25.10.15

Conversación con/sin Erín Moure y Chus Pato

Conversación con/sin Erín Moure y Chus Pato

Traducción de Sara Plaza

Hace pocos días el diario El Correo Gallego informaba del recital que las poetas Erín Moure y Chus Pato dieron de su obra conjunta, Secession-Insecession, el pasado 29 de septiembre en la [George Edward] Woodberry Poetry Room de la Universidad de Harvard, así como del que posterioremente realizaron en el campus de Amherst, en la Universidad de Massachusetts. En esa breve nota se explica que el poemario Secesión salió a la luz en Galicia en el año 2009, publicado por Galaxia. Cinco años más tarde, publicado por la editorial canadiense BookThug, apareció Secession-Insecession, trabajo del que Chus Pato cuenta: "Además de traducir Secesión, Erín Moure escribió otro texto por cada uno de mis poemas, lo que ella llama ecolación. Esto fue interpretado como una propuesta de traducción muy innovadora y el libro forma parte de las lecturas de este curso del Seminario de Traducción de Harvard". Motivo por el que ambas poetas fueron invitadas a finales de septiembre a recitar juntas Secession-Insecession en dicha universidad.

Christina Davis entrevistó a ambas poetas unos días antes del recital a través del correo electrónico, y esa conversación virtual fue publicada el 17 de septiembre en Stylus, el blog de la Woodberry Poetry Room, con el título "Outside the Fold": A Conversation with/without Erín Moure and Chus Pato ["Fuera del redil": una conversación con/sin Erín Moure y Chus Pato]. El original en inglés puede leerse aquí.

"My position in the desert is that of one who stays outside the fold, outside the flag, outside the placenta…"
–Chus Pato, trans. Erín Moure

El martes 29 de septiembre de 2015 comienza la temporada de otoño 2015 de la Woodberry Poetry Room con la celebración de una de las colaboraciones literarias más dinámicas y catalizadoras de los últimos años: Erín Moure y Chus Pato. Por ese motivo y para honrar el hecho de que esta será la primera lectura conjunta en Estados Unidos, la Poetry Room entrevistó a la poeta quebequesa y a la poeta gallega (o mejor dicho, les enviamos por correo electrónico unas pocas preguntas en inglés a través de Erín, quien las tradujo al gallego y posteriormente nos remitió las respuestas en inglés).

Su visita está patrocinada conjuntamente por "Rethinking Translation", un think-tank de traducción de Harvard creado por las profesoras Sandra Nadaff y Stephanie Sandler, y por Dara Wier/UMASS Amherst, que también acogerá una lectura de Moure y Pato durante su estadía. La jornada en la Poetry Room será presentada por el profesor Daniel Aguirre Oteiza, traductor de John Ashbery, Wallace Stevens y Samuel Beckett.

Erín, tu trabajo de traducción altera muchos de los paradigmas de traducción y activa su radical reciprocidad hasta el nivel molecular, y lo hace de tal modo que el proceso de traducción prácticamente se realiza de forma simultánea al acto de creación. ¿Cómo empezó y cómo ha ido evolucionando tu colaboración con Chus Pato? ¿Consideras que tu propia escritura –a nivel temático, estructural o procedimental– se ha visto influida por tus sucesivos proyectos e investigaciones?

Erín Moure: La traducción es para mí un acto de creación, tan cautivador y extenuante como el de hacer poesía. La obligación de tener que intentar reproducir los efectos del poeta original depura muchísimo el pensamiento. Dicho lo cual, la traducción no es un acto de creación; es un acto de humildad y de escucha. Y para escuchar tienes que callarte.

Secesión se publicó en gallego en 2009, cuarto libro de la pentalogía Decrúa, que significa cultivo, labranza, arar, romper la tierra por primera vez. El nombre de la pentalogía hace referencia al tiempo histórico europeo en el que los pueblos nómadas ocuparon los bosques comunales y cortaron los árboles para empezar a arar la tierra, convirtiéndose así en sedentarios. También tiene que ver con un comienzo, con un proyecto inacabado, por así decirlo. Se da la vuelta a la tierra: ¿qué crecerá en ella? Secesión, por supuesto, hace referencia a la libertad de un poeta, y a la Secesión vienesa, un grupo de artistas que a finales del siglo XIX abandonaron su asociación en señal de protesta por el conservadurismo de aquella. En gallego el libro es la biografía de una poeta, y también una poética.

