26.12.17

Vínculos como rizoma

Vínculos como rizoma

Por Sara Plaza

Reproducimos a continuación la traducción al castellano de una interesante entrevista de la periodista Montse Dopico a la poeta María Rosendo, que junto con la también poeta Andrea Nunes, acaba de ganar el premio Illas Sisargas de poesía erótica, con el poemario a dos manos titulado Diáspora de Amor Balea. La entrevista original en gallego apareció el pasado día 16 de diciembre en el diario online Praza Pública, con el título "O amor que se presenta en 'Diáspora' é combativo porque rompe as normas do heteropatriarcado capitalista".

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Cartas de amor en forma de poemas. Que conforman un relato de la ausencia, del anhelo por reencontrarse con la persona amada. Así es Diáspora de Amor Balea, el poemario con el que María Rosendo y Andrea Nunes ganaron el premio Illas Sisargas de poesía erótica. Pero es mucho más que eso. Mediaba, entre las dos autoras, la distancia física, ya que Andrea se encontraba en China y María en Galicia. Ahora bien, el libro refleja otra migración, que deja una huella tanto o más honda. Un movimiento hacia "outras formas de amarse, de construirse en la afectividad", tal como nos explica María en esta entrevista, en la que hablamos también de su obra anterior, Nómade, además de analizar un poco la conexión de Diáspora con los anteriores poemarios de Andrea Nunes.

En realidad, los dos libros, Nómade y Diáspora de Amor Balea, están relacionados con la migración. ¿De qué forma? No sé, además, si podemos decir que el hecho de que los dos traten ese tema está relacionado con la situación de una generación (la vuestra), que tuvo que volver a emigrar. ¿Qué piensas tú de eso?

Si, los dos poemarios tienen la temática de la migración presente, de una manera muy transversal, pero yo encuentro que es una migración que va más allá de los territorios físicos. Es cierto que Nómade fue escrito en su mayor parte fuera, en Argentina, pero lo que movió los poemas, lo que los hizo posibles no fue la diáspora física sino un sentimiento de extranjería en la propia piel. Nómade existe por la necesidad de poner palabras a un estado de sitio histórico contra las mujeres, que desde que existe el patriarcado nos hace a todas aquellas socializadas como mujeres, tener que ir en busca de nosotras mismas, de nuestro centro, que nos fue usurpado para atender antes los deseos de los otros.

En Diáspora de Amor Balea la voz que yo represento es la que queda en casa, en Galicia, el lugar donde el amor fue posible. Y si, aquí hay una referencia a una emigración más forzada; en el poemario no sabemos el porqué, mas si sabemos que es contra la voluntad, y esa distancia es la que nace para hacer posible el texto, el intercambio poético.

Pero también tengo que decir que la cuestión migratoria en Diáspora de Amor Balea tiene así mismo un componente que va más allá de la distancia que existe entre China y Galicia; pienso que el poemario nos habla también de un movimiento migratorio amoroso, de una migración –también forzada– hacia otras formas de amarse, de construirse en la afectividad. Y ahí vamos migradas, porque el feminismo no nos deja otro lugar. Así que yo me atrevería a decir que aquí se da un movimiento que es complejo, que tiene mucho de soledad, como en las migraciones territoriales físicas, mas encuentro que tiene un destino ulterior, que es un lugar de emancipación.

Nómade era un libro tuyo, y Diáspora está escrito a dos manos, como un intercambio de cartas –que es un intercambio de poemas–, entre una persona que se queda en Galicia y otra que está emigrada. ¿Por qué decidís hacerlo con ese formato? ¿Cómo surge?

Para mí el poemario surge desde la curiosidad y el juego, como un reto diría yo. ¿Hacer un poemario erótico y lésbico? ¿Y desde la diáspora? ¡Guau! Parecía difícil al principio. Creo que ni Andrea ni yo habíamos tenido una experiencia parecida antes. Era un reto pero eso nos conectaba con las ganas de hacerlo. Y después, al poco tiempo, Andrea volvió para China y comenzaron los poemas, comenzaron las cartas, que [iban y] venían en formato de audio de aquí para allá. Yo en aquel momento estaba viviendo en la montaña lucense y era increíble las palabras de Andrea, era como tenerla conmigo, a mi lado en la cocina o en la cama. Fue un proceso muy intenso, encuentro que había mucha fuerza alrededor de ese momento de concepción.

Diáspora ganó el premio de Sisargas de poesía erótica, pero lo que queda claro, al leerlo, es que es, sobre todo, un poemario de amor –y de ausencia, dada por la emigración, y de la memoria y del ansia de la persona amada que no está–. ¿Es así como os gustaría que fuese leído?

