.

En Diáspora de Amor Balea la voz que yo represento es la que queda en casa, en Galicia, el lugar donde el amor fue posible. Y si, aquí hay una referencia a una emigración más forzada; en el poemario no sabemos el porqué, mas si sabemos que es contra la voluntad, y esa distancia es la que nace para hacer posible el texto, el intercambio poético.

Pero también tengo que decir que la cuestión migratoria en Diáspora de Amor Balea tiene así mismo un componente que va más allá de la distancia que existe entre China y Galicia; pienso que el poemario nos habla también de un movimiento migratorio amoroso, de una migración –también forzada– hacia otras formas de amarse, de construirse en la afectividad. Y ahí vamos migradas, porque el feminismo no nos deja otro lugar. Así que yo me atrevería a decir que aquí se da un movimiento que es complejo, que tiene mucho de soledad, como en las migraciones territoriales físicas, mas encuentro que tiene un destino ulterior, que es un lugar de emancipación.

Nómade era un libro tuyo, y Diáspora está escrito a dos manos, como un intercambio de cartas –que es un intercambio de poemas–, entre una persona que se queda en Galicia y otra que está emigrada. ¿Por qué decidís hacerlo con ese formato? ¿Cómo surge?

Para mí el poemario surge desde la curiosidad y el juego, como un reto diría yo. ¿Hacer un poemario erótico y lésbico? ¿Y desde la diáspora? ¡Guau! Parecía difícil al principio. Creo que ni Andrea ni yo habíamos tenido una experiencia parecida antes. Era un reto pero eso nos conectaba con las ganas de hacerlo. Y después, al poco tiempo, Andrea volvió para China y comenzaron los poemas, comenzaron las cartas, que [iban y] venían en formato de audio de aquí para allá. Yo en aquel momento estaba viviendo en la montaña lucense y era increíble las palabras de Andrea, era como tenerla conmigo, a mi lado en la cocina o en la cama. Fue un proceso muy intenso, encuentro que había mucha fuerza alrededor de ese momento de concepción.

Diáspora ganó el premio de Sisargas de poesía erótica, pero lo que queda claro, al leerlo, es que es, sobre todo, un poemario de amor –y de ausencia, dada por la emigración, y de la memoria y del ansia de la persona amada que no está–. ¿Es así como os gustaría que fuese leído?

Bueno, creo que el poemario tendrá un significado diferente para cada persona que lo lea, como no puede ser de otro modo. Pero pienso que nosotras buscábamos hacer un poemario erótico, sin embargo, lo que ocurrió fue que en esa búsqueda nos dimos de bruces con el amor. Estoy segura de que se puede abordar lo erótico sin abordar lo amoroso, quizás aquí no tengamos como lectoras ninguna duda, sin embargo... ahora lo que me pregunto es: ¿podemos hacer de lo amoroso algo erótico?

El erotismo que se pone de manifiesto en Diáspora de Amor Balea es un erotismo directo pero breve, no empapa el poema, porque el poema pide un lugar donde edificar esa erótica, y ese es el lugar del nuevo vínculo amoroso, un vínculo que huye de las normas del heteropatriarcado y de la dependencia, un vínculo que quiere ser rizoma, no binomio.

Ese amor, el de Diáspora, no es, de hecho, un amor convencional, en el sentido del tópico de las relaciones románticas marcadas por el patriarcado. Se habla en distintos momentos del poema del amor como forma de libertad, de emancipación, incluso de rebelión, de insumisión... Tiene un tono libertario, pero no solo. ¿Cómo es la forma de amor que, de alguna manera, reivindica Diáspora? –Lejos del amor "parasitario" o "chupóptero" o "colonialista"–.

Eso es. Como decía, el amor que se presenta en Diáspora es un amor combativo porque rompe las normas del heteropatriarcado capitalista: es lésbico, es libre y también es múltiple. Apuesta por una querencia sin cancelas, en la que cada vínculo tiene importancia por su singularidad única, no por su exclusividad. Esto pone de manifiesto la maravillosa posibilidad del amor: su infinitud; o sea, el amor no es como una torta que hay que repartir, y que si yo te doy un cachito a ti otra va quedarse sin él.