Traduje Secesión cuando apareció en gallego, y tres años después decidí intentar publicarlo en Canadá en lugar de en el Reino Unido. En Canadá es difícil publicar literatura extranjera traducida, sobre todo literatura que está fuera de las expectativas dominantes, ya que todas las editoriales literarias están subsidiadas por el Canada Council (un organismo estatal independiente del gobierno de turno) y su reglamento no permite utilizar esas subvenciones para la publicación de obras no canadienses. Por eso mismo, mis traducciones de los tres primeros libros de la pentalogía se publicaron en el Reino Unido y fueron (escasamente) distribuidas en Canadá por una editorial que no recibía subvenciones. Me di cuenta de que, al tener la misma edad que Chus y tener una posición semejante como poeta en mi cultura, podía escribir mis propias biografía y poética, como un eco y un homenaje a las de Chus. De modo que fui respondiendo a cada uno de los textos de Chus en Secesión, añadiendo un texto extra, por lo que "mi libro" es más largo que "su libro" y el resultado, recogido en un volumen, se califica además como canadiense. En Insecession hablo de mi propia poética y de mi experiencia de vida, muy diferente de la de Chus (yo crecí en una democracia durante el periodo de expansión posbélica, mientras que Chus lo hizo en una dictadura en un periodo de contracción posbélica), y, lo que es más importante, sobre traducción.

Leer y traducir a Pato ha influido mi propia poesía de manera decisiva (he escrito y hablado sobre ello a menudo). Y yo diría que el hecho de ser traducida al inglés, y por lo tanto a culturas de fuera de Galicia (de muchas lenguas que también leen en inglés), ha cambiado la direccionalidad del trabajo de Chus: en líneas generales su obra trata de la nación gallega, pero creo que se da más cuenta de que su trabajo tiene repercusiones en todos nosotros, en otras naciones, y en aquellos de nosotros dentro de "naciones" marginales o diferenciales, como pueden ser mujeres, vidas queer, etc.

Chus, aunque no hablas inglés sí tienes contacto con la poesía norteamericana traducida al castellano y conoces algo el trabajo de Erín Moure. ¿Qué efecto (de existir alguno) tiene en tu obra y en tu idea de poesía, de cómo se trasmite un poema, la obra de Erín, su poesía y su poética?

Chus Pato: No estoy familiarizada con la tradición poética norteamericana, lo cual es un problema porque me impide tener una visión panorámica. Aun así, mi ávida lectura de poetas americanos escogidos me ha convencido de que el poema es capaz de nombrar mundos que yo no había visto reflejados en la poesía, que el poema puede adoptar una estructura más ágil, más flexible, permitirse así mismo ser "contaminado" sin pérdida de rigor. Dicho de otro modo, vi que había formas mentales y lingüísticas más amplias de articular un texto poético. Asimismo, para mí fue interesante y alentador ver que en poesía podía crearse un "hogar poético nacional", y que la mirada de los poetas podía volverse tanto hacia el propio mundo como hacia la realidad de otras culturas. [Erín señala aquí: este es un problema de culturas pequeñas, a medida que las fuerzas del mundo las exhortan a considerar su propia cultura irrelevante. En culturas más grandes tenemos el problema contrario; nos olvidamos de mirar fuera de ellas]. Valoro muchísimo las obras de aquellos poetas que en su trabajo reflexionan sobre el ser. Con el tiempo he leído, sobre todo, a Ezra Pound, Gertrude Stein, Elizabeth Bishop, Silvia Plath, John Ashbery y Wallace Stevens. Mi primer encuentro con la poesía de los poetas del lenguaje (L=A=N=G=U=A=G=E poets) también fue un descubrimiento absoluto, uno que produjo cambios en mi propia poesía, tal y como he explicado.

Lamentablemente, conozco demasiado poco la poesía de Erín, pero tengo la suerte de conocerla a ella y hemos hablado largo y tendido sobre poesía y traducción a lo largo de los años. Me siento muy afortunada de que decidiera traducir al inglés lo que escribo. Siento que no puedo devolver la deuda contraía con Erín, y no me refiero a la ampliación de la recepción de mi obra; es su gesto el que no podré devolver, la gratuidad y el riesgo de ese trabajo, esa inteligencia, esa emoción. Nuestra profunda amistad ha modificado mi obra, haciéndome reflexionar especialmente sobre cuestiones que tienen que ver con la traducción. Hasta el punto en el que he llegado a considerar que cada poema es en sí mismo una traducción, traducción de lo indecible, que es la poesía, a algo escribible, que es el poema. Sobre todo, yo diría que la generosidad de Erín Moure sostiene mi escritura y la hace posible, me permite persistir en esta temeridad, esta grandeza de colocar una palabra detrás de otra, y luego otra.

Como poetas quebequesa y gallega respectivamente escribís en lo que podría considerarse minorías lingüísticas dentro de vuestros países: ¿habéis encontrado este estatus liberador en cuanto a la experimentación e independencia? ¿Por qué pensáis que vuestro trabajo ha tenido tanta resonancia entre poetas estadounidenses?