Bueno, creo que el poemario tendrá un significado diferente para cada persona que lo lea, como no puede ser de otro modo. Pero pienso que nosotras buscábamos hacer un poemario erótico, sin embargo, lo que ocurrió fue que en esa búsqueda nos dimos de bruces con el amor. Estoy segura de que se puede abordar lo erótico sin abordar lo amoroso, quizás aquí no tengamos como lectoras ninguna duda, sin embargo... ahora lo que me pregunto es: ¿podemos hacer de lo amoroso algo erótico?

El erotismo que se pone de manifiesto en Diáspora de Amor Balea es un erotismo directo pero breve, no empapa el poema, porque el poema pide un lugar donde edificar esa erótica, y ese es el lugar del nuevo vínculo amoroso, un vínculo que huye de las normas del heteropatriarcado y de la dependencia, un vínculo que quiere ser rizoma, no binomio.

Ese amor, el de Diáspora, no es, de hecho, un amor convencional, en el sentido del tópico de las relaciones románticas marcadas por el patriarcado. Se habla en distintos momentos del poema del amor como forma de libertad, de emancipación, incluso de rebelión, de insumisión... Tiene un tono libertario, pero no solo. ¿Cómo es la forma de amor que, de alguna manera, reivindica Diáspora? –Lejos del amor "parasitario" o "chupóptero" o "colonialista"–.

Eso es. Como decía, el amor que se presenta en Diáspora es un amor combativo porque rompe las normas del heteropatriarcado capitalista: es lésbico, es libre y también es múltiple. Apuesta por una querencia sin cancelas, en la que cada vínculo tiene importancia por su singularidad única, no por su exclusividad. Esto pone de manifiesto la maravillosa posibilidad del amor: su infinitud; o sea, el amor no es como una torta que hay que repartir, y que si yo te doy un cachito a ti otra va quedarse sin él.

El amor es mucho más que porciones finitas. Es la posibilidad de abrazar la diversidad y de rehacernos una y otra vez en ella. Esa estructura, esa casa donde encontrarnos, que es el Amor Balea, apareció por sí misma, supongo que fruto del momento vital en el que Andrea y yo nos hallamos, de nuestro caminar hacia la construcción de otros lugares posibles, aunque a veces esté oscuro y haga frío.

También hay una apelación, en distintas partes del libro, a la sororidad. Mujeres combativas que se dan la mano. Es una de las imágenes, pero hay más, con referencias además a luchas históricas del pueblo gallego en las que las mujeres fueron protagonistas. ¿En qué sentido el libro apela a las mujeres –fuertes, combativas, y a las que están aprendiendo a serlo– como sujeto colectivo de una lucha necesaria?

Desde mi punto de vista, en todos. Hay un espacio común entre Andrea y yo, un espacio que compartimos con muchísimas otras mujeres y personas con identidades diversas, y ese espacio es el feminismo. El feminismo nos trajo el significado de sororidad, de reconocernos como hermanas, reconocernos en la herida que como mujeres todas tenemos abierta, y accionarnos desde ahí.

Pienso que el libro pedía no quedar en un vínculo a nivel micro, ni en un vínculo eminentemente afectivo-sexual, si no que pedía traer a nuestras hermanas, las antecesoras, las olvidadas: a la tribu. Entiendo la poesía como una herramienta para reconstruir el mundo, en ese sentido, la nuestra tenía que ser una voz que contribuyese de alguna manera a una historiografía feminista. Es una cuestión de justicia histórica e internacionalista.

Hay, además, bastante intertextualidad, parece. Se habla de Metáfora de la Metáfora, por ejemplo, la propia imagen de la ballena tiene ya una historia en nuestra literatura... ¿De qué modo dialoga el libro con otras autoras?

El lenguaje siempre es doble ¿no es cierto? Nuestros versos están hechos de otras y sí, de alguna manera diría que dialogan con otras. Ahora bien, si me preguntas si cogimos la imagen de la ballena en referencia a alguna obra de nuestra literatura, te diría que no, desde luego no de manera específica. La idea del amor ballena aparece en uno de los últimos poemas y es Andrea quien la trae. Para mí fue muy orgánico que después escogiésemos esa referencia para el título, porque apareció al final del texto: el nombre aparece para designar lo que ya existe pero todavía necesita ser nombrado.

Hay también una fuerte presencia de la naturaleza, pienso que no solo para marcar el tiempo que pasa, a través de las referencias a las estaciones. ¿Por algún motivo especial?

