7.3.17

Un fragmento de historia malgache

Un fragmento de historia malgache

Por Edgardo Civallero

En Africa: Desde la prehistoria hasta los estados actuales (4.ed. México: Siglo XXI, 1978 [Historia Universal Siglo XXI, 23], pp. 321-323), Pierre Bertaux dedica un capítulo entero –el último– a la poco divulgada historia de la isla de Madagascar. El francés se detiene unos cuantos párrafos en el célebre reino de Imerina, en el territorio del pueblo Merina, uno de los más importantes grupos étnicos malgaches.

Sobre tal reino y sobre uno de sus regentes más influyentes apunta Bertaux lo siguiente:

"Imerina creció constantemente bajo los sucesivos soberanos; sin embargo, apenas se extiende sobre unos 60 kilómetros a lo largo y otros tantos a lo ancho. No obstante, en el siglo XVIII se divide en cuatro reinos distintos, bien pronto reducidos a tres. La anarquía lo amenaza.

Hacia 1787, un joven príncipe llamado Ramboasalama ('el perro con buena facha') fue aclamado como rey de uno de los cuatro reinos, el de Ambohimanga. Tomó el nombre de Andrianampoinimerina, o más brevemente, Nampoina el Deseado. Primero concluye tratados y alianzas matrimoniales, con los otros reinos merinas, lo que le asegura siete años de paz, durante los cuales reorganiza su Estado. Da a sus parientes el mando de las aldeas fortificadas que protegen sus fronteras; compra fusiles, reúne tropas. Cuando los otros príncipes se inquietan es demasiado tarde. Nampoina se apodera de Tananarive hacia 1796, después de duros combates y de reveses que logra superar. Reconstituye la unidad del reino merina.

Pero no se detiene ahí. Se anexiona los pequeños reinos vecinos. Los reyes betsileos se ven obligados a sometérsele, ya por diplomacia, ya por la fuerza.

Después dirigió sus miradas hacia los soberanos sakalavas de la costa Oeste, el rey de Menabne y la reina de Boina. Sus negociaciones e intercambio de regalos no produjeron al principio ningún resultado decisivo. Sin embargo, supo extender poco a poco su fama por toda la isla.

Su mérito particular es haber comprendido que no bastaba apoyarse sobre una casta, aunque ésta fuera dominante. Nampoina asocia a su autoridad, bajo diferentes formas, a personajes salidos de todas las clases y castas. La clase dirigente no es ya la de los aristócratas, sino la de los administradores: gobernadores, consejeros, escogidos entre todas las castas y todas las tribus, en función no de su origen, sino de sus cualidades y de su fidelidad. Imerina es dividido en seis territorios administrados directamente. Más allá de Imerina, los soberanos vasallos conservan su autonomía, pero pagan tributo. En las regiones mal sometidas o desiertas, instala Nampoina colonos de Merina. El pueblo es consultado periódicamente: el rey celebra una gran asamblea, un 'kabaty', donde explica sus intenciones con una elocuencia poética y, por supuesto, las hace aprobar por vía de aclamación.

Nampoina prohíbe el alcohol y el tabaco. Prohíbe quemar el bosque. Cuida de que todo el mundo tenga trabajo y de que nadie tenga hambre. Declara la guerra al hambre, pero también a la pereza. Cuando alguien viene a pedirle auxilio, exclama ¡que se le dé un azadón! Utiliza el trabajo forzado para rehacer los diques y canales. Dicta un Código Penal que reprime la rebelión contra el soberano, el crimen, el robo y la magia maléfica. Instituye pesos y medidas, reglamenta los mercados, organiza la economía interior de Imerina en circuitos cerrados, salvo para la importación de fusiles y pólvora y la exportación de esclavos, sobre todo hacia las islas Maskareignes, que en cierto momento llegó a absorber 1300 por año.

