25.11.14

Diabólicos diccionarios

Diabólicos diccionarios

Por Edgardo Civallero

Si bien uno de los "diccionarios diabólicos" (colección de definiciones satíricas) más conocidos ha sido "El diccionario del diablo" (The Devil's Dictionary) del estadounidense Ambrose Bierce (escrito entre 1881 y 1906), y sobre el cual ya hemos escrito en uno de nuestros rincones virtuales, no es el único. En 1992, e inspirado en la obra de Bierce, el anarquista Charles "Chaz" Bufe publicó el "Diccionario del hereje estadounidense" (The American Heretic's Dictionary), del cual extraemos y traducimos algunos conceptos teñidos de la característica (y deliciosa) mordacidad inherente a este tipo de publicaciones.

Advocacy journalism (periodismo de apología), n. Término despectivo aplicado a los escritos de los periodistas que reconocen abiertamente sus prejuicios. Esta forma despreciable de periodismo ha de contrastarse con la práctica admirable del periodismo imparcial, practicada por los periodistas que no tienen prejuicios y, de hecho, ningún punto de vista en absoluto sobre cualquier cuestión sobre la que informan.

Advertising (Publicidad), n. La fuerza motriz de la economía de oferta y demanda: la estimulación de la demanda de productos inútiles a través de la oferta de afirmaciones engañosas.

Agitator (Agitador), n. (por lo general combinado con el adjetivo "externo", como en "agitador externo"). Persona indeseable que arriesga la vida y la integridad física debido a su preocupación por la justicia social, sin ánimo de lucro personal La naturaleza verdaderamente malvada del agitador se revela por comparación con el miembro de la "mayoría silenciosa", el "buen ciudadano", que no dice, ni hace ni arriesga nada en el ámbito social.

Agnostic (Agnóstico), n. 1) Ateo que ansía la aceptación social; 2) Persona que se siente superior a los ateos merced a su ignorancia de las reglas de la lógica y la evidencia.

Anarchy (Anarquía), n. El mayor temor de todos los políticos. Situación de pesadilla en la cual la violencia institucionalizada, la coacción y la extorsión son sustituidas por la libre asociación, la cooperación voluntaria y la ayuda mutua. Afortunadamente, los gobiernos de todo el mundo mantienen policía secreta, informantes, provocadores, torturadores, prisiones, cámaras de ejecución y rebaños de hombres obedientes provistos de armas de destrucción masiva para protegerse contra esta terrible posibilidad.

Atheist (Ateo), n. Persona de la cual compadecerse por ser incapaz de creer en cosas para las que no hay pruebas, y que se ha privado a sí misma de un medio conveniente de sentirse superior a los demás.

Bomb (Bomba), n. Medio de persuasión. Cuando es empleada por aquellos en el poder, su uso suele denominarse como "en el interés nacional" y los que lo usan son descritos como "duros" y "valientes". Cuando es empleada por aquellos fuera del poder, su uso suele ser denominado como "terrorismo", y aquellos que la emplean suelen ser descritos como "crueles" y "cobardes".

Capitalism (Capitalismo), n. El mayor logro de la humanidad en el campo de la economía, el capitalismo garantiza el bienestar común al enfrentar a uno contra todos en una lucha a vida o muerte por la supervivencia económica.

Cat (Gato), n. Un pequeño animal peludo con sirvientes humanos.

Cat owner (Dueño de gato), n. Un oxímoron divertido y muy común.

Cause (Causa), n. (normalmente precedido por el artículo "la" y a veces escrito con mayúsculas, como en "La Causa"). Buena razón para sacrificarse uno mismo, y mejor razón para sacrificar a otros.

Civil liberties (Libertades civiles), n. 1) De acuerdo con la sabiduría política convencional, una grave amenaza a la libertad de nuestra nación; 2) Derechos sagrados que es mejor no usar, no sea que "abusemos" de ellos y los perdamos.

Classic (Clásico), n. En lo que se refiere a literatura, "algo que todo el mundo quiere que se lea, y nadie quiere leer" (según Mark Twain).

