26.7.16

"Solo se puede ser universal asumiendo las propias raíces"

Estamos viviendo fuera de la realidad

Por Sara Plaza

Reproducimos a continuación la traducción al castellano del discurso pronunciado por Agustín Fernández Paz, conocido y valorado docente y escritor gallego, fallecido el pasado 12 de julio en Pontevedra, al ser investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Vigo en 2013. El texto original en gallego lo recuperaba hace una semana el diario online Galicia Confidencial en un artículo titulado "A defensa do galego de Fernández Paz, nas propias palabras de Fernández Paz".

[...] Que esto me esté sucediendo en la Universidad de Vigo, la ciudad de la que soy vecino desde hace más de veinte años, me llena el pecho de alegría. Vigo nos atrapó, nos recibió con los brazos abiertos, sentimos cada día su cariño. Es una fortuna participar de los afanes de esta ciudad de sal, de esta abeja de ribera, como suele llamarla Manuel Bragado. Que nuestra Universidad me agasaje hoy con este reconocimiento me une todavía más a esta institución, a Vigo y a su ciudadanía.

Los escasos méritos que puedo aportar tienen que ver con mi trabajo de creación literaria, en especial la orientada a la gente joven, y con el trabajo alrededor de la promoción de la lengua [gallega] en la enseñanza y en la sociedad. Por esta razón, en el discurso que me dispongo a leer, necesariamente breve, abordo algunas facetas de mi biografía referidas a las dos líneas de trabajo mencionadas. Lo titulé Seis recuerdos y una narración.

Seis recuerdos...

Recuerdo la creación del mundo, que comenzó cuando vi la luz por primera vez en la primavera de 1947. Conforme crecía, el mundo se fue desvelando a mi alrededor, en un proceso prodigioso que se pone en marcha cada vez que nace una persona. El paisaje de mi infancia era el de Vilalba en los gélidos años cincuenta. Una sociedad donde el paso de las estaciones marcaba el ritmo de la vida: los trabajos comunales, los juegos infantiles, el ciclo de las cosechas. Un pedazo de Galicia de niebla y plomo sobre el que planeaban los miedos y los silencios, algo que entonces yo ignoraba.

Aceptábamos la diglosia granítica que se había instalado en la sociedad como si perteneciera al orden natural de las cosas. El párroco, los maestros, los artistas de cine y el médico hablaban castellano, el mismo idioma que leíamos en los periódicos y tebeos o que escuchábamos por la radio. La lengua de los usos más formales, porque luego la vida de verdad se desarrollaba en nuestro idioma. El lenguaje de los juegos, de la familia, del trabajo, de las caricias... era el gallego.

Y también la lengua de las narraciones orales que yo escuchaba fascinado, sin saber que aquellas historias cimentaban la pasión por las palabras que acabaría por llevarme a la escritura y convertirme, también a mí, en un contador de historias.

Recuerdo los libros que leí. Nunca olvido que, antes de escritor, soy lector. Hijo de otro lector apasionando, como era mi padre. Con él di los primeros pasos por el camino que me trajo hasta aquí. Un camino tan dilatado en el tiempo que me permite hablar de los enormes cambios en la valoración de la lectura que se produjeron en la sociedad. Como Roy Batty en Blade Runner, también yo puedo afirma que "vi cosas que vosotros nunca creeríais". En eso, los de mi generación fuimos afortunados, pues asistimos a la etapa que va desde 1945 a estos primeros años del siglo XXI, a la que Ignacio Ramonet llama "de las grandes transformaciones". También en la lectura, huérfana de políticas públicas que reconocieran la función esencial que desempeña.

Si en la infancia nos conformábamos con leer lo que teníamos a mano, en los años de la adolescencia y la juventud yo ansiaba leer autores de los que me llegaban ecos, pero que no se encontraban porque la censura era brutal, la libertad de expresión una utopía y se silenciaban las voces que podían desvelarnos otros caminos.

Si la lectura siempre es una conquista que necesita años para asentarse, todavía lo fue más para las personas de mi generación, condenadas a no leer, o a hacerlo a destiempo, a los autores que en el siglo XX renovaron la visión del mundo. Castelao, Sartre, Machado, Joyce, Camus, Kafka, Beckett... Sí, yo pasé hambre de libros. Una situación que contrasta de manera notable con la actual, donde la censura se ejerce con medios mucho más refinados.