El amor es mucho más que porciones finitas. Es la posibilidad de abrazar la diversidad y de rehacernos una y otra vez en ella. Esa estructura, esa casa donde encontrarnos, que es el Amor Balea, apareció por sí misma, supongo que fruto del momento vital en el que Andrea y yo nos hallamos, de nuestro caminar hacia la construcción de otros lugares posibles, aunque a veces esté oscuro y haga frío.

También hay una apelación, en distintas partes del libro, a la sororidad. Mujeres combativas que se dan la mano. Es una de las imágenes, pero hay más, con referencias además a luchas históricas del pueblo gallego en las que las mujeres fueron protagonistas. ¿En qué sentido el libro apela a las mujeres –fuertes, combativas, y a las que están aprendiendo a serlo– como sujeto colectivo de una lucha necesaria?

Desde mi punto de vista, en todos. Hay un espacio común entre Andrea y yo, un espacio que compartimos con muchísimas otras mujeres y personas con identidades diversas, y ese espacio es el feminismo. El feminismo nos trajo el significado de sororidad, de reconocernos como hermanas, reconocernos en la herida que como mujeres todas tenemos abierta, y accionarnos desde ahí.

Pienso que el libro pedía no quedar en un vínculo a nivel micro, ni en un vínculo eminentemente afectivo-sexual, si no que pedía traer a nuestras hermanas, las antecesoras, las olvidadas: a la tribu. Entiendo la poesía como una herramienta para reconstruir el mundo, en ese sentido, la nuestra tenía que ser una voz que contribuyese de alguna manera a una historiografía feminista. Es una cuestión de justicia histórica e internacionalista.

Hay, además, bastante intertextualidad, parece. Se habla de Metáfora de la Metáfora, por ejemplo, la propia imagen de la ballena tiene ya una historia en nuestra literatura... ¿De qué modo dialoga el libro con otras autoras?

El lenguaje siempre es doble ¿no es cierto? Nuestros versos están hechos de otras y sí, de alguna manera diría que dialogan con otras. Ahora bien, si me preguntas si cogimos la imagen de la ballena en referencia a alguna obra de nuestra literatura, te diría que no, desde luego no de manera específica. La idea del amor ballena aparece en uno de los últimos poemas y es Andrea quien la trae. Para mí fue muy orgánico que después escogiésemos esa referencia para el título, porque apareció al final del texto: el nombre aparece para designar lo que ya existe pero todavía necesita ser nombrado.

Hay también una fuerte presencia de la naturaleza, pienso que no solo para marcar el tiempo que pasa, a través de las referencias a las estaciones. ¿Por algún motivo especial?

Pienso que hay dos universos muy diferentes sosteniendo el diálogo epistolar: por un lado está China y por otro, Galicia. Estos universos también aparecen como confrontados, ayudan a ese sentimiento de éxodo porque está lo conocido y después está lo foráneo, que parece hacer más grande la distancia.

Como te decía, toda una primera parte del poemario sucedió mientras yo vivía en Triacastela y Andrea en China. Para mí esa etapa de mi vida fue muy especial, fue de un encuentro muy potente con mis raíces, no con las físicas, pero sí con las animales. Así que la naturaleza estaba muy presente en mí, su sabiduría, su confrontación directa con la modernidad y el crecimiento material ilimitado y, lo que es más, su cuestionamiento de las relaciones de poder.

De la naturaleza tenemos todo que aprender. Pero aún parecemos convencidos de que es un recurso a nuestra disposición, perpetuando así el sometimiento de los bienes naturales a la voluntad del hombre. Así que también de una manera muy orgánica la presencia de la naturaleza apareció en el poemario. Pienso que hay un alegato a recuperar la naturaleza en estos tiempos de vidas y relaciones líquidas.

Otro tema es el del estilo, el lenguaje. Hay imágenes muy directas y un tratamiento desprejuiciado de la sexualidad. Debería ser obvio a estas alturas, pero es que no lo es. Me refiero, por ejemplo, al hecho de hablar de la masturbación femenina. Eso me hizo pensar en toda la vuelta que se le dio al tratamiento del cuerpo –y sé que también es un tópico– con la poesía hecha por mujeres en los 90...