Erín Moure: Soy quebequesa pero me crié en Canadá occidental, en inglés, como una canadiense sin guión. He vivido en Montreal unos treinta años; mis lenguas son el francés, el inglés y el gallego, y vivo principalmente en francés aunque escribo poesía en mi lengua nativa, el inglés. Si bien el inglés es una lengua minoritaria en Quebec, es la mayoritaria fuera de Quebec y un idioma de comunicación internacional. Por eso mismo, mi trabajo es más conocido fuera que dentro de Quebec, y yo disfruto el anonimato. Aunque estoy vinculada a la historia y al presente de Quebec como una sociedad francoparlante única, nunca me he sentido atada a una lengua, un pensamiento, un "lingüismo". Lo mío ha sido un tipo de independencia dentro de la poesía, pues sigo mis intereses y mi instinto, e investigo sin tener en cuenta lo que está de moda. Los debates poéticos que me apasionan se desarrollan en distintos lugares: Galicia, Bolivia, Paraguay, Quebec, Canadá, Brasil, Francia, Ucrania, Rumanía. ¡Es una vida rica!

Chus Pato: Escribir en cualquier lengua tiene ventajas e inconvenientes que dependen de la situación de la lengua en cuestión. Para mí, escribir en gallego es una cuestión de justicia y, por lo tanto, de libertad. Mi elección del gallego como lengua poética fue una elección libre; podría haber elegido escribir en castellano, pero no fue esa la decisión que tomé. Ni la lengua gallega ni su espléndida tradición poética coartan mi libertad, y tampoco la coartaría el uso del castellano; considero que esta libertad solo puede verse limitada por mi propia falta de talento o perseverancia. Otra cuestión es cuando hablamos de la recepción que tienen los poetas, como yo misma, que escriben en lenguas que no son las del Estado (por ejemplo, en el caso de España, escribir en las lenguas de las llamadas "nacionalidades históricas" en vez de en castellano), o que no son apoyadas e incluso son atacadas por políticas gubernamentales que teóricamente deberían defenderlas. En ese caso, sí, se dan situaciones injustas y los poetas también las sufren. Al mismo tiempo, quienes decidimos escribir en estas lenguas tenemos la ventaja de saber lo que está en juego, y quizá somos menos vulnerables ante la adversidad y la indiferencia del mundo hacia la poesía.

Apenas soy consciente de la resonancia que tiene lo que escribo entre los poetas de Estados Unidos; sé por Erín que se valora mi poesía, y mis propias vivencias me lo han confirmado en algunas ocasiones. Una de esas felices experiencias la tuve en Rotterdam hace pocos años; me dirigía al bufé de desayuno en el hotel donde nos alojábamos los participantes del festival cuando vislumbré mis libros Charenton y Hordas de escritura en una mesa, y quien estaba allí sentado no era otro que Ron Silliman. Fue un momento de sorpresa y alegría.

Chus, esta es tu primera visita a Estados Unidos: ¿podrías hablar un poco sobre tus reservas (si tuviste alguna) al ser invitada a este país, y también sobre lo que esperas aprender de esta experiencia, de este encuentro?

Chus Pato: Es mi primera visita, cierto, aunque no es la primera vez que me invitan. Podía haber venido como turista pero nunca lo hice. No tengo ninguna reserva; si las tuviera no habría aceptado la invitación. Se trata de la visita a un lugar del que tengo muchas referencias pero ninguna experiencia, un viaje a lo desconocido. Aprenderé lo que mi inteligencia me permita, y sé que cuando vuelva a Galicia mi sistema emocional y mental se habrá ampliado, e incluso puede que me convierta en una persona mejor y, por lo tanto, en una mejor escritora..., lo digo medio en broma. Digamos que es un reto, y nunca sé lo que voy a aprender cuando acepto un reto; solo sé que el aprendizaje está garantizado.

Vais a leer extractos de Secession-Insecession (BookThug, 2014) en vuestro acto en Harvard. En Estados Unidos, la palabra "secesión" tiene, como bien sabrás, una connotación muy problemática, relacionada con nuestra guerra civil, y en Europa posee resonancias culturales y estéticas adicionales. ¿Podrías explicar lo que estas palabras encierran o liberan para ti en la historia social y literaria de tu propia nación, especialmente cuando están en yuxtaposición? ¿Cómo se relacionan con tu poética/política?

Chus Pato: La palabra "secesión" me remite inmediatamente a la noción de cesura de Hölderlin, y ésa es mi principal referencia. Aquí cesura es también distancia, corte, secesión; es la conciencia del espacio vacío entre una exhalación de la voz y la siguiente que posibilita la escritura; y es realmente el poder de la escritura, un poder que resumiría rápidamente diciendo que consiste en mantenerse sobrio en la embriaguez del lenguaje. Naturalmente, soy consciente de que la segregación y el nacionalismo son líneas de fuerza en la historia contemporánea. Soy, como sabes, ciudadana del Estado español y de la nación gallega, y sería estéril afirmar que no hay tensiones entre esas que la Constitución española define como "nacionalidades históricas" y la tendencia unitaria del Estado español, entre aquellos de nosotros que deseamos un mayor respeto por nuestras diferencias y quienes se sienten a gusto en una sociedad donde la diversidad no se considera riqueza. Esta tensión existe y no acabará pronto, pero no la veo como empobrecimiento; es parte de la vida, y no hay ninguna razón para que esto nos separe. Sobre todo, considero que aceptar la tensión es una manera de permanecer atentos, dialogantes y juntos. Por último, está la "Secesión vienesa" cuyo ethos expresó mejor que nadie Ludwig Hevesi: "A cada época su arte, a cada arte su libertad". Que también puede enunciarse como "A cada lengua su arte, a cada lengua su libertad".