Los tiempos fueron cambiando, como había anunciado Bob Dylan en 1963, y la vida puso en mis manos títulos imborrables, libros que estallaron como una supernova en mi interior y me cambiaron para siempre. Con Borges, también podría afirmar, "yo soy los libros que leí".

Recuerdo el inolvidable descubrimiento de que había libros escritos en gallego. En la infancia vilalbesa, empapados todos en el contexto gallego-hablante de la práctica oral, creíamos que la escritura era algo reservado al castellano que nos hablaban en la iglesia, en la escuela o por la radio.

Hasta que un día de mis ocho años, mi padre llegó a casa con dos libros en la manos. Sentada la familia entera a la mesa de la cocina, con el hule bien limpio para no mancharlos, papá nos enseñó la maravilla que traía: dos libros escritos en gallego, Merlín e familia y Á lus do candil. Se los había prestado el señor Crende, un encuadernador del que era muy amigo, un hombre suscrito a las publicaciones de Galaxia, la editorial que acaban de crear los miembros del Partido Galeguista en el interior.

Mi padre nos leyó algunas páginas en voz alta, que escuchamos con una emoción semejante a la del primer europeo que vio cisnes negros en tierras australianas. ¡Más allá de los pequeños textos burlescos que aparecían en El Progreso por San Froilán o de algunos versos de los poetas locales que se incluían en el programa de las fiestas, había libros de verdad en nuestra lengua!

Sé que otras personas tuvieron mayor fortuna y crecieron al lado de los libros gallegos impresos antes de 1936 o accedieron a las obras editadas por los exiliados en Argentina y Méjico, que llegaban aquí por vías furtivas. Yo no. Aquella fue mi epifanía, a la que después siguió, ya adolescente, la emoción de leer los Cantares gallegos en una edición perdida en la biblioteca de la Universidad Laboral de Gijón. La gran Rosalía, sin intermediarios, desvelándome su genio y señalándome el camino.

Más adelante vendrían otros libros, teñidos con un aquel de clandestinos, y también las hojas que circulaban mecanografiadas con poemas donde ni tan siquiera aparecía el nombre del autor. Solo más adelante, haciendo memoria, supe que pertenecían a Celso Emilio, a Ferrín, a Novoneyra... Y luego, finalizada ya la década de los sesenta, asistí a su precaria presencia en las librerías y experimenté la emoción con la que los comprábamos. Fue en esos años cuando surgió en mí la decisión de escribir en gallego, la intuición de que aquel camino tupido por los zarzales más espesos era el que realmente deseaba recorrer. Pero esa es otra historia, que hoy no cabe aquí.

Recuerdo el poema Penélope de Díaz Castro, chairego como yo, cada vez que reflexiono sobre la situación social de nuestra lengua a lo largo de estas décadas pasadas. "Un paso adiante e outro atrás, Galiza / e a tea dos teus soños non se move". A mi generación le correspondió, desde los años finales de la década de los sesenta, un papel protagonista en la tarea de extender y prestigiar socialmente la lengua. A través del trabajo cotidiano, bastantes personas dejamos una parte substancial de nuestra vida en ese afán. En las aulas, en los ámbitos sociales en los que nos movíamos, con nuestros escritos y la creación de revistas, o con las innumerables charlas en cualquier lugar donde nos invitasen.

¡Cuánto trabajo, cuánta energía supuso levantar el sencillo edificio que nos permitía soñar con un futuro mejor! Cuando desde el Gobierno gallego, en el año 2004, se nos llamó para elaborar el Plan General de Normalización de la Lengua, refrendado más tarde por la totalidad del Parlamento, muchos creíamos posible añadirle un piso más al edificio en el futuro próximo.

No fue así, como bien sabemos. Desde hace algunos años asistimos inquietos al minucioso proceso de desmontaje del edificio. Con la excusa de la crisis o sin ella, los retrocesos legales se suceden con medida puntualidad. El objetivo final parece muy claro: podar las ramas más vigorosas del bonsái, limitar la presencia social de la lengua hasta confinarla en un lugar subordinado.