Pienso que hay dos universos muy diferentes sosteniendo el diálogo epistolar: por un lado está China y por otro, Galicia. Estos universos también aparecen como confrontados, ayudan a ese sentimiento de éxodo porque está lo conocido y después está lo foráneo, que parece hacer más grande la distancia.

Como te decía, toda una primera parte del poemario sucedió mientras yo vivía en Triacastela y Andrea en China. Para mí esa etapa de mi vida fue muy especial, fue de un encuentro muy potente con mis raíces, no con las físicas, pero sí con las animales. Así que la naturaleza estaba muy presente en mí, su sabiduría, su confrontación directa con la modernidad y el crecimiento material ilimitado y, lo que es más, su cuestionamiento de las relaciones de poder.

De la naturaleza tenemos todo que aprender. Pero aún parecemos convencidos de que es un recurso a nuestra disposición, perpetuando así el sometimiento de los bienes naturales a la voluntad del hombre. Así que también de una manera muy orgánica la presencia de la naturaleza apareció en el poemario. Pienso que hay un alegato a recuperar la naturaleza en estos tiempos de vidas y relaciones líquidas.

Otro tema es el del estilo, el lenguaje. Hay imágenes muy directas y un tratamiento desprejuiciado de la sexualidad. Debería ser obvio a estas alturas, pero es que no lo es. Me refiero, por ejemplo, al hecho de hablar de la masturbación femenina. Eso me hizo pensar en toda la vuelta que se le dio al tratamiento del cuerpo –y sé que también es un tópico– con la poesía hecha por mujeres en los 90...

Yo creo que es muy palpable que tanto Andrea Nunes como yo bebemos de las poetas de los 90. Considero que nuestra obra, y no solo ésta que tenemos en común sino también los títulos individuales, existe gracias –y de algún modo honrando– a poetas como Olga Novo, Ana Romaní, Lupe Gómez, que en mi caso han sido de una importancia inexorable, junto con Xiana Arias, Xohana Torres o María do Cebreiro.

Que en los años 90 autoras como Lupe Gómez o Olga Novo versaran como lo hicieron sobre el sexo, la menstruación y el cuerpo de las mujeres me parece que fue altamente subversivo. Por desgracia, y como bien dices, a estas alturas tenemos mucho que trabajar en ese sentido, por eso mismo todavía puede sorprender que el poemario tenga imágenes tan directas en lo que a la masturbación femenina o al sexo entre mujeres se refiere. Si es así, pienso que vamos por el buen camino, porque la poesía tiene que incomodar, tiene que remover conciencias.

Hay una idea que está al final del libro –amarnos es volver a casa, la casa es donde estás tú–, que conecta también con Nómade: la búsqueda del propio lugar en el mundo, en el contexto de la emigración. El lugar en el mundo que se define, tal vez, por los afectos, por las personas que amamos. Hay también en ese sentido alguna referencia a los cuidados... ¿De qué forma se conectan, en ese sentido, los dos libros?

Así es, hay una búsqueda de un lugar propio que no está físicamente en ninguna parte, que está intramuros, por debajo de nuestra piel. Ese caminar hacia un lugar propio en el mundo es también un proceso migratorio porque nos supone, como mujeres, tener que (re)encontrar nuestra raíz, el territorio basal que nos fue usurpado por el patriarcado.

Esa búsqueda, este contexto migratorio, posibilita a su vez el cuestionamiento de las estructuras afectivas tal y como las conocíamos hasta ahora, facilitando su deconstrucción para asumir unas nuevas vidas donde los cuidados y las personas pasen a estar en el centro, y no el capital. Reconociendo así el carácter de vulnerabilidad e interdependencia que tenemos como seres humanos.

En Nómade hay, ya lo comentabas antes, búsqueda de la identidad –se habla de aprender a no huir de una misma, a no ser nómades de nosotras mismas, aprender a contestar la palabra machista, a responder también al abuso sobre nuestros propios cuerpos... –. ¿En qué sentido es también eso –por cierto, también como Todas as mulleres que fun de Andrea– Nómade?

Históricamente las mujeres hemos sido construidas como seres para los otros, despojadas de nuestro centro y de la conciencia de nuestros deseos propios. Siempre fuimos definidas en base al otro, a lo que el otro no es, y siempre dentro de un pensamiento dicotómico y binario, muy esencialista y reduccionista. Y aunque hoy la mirada que pone sobre nosotras la sociedad es la de lo que queda después de la violencia, la de la víctima, somos como vidas que tienen que ser rescatadas, como huecos que tienen que ser cubiertos. Pienso que necesitamos accionar más desde nosotras mismas, sin referencias al otro. En ese sentido, el devenir lesbofeminista o las identidades queer han sido una herramienta brutal contra el patriarcado.

