30.5.17

Las cosas de Nueva España

Las cosas de Nueva España

Por Edgardo Civallero

El misionero franciscano Bernardino de Ribeira o Rivera, conocido tras su ordenación como Bernardino de Sahagún (por su lugar de nacimiento en León, España), se interesó por las culturas indígenas del altiplano mexicano, en el ya para entonces Virreinato de Nueva España, apenas pisó la ciudad de México en 1529, ocho años después de la caída de la imponente Tenochtitlan.

A esa ciudad llegó fray Bernardino de la mano de fray Antonio de Ciudad Rodrigo y junto a otros diecinueve compañeros. Sus primeros años los pasó en el convento de Tlalmanalco (1530-1532) y en el de Xochimilco (1535). Luego enseñó latín en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, fundado en 1536 por el arzobispo de México, Juan de Zumárraga; allí daría clases a los hijos de los pipiltin, los antiguos nobles mexicas, a los que se quería asimilar cuanto antes a la cultura castellana.

Hacia 1540 realizó algunos viajes por el valle de Puebla, Huexotzingo y Cholula. La epidemia de cocoliztli de 1545-1546 lo encontró entre los muros del convento de Tlatelolco. Entre 1558 y 1560 estuvo en el convento de Tepepulco, regresó al de Tlatelolco entre 1561 y 1565, y los cuatro años siguientes los pasó en el de San Francisco el Grande, en México.

En torno a 1547, Sahagún comenzó a compilar lo que serían las bases de su gran obra: la Historia general de las cosas de Nueva España. Aunque no fue lo primero ni lo único que escribió ―se sabe que produjo varios volúmenes, en castellano, latín y náhuatl, y que uno de ellos llegó a imprimirse en México―, sí fue su trabajo más importante.

Su intención, renacentista y humanista a la vez que absolutamente evangelizadora, era la de recabar datos que facilitaran la conversión de los naturales de aquellas tierras. Con esa información podría explicar a sus colegas misioneros las creencias idólatras de los indígenas, componer un vocabulario de la lengua que permitiera transmitir las ideas del cristianismo, y dar cuenta de la historia y el patrimonio intangible de las culturas nativas.

No fue hasta 1558 cuando se detuvo a planificar realmente la escritura de la Historia general. Su proyecto inicial se limitó a la elaboración de cinco capítulos, enfocados sobre todo en la descripción de las prácticas religiosas indígenas. Recibió la aprobación del entonces provincial de la orden, fray Francisco de Toral, que encontró la idea muy valiosa, y se puso manos a la obra.

La forma de trabajo de Sahagún fue metódica. Preparó cuestionarios ("minutas") sobre determinadas materias de interés, que debían ser respondidos por una serie de informantes previamente identificados, y con los cuales se había llegado a determinados acuerdos (algo similar a las actuales entrevistas para recolección de tradición u historia oral). Esos informantes eran, en general, principales: los ancianos, sabios, médicos y artesanos de las ciudades-estado de Tenochtitlan, Tlatelolco y Texcoco que habían sobrevivido a la conquista española. Las respuestas, recogidas en forma de pictografías, fueron interpretadas y ampliadas por un equipo de colaboradores de Sahagún: estudiantes y ex-estudiantes mexicas del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco. Fueron ellos quienes transcribieron el náhuatl fonéticamente, escribiéndolo en alfabeto latino. Sahagún revisó luego esos textos y los corrigió.

La "primera etapa" de trabajo tuvo lugar en Tepepulco, y su resultado fueron los "Primeros Memoriales" o "Memoriales de Tepepulco", acabados en 1560.

Una vez instalado en el convento de Tlatelolco en 1561, Sahagún retomó su trabajo de identificación de informantes y de recolección de testimonios e información. Amplió su plan anterior de cinco capítulos a doce libros. Fruto de la labor de esos años (la "segunda etapa") fueron tres documentos terminados en 1565. A partir de esa fecha comenzó la "tercera etapa" en el convento de San Francisco. Entre 1567 y 1569 trabajó solo, revisando lo recopilado hasta entonces: depuró y organizó los escritos, escribió prólogos y apéndices, pasó a limpio todo... Para 1569 Sahagún había terminado la versión final de la Historia general, escrita en náhuatl. Un texto que, hoy por hoy, sigue perdido.