Una reflexión sobre el sistema educativo público nos llevaría a conclusiones tan inquietantes como la anterior. A mí, no solo como ciudadano, no solo como el docente que fui durante tantos años, no solo como escritor en gallego, esta realidad me hiere en lo más íntimo. ¡Qué difícil es construir, cuánto trabajo lleva conseguir avances, y qué fácil y rápida resulta la tarea de demolición!

A veces uno siente la tentación, como el protagonista de La mirada de Ulises, la lúcida película de Theo Angelopoulos, de brindar "por las esperanzas rotas. Por el mundo que no cambió a pesar de nuestros sueños". Pero, como la que movía a Penélope y finalmente se vio cumplida con la llegada de Ulises a las orillas de Ítaca, los ánimos y la esperanza en el futuro caminan siempre con nosotros.

Recuerdo los abundantes libros que he escrito, en especial los de ficción. En su Carta de batalla por Tirant Lo Blanc, Vargas Llosa afirma que todo narrador es un suplantador de Dios y cada narración, la historia de un deicidio. Pues, como escribió Wislawa Szymborska, "aquí, negro sobre blanco, rigen otras leyes".

Son apropiadas las dos citas para esta tarea tenaz y solitaria de construir mundos y darles vida a los personajes empleando las palabras como únicos materiales. Obsesionarse con una historia, dejarse poseer por ella durante los meses que dure el trabajo. Depurar lo escrito una vez y otra, buscando esa textura capaz de despertar múltiples resonancias en los lectores, también en los más jóvenes.

Escribir como un acto de rebeldía, como un acto de amor. Escribir con el deseo intenso de crear algo que antes no existía. Escribir con la inmensa entrega con que mi padre hacía una mesa o un armario. Y ser consciente de que "aramos sobre los muertos de esta tierra", de que nuestra escritura se alimenta de la de los autores que nos precedieron, en primer lugar de los que escribieron en mi lengua, pero también de los de toda la literatura universal. El saber que viene de lejos pasa a través de mí, de nosotros, y se proyecta en el futuro.

Esa es mi manera, nuestra manera de participar en la cultura de la humanidad. El trazo más significativo de la cultura gallega, que tan bien expresaron los miembros de la Xeración Nós [1] es su vocación de ser célula de universalidad; la voluntad de ser una pieza más en el mosaico mundial de las culturas; la conciencia de que solo se puede ser universal desde la asunción de las propias raíces.

Recuerdo en todo momento a Inmaculada, mi mujer, que hoy me acompaña, y a Mariña, mi hija. Es muchísimo lo que les debo a las dos, ellas son los pilares que me sostienen, ellas son quienes le dan sentido a mi vida. Y recuerdo mis raíces. A mis padres, que hicieron todos los sacrificios para que yo pudiera estudiar. A mi hermana y a mi hermano que murió joven, y a toda la extensa familia vilalbesa: los de Louzao, los de Novo, los de Xan de Grande... De ellos vengo y de ellos aprendí las certezas esenciales que me guían en la vida. Una vida que "por larga que sea, siempre será muy breve", como dice un verso de la polaca Wislawa Szymborska. Claro que sí, pero también qué rica en experiencias. Me acuerdo ahora de los amigos y amigas que fui encontrando por el camino de la vida. Ellas y ellos me dan el mayor bien que puede poseer una persona: la amistad desinteresada. Como escribió Aquilino Iglesia Alvariño, en un tiempo en el que yo todavía era un niño, "Quero contar un por un meus amigos / (...) poucos ou moitos, meus amigos son / quero contalos no meu corazón".

...Y una narración

Los extraños mecanismo de la memoria

Siempre había escuchado decir, e incluso lo había leído en algún libro, que, en los breves instantes que precederían a su muerte, toda la vida pasaría de manera acelerada delante de sus ojos, permitiéndole revivir por última vez las experiencias, amargas unas, felices otras, que su memoria había ido sepultando con paciencia geológica en el transcurso de los años.

Un fenómeno así, meditaba a veces, tenía que obedecer a una rara orden programada en alguna secuencia de la curva helicoidal de nuestro ADN, algo así como una consoladora versión divina de la máquina que Adolfo Bioy Casares había imaginado en La invención de Morel.

