7.11.17

Las tejedoras de crines

Las tejedoras de crines

Por Edgardo Civallero

La localidad de Rari se encuentra en la provincia de Linares, a los pies de la zona precordillerana de la VII Región del Maule, en el centro de Chile. Está ubicada en un valle bañado por el río Rari, cerca de los lagos Colbún y Machicura y a solo unos kilómetros de las fuentes termales de Panimávida y Quinamávida, cuyas aguas curativas llevan décadas atrayendo visitantes.

En las viviendas de adobe que componen el pequeño pueblo, rodeado de viñas y cultivos de bayas, vive un millar escaso de personas. A la puerta de muchas de esas casas puede verse un cartel que anuncia que allí se vende artesanía de crin de caballo, un producto propio de Rari que ha ganado notoriedad desde que en 2010 sus cultoras fueran reconocidas como Tesoro Humano Vivo por la UNESCO.

Las tejedoras de cines
Se dice que las comunidades indígenas de la zona, pertenecientes al pueblo Mapuche, solían tejer fibras de mimbre y de boqui (una planta trepadora de los bosques chilenos), así como las raíces de los álamos que crecían junto a los ríos. Estas últimas, señala el relato, eran enredadas por las propias aguas, un fenómeno que inspiraría su uso en cestería.

Las fuentes orales no se ponen de acuerdo acerca de quién comenzó a tejer las raíces, pero lo cierto es que, hace unos dos siglos, se empezaron a confeccionar pequeños cestos y otras piezas utilitarias con esas fibras. Las mujeres de Rari, las encargadas de la tarea, terminaron especializándose en el oficio.

Las tejedoras de cines
La masiva extracción de raíces de álamo llevó a la extinción de los ejemplares y forzó la búsqueda de otras opciones. La fibra elegida resultó ser la crin de caballo: era de fácil obtención en la zona, podía teñirse y tenía ciertas características similares al álamo. Sin embargo, no era tan resistente como esta última, de forma que a partir de 1917 se usó ixtle —una fibra de origen mexicano, derivada del agave— para dar mayor firmeza a los productos. Se generó así una nueva versión de la tradición en Rari: una que se ha mantenido hasta hoy.

Las tejedoras de cines
Las mujeres consiguen crines blancas o claras (de otra forma no se podrían colorear), las cepillan y lavan, las tiñen con anilinas artificiales —los tintes naturales quedaron en el pasado— y las tejen con las manos: las agujas y las tijeras se dejan para dar algunos toques finales. Los objetos producidos han ido cambiando con el paso del tiempo: en un principio se trataba de pequeños canastos, ramos de flores y brujas, pero hoy cada artesana decide qué y cómo hacerlo: desde ángeles y figuras femeninas hasta animales, aves e insectos, especialmente mariposas.

En la actualidad, las artesanas de Rari se han organizado en asociaciones que les permiten gestionar mejor sus ventas y, en especial, la compra de las materias primas (crin e ixtle), cada vez más difíciles de obtener. Y continúan enseñando sus habilidades a las generaciones más jóvenes, para que la tradición secular de la que son depositarias no termine desapareciendo.

Colección digital "Artesanía en crin: Rari, un mundo en miniatura", en el Museo de Arte y Artesanía de Linares.
Libro "Artesanas de Rari", en Memoria Chilena.
Pasos para trabajar con crin de caballo.

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