Commodity (Mercancía), n. En los EE.UU., sinónimo de "persona".

Conscience (Conciencia), n. Una barrera al éxito (excelente definición de Herbert Spencer, escrita hace un siglo, y que ha sido ampliamente confirmada a lo largo del tiempo).

Cowardice (Cobardía), n. Cargo a menudo usado por todo tipo de estadounidenses contra quienes defienden sus creencias al negarse a combatir en guerras que encuentran inconcebibles, y que están dispuestos a ir a la cárcel o al exilio con el fin de evitar la violación de sus propias conciencias. Estos "cobardes" han de ser contrastados con los jóvenes patriotas que, literalmente, se agachan, agarran sus tobillos y abren el trasero, se someten al gobierno, luchan en guerras que no entienden (o desaprueban), y obedecen ciegamente las órdenes de mutilar y matar, simplemente porque se les ordena hacerlo, todo ello con la aprobación gritada por una multitud de estadounidenses. Este tipo de comportamiento es, por supuesto, comúnmente denominado "heroico".

Critical thinking (Pensamiento crítico), ger. Peligrosa y perturbadora actividad que es sistemáticamente desalentada por el sistema educativo de los Estados Unidos. Afortunadamente, el desaliento es la única cosa en la que el sistema educativo de los Estados Unidos se destaca; por lo tanto, la actividad perturbadora arriba mencionada ocurre de forma tan escasa en los Estados Unidos que no merece mayor discusión.

Cynic (Cínico), n. Individuo que invariablemente atribuye los peores motivos posibles a las acciones de otros seres humanos. Sinónimo: "Realista".

Democracy (Democracia), n. 1) El apaleamiento del pueblo, por el pueblo, para el pueblo (excelente definición de Oscar Wilde., tomada de "The Soul of Man under Socialism").

Duty (Deber), n. Concepto de esclavos y herramienta de tiranos. Hacer lo que otros quieren que hagas porque ellos quieren que lo hagas (parafraseando a Oscar Wilde).

18.11.14

Verdes ideas verdes

Verdes ideas verdes

Por Edgardo Civallero

"En todos los escenarios de la bio-economía o la economía verde, los derechos políticos, sociales, económicos y culturales quedan, en su mayor parte, fuera de la foto. Es grave notar que, aparte de hacer alguna referencia a los efectos sobre el mercado de trabajo, ningún debate sobre economía verde incluye consideración alguna sobre derechos humanos, cuestiones de distribución o derechos democráticos de participación como componentes clave de dicha economía. Podría esperarse que un organismo de la ONU como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente [UNEP, por sus siglas en inglés] integre en su concepto de economía verde las normas y parámetros más importantes del derecho ambiental internacional y de los derechos humanos. ¿Quién más se supone que debe reunir los principios, derechos y normas recientemente consagrados en el derecho internacional (principio paga-polución, principio de precaución, derecho al agua, derecho a la alimentación) sino las Naciones Unidas? Hacer una referencia de pasada a las tres dimensiones de la sostenibilidad es algo lamentablemente inadecuado a estas alturas. La dimensión social es vista casi exclusivamente desde la perspectiva del mercado de trabajo y la reducción potencial de la pobreza. Pero los derechos sociales y políticos son algo mucho más amplio. Los gobiernos tienen la obligación de hacerlos cumplir, y las empresas tienen la obligación de ponerlos en práctica. La economía verde necesita una clara brújula social, con políticas distributivas que favorezcan a la gente y a la quinta parte más pobre de la población en todas las sociedades, y que favorezcan a los pobres y muy pobres en los países en desarrollo y las economías emergentes. El control democrático y la participación social como base para la acción económica son puntos ciegos. Ninguno de los documentos actuales –desde los de UNEP a los de la OECD– los cubre adecuadamente; ni siquiera se acerca a ellos.