Pero algún agente debió de alterar la secuencia que pondría en marcha el complicado mecanismo, porque, en los segundos finales de su vida, la memoria se le quedó anclada con firmeza en la imagen luminosa de Laura, la joven de ojos de miel y trenzas rubias a la que tanto había amado en sus años adolescentes.

Y con ella llegó la música, impetuosa como el agua que baja brava por el torrente. La música de aquella canción olvidada, que ahora regresaba con toda su potencia evocadora; la misma que sonaba cuando Laura y él se besaron con la emoción contenida de la primera vez. Mientras la música inundaba todos los rincones de su memoria, fueron apareciendo nítidos los colores: el rojo de la falda de su amiga, el dorado de las trenzas que tantas veces había acariciado, el intenso verdor de las hojas de los robles, el arrebol del cielo al ponerse el sol, el color miel de los ojos que no había podido olvidar nunca.
Entendió entonces que cuando la vida entera pasa, lo único que nos queda entre las manos es la memoria de los momentos felices, el recuerdo de ese abrazo de experiencias que en días alegres alborotaron nuestro corazón.

[1] Grupo Nós, colectivo de intelectuales gallegos reunidos en torno a la revista homónima, entre los que se contaban Vicente Risco, Ramón Otero Pedrayo, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, Antón Losada Dieguez y Florentino López Cuevillas.

Ilustración de Sara Plaza
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19.7.16

Barreras

Barreras

Por Edgardo Civallero

"La guerra y los prejuicios pueden dividir a la gente, pero la gente es la misma; y sus vidas, similares en ambos lados de la línea divisoria. Y, sin embargo, el corte sigue profundizándose y las paredes siguen subiendo, y globalizándose en una era que prometía borrarlas. Siete heridas abiertas. Siete líneas sobre el planeta donde la tensión política, económica, nacionalista o religiosa hace tiempo que ha dado forma a divisiones infranqueables. Algunas constituyen hitos naturales que los seres humanos se han apropiado como divisores; otras son totalmente artificiales. Algunas coinciden con fronteras estatales mal definidas; por lo general, líneas de cesación del fuego. Todas ellas tienen sus cimientos en problemas sin resolver y reclamaciones implacables. Buscan fluidez, incertidumbre, muerte. Y sin embargo, alrededor de ellas abunda el deseo de una vida normal..."

El párrafo anterior está tomado del catálogo de "Cut – 7 dividing lines", una instalación fotográfica de la artista griega Danae Stratou (2007), que muestra siete barreras artificiales (muros fronterizos, vallas, alambradas) levantadas por el hombre en Chipre, en Kosovo, en Irlanda del Norte, entre Etiopía y Eritrea, en Palestina, en Cachemira, y entre México y los EE.UU. No son las únicas. La siguiente es una lista resumida de las actuales barreras que dividen y separan país de país, pueblo de pueblo, persona de persona.

Barreras
Portas do Cerco
China/Macau (China). 1849. 0,340 km. Barrera interna / Anti-inmigración.

Verja de Gibraltar
Reino Unido (Gibraltar). 1908. 1,2 km. Barrera interna / Anti-inmigración.

Zona desmilitarizada de Corea (ZDC, paralelo 38)
Corea del Norte/Corea del Sur. 1953. 238 km. Zona de conflicto.

China-Hong Kong
China/Hong Kong (China). 1960s. 32 km. Barrera interna / Anti-inmigración

Peace Lines
Belfast, Reino Unido (Irlanda del Norte). 1970s. 0,500 km. Pacificación civil.

Zona de Seguridad de la ONU (Green Line)
Chipre. 1974. 500 km. Zona de conflicto.

Valla del Parque Nacional Kruger
Sudáfrica/Mozambique. 1975. 120 km. Anti-inmigración.

Muro marroquí
Sahara Occidental/Marruecos. 1987. 2700 km. Zona de conflicto (territorio en disputa).

Valla Kuwait-Iraq
Kuwait/Iraq. 1991. 193 km. Zona de conflicto.

Valla de Melilla
España/Marruecos. 1998. 11 km. Anti-inmigración.