¿Como colaboradoras, qué retos supone hacer lecturas en público en inglés?

Chus Pato: El reto desde mi punto de vista es siempre el mismo: conseguir transmitir algo del proceso de escritura a quienes tienen la buena voluntad de acompañarme. Para mí no es sencillo pasar de la forma escrita a una posible oralidad e incertidumbre del mismo texto. Con un público angloparlante me concentro en hacer la lectura lo más ágil posible para que la traducción no ralentice o suponga una carga demasiado pesada en la transmisión del poema.

Erín Moure: Coincido con Chus. El reto es dejar que aparezca la obra de Chus y que el público escuche su voz y la lengua gallega, además de escuchar el poema en inglés, sin sobrecargar demasiado la lectura como para que se pierda la experiencia del propio poema. En el caso de los otros libros de Chus es más fácil: solo hay dos versiones, su original y su voz junto a la mía y mi traducción. Leer Secession-Insecession entraña un desafío diferente. En primer lugar, nunca podemos transmitir la experiencia de leer el libro como un todo. Tienes que agarrarlo y leerlo. En segundo lugar, intento que tanto la obra de Chus como mi respuesta y mi historia norteamericana ocupen cada cual el lugar que les corresponde, sin ahogar la experiencia lectora con mi propia voz. Yo leo la traducción de Chus mientras ella lee el original; luego tengo que leer mi propio trabajo en Insecession. ¡Demasiada cháchara de Moure!. De modo que trabajamos juntas para modelar una presentación a partir del texto cada vez que lo leemos, para abrir los textos, ambos textos, y ecualizar las voces. Requiere un poco de planificación y de práctica para conseguirlo. Por suerte nos encanta trabajar juntas y nos encantan los desafíos.

13.10.15

Como chove miudiño, como miudiño chove

Como chove miudiño, como miudiño chove

Por Sara Plaza

Toca ir recogiendo poco a poco el andamiaje de la huerta e ir trayendo a casa, junto con las últimas judías que terminarán de secarse extendidas sobre un paño, los primeros membrillos que ya empiezan a caerse del árbol. En la choza de piedra han quedado guardados los palos y las cuerdas que entre julio y octubre han sostenido diversas plantas. Enrolladas a su lado están las mangueras y recostados sobre ellas los distintos elementos que, a base de empalmes, conforman nuestro remendado sistema de riego por goteo. Las legonas, los rastrillos, la maza, el martillo, los alicates, las tijeras de podar... los guantes, el sombrero de paja, las botas de goma..., las garrafas con el purín de ortigas sobrante, cajas, botes, cestos... todo va encontrando su lugar en uno u otro rincón para la larga travesía invernal. En la cara sur de una parte del espinazo de la sierra, que en los años 30 del siglo XIX dejó de ser castellana, sigue vigente el dicho: "nueve meses de invierno y tres de infierno". Un dicho que, entre otros, recogió Miguel de Unamuno en el artículo titulado Ancha es Castilla, publicado originalmente en la revista "La España moderna" allá por 1895:

Por cualquier costa que se penetre en la Península española, empieza el terreno á mostrarse al poco trecho accidentado; se entra luego en el intrincamiento de valles, gargantas, hoces y encañadas, y se llega, por fin, subiendo más ó menos, á la meseta central, cruzada por peladas sierras que forman las grandes cuencas de sus grandes ríos. En esta meseta se extiende Castilla, el país de los castillos.

Como todas las grandes masas de tierra, se calienta ó irradia su calor antes que el mar y las costas que éste refresca y templa, más pronta en recibirlo y en emitirlo más pronta. De aquí resulta un extremado calor cuando el sol la tuesta, un frío extremado en cuanto la abandona; unos días veraniegos calurosos y ardientes, seguidos de noches frescas en que tragan con deleite los pulmones la brisa terral; noches invernales heladas en cuanto cae el sol brillante y frío, que en su breve carrera diurna no logra templar el día. Los inviernos largos y duros y los estíos breves y ardorosos, han dado ocasión al dicho de "nueve meses de invierno y tras de infierno". En la otoñada, sin embargo, se halla respiro en un ambiente sereno y plácido. Deteniendo los vientos marinos coadyuvan las sierras á enfriar el invierno y á enardecer el verano; mas si bien impiden el paso á las nubes mansas y bajas, no lo cierran á los violentos ciclones que descargan en sus cuencas, viéndose así grandes sequías seguidas de aguaceros torrenciales.