Por desgracia, la impía alianza de los gobiernos de los países industrializados, los países en desarrollo y las economías emergentes también está unida en este tema: los derechos humanos y los principios democráticos con demasiada frecuencia quedan en el camino cuando se trata de defender los intereses de los grupos de presión y los intereses nacionales de los países económicamente poderosos. Las naciones industrializadas, por ejemplo, no están particularmente interesadas en las consecuencias cotidianas del cambio climático para los derechos humanos o en las consecuencias sociales de los acuerdos comerciales bilaterales, siempre y cuando no se produzcan en casa. Y las economías emergentes y los países en desarrollo (junto con algunas empresas con sede en los países industrializados) aún muestran, lamentablemente, muy poco interés por lograr que sus poblaciones disfruten de las normas sociales, los derechos laborales y la participación democrática. Es poco probable, por lo tanto, que se gaste aliento en Río [Conferencia de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas Río de Janeiro 2012] hablando sobre derechos políticos, sociales, económicos y culturales.

El principio básico de una perspectiva de derechos humanos se podría resumir de la siguiente manera: la supervivencia tiene prioridad sobre una vida mejor. Los derechos humanos generales tienen prioridad sobre un estándar de vida más alto, tanto en el Norte como en el Sur. En tiempos de escasez a gran escala, el medio ambiente y la política de recursos también determinan quién recibe cuánto del espacio ambiental global. En la actualidad este espacio está dividido con una sorprendente falta de equidad. En ausencia de un sistema de distribución que sea equitativo en términos de recursos y clima, mientras más se acerque el uso de los recursos o la contaminación atmosférica a los límites de la sostenibilidad, menor será lo que quede para la mayoría marginada de los habitantes de la Tierra. Con el fin de dar prioridad a las necesidades básicas, por lo tanto, una política de recursos y medio ambiente más cosmopolita necesita promover una reducción en el consumo de recursos en los países industrializados. Alrededor de un tercio de la población mundial depende del acceso directo a los recursos naturales. A menudo se sustentan en ecosistemas como sabanas, bosques, ríos, lagos, campos y zonas costeras, cuyos recursos son codiciados por empresas públicas y del sector privado. Muchos espacios naturales y culturales se están perdiendo irremediablemente casi a diario. Esta situación es poco probable que cambie a menos que la demanda de recursos naturales se reduzca significativamente. Solo entonces, por ejemplo, la prospección de petróleo y arenas bituminosas en la selva ya no valdrá la pena. Hasta que no frenemos nuestras ansias de filetes no podremos evitar que se destine aún más tierra para pasto y producción de forraje. En resumen, los patrones 'light' de producción y consumo son la base para una gestión global de recursos que sea compatible con los derechos humanos.

Todos los conceptos relacionados con la economía verde colocan el ámbito económico en el centro de cualquier debate sobre la viabilidad futura. Según tal perspectiva, sólo podemos salvar el planeta con la economía, no en contra de ella. ¿Todas las soluciones giran otra vez en torno al Homo oeconomicus, pues? Si estamos buscando nuevos modelos para la sociedad que acepten los derechos humanos, la equidad, la diversidad cultural y la participación democrática como principios fundamentales y, al mismo tiempo, que se planteen como objetivo el de mantenerse dentro de los límites ecológicos, tenemos por delante nada menos que la tarea de reinventar la edad moderna".

El extracto anterior ha sido tomado y traducido de "Critique of the Green Economy – Towards Social and Environmental Equity" (Barbara Unmüssig, Wolfgang Sachs y Thomas Fatheuer, vol. 22 de la Heinrich Böll Stiftung publication series of Ecology, 2012). Se trata de un texto que no podría calificarse ni de revolucionario ni de anti-sistema, precisamente; ha sido publicado por uno de los principales think tank de los Verdes alemanes. Se trata de un discurso repetido hasta la saciedad durante los últimos 40 años; cuatro décadas de palabras vacías que han llenado cientos de miles de páginas pero aún no han cambiado ninguna realidad.

Sin embargo, y a pesar de todo, señala unos pocos de los muchísimos huecos que tienen las propuestas sociales, políticas y económicas resguardadas bajo términos-paraguas como "green economy".