Valla Uzbekistán-Kirguistán
Uzbekistán/Kirguistán. 1999. 870 km. Zona de conflicto.

Valla de Ceuta
España/Marruecos. 2001. 8 km. Anti-inmigración.

Valla Uzbekistán-Afganistán
Uzbekistán/Afganistán. 2001. 209 km. Anti-inmigración.

Valla Uzbekistán-Turkmenistán
Uzbekistán/Turkmenistán. 2001. 1700 km. Anti-inmigración.

Barreras
Barrera Botswana-Zimbabwe
Botswana/Zimbabwe. 2003. 500 km. Anti-inmigración.

Barrera indo-cachemira
India/Pakistán. 2004. 550 km. Anti-terrorismo. Zona de conflicto (territorio en disputa).

Barrera saudí-yemení
Arabia Saudita/Yemen. 2004. 75 km. Anti-inmigración.

Valla de seguridad de Brunei-Limbang
Brunei/Malasia. 2005. 20 km. Anti-inmigración.

Vallas de Sharm el-Sheij
Egipto. 2005. 20 km. Anti-terrorismo.

China-Corea del Norte
China/Corea del Norte. 2006. 1416 km. Anti-inmigración.

Barrera Kazajistán-Uzbekistán
Kazajistán/Uzbekistán. 2006. 45 km. Contrabando antidrogas.

Muro de Via Anelli (Padua)
Italia. 2006. 85 m. Barrera interna (ghetto).

Barrera Emiratos Árabes Unidos-Omán
EAU/Omán. En construcción. 410 km. Anti-inmigración.

Muro fronterizo Estados Unidos-México
EE.UU./México. En construcción. 3360 km. Anti-inmigración. Contrabando antidrogas.

Muro de seguridad Egipto-Franja de Gaza
Egipto/Franja de Gaza. En construcción. 7 km. Anti-terrorismo.

Barrera indo-birmana
India. En construcción. 1624 km. Contrabando antidrogas. Anti-terrorismo.

Barrera indo-bangladeshí
India/Bangladesh. En construcción. 3268 km. Anti-inmigración.

Muro de Bagdad
Iraq. En construcción. 5 km. Pacificación civil.

Barrera israelí de Cisjordania
Israel/Palestina. En construcción. 703 km. Anti-terrorismo. Zona de conflicto (territorio en disputa).

Barrera Irán-Pakistán
Irán/Pakistán. En construcción. 700 km. Contrabando antidrogas.

Barrera Pakistán-Afganistán
Pakistán/Afganistán. Propuesta. 2400 km. Anti-terrorismo.

Valla Rusia-Chechenia
Rusia. Proyecto. 700 km. Anti-terrorismo. Zona de conflicto (territorio en disputa).

Barrera Malasia-Tailandia
Tailandia/Malasia. Proyecto. 650 km. Anti-terrorismo.

Imagen A: Kosovo.
Imagen B: Palestina.
Imagen C: EE.UU. (Océano Pacífico).

12.7.16

"A lo que te voy, te voy"

A lo que te voy, te voy

Por Sara Plaza

Manuel Maria Puga y Parga (Santiago de Compostela, 1874-A Coruña, 1918), conocido como Picadillo, fue un escritor, gastrónomo y político gallego. Los párrafos que siguen dan cuenta de su faceta como escritor y gastrónomo, ya que en ellos se comparten algunas recetas de su libro La cocina práctica, el cual recoge artículos publicados con anterioridad en el diario El Noroeste (firmados con el seudónimo de Picadillo). La obra tuvo mucho éxito y el autor disfrutó de una enorme popularidad. Sus páginas están salpicadas de un desbordante sentido del humor, que el autor no dudó en trasladar a la política y a su propia persona.

La edición que tuve estos días entre mis manos es la decimoquinta de la Libería-Editorial "Galí", con prólogo de Emilia Pardo Bazán y epílogo de José Pan de Soraluce.

Sardinas con "cachelos" [página 91]

Bien mirado, no hay nada en el periodismo como una labor de estas tranquilas.

El escribir de cocina en un periódico no será ameno; tal vez carezca de donosura de estilo y de bellezas literarias; pero a cómodo no hay quien le iguale.