En este clima extremado por ambos extremos, donde tan violentamente se pasa del calor al frío y de la sequía al aguaducho, ha inventado el hombre en la capa, que le aísla del ambiente, una atmósfera personal, regularmente constante en medio de las oscilaciones exteriores, defensa contra el frío y contra el calor á la vez.

Los grandes aguaceros y nevadas descargando en sus sierras y precipitándose desde ellas por los empinados ríos, han ido desollando siglo tras siglo el terreno de la meseta, y las sequías que les siguen han impedido que una vegetación fresca y potente retenga en su maraña la tierra mollar del acarreo. Así es que se ofrecen á la vista campos ardientes, escuetos y dilatados, sin fronda y sin arroyos, campos en que una lluvia torrencial de luz dibuja sombras espesas en deslumbrantes claros, ahogando los matices intermedios. El paisaje se presenta recortado, perfilado, sin ambiente casi, en un aire transparente y sutil.

Recórrense á las veces leguas y más leguas desiertas sin divisar apenas más que la llanura inacabable donde verdea el trigo ó amarillea el rastrojo, alguna procesión monótona y grave de pardas encinas, de verde severo y perenne, que pasan lentamente espaciadas, ó de tristes pinos que levantan sus cabezas uniformes. De cuando en cuando, á la orilla de algún pobre regato medio seco ó de un río claro, unos pocos álamos, que en la soledad infinita adquieren vida intensa y profunda. De ordinario anuncian estos álamos al hombre; hay por allí algún pueblo, tendido en la llanura al sol, tostado por éste y curtido por el cielo, de adobes muy á menudo, dibujando en el azul del Cielo la silueta de su campanario. En el fondo se ve muchas veces el espinazo de la sierra, y al acercarse á ella, no montañas jóvenes en forma de borona, verdes y frescas, cuajadas de arbolado, donde salpiquen al vencido helecho la flor amarilla de la argoma y la roja del brezo. Son estribaciones de huesosas y descarnadas peñas erizadas de riscos, colinas recortadas que ponen al desnudo las capas del terreno resquebrajado de sed, cubiertas cuando más de pobres hierbas, donde sólo levantan cabeza el cardo rudo y la retama desmida y olorosa, la pobre ginestra contenta dei deserti que cantó Leopardi. En la llanura se pierde la carretera entre el festón de árboles, en las tierras pardas, que al recibir al sol que baja á acostarse en ellas se encienden de un rubor vigoroso y caliente.

¡Qué hermosura la de una puesta de sol en estas solemnes soledades! Se hincha al tocar el horizonte como si quisiera gozar de más tierra y se hunde, dejando polvo de oro en el cielo y en la tierra sangre de su luz. Va luego blanqueando la bóveda infinita, se oscurece de prisa, y cae encima, tras fugitivo crepúsculo, una noche profunda, en que tiritan las estrellas. No son los atardeceres dulces, lánguidos y largos del septentrión.

¡Ancha es Castilla! Y ¡qué hermosa la tristeza reposada de ese mar petrificado y lleno de cielo! Es un paisaje uniforme y monótono en sus contrastes de luz y sombra, en sus tintas disociadas y pobres en matices. Las tierras se presentan como en inmensa plancha de mosaico de pobrísima variedad, sobre que se extiende el azul intensísimo del cielo. Faltan suaves transiciones, ni hay otra continuidad armónica que la de la llanura inmensa y el azul compacto que la cubre é ilumina.

No despierta este paisaje sentimientos voluptuosos de alegría de vivir, ni sugiere sensaciones de comodidad y holgura concupiscibles: no es el campo verde y graso en que den ganas de revolcarse, ni hay repliegues de tierra que llamen como un nido.

No evoca su contemplación al animal que duerme en nosotros todos, y que medio despierto de su modorra se regodea en el dejo de satisfacciones de apetitos amasados con su carne desde los albores de su vida, á la presencia de frondosos campos de vegetación opulenta. No es una naturaleza que recree al espíritu.

Nos desase más bien del pobre suelo, envolviéndonos en el cielo paro, desnudo y uniforme. No hay aquí comunión con la naturaleza, ni nos absorbe ésta en sus espléndidas exuberancias; es, si cabe decirlo, más que panteístico, un paisaje monoteístico este campo infinito en que, sin perderse, se achica el hombre, y en que siente en medio de la sequía de los campos sequedades del alma. [...]