Hay también alguna referencia en los dos libros a lenguas, falas, dialectos... Y también está la relevancia de la propia palabra, más allá de la lengua, del idioma, para aproximarnos. ¿Por qué?

Aquí hay una doble cuestión. Por un lado está la lengua con la que nos comunicamos, rescatar nuestra lengua, dignificarla, poner la cuestión de los pueblos oprimidos sobre la mesa. Tomando también consciencia de que los vínculos tienen lengua propia, de que cada vínculo existe en su lengua vehicular. Ese punto me atrae especialmente.

Por otro lado, está la necesidad de resignificar nuestro imaginario como parte de la lucha para combatir el patriarcado. En este ejercicio tendremos que nombrar lo que todavía no fue dicho y renombrarlo tantas veces como sea necesario. Es un trabajo pendiente en el camino de reconstruir realidades, esas otras vidas vivibles que queremos impulsar.

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19.12.17

Cooperación. Solidaridad

Cooperación. Solidaridad

Por Edgardo Civallero

"Actualmente nadie vive para sí. Todos vivimos para los demás. Cada cual desempeña una profesión que utilizan los otros; a su vez los otros trabajan en distintos oficios, cuyos productos necesitamos todos. El trabajo está muy dividido y cada cual tiene el suyo. Todos son igualmente importantes y productivos. No se podría vivir sin albañiles, sastres, mineros, agricultores, médicos, ingenieros, maestros, etc. La vida se asienta sobre esta cooperación y ayuda que nos prestamos mutuamente. Y las ciudades son grandes núcleos de trabajadores de todas clases.

En las Casas del Pueblo estos trabajadores aprenden a practicar las dos grandes virtudes sobre las que se asienta la vida: cooperación y solidaridad".

Así se cierra "Mi primer libro de historia", obra de Daniel González Linacero, "profesor de historia de la Escuela Normal de Palencia", cuya primera edición fue publicada en la propia Palencia por la imprenta y librería de Afrodisio Aguado. Corría 1933: primeros años de la Segunda República española.

El libro se inicia con una introducción que habla a las claras de la concepción de "historia" que manejaba aquel maestro castellano.

"Tenemos la pretensión, al trazar las líneas que siguen, de llenar un evidente vacío en la enseñanza de la Historia en nuestro país. Por doquiera, libros históricos amañados con profusión de fechas, sucesos, batallas y crímenes; relatos de reinados vacíos de sentido histórico; narraciones de acontecimientos militares, todo bambolla y efectismo espectacular. Todos hemos padecido el evidente error que durante tanto tiempo ha venido haciendo de la Historia una enseñanza inútil y a veces perniciosa. Despertando en el niño el instinto de lucha y glorificando hasta la categoría de héroes a aquellos muñecos trágicos que morían desconociendo la razón de su sacrificio, el niño adquiere un sentido falso del valor moral, individual y colectivo. Nunca se cuidó el educador de borrar de la Historia toda esa balumba insoportable de necedades de príncipes y favoritos, extrayendo del evolucionar histórico aquellos sucesos de orden material y espiritual que de una manera indudable han contribuido a formar este mundo que nos rodea, sin olvidar que la Historia no la han hecho los personajes, sino el pueblo todo y principalmente el pueblo trabajador humilde y sufrido, que solidario y altruista, ha ido empujando la vida hacia horizontes más nobles, más justos, más humanos.

Nosotros aspiramos a variar esta enseñanza en nuestras escuelas primarias, colocando ante los ojos del niño el cambio incesante que han sufrido las cosas y las ideas, hasta llegar al estado en que hoy se encuentran. Prescindimos del aparato político. No seguimos un orden progresivo ni regresivo. Vamos directamente a las cosas y a las ideas, desmenuzando en fracciones mayores o menores el motivo de estudio, para colocarlo ante los ojos del niño con la claridad meridiana de un hecho trascendental.

No pretendemos ser originales. [Roger] Cousinet en Francia ha preconizado esta manera de hacer Historia y recogiendo la directriz de sus enseñanzas, presentamos al Maestro español un librito que representa el primer ciclo de una labor que tendrá su continuación para los grados sucesivos de la Escuela. El texto es breve y pretende ser preciso; su complemento lo encontrarán los niños en los dibujos, simplificados y esquematizados, que ellos podrán reproducir con facilidad, compensando con el encanto de su hacer la posible aridez de la lectura. El Maestro ante este librito podrá, dando rienda suelta a su fantasía, inventar para el niño un cuento, una gracia, una narración que complete y alegre cada momento".