Enfrentados a un desolador panorama natural y humano en donde unos pocos han consumido lo suyo y lo de otros (incluyendo otras especies vivas) por esta y por varias generaciones venideras merced a un modelo económico en el que prima el extractivismo salvaje, la producción en masa, el consumo y las ganancias por encima de todo lo demás, los grandes organismos (inter)nacionales no se han cansado de lanzar ideas/soluciones al ruedo. Ninguna de ellas, sin embargo, contempla un cambio radical de modelo. Nadie en dichos organismos osa plantearse siquiera una anulación del origen de todos los problemas, una purga total y absoluta, una renuncia a la forma de vida que nos ha conducido hasta aquí. Y eso a pesar de que, a estas alturas, resulta más que obvio que sin ese paso no vamos a ningún sitio y que cualquier plan que no contemple tal punto solo sirve como parche temporal condenado al fracaso. O como demostración pública de buenas intenciones que no busca, en realidad, solución alguna. Ideas verdes de las cuales no se puede esperar que maduren.

Cuando estemos preparados para lanzar una propuesta que no incluya palabras como "desarrollo", "economía" o "ecológico" en ella y que nos fuerce a respetar el principio "la supervivencia (de todos) tiene prioridad sobre una vida mejor (de unos pocos)" corresponsabilizándonos de las decisiones y las acciones que tengamos que poner en práctica para hacerlo (incluyendo pisar el freno y desmontar el modo de vida capitalista-consumista actual), quizás tengamos una esperanza de supervivencia.

Conviene darse prisa. No cesamos de cruzar líneas rojas y de dejar atrás límites irreversibles casi a diario.

11.11.14

Fascistización, neofeudalismo, ecoautoritarismo...

Fascistización, neofeudalismo, ecoautoritarismo...

El texto original, "Un perigo moi real", forma parte de la Guía para o descenso enerxético (pp. 169-173) publicada en diciembre de 2013 por la Asociación Véspera de Nada por unha Galiza sen petróleo. Ha sido traducido por Sara Plaza y revisado por Edgardo Civallero.

Un peligro muy real

Consideramos nuestro deber advertir de que no todo va a ser un camino de rosas en la transformación social que queremos impulsar a nuestro alrededor, desde lo más cercano a nosotros hasta alcanzar el conjunto del país, ni está asegurado que acabemos en un mundo mejor como el que quisimos ayudar a entrever ya desde el comienzo de esta Guía. Además de las amenazas que todavía nos pueden llegar del exterior en forma de nuevas formas de colonialismo extractivista para apropiarse de nuestras fuentes energéticas, o de conflictos internacionales por los recursos, que seguramente nos van a afectar de una manera directa o indirecta –como consecuencia de la tremenda falta de equidad existente en el acceso y uso de esas fuentes energéticas entre unos países y otros–, existe un riesgo muy importante dentro de nuestras propias comunidades. Ese peligro es el de una deriva hacia una fascistización, por llamarlo de una manera quizás no muy rigurosa pero sí suficientemente clara.

Diversos autores llevan tiempo advirtiendo de que, a raíz de la situación de escasez a la que nos estamos empezando a enfrentar –y que no va a hacer más que agravarse de manera acelerada en los años venideros–, se van a producir no solo conatos golpistas de tipo preventivo (vid. por ejemplo Arrastia, 2011; Artal, 2010), sino también un movimiento de parte de la población hacia posiciones extremistas y a favor de soluciones autoritarias. Mucha gente –nos dicen estos autores basándose en experiencias históricas como la del auge del nazismo o el fascismo en la Europa posterior a la Gran Depresión– preferirá apoyar a supuestos salvadores y sacrificar su libertad –y por supuesto también la de los demás– antes que perder una supuesta seguridad del nivel de vida actual o a cambio de la promesa de volver a la prosperidad de antaño. Una cantinela que seguro que suena conocida: seguridad a cambio de libertad. El sueño de demasiada gente, ya en este momento pero todavía más a medida que pasen los años, va a ser recuperar esa seguridad, es decir, volver a lo de antes. Y esto puede intentar conseguirse a costa de los otros –otras clases sociales, otros países, otras razas–, es lo que Richard Heinberg (2004, 55-85) denomina la estrategia de Hasta que solo quede uno en pie, o como dice Doldán (2012): "Todo aumento de la demanda energética en una parte del planeta de aquí en adelante se hará a costa de una obligada reducción en otra parte y, en todo caso, a precios mucho más elevados". Jorge Riechmann explica claramente que la disyuntiva que tenemos delante es "solucionar la crisis con un programa quizá arduo, pero de base igualitaria y humanista", o la barbarie de tipo hitleriano en la que las elites pretendan salvar sus privilegios y su nivel de vida, con el apoyo de buena parte de la población, y a costa de la dominación, sacrificio y exterminio de otros seres humanos (Riechmann 2009, 44).