De las sequedades y la dureza del alma de los castellanos algo sabía la autora de los versos que encabezan esta entrada. En 1863, treinta y dos años antes de la publicación del texto de Unamuno, entraba en los talleres del impresor vigués Juan Compañel el manuscrito de Cantares Gallegos. Escribíó Rosalía:

Castellanos de Castilla,
tratade ben ós galegos;
cando van, van como rosas;
cando vén, vén como negros.

Cando foi, iba sorrindo,
cando ven, viña morrendo;
a luciña dos meus ollos,
o amantiño do meu peito.

Aquel máis que neve branco,
aquel de dozuras cheo,
aquel por quen eu vivía
e sen quen vivir non quero.
Foi a Castilla por pan
e saramagos lle deron;
déronlle fel por bebida.
peniñas por alimento.

Déronlle, en fin, canto amargo
ten a vida no seu seo…
¡Casteláns, casteláns,
tendes corazón de fero!

¡Ai!, no meu corazonciño
xa non pode haber contento,
que está de dolor ferido,
que está de loito cuberto.

Morreu aquel que eu quería
e para min non hai consolo:
so hai para min, Castilla,
a mala lei que che teño.

Permita Deus, casteláns,
casteláns que aborrezo,
que antes os galegos morran
que ir a pedirvos sustento.

Pois tan mal corazón tendes,
secos fillos do deserto,
que se amargo pan vos gañan,
dádesllo envolto en venero.

Aló van, malpocadiños,
todos de esperanzas cheos,
e volven, ¡ai!, sen ventura
cun caudal de desprezos.

Van probes e tornan probes,
van sans e tornan enfermos,
que anque eles son como rosas,
tratádelos como negros.

¡Casteláns de Castela,
tendes corazón de aceiro,
alma coma as penas dura,
e sen entrañas o peito!

En tros de palla sentados,
sen fundamentos, soberbios,
pensas que os nosos filliños
para servirvos naceron.

E nunca tan torpe idea,
tan criminal pensamento
coubo en máis fatuas cabezas
ni en máis fatuos sentimentos.

Que Castela e Casteláns,
todos nun montón, a eito,
non valen o que unha herbiña
destes nosos campos frescos.

Só pezoñosas charcas
detidas no ardente solo
tes, Castela, que humedezan
eses teus labios sedentos.

Que o mar deixoute esquecida
e lonxe de ti correron
as brandas augas que traen
de plantas sen sementeiros.

Nin árbores que dean sombra,
nin sombra que preste alento…
Chaira e sempre chaira,
deserto e sempre deserto…

Esto che tocou, coitada,
por herdanza no universo,
¡miserable fanfurriñeira!,
triste herdanza foi por certo.

En verdade non hai, Castela,
nada coma ti tan feo,
que aínda mellor que Castela
valera dicir inferno.

¿Por que aló fuches, meu ben?
¡Nunca tal houberas feito!
¡Trocar campiños floridos
por tristes campos sen rego!

¡Trocar tan claras fontiñas,
ríos tan murmuradores
por seco polbo que nunca
mollan as bágoas do ceo!

Mais, ¡ai!, de onda min te fuches
sen dó do meu sentimento,
e aló a vida che quitaron,
aló a mortiña che deron.

Morriches, meu queridiño,
e para min non hai consolo,
que onde antes te vía, agora,
xa solo unta tomba vexo.

Triste como a mesma noite,
farto de dolor o peito,
pídolle a Deus que me mate,
porque xa vivir non quero.

Mais en tanto non me mata,
casteláns que aborrezo,
hei, para vergonza,
heivos de cantar xemendo:
¡Casteláns de Castela,
tratade ben ós galegos:
cando van, van como rosas;
cando vén, vén como negros!

Entre los jornaleros de la ladera sur de la Sierra de Guadarrama que en las primeras décadas del siglo pasado todavía iban a segar a los campos de la ancha Castilla estuvo uno de mis abuelos. Su guadaña está guardada en la misma choza que albergará al resto de aperos y herramientas mientras siga cayendo esta chuvia miudiña, y hasta que no pasen esas noches invernales heladas en cuanto cae el sol brillante y frío, que en su breve carrera diurna no logra templar el día.

6.10.15

Tiempos lentos de aprendizaje y perspectivas de colapso

Tiempos lentos del aprendizaje y perspectivas de colapso

Por Sara Plaza
Hace unos días recibí una carta de un amigo mío, cuyas líneas venían a sumarse a la larga conversación que mantenemos a golpe de correo postal desde hace casi dos años. A propósito de un comentario mío sobre el proyecto Dark Mountain, escribía:

No sabía nada del proyecto "Dark Mountain", parece una iniciativa bien interesante. Intuyo que hay muchas cosas bullendo por el ancho mundo en esa misma dirección. Sin ir más lejos, tengo un montón de conocidos en Galicia que están probando esos caminos, volviendo a lo rural. Algunos incluso con planteamientos apocalípticos... bueno, con planteamientos apocalípticos me refiero a esa idea de que mañana mismo puede acontecer un gran apagón tecnológico-energético y conviene manejarse con solvencia en un medio primario. Yo no tengo datos demasiados concretos para opinar, y mucho menos quiero tachar esta formulación de exagerada; al no ser un estudioso en la materia prefiero permanecer observante e irme haciendo una idea genérica.