Linacero pagó con su vida por sus ideas: fue asesinado el 8 de agosto de 1936 por pistoleros falangistas, que lo fueron a buscar a la casa de Arévalo (Ávila) en la que vacacionaba con su familia. Tenía 33 años, esposa y tres hijas.

Con su libro —y con las ideas y valores que quedaron encerrados en él— no pudieron hacer lo mismo: hoy puede descargarse una versión en .pdf desde la Biblioteca Digital de Castilla y León.

Libro. Mi primer libro de historia. Biblioteca Digital de Castilla y León.
Artículo. "La caza del maestro", por Josep Fontana. El País, 10 de agosto de 2006.

Imagen. "Mi primer libro de historia". Ilustración de M. Trillo.

12.12.17

Al borde del precipicio

Al borde del precipicio
Por Sara Plaza
Compartimos una entrevista reciente con el ecólogo, ingeniero y escritor David Holmgren, quien, junto con Bill Mollison, desarrolló y puso en práctica el concepto de permacultura. Publicada originalmente en la revista Guernica, con el título "David Holmgren: A Matter of Scale", fue realizada por la escritora y artista Naomi Riddle. El texto original en inglés, con una pequeña introducción, puede leerse aquí.
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Cuestión de escala

Guernica: ¿Tu interés por la ecología y preocupación por el medioambiente comenzaron cuando eras joven?

David Holmgren: La conciencia ecológica fue algo que despertó el interés de mis padres en los años sesenta del siglo pasado, al igual que el de mi hermano menor y el mío. Mis padres reaccionaron enérgicamente al boom minero a comienzos de aquella década en Perth [Australia occidental], cuando se derribaban casas para construir gasolineras y se estaban cubriendo de cemento los suelos. Pero su principal preocupación era la justicia social. Mis padres adoptaron el socialismo utópico como el salvador del mundo, y enseguida vino la decepción.

Tanto Bill [Mollison] como yo creíamos que la permacultura iba a proyectarse en un mundo colapsando, y que se perfilaría como marco conceptual. Hoy resulta cómico el temor de verla convertida en una especie de movimiento extravagante, pero entonces el riesgo de que se transformase en algún tipo de extremismo ideológico nos parecía muy real.

Guernica: Parece que los principios de la permacultura estaban inspirados y fueron desarrollados a partir de las ideas previas de sostenibilidad y autosuficiencia [self-reliance]. ¿Cuáles fueron sus influencias históricas?

David Holmgren: Yo entiendo la permacultura como parte de una gran ola que comenzó en la década de los setenta del siglo pasado, pero que a su vez se basó en el trabajo realizado en los años treinta, e incluso antes, sobre todo en el contexto australiano, en las últimas tres décadas del siglo XIX. La idea de sostenibilidad y autosuficiencia se asocia a menudo con momentos de inestabilidad económica: en el último decenio del siglo XIX se produjo la primera gran depresión mundial, luego hubo un periodo de calma hasta los años treinta del siglo pasado, y una nueva subida que acabó en los setenta.

El informe Los Límites al crecimiento (1972), que coincidió con la crisis del petróleo de 1973, tuvo una grandísima influencia en nosotros, al mostrar cómo el crecimiento demográfico era insostenible en un mundo con recursos energéticos finitos. El libro de E.F. Schumacher, Lo pequeño es hermoso (1973), también influyó de manera decisiva en nuestros principios de permacultura, en concreto la idea de soluciones pequeñas y lentas. La semilla que Bill plantó surge del siguiente razonamiento: si en la naturaleza el bosque representa la ecología más eficiente y óptima, ¿por qué nuestra agricultura no funciona como un bosque?

Ahora bien, el contexto de la permacultura ha sido siempre mucho más amplio ya que se trata de una agricultura permanente apuntalando una cultura permanente. De ahí la tensión que existe entre si la permacultura tiene que ver solo con la agricultura o con todo lo que hacen los seres humanos. Pero planteado desde una perspectiva ecológica o de sostenibilidad, la agricultura es la principal manera de satisfacer la mayoría de nuestras necesidades, y constituye la mayor intervención humana en el medioambiente. Ha configurado nuestra cultura tanto como la modernidad industrial, pero no solo durante los últimos dos siglos, sino desde hace 10.000 años. Es absolutamente fundamental para lo que llamamos cultura, sin embargo, el pensamiento moderno continua diciendo, "¡bah!, pero si se trata de algo menor que solo ocupa al 2% de la población". Bill Mollison y yo entendimos que los cimientos de una cultura sostenible y sana estaban en una agricultura sostenible y sana.