En 1570 presentó el manuscrito a los miembros de su orden, que, si bien lo aprobaron, quedaron poco convencidos de los resultados. De hecho, por mandato del provincial Alonso de Escalona, a fray Bernardino le fueron requisados todos sus escritos y borradores, que acabaron repartidos por los conventos de su provincia franciscana. Preocupado por el destino que podría aguardar a su obra, Sahagún violó la "santa obediencia" que le debía a su superior y aprovechó el viaje a Europa de dos amigos suyos (fray Miguel de Navarro y fray Jerónimo de Mendieta) para enviar a Madrid, al licenciado Juan de Ovando (que se preparaba para asumir la presidencia del Consejo de Indias), un Sumario de la Historia general, y a Roma, al Papa Pío V, Un breve compendio de los ritos idolátricos que los Indios desta Nueva España usaban en el tiempo de su infidelidad, resumen de varios de los libros de su manuscrito.

En 1573 Sahagún recuperó sus originales. En 1575, Juan de Ovando, ya presidente del Consejo de Indias, encargó a fray Rodrigo de Sequera, el nuevo comisario franciscano en México, que proporcionase a Sahagún la ayuda necesaria para traducir al castellano y terminar su Historia general. Solicitó además que, una vez terminada, fuese remitida a España. Recibió entonces apoyo económico, y se le adjudicaron escribientes (el hombre pasaba ya de 70 años y no podía escribir) que recopilaron los textos en náhuatl, mientras fray Bernardino dictaba la versión castellana, extractando y comentando los materiales indígenas originales. En 1576, Felipe II ordenó al arzobispo Moya de Contreras que enviase los manuscritos de Sahagún al Cronista de Indias, pero en ese año recién se había comenzado a trabajar con las ilustraciones. En 1577 se repitió la orden real, que volvería a llegar a México dos veces más en 1578. Sahagún creyó que en la metrópoli estaban impacientes por imprimir su trabajo, pero las razones eran exactamente las opuestas: Felipe II quería deshacerse de un texto que consideraba "peligroso". El trabajo de recuperación de la historia y la cultura de los pueblos vencidos en su propia lengua resultaba sospechoso, incluso si lo realizaba un misionero.

La obra se completó finalmente en 1579. Al año siguiente, Rodrigo de Sequera llevó consigo una copia del manuscrito cuando volvió a España, en donde, al parecer, habría encargado una copia de la Historia general únicamente en castellano hacia 1583.

A partir de aquí comienzan las confusiones.

Las cosas de Nueva España
La copia que Sequera llevó a la península Ibérica terminó en el gabinete de artes y curiosidades de los Medici, en Florencia. Allí llegó alrededor de 1588, probablemente a través de Ferdinando de Medici, cardenal en la corte del Papa. Este habría conservado el ejemplar primero en el Palazzo Vecchio y luego en la Galleria degli Uffizi. Las colecciones bibliográficas de los Medici se conservan hoy en la denominada Biblioteca Medicea-Laurenziana, en donde aún se encuentra el ejemplar de Sequera, que hoy se conoce como Códice Florentino o Manuscrito Sequera. Debieron pasar casi dos siglos hasta que en 1793, gracias a un catálogo en latín publicado por el canónigo y bibliotecario italiano Angelo Maria Bandini, se volvió a tener noticias de aquel texto. En 1879, un trabajo del franciscano Marcellino da Civezza proporcionó nuevos datos sobre la obra.

La Real Academia de Historia española tuvo conocimiento de este descubrimiento y lo anunció en el quinto encuentro del Congreso Internacional de Americanistas (Copenhague, 1883). En el séptimo (Berlín, 1888), el investigador alemán Eduard G. Seler presentó una descripción de las ilustraciones, mientras que en 1893 el académico mexicano Francisco del Paso y Troncoso recibió permiso del gobierno italiano para copiar el texto y las ilustraciones del Códice Florentino.

Por otro lado, se cree que Sahagún habría enviado al Consejo de Indias los "Primeros Memoriales" (resultado de su investigación en Tepepulco en 1560) y los tres documentos producidos en Tlatelolco en 1565. Esos manuscritos se conservan divididos en dos partes, y se conocen en conjunto como los Códices Matritenses. Una parte se encuentra en la Biblioteca del Palacio Real, y comprende del libro I al VI de la Historia general (303 folios); la otra se halla en la Real Academia de la Historia, e incluye los libros VIII al XI (343 hojas). Entre los dos reúnen la casi totalidad de la obra, a falta de los libros VII y XII.