En 1810 Nampoina, con más de sesenta años de edad, cae enfermo. Entre sus 24 hijos, designó como sucesor único a Radama, que a la sazón tenía quince años. Le recomendó a sus consejeros, legándoles por testamento político la fórmula: 'El mar es el límite de mis campos de arroz', es decir, el principio de la unidad política de la isla. Murió dejando el recuerdo de haber sido el más grande soberano y hombre político de Madagascar".

Hasta aquí Bordeaux, un germanista francés con escasa experiencia en África que, paradójicamente, escribió (o, mejor dicho, compiló) uno de los libros más influyentes sobre historia africana en la Europa de posguerra. Uno que formó parte de una colección de 36 volúmenes publicada entre 1965 y 1981 en alemán por la Fischer-Bücherei y traducida, con mayor o menor fortuna y calidad, a numerosos idiomas.

La historia del mal llamado "continente negro" fue y continúa siendo, a día de hoy, una gran desconocida para los académicos occidentales. La de la isla de Madagascar –un territorio de por sí rodeado de un denso halo de misterio y exotismo– no es la excepción.

Medio siglo después de su publicación original (1966), algunos de los datos provistos por Bordeaux en su texto sobre Madagascar han sido corregidos por nuevas fuentes, en especial por los textos producidos por los propios historiadores malgaches. Merece la pena revisarlos, especialmente porque permiten vislumbrar unas sociedades, unos personajes, unos acontecimientos y unas costumbres muy poco conocidas fuera de Madagascar y de los ámbitos académicos especializados.

Un fragmento de historia malgache
Andrianampoinimerina nació en 1745 en Ikaloy, en la meseta central de Madagascar. Era hijo de la princesa Ranavalonandriambelomasina, y nieto del rey Andriambelomasina, señor de Imerina. Siguiendo la costumbre del pueblo Merina, al que pertenecía, sus padres le dieron al nacer un nombre humilde, Ra-ambo-asalama, "el perro saludable", para evitar llamar la atención de los rivales o los malos espíritus (al llegar a la edad adulta lo cambiaría a Ramboasalamarazaka). Nacido bajo signos propicios, creció en la corte, y pronto destacó como un eximio jugador de fanorona, un juego de tablero indígena malgache que, según se creía, aumentaba la inteligencia y mejoraba el pensamiento estratégico. También aprendió kabary –una estilizada forma de discurso en público, y no una asamblea–, el uso de proverbios ohabolana, y la interpretación de la tradicional cítara valiha.

Llegó al mundo en un momento en el que el hambre y los conflictos asolaban Imerina, ubicado en las tierras altas malgaches: uno de sus reyes de antaño había dividido el reino entre sus cuatro hijos, desatando una guerra civil que duró casi 80 años.

Durante su juventud, Ramboasalamarazaka desdeñó su posición como noble y se dedicó al comercio. Durante ese periodo se ganó una merecida fama como protector de los plebeyos (hova), defendiéndolos de los ataques de los guerreros y traficantes de esclavos de los vecinos reinos Sakalava, ubicados en la costa oeste de la isla. Se convirtió en un verdadero self-made man, con fuerte temperamento, tenacidad, sentido de la justicia e independencia.

Tras varios conflictos con su tío Andrinajafy, que estaba en el trono de uno de los cuatro reinos Merina (Imerina Avarandrano o "Imerina del norte", cuya capital era Ambohimanga), y no pocos intentos de asesinato, Ramboasalamarazaka asumió el reinado a los 42 años, prácticamente por la fuerza, con el nombre de Andrianampoinimerina. En la década de 1790 reunificó el antiguo reino de Imerina, ocupando las 12 "colinas sagradas" de su pueblo y conquistando su antigua capital, Antananarivo (Tananarive, en francés) en 1793. Su objetivo de reunificación estaba completo en 1797. Para 1800 había expandido su territorio significativamente, logrando alianzas con pueblos vecinos mediante tratados o casamientos; se dice que tuvo 12 esposas, y que construyó a cada una de ellas una casa en cada una de las colinas sagradas. Desde 1800 en adelante intentó poner a los 18 grupos étnicos de Madagascar bajo su control, enviando embajadores que proponían la sumisión o una invasión militar. La expansión Merina fue resistida por los reinos Sakalava, que se mantuvieron como los principales enemigos de Imerina: a lo largo del reinado de Andrianampoinimerina tuvieron lugar numerosas expediciones de esclavistas Sakalava que tomaban prisioneros a los Merina y los vendían en los mercados de la costa oeste a traficantes europeos. Ninguna de las campañas para neutralizarlos sirvió de nada.