Guernica: ¿Hubo en aquel momento un fuerte deseo político de restablecer la visión de que la agricultura, la cultura y el crecimiento sostenible están intrínsecamente conectados?

David Holmgren: En los años setenta del siglo pasado había una sensación de que el proyecto de crecimiento industrial estaba amenazado. Muchos de nosotros creíamos que el informe Los límites al crecimiento conllevaría un cambio rápido y radical en la sociedad, sobre todo teniendo en cuenta el elevado coste de la energía, de los alimentos y demás. Y esto se evitaría con lo que económicamente se conoce como desintermediación, que significa ser cada vez más autosuficientes: una sociedad simplificada y de menor tamaño que colocaría la agricultura, de manera automática, en una posición central para la vida.

En lugar de eso, en los años ochenta, bajo el mandato de Thatcher y Reagan, el crecimiento económico real pasa a ser un falso crecimiento basado en el crédito. La ironía es que pensábamos que los mercados eran más inteligentes de lo que en realidad son. Pero lo cierto es que el elevado coste energético impulsó enormemente la exploración de nuevos recursos. Los petrodólares se reciclaron, por medio del Banco Mundial y del FMI, a través de los países del tercer mundo para que desarrollaran sus propios recursos, desplomando los precios del cobre y otros materiales. De repente había un montón de riqueza y la gente que andaba con esto de la autosuficiencia, lidiando con los canguros y las cacatúas, se dio cuenta de que sus amigos habían desaparecido y se habían convertido en millonarios. Estos grandes ciclos geopolíticos y económicos tuvieron un impacto directo en quienes trabajaban en la autosuficiencia. La gente percibió los fracasos de la época como sus propios fracasos.

Guernica: Parece que debido a algunos de esos fracasos en los ochenta, hubo un cambio clarísimo hacia una idea más concreta de permacultura, enfocada en cómo poner en práctica esos principios generales.

David Holmgren: Desde 1976 he insistido a quienes forman parte del movimiento de la permacultura en que debían existir espacios de demostración, en lugar de ser nosotros lo que intentásemos convencer a la gente. Me parecía que el punto débil de la permacultura era la falta de ejemplos vivos. Se había puesto mucho énfasis en la comunicación, la campaña y la ideología en vez de incorporar los conceptos a la práctica. Mi planteamiento era que si se trataba de una buena idea debíamos ser capaces de aplicárnosla a nosotros mismos, como conejillos de indias, y hacer algo con ella en lugar de decirles a los demás lo que debían hacer.

Guernica: ¿Hubo principios de la permacultura que no funcionaron tan bien como esperabais?

David Holmgren: Hubo varias cosas. Muchas de las aplicaciones de la permacultura a pequeña escala o a nivel doméstico no guardaban necesariamente relación con lo que se podía hacer en escenarios agrícolas más amplios. Yo mismo tenía entonces una actitud más sobria hacia el potencial de los cultivos arbóreos –por ejemplo las especies de frutos de cáscara, que son muy particulares en cuanto al suelo– para colonizar los suelos más duros y degradados de lugares como Australia. La gente estaba comprando la tierra más barata en mitad de la nada, así que los experimentos se llevaban a cabo en algunos de los lugares con peores condiciones. Esto tuvo algo de hybris [desmesura], pensar que íbamos a poder domesticar los terrenos más hostiles y difíciles, pero también se debió al hecho de que las mejores tierras estaban ocupadas por la monocultura industrial a gran escala. Muchos de los ejemplos en los que nos habíamos basado los teníamos en lugares geológicamente jóvenes comparados con Australia.

Guernica: Mucha gente tiene la impresión de que la permacultura trata de ser parte de la naturaleza o eliminar la figura humana de esta. ¿El objetivo de la permacultura es reducir la influencia humana tanto como sea posible para que se encarguen los sistemas naturales, o sigue siendo necesario cierto nivel de control humano?

David Holmgren: La permacultura estaba orientada a reducir la cantidad de control y manipulación que supone la industrialización desenfrenada. Pero cuando se la compara con el estilo de vida pasivo moderno, la permacultura sigue requiriendo un trabajo físico duro y la intervención del ser humano para mantener el sistema en un determinado estado. Sí, la idea era desarrollar un nivel de auto-regulación cada vez mayor con bucles de realimentación positiva y negativa, pero el ser humano sigue siendo parte del sistema. Se trata más bien de realizar manipulaciones e intervenciones modestas en escala, imitando los modelos que funcionan en la naturaleza. El principio de tener que trabajar con ella en lugar de luchar contra ella no es una mera cuestión ética. Supone darse cuenta de que no tenemos el control. La naturaleza no es solo una fuente de alimentos ni únicamente protectora, también es una fuerza destructora.