***

Casi al mismo tiempo que arrancaba nuestro diálogo epistolar, en enero de 2014, se publicó en Viento Sur un estupendo artículo de Jorge Riechmann sobre los límites del crecimiento, "¿Tiene sentido seguir evocando transiciones hacia sociedades industriales sustentables?", en el que su autor señalaba:

Y ahora ¿qué? Medio siglo de luchas ecologistas se saldan con una derrota sin paliativos del movimiento. No fuimos capaces de impulsar el cambio político, económico y sociocultural por el que luchamos. Dennis Meadows, uno de los autores principales de LTG en 1972, se dirigió en Bucarest a los miembros del Club de Roma en octubre de 2012. En su alocución constataba: estamos ya más allá de los límites (en situación de overshoot o extralimitación); el tipo de transiciones graduales y ordenadas que se hubieran podido emprender en los años setenta del siglo XX no resultan ya posibles en el siglo XXI; no tiene sentido seguir fantaseando con el mítico desacoplamiento o el no menos mítico desarrollo sostenible. Frente a la noción de sustainability (central para el ecologismo que la creó, aunque luego se viese espantosamente desvirtuada, a partir sobre todo de la "cumbre de Río" en 1992), recomienda Meadows, hablemos de resilience: tenemos que tratar de ganar resiliencia [1] para los tiempos durísimos que vienen… Dicho de otra forma: abandonemos la ilusión de transiciones ordenadas y hagamos frente a la mucho más dura realidad de los colapsos que se avecinan.

En esta perspectiva desengañada –la que adoptaron hace ya años, entre nosotros, Ernest García, Antonio Estevan o Ramón Fernández Durán [2] – se están situando, en los primeros años del siglo XXI, sectores sociales minoritarios que de alguna forma adoptan una perspectiva post-ecologista. Se trata de segmentos de los movimientos decrecentistas [3], de las "Iniciativas de Transición" en el Occidente euronorteamericano, de las ecoaldeas de los "neorrurales" en el sur de Europa, o de la "nueva ruralidad comunitaria" que viene desarrollándose en América Latina, asociada a menudo con el ideario indígena del "Buen Vivir". También se gestan núcleos que trabajan en pos de un cambio cultural que enlazaría, por su radicalidad, con algunas de las líneas de trabajo de la Deep Ecology en los últimos tres decenios. Así, podríamos evocar a colectivos como Véspera de Nada (la Asociación por una Galicia Sin Petróleo), el Instituto de Transición Rompe el Círculo (en Móstoles, Madrid) o el proyecto británico Dark Mountain.

[1] Hay una dificultad aquí: la noción de resiliencia que usa Meadows, procedente de la ecología, ha cobrado otro sentido en la psicología popular y la literatura de autoayuda de los últimos decenios, donde se ha transformado en un ideologema central del discurso capitalista –especialmente en la fase neoliberal del capitalismo. Para éste, no hay problemas colectivos ni conflictos sociales: sólo carencias individuales. Y así "la resiliencia se define como la capacidad de soportar los golpes y los avatares de la vida y sobreponerse a las circunstancias", desde la convicción de que "el que puede cambiar sus pensamientos, puede cambiar su destino". Se trata de "olvidar el pasado, sobreponerse y mirar hacia delante" para triunfar en la lucha de todos contra todos que es el mercado capitalista (los entrecomillados proceden de Patricia Ramírez, "Cómo sobre ponerse a los golpes de la vida", El País Semanal, 1 de diciembre de 2013).

[2] Ramón Fdez. Durán, La quiebra del Capitalismo Global (2000-2030): preparándonos para el comienzo del colapso de la civilización industrial, Libros en Acción, Madrid, 2011.

[3] Carlos Taibo, En defensa del decrecimiento, Catarata, Madrid, 2009.

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Como señalaba antes, desde la publicación de los párrafos anteriores, que prácticamente coincide con el inicio de la conversación postal con mi amigo, han pasado casi dos años. Su última carta tiene fecha del 3 de septiembre de 2015, y un día después se clausuraba el curso "Vivir (bien) con menos", coordinado por Jorge Riechmann, con una intervención suya titulada Explorando las sociedades pospetróleo bajo las amenazas de colapso, de la que transcribo la parte final:

