16.5.17

La historia detrás del icono

La historia detrás del icono

Por Edgardo Civallero

Marina Ginestà i Coloma jamás había tenido un arma en la mano. Ni la volvió a tener después de aquella foto, según contó ella misma.

Marina aparece posando en pleno centro de Barcelona, con un Máuser al hombro, como una joven miliciana antifascista y revolucionaria. La imagen ha terminado convirtiéndose en una suerte de icono de la resistencia republicana durante la Guerra Civil Española, y en los últimos tiempos ha sido utilizada para ilustrar el rol de las mujeres en las luchas sociales, económicas y políticas, armadas o no, de todos los tiempos.

La foto fue artificial; un montaje, si se quiere. Pero la historia de vida de Ginestà fue real. Y esa historia, curiosamente poco conocida, es un ejemplo de lucha, de valor y de compromiso mucho más poderoso que cualquier imagen.

Marina nació en Tolosa (Occitania francesa) en 1919, en el seno de una familia obrera con una larga trayectoria de lucha revolucionaria. Era hija de dos sindicalistas y nieta de una de las pioneras del feminismo y el cooperativismo en Cataluña, Micaela Chalmeta, más conocida como Amparo Martí. En 1928 los Ginestà se trasladaron a Barcelona.

Para 1936, el año del golpe militar franquista, la joven militaba en las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña (JSUC), surgidas de la fusión de las organizaciones juveniles comunistas y socialistas catalanas en abril de aquel año. Vivió en primera persona los combates que tuvieron lugar en Barcelona durante la fallida revuelta de las tropas golpistas, salidas de los cuarteles de Pedralbes el 19 de julio. Durante los enfrentamientos, en los que se armaron numerosas barricadas callejeras y participó una fuerte masa obrera, algunos de los rebeldes se atrincheraron en el Hotel Colón de la Plaza de Cataluña. Tras su rendición, las JSUC confiscaron ese edificio, que posteriormente sería la sede del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), creado el 23 de julio.

Precisamente en ese edificio fue tomada la famosa foto de Marina. La instantánea fue obra del germano-mexicano Hans Gutmann (más conocido como Juan Guzmán, 1911-1982), un militante comunista que había llegado a Barcelona para seguir de cerca y dar noticia de las Olimpíadas Populares pero que se encontró con el inicio de una guerra civil que luego cubrió casi en su totalidad. El 21 de julio de 1936, el fotógrafo pidió a la joven que lo acompañase a la terraza del hotel. Ella tenía 17 años, y posó para él con un fusil prestado, descargado.

Es una buena foto, refleja el sentimiento que teníamos en aquel momento [...] Dicen que en la foto tengo una mirada arrebatadora. Es posible, porque convivíamos con la mística de la revolución del proletariado y las imágenes de Hollywood, de Greta Garbo y Gary Cooper.

Guzmán disparó su cámara veinte veces. El pie de foto original que acompañó al negativo fue el siguiente: "Barcelona, 21 de julio de 1936. La miliciana Marina Jinesta, miembro de la juventud comunista, posa en la terraza del hotel Colón, donde se ha establecido una oficina de alistamiento de milicianos".

La historia detrás del icono
Durante la contienda española Ginestà nunca estuvo en el frente. A pesar de lo que se haya dicho o escrito sobre ella (sobre todo en medios propagandísticos que tenían que resaltar las figuras de sus mujeres como luchadoras), trabajó siempre en la retaguardia, como mecanógrafa y traductora. Fue, de hecho, la ayudante de Mijail Koltsov, corresponsal del periódico soviético Pravda y agente de Stalin en España; el secretario general del PSUC, Joan Comorera, la nombró su intérprete a principios de agosto de 1936. En la obra que Koltsov publicó sobre la guerra civil, Diario de la guerra en España, menciona a Ginestà como uno de los ejemplos de la emancipación de la mujer española: "Marina Ginestà, callada, atenta, con los cabellos cortados como un chico, combatiente en las barricadas de la Plaza de Colón, concienzuda mecanógrafa y traductora".

El final del conflicto la encontró en el puerto de Alicante. Fue recluida en un campo de concentración y liberada a los dos meses. Se trasladó con su pareja a un pueblo cercano a la frontera francesa y poco después trataron de cruzar los Pirineos. Su compañero murió en el intento; ella, herida, logró llegar a Montpellier. Pocos días después se reencontró con sus padres, que habían estado detenidos en los campos de concentración de Argelés-sur-Mer y Agde. Cuando Francia fue ocupada por los nazis, decidió exiliarse en México, aunque jamás llegó allí: se instaló en la República Dominicana, donde se casó con su primer marido, Manuel Periáñez, al que había conocido durante el viaje. En 1946 debió abandonar el país debido a la persecución que el dictador Rafael Trujillo desató contra los republicanos españoles. Recaló en Venezuela con sus padres; su hermano Albert estaba allí desde 1944. Toda su familia adquiriría la nacionalidad venezolana y se quedaría allí hasta su muerte. Ella, por su parte, se separó en 1949 y regresó con su hijo a Francia; en 1952, se casó con un diplomático belga, Carl Werck, con el que vivió en Bruselas y después a La Haya. Para 1954 se había desilusionado con el comunismo. Residió en Quito, Londres y Nueva Orleáns, y volvió a vivir en Barcelona entre 1972 y 1976. Desde allí retornó a Bruselas, y luego a París.

Marina no supo de la famosa foto hasta 2006. La imagen había estado guardada en el archivo de Juan Guzmán sobre la guerra civil española; se desconoce si en algún momento llegó a ser publicada. En 1987 la Agencia EFE compró ese archivo a la viuda de Guzmán. En 2002 la imagen de la miliciana barcelonesa se utilizó como portada para el libro Trece rosas rojas del periodista Carlos López Fonseca, y fue incluida en el libro Imágenes inéditas de la Guerra Civil, de la propia EFE. En 2006, un documentalista de EFE, Xulio García Bilbao, logró desentrañar la identidad de la chica tras analizar el Diario... de Koltsov y los fondos del Archivo General de la Guerra Civil Española de Salamanca. García Bilbao encontró a la "Marina Jinesta" de la foto en 2008, en París.

Y en París murió Marina, en enero de 2014, a los 94 años. Su fotografía, mirando a la cámara casi de reojo, no representa exactamente su historia personal –en la que se suceden derrotas y exilios– pero quizás refleja el espíritu colectivo de un momento determinado, congelado para siempre: una Barcelona revolucionaria, unos obreros en armas, una victoria...

La juventud, las ganas de ganar, las consignas... yo me las tomaba en serio. Creía que si resistíamos ganábamos. Teníamos la sensación de que la razón estaba con nosotros y que acabaríamos ganando la guerra, nunca pensamos que acabaríamos nuestras vidas en el extranjero.


Imagen 01. La icónica foto.
Imagen 02. Marina y su hermano Albert en 1936.