Guernica: Hace poco leí un ensayo de la poeta Mary Ruefle titulado "On Fear" [Sobre el miedo], y ella sugería algo parecido: que los seres humanos deberíamos asustarnos más de la naturaleza, que nos hemos vuelto demasiados complacientes con nuestra posición de supuesto control.

David Holmgren: Eso es parte de un cambio que he observado en el ecologismo moderno, abandonar la noción de la naturaleza como una joven inactiva que necesita ser alimentada y atendida. La permacultura siempre se ha basado en una relación a largo plazo con la naturaleza, y la enseñanza que hemos extraído es que si no mantenemos una cierta disciplina nos aplasta.

La permacultura formaba parte de un entendimiento compartido que estaba emergiendo en los años setenta del siglo pasado. Pero la salvajada de los años ochenta y el auge del neoliberalismo distorsionaron el ecologismo de muchas maneras. Algunas ideas hay que reinventarlas y redescubrirlas constantemente, en particular la idea de la omnipotencia del ser humano. Lleva mucho tiempo abandonarla.

Guernica: ¿Estamos en un punto de inflexión?

David Holmgren: Creo que estamos al borde del precipicio. Llevamos algún tiempo padeciendo crisis energéticas y el cambio climático, podríamos decir, simplificando mucho, que el milenio arrancó con la aceleración de las diferentes crisis. Pienso que está muy claro que el aumento del coste de la energía y de las desigualdades, junto con las burbujas económicas, fueron las razones principales del desplome de la economía global en 2008, y solo a través de la creación masiva de deuda extra con dinero gratis se pudo detener. Pero yo creía que el derrumbe bursátil de 1987 iba a ser el final de las burbujas económicas, así que no sería la primera vez que me equivocara.

Guernica: Con el cambio climático la gente tiene una fuerte tendencia a mantenerse al margen, a negar, a no querer ver que en su vida diaria han de producirse cambios radicales.

David Holmgren: No me hago ninguna ilusión de que en el futuro tendremos un mundo impecable, ni siquiera deseable. Se conseguirán muchas cosas por necesidad, y muchas de ellas a través de todo tipo de frágiles disfunciones, no porque sean malas ideas sino porque inevitablemente se adoptarán de manera caótica, reactiva. Creo que la permacultura se fortalecerá y se volverá más significativa porque los principios que la sustentan se generalizarán rápidamente a medida que el sistema se vuelva más y más vulnerable.

Si renuncias a intentar cambiar las grandes estructuras y te pones en marcha hacia lo que algunos denominan autocomplacencia, preparándote para la catástrofe, puede entenderse como algo tremendamente negativo o pesimista. Pero hay otra forma de plantearlo: al poner de manifiesto que la manera como vivimos y actuamos es perfectamente normal y viable, estaríamos intentando protegernos contra la depresión y la impotencia, y además ofreceríamos un modelo que otras personas podrían copiar, adaptar. Y eso tiene mucho que ver con cambios a gran escala.

Guernica: ¿Qué consejo le darías a personas que, como yo, están muy preocupadas por el medioambiente y el papel que juegan en el cambio climático, pero que viven mayoritariamente en ciudades, de alquiler, con acceso limitado a la tierra y, a menudo, bajos ingresos? ¿Qué nos pueden ofrecer los principios de la permacultura?

David Holmgren: Una parte de mi próximo libro, RetroSuburbia, se ocupa de encontrar maneras de trabajar conjuntamente con los propietarios de la tierra, sorteando así a los agentes inmobiliarios. Aunque no puedas conseguir lo que llamamos seguridad de tenencia, siempre hay maneras de desarrollar relaciones laborales con las personas cuyo nombre aparece en esos extraños pedazos de papel que llamamos títulos de propiedad. Puede no ser seguro a largo plazo pero lo que uno aprende haciendo uso de la tierra de otro, del capital de otro, de las herramientas de otro, a menudo es mucho más valioso.

Mucha gente se queda atascada pensando que ellos no pueden poner sus energías en algo a menos que les pertenezca. Dada la situación actual, obtener la propiedad de la tierra se está volviendo cada vez más improbable. Pero esa no es la parte esencial. Si somos capaces de adaptarnos y desarrollar las habilidades y los conocimientos necesarios para ser útiles, se abren muchas más oportunidades. Y esas son las destrezas que nos van a hacer falta, porque ese es el mundo hacia el que nos encaminamos.


Fotografía de Sara Plaza.

