5.12.17

Dibujos prisioneros

Dibujos prisioneros

Por Edgardo Civallero

Entre 1600 y 1782, el Palazzo Steri di Chiaramonte, edificado hacia el 1300 sobre un edificio árabe en la ciudad de Palermo (Sicilia), fue la sede del Tribunal de la Santa Inquisición.

Y entre sus muros estaban las temibles cárceles del Santo Oficio.

Anteriormente, el palacio había sido la corte de Manfredi III Chiaramonte, conde de Modica, gobernador de Messina y señor de ocho feudos. El creciente poder de la familia Chiaramonte y su manifiesta rebeldía alertó a la Corona de Aragón, a la cual pertenecía entonces el Reino de Sicilia: el heredero de Manfredi, Andrea, fue decapitado por Martín I de Aragón en 1392. Y sus bienes y propiedades fueron incautados.

Con el tiempo, y tras alojar a los virreyes de Sicilia y a las Aduanas Reales, la mansión terminó en manos de los inquisidores.

Durante los siglos XVII y XVIII, pues, los torturadores enviados a la isla desde Madrid interrogaron a los prisioneros del Santo Oficio en las mazmorras del Palazzo Steri. Allí fueron tratados como herejes, hechiceros y amigos del demonio un sinnúmero de artistas, intelectuales incómodos y adversarios políticos y religiosos. Y, sobre todo, muchos nobles ricos: no hay que olvidar que los bienes del denunciado se repartían a partes iguales entre la Corona, la Inquisición y el denunciante y que las denuncias falsas —amparadas por el anonimato que se mantenía en estos casos— estaban, pues, a la orden del día. Algo, esto último, muy común en las denuncias a mujeres: eran acusadas por sus propios maridos (sin ellas saberlo jamás) aprovechando el hecho de que el matrimonio con una bruja era anulado y el cónyuge podía conservar la dote.

Los seres destrozados que deambularon por esas celdas dejaron sobre los muros un buen número de grafiti y de dibujos: poesías, invocaciones, mapas, plegarias... Rasparon las baldosas del piso y mezclaron el polvo resultante con agua, saliva u orina para producir un pigmento con el que poder pintar sus gritos y sus desdichas. Se trata de un testimonio del sufrimiento padecido y un mensaje al futuro; una mezcla de obra de arte, documento histórico, y denuncia imperecedera contra los abusos, las injusticias y los crímenes cometidos por los poderosos.

Dibujos prisioneros
Al abolirse la Inquisición en 1782, el Palazzo se convirtió en refugio de pobres (Rifugio dei Poveri di San Dionisio) y en imprenta (Regia Impressa del Lotto), para luego ser la sede de los tribunales (entre 1800 y 1958). El edificio sufrió severas modificaciones: los muros de división entre las celdas de la prisión fueron abatidos, las letrinas fueron cubiertas y, sobre todo, las paredes fueron tapadas con capas y capas de enlucido que ocultaron las desesperadas memorias de los prisioneros.

Entre esos prisioneros estuvo el célebre fray Diego La Matina, el hereje de Racalmuto, protagonista de Morte dell'Inquisitore de Leonardo Sciascia. La Matina fue el único en la historia del Santo Tribunal que logró matar a su inquisidor, don Juan López de Cisneros, durante un "coloquio privado" el 4 de abril de 1657. Al parecer, le destrozó el cráneo con una barra de hierro, y por ello (y por sus muchos "crímenes contra la fe") terminó sus días en la hoguera en 1658.

El Palazzo Steri es en la actualidad la sede del rectorado de la Università di Palermo. Ha sido la propia Universidad la que ha restaurado las cárceles, removiendo las muchas capas de enlucido y dejando a la vista los dibujos.

Buena parte de los diseños están datados y firmados, lo cual ha permitido cruzar los datos con los del Archivo Histórico Nacional de Madrid y completar las historias: surgen así identidades e historias personales. Nótese que los archivos de la Inquisición almacenados en el Palazzo Steri fueron quemados por Domenico Caracciolo, marqués de Villamaina y virrey de Sicilia, en 1782, cuando la Inquisición fue desmantelada. Sin embargo, los informes que obligatoriamente se enviaban desde la Inquisición siciliana a la Inquisición Suprema de Madrid sobrevivieron la destrucción sistemática de pruebas, y hoy pueden consultarse.

Las cárceles se han abierto al público, y pueden ser visitadas con guías. Para que las voces del pasado griten sus denuncias y recuerden hechos que jamás deberían repetirse.

Artículo. Fortis, Luca. Palermo, la Vucciria e le carceri dell'inquisizione. Il Giornale, 16 de agosto de 2017.

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