¿Qué Maura acabó de hacer cosas y cae? Bueno. ¿Qué sube Montero Ríos y está unos meses en el Poder y después cede la poltrona a Moret? Muy bien. ¿Qué los militares se incomodan y quieren aplicarnos el séptimo a los periodistas? Perfectísimamente. Nosotros, a nuestro fogón o a nuestras recetillas, y si arde Troya, que arda; aprovechamos el incendio para quitarle el rancio a una sartenada de aceite o para poner unos trozos de carne asada a la parrilla.

No nos metemos con nadie, no discutimos de nada, y, como dice el refrán: "A lo que te voy, te voy". [...]

Bacalao de P P y W [página 121]

Plato muy liso y muy llano,
sin complicación ninguna,
que dedica muy ufano
el autor de "Pote Aldeano"
al autor de "Luz de Luna".

Se coge una hoja de bacalao muy delgada, tan delgada como Wenceslao Fernández Flórez, y se toman unos tomates muy gordos, tan gordos como yo. Se desala a Flórez y se me parte en pedazos a mí, y en una tartera, capa de pedazos de Flórez desalados y capa de yo.

Fuego lento; refrito por encima de aceite; mucha cebolla y ajos cuando Flórez está cocido. Diez minutos más de fuego y un perejil final reducido a picadillo con alguna sal si la necesitase.

Y así es la vida. Yo estaré dividido por el eje, pero usted, amigo mío, se queda sin sal, que es bastante peor.

Ropa vieja [página 200-201]

Niñas veraniegas que después de un frugal cocido ya estáis en condiciones de lucir vuestra esbeltez; papás cavilosos, para quienes el garbanzo es la única preocupación de la vida; antiguas señoras que no podéis concebir el placer de la mesa sin la presencia del suculento plato; todos, en fin, los que por gusto o impulsados por la cruel necesidad conserváis las antiguas costumbres de vuestros antepasados y hacéis que la leguminosa farinácea humee a las doce sobre vuestros manteles, escuchadme y veréis cómo, si no lo coméis todo al mediodía, le dais al cocido un segundo golpe, convirtiéndolo en agradable y hasta suculento plato para la cena.

Separad los garbanzos del resto del cocido, freídlos y metedlos en el horno. Cortad la gallina, si por casualidad la hubiese, el jamón, el tocino, la carne y el chorizo en trozos pequeños; freídlos también, agregad cebolla picada, pimientos y tomates; sazonad con sal y pimiento. A los diez minutos mezclad los garbanzos al resto del guiso, añadiéndole patatas fritas. Y ahí tenéis la ropa vieja, según mi sistema. No diréis que es caro, no diréis que es malo, y si lo decís, lo siento; pero a mí me gusta mucho.

Ropa inservible [página 201]

Si a las sobras del cocido preparadas por el procedimiento que hemos indicado en nuestra fórmula anterior, o por otros análogos, están todos los cocineros conformes en conocer con la denominación de ropa vieja, no habrán de estarlo menos con el título del plato que nos ocupa, pues no es otra cosa que el aprovechamiento de las sobras del último formulado, o sea el tercer golpe dado al cocido. Si salimos bien de éste, que lo dudo, podemos darnos por satisfechos. Lo dudo porque tengo que colocarme en el caso rarísimo inconcebible, de que haya sobrado ropa vieja.

Cocido por la mañana, un platito para la cena y un principio para la comida del día siguiente... Eso es hablar de la mar. Pero ¿por qué no hemos de aceptar la hipótesis?

Aunque es muy difícil, no es imposible que sobre ropa vieja si se tiene buena voluntad y se cena poco, pues ya saben mis lectores que es antihigiénico cargar el estómago por la noches.

El procedimiento para hacer ropa inservible es el siguiente:

Se cuecen dos repollos picados, y después de cocidos se fríen en aceite, agregándoles un diente de ajo, un poco de pimentón y sal.