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5.12.17

Dibujos prisioneros

Dibujos prisioneros

Por Edgardo Civallero

Entre 1600 y 1782, el Palazzo Steri di Chiaramonte, edificado hacia el 1300 sobre un edificio árabe en la ciudad de Palermo (Sicilia), fue la sede del Tribunal de la Santa Inquisición.

Y entre sus muros estaban las temibles cárceles del Santo Oficio.

Anteriormente, el palacio había sido la corte de Manfredi III Chiaramonte, conde de Modica, gobernador de Messina y señor de ocho feudos. El creciente poder de la familia Chiaramonte y su manifiesta rebeldía alertó a la Corona de Aragón, a la cual pertenecía entonces el Reino de Sicilia: el heredero de Manfredi, Andrea, fue decapitado por Martín I de Aragón en 1392. Y sus bienes y propiedades fueron incautados.

Con el tiempo, y tras alojar a los virreyes de Sicilia y a las Aduanas Reales, la mansión terminó en manos de los inquisidores.

Durante los siglos XVII y XVIII, pues, los torturadores enviados a la isla desde Madrid interrogaron a los prisioneros del Santo Oficio en las mazmorras del Palazzo Steri. Allí fueron tratados como herejes, hechiceros y amigos del demonio un sinnúmero de artistas, intelectuales incómodos y adversarios políticos y religiosos. Y, sobre todo, muchos nobles ricos: no hay que olvidar que los bienes del denunciado se repartían a partes iguales entre la Corona, la Inquisición y el denunciante y que las denuncias falsas —amparadas por el anonimato que se mantenía en estos casos— estaban, pues, a la orden del día. Algo, esto último, muy común en las denuncias a mujeres: eran acusadas por sus propios maridos (sin ellas saberlo jamás) aprovechando el hecho de que el matrimonio con una bruja era anulado y el cónyuge podía conservar la dote.

Los seres destrozados que deambularon por esas celdas dejaron sobre los muros un buen número de grafiti y de dibujos: poesías, invocaciones, mapas, plegarias... Rasparon las baldosas del piso y mezclaron el polvo resultante con agua, saliva u orina para producir un pigmento con el que poder pintar sus gritos y sus desdichas. Se trata de un testimonio del sufrimiento padecido y un mensaje al futuro; una mezcla de obra de arte, documento histórico, y denuncia imperecedera contra los abusos, las injusticias y los crímenes cometidos por los poderosos.

Dibujos prisioneros
Al abolirse la Inquisición en 1782, el Palazzo se convirtió en refugio de pobres (Rifugio dei Poveri di San Dionisio) y en imprenta (Regia Impressa del Lotto), para luego ser la sede de los tribunales (entre 1800 y 1958). El edificio sufrió severas modificaciones: los muros de división entre las celdas de la prisión fueron abatidos, las letrinas fueron cubiertas y, sobre todo, las paredes fueron tapadas con capas y capas de enlucido que ocultaron las desesperadas memorias de los prisioneros.

Entre esos prisioneros estuvo el célebre fray Diego La Matina, el hereje de Racalmuto, protagonista de Morte dell'Inquisitore de Leonardo Sciascia. La Matina fue el único en la historia del Santo Tribunal que logró matar a su inquisidor, don Juan López de Cisneros, durante un "coloquio privado" el 4 de abril de 1657. Al parecer, le destrozó el cráneo con una barra de hierro, y por ello (y por sus muchos "crímenes contra la fe") terminó sus días en la hoguera en 1658.

El Palazzo Steri es en la actualidad la sede del rectorado de la Università di Palermo. Ha sido la propia Universidad la que ha restaurado las cárceles, removiendo las muchas capas de enlucido y dejando a la vista los dibujos.

Buena parte de los diseños están datados y firmados, lo cual ha permitido cruzar los datos con los del Archivo Histórico Nacional de Madrid y completar las historias: surgen así identidades e historias personales. Nótese que los archivos de la Inquisición almacenados en el Palazzo Steri fueron quemados por Domenico Caracciolo, marqués de Villamaina y virrey de Sicilia, en 1782, cuando la Inquisición fue desmantelada. Sin embargo, los informes que obligatoriamente se enviaban desde la Inquisición siciliana a la Inquisición Suprema de Madrid sobrevivieron la destrucción sistemática de pruebas, y hoy pueden consultarse.

Las cárceles se han abierto al público, y pueden ser visitadas con guías. Para que las voces del pasado griten sus denuncias y recuerden hechos que jamás deberían repetirse.

Artículo. Fortis, Luca. Palermo, la Vucciria e le carceri dell'inquisizione. Il Giornale, 16 de agosto de 2017.

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