Yo creo que es muy palpable que tanto Andrea Nunes como yo bebemos de las poetas de los 90. Considero que nuestra obra, y no solo ésta que tenemos en común sino también los títulos individuales, existe gracias –y de algún modo honrando– a poetas como Olga Novo, Ana Romaní, Lupe Gómez, que en mi caso han sido de una importancia inexorable, junto con Xiana Arias, Xohana Torres o María do Cebreiro.

Que en los años 90 autoras como Lupe Gómez o Olga Novo versaran como lo hicieron sobre el sexo, la menstruación y el cuerpo de las mujeres me parece que fue altamente subversivo. Por desgracia, y como bien dices, a estas alturas tenemos mucho que trabajar en ese sentido, por eso mismo todavía puede sorprender que el poemario tenga imágenes tan directas en lo que a la masturbación femenina o al sexo entre mujeres se refiere. Si es así, pienso que vamos por el buen camino, porque la poesía tiene que incomodar, tiene que remover conciencias.

Hay una idea que está al final del libro –amarnos es volver a casa, la casa es donde estás tú–, que conecta también con Nómade: la búsqueda del propio lugar en el mundo, en el contexto de la emigración. El lugar en el mundo que se define, tal vez, por los afectos, por las personas que amamos. Hay también en ese sentido alguna referencia a los cuidados... ¿De qué forma se conectan, en ese sentido, los dos libros?

Así es, hay una búsqueda de un lugar propio que no está físicamente en ninguna parte, que está intramuros, por debajo de nuestra piel. Ese caminar hacia un lugar propio en el mundo es también un proceso migratorio porque nos supone, como mujeres, tener que (re)encontrar nuestra raíz, el territorio basal que nos fue usurpado por el patriarcado.

Esa búsqueda, este contexto migratorio, posibilita a su vez el cuestionamiento de las estructuras afectivas tal y como las conocíamos hasta ahora, facilitando su deconstrucción para asumir unas nuevas vidas donde los cuidados y las personas pasen a estar en el centro, y no el capital. Reconociendo así el carácter de vulnerabilidad e interdependencia que tenemos como seres humanos.

En Nómade hay, ya lo comentabas antes, búsqueda de la identidad –se habla de aprender a no huir de una misma, a no ser nómades de nosotras mismas, aprender a contestar la palabra machista, a responder también al abuso sobre nuestros propios cuerpos... –. ¿En qué sentido es también eso –por cierto, también como Todas as mulleres que fun de Andrea– Nómade?

Históricamente las mujeres hemos sido construidas como seres para los otros, despojadas de nuestro centro y de la conciencia de nuestros deseos propios. Siempre fuimos definidas en base al otro, a lo que el otro no es, y siempre dentro de un pensamiento dicotómico y binario, muy esencialista y reduccionista. Y aunque hoy la mirada que pone sobre nosotras la sociedad es la de lo que queda después de la violencia, la de la víctima, somos como vidas que tienen que ser rescatadas, como huecos que tienen que ser cubiertos. Pienso que necesitamos accionar más desde nosotras mismas, sin referencias al otro. En ese sentido, el devenir lesbofeminista o las identidades queer han sido una herramienta brutal contra el patriarcado.

Hay también alguna referencia en los dos libros a lenguas, falas, dialectos... Y también está la relevancia de la propia palabra, más allá de la lengua, del idioma, para aproximarnos. ¿Por qué?

Aquí hay una doble cuestión. Por un lado está la lengua con la que nos comunicamos, rescatar nuestra lengua, dignificarla, poner la cuestión de los pueblos oprimidos sobre la mesa. Tomando también consciencia de que los vínculos tienen lengua propia, de que cada vínculo existe en su lengua vehicular. Ese punto me atrae especialmente.

Por otro lado, está la necesidad de resignificar nuestro imaginario como parte de la lucha para combatir el patriarcado. En este ejercicio tendremos que nombrar lo que todavía no fue dicho y renombrarlo tantas veces como sea necesario. Es un trabajo pendiente en el camino de reconstruir realidades, esas otras vidas vivibles que queremos impulsar.

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