Se prepara un trozo de masa ordinaria, uniéndole dos huevos y gramándolo bien con alguna manteca de cerdo. Con esta masa se cubre un molde de timbal previamente bañado en grasa, y dentro de él se coloca una capa de repollo, otra de ropa vieja, y así sucesivamente hasta llenarlo. Se tapa con masa, se adorna esta tapadera y se hace cocer el timbal en el horno. Si lo queréis mate, no hagáis más que retirarlo del horno cuando esté dorado; ahora si lo queréis de brillo, pintadlo cuando esté a medio cocer con una mezcla de yema de huevo y agua.

Re-la-mi-do [página 322]

Me dijo un pajarito azul que Francisco Fúster, aquel colosal pianista, gloria del Conservatorio español, que tuvimos ocasión de oír y admirar en La Coruña el año 1914, tenía escrita y dedicada a mí una composición musical titulada "Anzobre" [pazo situado en la parroquia de Armentón, concello de Arteixo en el que residió Manuel María Puga y Parga]. Y..."dou dés", que decía el latino: si el gran artista del piano escribe y me dedica una obra de música, es justo y lógico que yo escriba y le dedique una receta de cocina.

Escogiendo entre mis más altas creaciones culinarias, tropiezo con un pastel que viene al asunto como pedrada en ojo de boticario, no ya por su bondad y finura, que son grandes, sino por su título, que es de pureza altamente musical. El pastel se llama "Relamido", cuatro notas musicales que después de darse un paseo por el horno van a buscar el pentagrama en lo más profundo de nuestros estómagos, y, según la constitución de los mismos, podrán producir las dulzuras de una melodía de Puccini o las estridencias de una sonata de Wágner [sic]. Es como la música: depende de cómo se digiera.

Pero Fúster es, además de muy inteligente, un valenciano fornido de los que prefieren el sano pichoncito cocido, el arroz en todas sus manifestaciones, y seguramente el "Re-la-mi-do" será para su estómago la melodía de que hablábamos antes.

Mándelo hacer y endúlcese con él como yo me endulzaré con esos aires de mi tierra que serán dulces también, no sólo por ser de aquí, sino por ser combinados por una mano tan hábil como la de usted. [...]

[Siguen una "Introducción", un "Andantino", un "Moderato", y una "Coda" la cual dice así: En el momento de salir del horno se recubren las superficies con una capa de picadillo gordo de almendras y avellanas tostadas. Fin.]

5.7.16

El libro de trajes de Rålamb

El libro de trajes de Rålamb

Por Edgardo Civallero

Un muraqqa' es un álbum de recortes que contiene miniaturas pintadas a mano y muestras de caligrafía tomadas de distintas fuentes.

El formato gozó de mucha popularidad entre los bibliófilos y coleccionistas del mundo islámico entre los siglos XVI y XIX. Cada muraqqa' se iba armando página a página, pacientemente y a lo largo de un periodo de tiempo que en ocasiones podía ser muy dilatado. Para crearlo se recortaban o arrancaban miniaturas y caligrafías de otros libros o bien se las creaba ex profeso; los recortes y/o selecciones se iban pegando como un collage (de hecho, la palabra muraqqa' significa "parcheado" o "atuendo con parches") sobre pliegos de igual tamaño, generalmente provistos de márgenes ricamente decorados. Cuando se consideraba que el álbum estaba completo, las hojas se encuadernaban entre dos fuertes tapas adornadas con laca, cuero repujado, dorados, etc.

Debido a su alto costo (en su producción podía participar un equipo completo de distintos artistas), los muraqqa' solían ser trabajos reservados a personas con una buena posición económica: reyes, gobernadores, embajadores y otros cargos, y ricos comerciantes y coleccionistas. Por eso mismo, se contaban entre los regalos que se hacían con motivo de algún acontecimiento importante: la subida al trono de un monarca, una boda, un nacimiento, la firma de un tratado o un nombramiento político. Asimismo, eran empleados como obsequios diplomáticos.

Originalmente sólo contenían muestras de caligrafía; las miniaturas pintadas comenzaron a aparecer en ellos a partir del reinado de Gīāt al-dīn Bāysongor (1397-1433), de la dinastía persa de los Timúridas: gran calígrafo, mecenas de las artes y principal impulsor de la miniatura en Persia. En general, los muraqqa' se organizaban de forma tal que cada pieza de caligrafía quedase colocada enfrente de una miniatura; de la creatividad del compilador (generalmente un bibliotecario) dependía que ambas piezas tuvieran alguna relación. En aquellos álbumes que sólo incluían caligrafía, los fragmentos solían ordenarse cronológicamente, para mostrar así la evolución de un estilo determinado.