Quizá la pregunta política de fondo, en nuestro tiempo, sea: ¿preferirán las sociedades ricas convertirse en nazis antes que renunciar a una parcela del sobreconsumo que identifican con la "calidad de vida"?

El exterminio masivo como vía para la salvación del sistema actual ya fue señalado por Susan George en su Informe Lugano (2001), una obra de anticipación política que cobra mayor relevancia a la luz del agotamiento energético.

Las situaciones de crecimiento generalizado –la famosa torta que crece– son proclives a la extensión de una fuerte reciprocidad y la ayuda mutua con muchas personas, incluso fuera de nuestro grupo o tribu. Pero en situaciones de torta menguante, lo que aumenta es la posibilidad de reciprocidad limitada, de la xenofobia e incluso –en casos extremos– del genocidio (Mills, 2008).

Cuando Heinberg (2004, 110) nos habla del caso cubano como ejemplo de cómo un país puede sobrevivir satisfactoriamente a un colapso económico también nos muestra ejemplos de lo contrario –por desgracia más numerosos a lo largo de la historia reciente–, en los que el resultado fue el colapso social, la desintegración cultural, el aumento del autoritarismo y la violencia interna. Otro término corriente en los autores que tratan de entrever cómo será el futuro tras el colapso industrial-capitalista es el de neofeudalismo. El hecho de tener que vivir forzosamente anclados en lo local y un contexto de escasez generalizada y probable caos en muchos niveles de una sociedad poco preparada, puede derivar por lógica en el surgimiento de poderes autoritarios locales, en la forma de caciques armados, nuevos señores feudales, quizá no muy lejos de lo vislumbrado (¡una vez más!) por Darío Xohán Cabana (1994, 59) en O cervo na torre y de lo que sucedió con la caída de Roma, que nos describía así Joseph Tainter (1988):

(...) los ricos abandonaron las ciudades para establecer propiedades rurales autosuficientes [las villæ]. Finalmente, para huir de los impuestos, los campesinos entraron voluntariamente en relaciones feudales con estos terratenientes. (...)

Para evitar que avancen este tipo de posiciones que favorecen un autoritarismo neofeudal o estatal-totalitario, que probablemente vamos a percibir cada vez más a nuestro alrededor –incluso dentro de nuestras familias y grupos de vecinos, incluso entre gente que en una situación de bienestar generalizado se autodefinía de izquierdas–, podemos actuar siguiendo una estrategia múltiple:

• Combatir a nivel político esos momentos, denunciándolos activamente y contribuyendo a cortarlos de raíz cuando comiencen a surgir. Será una lucha difícil pues el capitalismo moribundo va a intentar apoyarse en ellos cada vez con más intensidad a medida que los sistemas que llamamos democracias vayan dejando de serles útiles para mantener el status quo (Galiza Ano Cero, 2013). Riechmann (2009) habla de la necesidad de una cultura de crisis en los sectores sociales comprometidos.

• Contribuir a que la sociedad comprenda la realidad de la situación: que no es posible volver a la abundancia de otros tiempos, por mucho que nos lo prometa algún salvapatrias.