La Academia de la Historia alberga además el Códice de Tolosa, probablemente la copia encargada por Sequera en 1583, cedida a Carlos III por los franciscanos del convento navarro de Tolosa, a donde el documento llegó no se sabe muy bien cómo. El Códice de Tolosa está en castellano, no tiene ilustraciones y es el texto más difundido, ya que ha sido el utilizado para redactar las ediciones impresas de la Historia general. Esta versión no es más que la parte en castellano del Códice Florentino: está terriblemente resumida e incompleta, y fue recortada por el propio Sahagún.

Entre 1905 y 1907 Francisco del Paso y Troncoso publicó el manuscrito completo en versión facsimilar (láminas) en Madrid. Hasta entonces solo había estado disponible la versión de Tolosa. Entre 1950 y 1982, Arthur J. O. Anderson y Charles Dibble trabajaron para dar a la imprenta una traducción al inglés del Códice Florentino, y en 1979 el gobierno mexicano publicó el original en náhuatl y castellano. Desde 2012 el manuscrito completo, digitalizado, está disponible en la Biblioteca Digital Mundial.

El Códice Florentino cuenta con 1200 folios, es decir, 2400 páginas. Los contenidos están organizados en 12 libros (cada uno con una temática central diferente, al estilo de las enciclopedias medievales) encuadernados en 3 volúmenes. Cada página incluye una columna con el texto náhuatl (a la derecha) y otra con su traducción al castellano (a la izquierda). A ellas se suman 2468 magníficas ilustraciones que combinan la tradición de los tlacuilos (escribas-pintores) mexicas con la pintura renacentista europea. Solo la quinta parte de esas imágenes son de adorno: las demás son llamadas "imágenes primarias", porque aportan significado al texto. Están delineadas en negro y coloreadas. Se cree que una veintena de artistas diferentes participaron en el trabajo de ilustración; algunos dibujos quedaron incompletos debido a la epidemia de cocoliztli que asoló México en 1576 y que, probablemente, se cobró las vidas de algunos de los ilustradores.

Hay numerosas voces, opiniones y versiones incluidas en el texto, junto a los recortes y manipulaciones del propio Sahagún, misionero e hijo de su época; como consecuencia de ello, el documento puede resultar contradictorio, en especial cuando se comparan las versiones náhuatl y castellana. Aún así, el códice (en especial la versión indígena) es una de las fuentes primarias más importantes para conocer la vida cotidiana de los antiguos Mexica, sus tradiciones, creencias, historia y costumbres, y la narración en primera persona de la conquista de sus territorios a manos de los mismos extranjeros que estaban solicitando su relato para escribirlo. Dejando de lado los sesgos, el método de trabajo de Sahagún ha sido elogiado por numerosos historiadores y antropólogos, y su recolección de vocabulario náhuatl, combinado con las imágenes y las ideas que compiló, ha ayudado a los historiadores y antropólogos modernos a conocer y comprender mejor la mentalidad y la forma de expresarse de los habitantes del altiplano mexicano antes de la Conquista.

Fray Bernardino murió de un catarro a los 90 años. Sus contemporáneos dijeron de él que fue hombre "muy reglado y concertado". Algunas crónicas añaden que se lo mantuvo apartado de la vista de las mujeres de Nueva España por su singular belleza varonil. Fue un trabajador incansable, y un hombre ciertamente comprometido con su proyecto.

La historia de sus escritos continúa, a día de hoy, llena de incógnitas. Al mismo tiempo, podría decirse que la historia mexica tiene menos incógnitas, a día de hoy, gracias a sus documentos.

The Florentine Codex. World Digital Library.
Los manuscritos de la Historia general de las cosas de la Nueva España de Bernardino de Sahagún.
Bernardino de Sahagún (1981). El México antiguo: selección y reordenación de la Historia general de las cosas de Nueva España de fray Bernardino de Sahagún y de los informantes indígenas. Caracas: Biblioteca Ayacucho.

Ilustraciones: Códice Florentino, Libro IX.