[...] cuando nos acercamos desde arriba, ya sea desde la relación política, económica, o desde las ciencias de la tierra y la termodinámica, nos quedamos un poco sobrecogidos frente a la magnitud de lo que tenemos delante. Vuelvo a insistir en lo que decía hace un rato, necesitamos protegernos un poco frente a eso y la manera de hacerlo es no perder de vista esos contextos locales y concretos donde podemos hacer muchas cosas que tienen sentido, aunque no estemos seguros de que eso, pensado como lo hacemos muchas veces, como semillas de transformaciones más amplias, no estemos seguros de que esas semillas vayan a poder fructificar en tiempo y forma. Pero aún así hay que intentarlo, ¿no? Vuelvo justo a lo que decía al comienzo del curso, nos cuesta, a cualquiera, mantener los ojos abiertos frente a todo esto, cuesta un montón; es muy comprensible la tentación de dejar de mirar a eso o mirar hacia otro lado, o ponernos anteojeras de distinto tipo... a lo mejor las necesitamos a ratos, pero no podemos permitirnos unas anteojeras permanentes porque entonces vamos de cabeza al precipicio. Y luego hay otra opción, bueno, hay alguna más pero otra idea valiosa, digamos, a la hora de armarnos un poco psíquicamente frente a todo esto es la idea de intentar situar nuestra acción, parcialmente al menos, fuera de los esquemas medio-fin. En eso insiste por ejemplo [Franz] Hinkelammert cuando le preguntan qué tipo de esperanza se puede tener ante perspectivas tan duras como aquellas que afronta la humanidad en el siglo XXI, que yo desde hace un tiempo vengo llamando el Siglo de la Gran Prueba, y lo que señala Hinkelammert, y otra gente también, es que una parte de lo que podemos hacer es actuar sin calcular resultados. Eso es muy difícil en nuestra cultura porque llevamos ya varios siglos de aculturación en un tipo de racionalidad instrumental, en la cual ese cálculo de medios y de fines es constante y permanente, y la cultura dominante nos dice que fuera de eso no hay nada, o nada que valga la pena, pero aún así es muy importante. Aunque no toda la cultura occidental está en eso por fortuna, y otras culturas pues menos todavía, es muy importante no perder de vista que hay cosas que hay que hacerlas porque hay que hacerlas no porque esperemos un gran resultado, porque podamos calcular –y en muchos casos ni siquiera ese tipo de cálculos van a ser muy fiables– un resultado apetecible, sino porque nuestra dignidad como seres humanos, el ser lo que somos, el hacer lo que deberíamos hacer, nos lo pide. Por ahí podríamos apelar de alguna forma a Kant, la moral kantiana nos llevaría a un paisaje parecido, y por otro lado, para no dejar en un terreno tan europeo el asunto, pues también el ejemplo del indio Gerónimo, del caudillo apache Gerónimo, nos llevaría por ese lado. [...] no digo que el estilo de vida de los apaches sea moralmente recomendable en todos sus aspectos, pero, digamos, sí la moral de resistencia de la que era capaz Gerónimo y los suyos, y sí que vale la pena no perderla de vista [1].

[1] S. M. Barret, Gerónimo. Historia de su vida, Grijalbo, Barcelona, 1975. Traducido y profusamente anotado por Manuel Sacristán.

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Aunque parezca un lujo que no podemos permitirnos, algo me dice que mi amigo y yo seguiremos reflexionando por escrito sobre los colapsos que se avecinan en próximas cartas, en la primera de las cuales no puede olvidárseme incluir la siguiente cita del mismo autor de las anteriores:

La historia de los siglos XIX y XX fue la historia de cómo el capitalismo industrial construyó un mundo. La del siglo XXI, salvo que seamos capaces de imprimir en el decenio que está comenzando un fuerte giro de racionalidad colectiva a la actual carrera fuera de control, será la historia de cómo el capitalismo destruye el mundo –natural y social–. [...] Sir Nicholas Stern dijo famosamente que el cambio climático es the greatest market failure that the world has seen (conferencia ante la Royal Economic Society en Manchester, 28 de noviembre de 2007). No, es más que eso: el capitalismo –que nació enlazado con la Ilustración de una forma, como se sabe, harto compleja– es el mayor fracaso civilizatorio de la historia de la humanidad. [...] "Quien desee una vida tranquila no debería haber nacido en el siglo XX", dijo Trotski (lo recordaba Isaiah Berlin, quizá el pensador liberal más interesante de esa centuria, al comienzo de su famoso ensayo "Las ideas políticas en el siglo XX"). Todavía menos debería haber nacido esa persona en el siglo XXI, si quiere una vida tranquila... Vamos hacia un tiempo mucho más turbulento y doloroso de lo que ninguno de nosotros desearía. La única vía para minimizar los daños es un salto cualitativo en las dimensiones de igualdad, cooperación y cuidado. Nuestro drama es que los "tiempos lentos" del aprendizaje social y el cambio gradual no son congruentes con la rapidez de las transformaciones que serían necesarias para evitar lo peor [1].

[1] J. Riechmann, "El síntoma se llama calentamiento climático, pero la enfermedad se llama capitalismo".