Entre los muchos legados de Andrianampoinimerina se encuentran el desarrollo y la organización de Antananarivo y su complejo real, el Rova. La ciudad se dividió en barrios según las distintas clases y los distintos clanes. El rey incorporó a sus políticas de gobierno tanto lo sobrenatural –los ídolos de todos los grupos étnicos y sociales– como los conocimientos más realistas, y combinó las prácticas tradicionales con numerosas innovaciones. A la hora de gestionar un complicado escenario étnico, cultural y social, siempre buscó el equilibrio: repartir poder, igualar las oportunidades, reconocer a todos los actores... Mantuvo y acrecentó la antigua tradición Merina del fanompoana (trabajo como pago de impuestos), trabajo que utilizó para numerosas obras públicas: ampliar los sistemas de irrigación, por ejemplo. Utilizaba bandas de músicos hiragasy para entretener a las cuadrillas de trabajadores, y luego las enviaba por las villas del interior del país, para contar noticias, anunciar nuevas leyes y mantener a todo el mundo informado. Estableció un código civil y uno penal formales (los primeros de Madagascar) y prohibió el consumo de estupefacientes (drogas, alcohol y tabaco), aunque mantuvo algunas viejas costumbres, como la tangena (juicio en el cual sobrevivir a la ingesta de veneno probaba la inocencia del acusado). Reguló la economía instaurando mercados oficiales (tsena), pesos estandarizados (fandanjana) y otras unidades de medida. Finalmente, creó un ejército (foloalindahy, "los 100.000 hombres") que le sirvió para sus campañas, necesarias para expandir tierras y para conseguir esclavos, lucrativo negocio mantenido como monopolio por la casa real.

Andrianampoinimerina murió en Antananarivo en julio de 1810, a los 65 años. Tenía 11 hijos y 13 hijas. Radama, de 18 años, sucedió a su padre, y se casó con la hija de un hombre que, enterado de un complot contra Andrianampoinimerina, le avisó a tiempo y ayudó a salvar su vida. A la muerte de Radama, su mujer gobernaría Imerina durante 33 años con el nombre de Ranavalona I.

Los restos de Andrianampoinimerina fueron enterrados, siguiendo la tradición vazimba, dentro de una canoa, en una de las tumbas reales tranomasina de Ambohimanga, la capital espiritual de los Merina. Cuando los franceses impusieron su presencia colonial en la isla en 1895, destruyeron la tumba del famoso monarca y colocaron sus restos en la tumba de su hijo en Antananarivo. Intentaban eliminar el pasado malgache, especialmente para destrozar el espíritu de resistencia de los participantes en la rebelión Menalamba, que pretendían echar a los ocupantes de su tierra.

En su lecho de muerte, Andrianampoinimerina le dijo a Radama: "El mar es el límite de mi campo de arroz" (atao ko ny ranomasina no valamapria ko). Se trataba de una afirmación tradicional de los reyes de Imerina, que soñaban con ocupar todo Madagascar. Radama juró a su progenitor que lograría cumplir tal ambición. Pero ni él ni ninguno de sus sucesores lograron alcanzar semejante objetivo.

Imagen A: Mapa de la costa oriental de África en 1829. Colección de mapas Perry-Castañeda, Biblioteca de la Universidad de Texas, EE.UU.

Imagen B: "The Queen's Ordinary Style of Appearing in Public" [El estilo habitual de la reina para aparecer en público]. Tomado de History of Madagascar, de William Ellis (1838).