Para el siglo XVI el muraqqa' se había convertido en el soporte principal de la miniatura tanto en la Persia de los Safávidas como en el Imperio Mogol de la India y en el Imperio Otomano. El formato terminó reemplazando a los grandes manuscritos ilustrados (especialmente de poesía clásica) que hasta entonces habían sido el vehículo principal para los pintores de miniaturas, y condicionó la evolución posterior de esa tradición artística.

En el Imperio Otomano tuvieron cierta difusión los álbumes especiales para extranjeros, los cuales no contenían muestras de caligrafía, solo ilustraciones. Adquiridos generalmente como souvenirs, también podían usarse como pequeños manuales que proveían de información básica y útil sobre la sociedad otomana y sus hábitos (en la India de los siglos XVIII y XIX se crearon volúmenes similares para los colonos europeos). Algunos investigadores comparan las "escenas de interés" en estos muraqqa' con las fotos e ilustraciones pittoresque y algunas postales.

El libro de trajes de Rålamb
Uno de estos particulares "álbumes para extranjeros" conservados en la actualidad es el llamado Rålambska Dräktboken (en sueco, "El libro de trajes de Rålamb"), un ejemplar que hoy forma parte de la Colección Rålamb, ubicada en la sección de manuscritos de la Biblioteca Nacional de Suecia. El fundador de esa colección fue el barón sueco Gustaf Rålamb (1675-1750), uno de los más famosos coleccionistas de manuscritos del siglo XVIII; sus volúmenes fueron donados a la Biblioteca en 1886.

El "libro de trajes" fue adquirido por el padre de Gustaf, Claes Rålamb (1622-1698), en Constantinopla, en donde fue embajador del rey Carlos X Gustavo de Suecia ante el sultán Mehmed IV del Imperio Otomano entre mayo de 1657 y enero de 1658. Claes tuvo una larga carrera política: fue gobernador del condado de Uppsala (1660) y sirvió en el Riksrådet (1664) y como överståthållaren de Estocolmo (1673-1678).

El álbum consta de 121 hojas de 10 x 14 cm e incluye únicamente miniaturas. La encuadernación es muy poco común: las ilustraciones están colocadas de forma alterna, alineando una con el borde superior del álbum y la siguiente con el borde inferior.

En las coloridas miniaturas, además de oficiales y funcionarios turcos están representadas varias profesiones y ocupaciones, y personas de distintos grupos étnicos. Realizados con tinta china y gouache, y a veces adornados con trazos dorados, los dibujos muestran personajes muy estereotipados pintados en un estilo naïve. Ese estilo se repite en otros álbumes conservados en Europa y podría indicar la existencia de un taller en Estambul, en el cual se habrían producido este tipo de documentos bajo demanda, destinados a diplomáticos, comerciantes y otros visitantes extranjeros que pasaran por la ciudad.

La mayor parte de las hojas del "libro de trajes" tienen notas en francés, italiano o latín, así como apuntes en sueco del propio Claes. Al final del libro hay una lámina con seis retratos enmarcados en sendos medallones. Cuatro de ellos pertenecen a reyes sasánidas, y uno es un monarca bizantino (probablemente Heraclio). El sexto retrato es de 'Abd Manaf, uno de los ancestros de Mahoma.

Las miniaturas de este álbum están conectadas con las Rålambs turkiska målningar (en sueco, "Pinturas turcas de Rålamb"), una serie de 20 cuadros en los que está representada una procesión del sultán Mehmet IV por las calles de Estambul, que pueden contemplarse en el Nordiska Museet de Estocolmo. Rålamb fue testigo de ese desfile durante su embajada y lo plasmó con todo detalle en su diario. De regreso a Suecia, encargó los cuadros a un artista local, que se inspiraría en las miniaturas del "libro de trajes" para tratar de imitar el estilo artístico otomano.

Letter of Daman Wulan en la World Digital Library.

Imágenes: "Rålamb Book of Costumes".