• Ayudar a la gente a comprender que el problema no son (solo, o principalmente) los políticos, que lo que tenemos delante es una crisis de la propia civilización. Por desgracia, ya comenzamos a escuchar a nuestro alrededor, cada vez más abiertamente, aquello de "¡Franco, vuelve y acaba con los políticos!" o "Aquí lo que hace falta es otro Franco". Si quien esto dice comprendiese que el problema va mucho más allá de la corrupción más o menos generalizada o de la falsa democracia que tenemos, sería menos proclive a buscar caudillos que aplicasen supuestas soluciones drásticas y violentas. También sería útil explicarles, por supuesto, quién fue Franco, qué objetivos buscaba y contra quién los impuso. Unas oportunas lecciones de historia no nos vendrán mal como país –tal vez incluso más a propósito que nunca– en este periodo de descenso civilizatorio. Recuperemos también la memoria de lo que significó el totalitarismo para Galicia y para España.

• Combatir también a aquellos que, conscientes del cortoplacismo y defectos del actual sistema parlamentario, además de su ineficacia para abordar los graves y urgente problemas civilizatorios (Peak Oil y cambio climático, principalmente) abogan por una especie de dictadura ecológica o ecoautoritarismo. Lamentablemente, hay intelectuales que están reclamando cada vez más abiertamente actuaciones en esa línea, lo cual puede resultar muy peligroso sumado a los otros movimientos prototalitaristas.

• Explicar que la alternativa es construir nosotros mismos otra sociedad, que tenemos la capacidad y que es preciso hacerlo desde la base, desde lo local, y que nadie nos va a venir a salvar desde el gobierno, sobre todo si estos son escasa o nulamente democráticos. Difundir la visión de una Galicia diferente después del petróleo, resiliente, libre, comunal y en paz con las generaciones venideras.

Ojalá esta Guía aporte algo útil para esta necesaria protección de la sociedad ante los falsos salvadores que pretendan "proteger modos de vida de alto consumo energético con un alto nivel de armamento" o, dicho de otro modo, "vender nuestras almas a cambio de gasolina" (Murphy 2008, 33 y 53).

Antes de concluir este apartado, también consideramos necesario llamar la atención sobre otro peligro, diferente pero no totalmente ajeno al que acabamos de comentar: el de la opción migratoria de huída. Se trata de un proceso normal y lógico que tiene lugar cuando llega el colapso a una zona, y parte de la población opta por migrar a otra que esté –gracias a la asimetría inherente al declive energético-civilizatorio– en una etapa más moderada del proceso de colapso (Odum & Odum 2001, 86), es decir, donde las cosas no estén todavía tan mal. Aquí la palabra clave es todavía. Será muy distinto el caso de quien opte por migrar de una ciudad gallega a una villa del interior o a una aldea, de quien elija como destino de salvación otra zona del estado español o incluso otro país, como podría ser alguno de los países ricos del norte de Europa o los Estados Unidos. En el primer caso se está buscando una opción sólida de futuro, por todo lo que venimos explicando; y, en el segundo, se trata de una huída hacia delante a un lugar todavía más industrializado que podrá tardar más en sufrir lo que ahora sucede en Galicia, pero que cuando tenga que descender, tendrá que hacerlo desde mucho más arriba. Además –y aquí es donde está la cuestión que tiene que ver con el peligro anterior– en esa sociedad no dejará de ser una persona inmigrante sometida muy probablemente a procesos de conflicto social crecientes con buenas dosis de xenofobia. Aquellas personas que a causa de la situación económica se vean arrastradas a la emigración, deben saber que esta salida puede acabar por convertirse en una falsa solución ya que, cuando en el lugar de destino se dejen notar más claramente los efectos del Cenit del Petróleo evidenciando la inviabilidad de seguir manteniendo el modelo de vida industrial-consumista, el retorno entonces puede resultar más complicado y el descenso energético personal más abrupto. Estaríamos recorriendo un camino contrario a lo que pensamos que se debe hacer.

REFERENCIAS

ARRASTIA, PEPE (2011): «La CIA advierte de golpe militar en Grecia por masiva rebelión popular», Rebelión (03/06/2011). URL: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=129646

ARTAL, ROSA MARÍA (2010): «¿Un golpe militar para afianzar los mercados?», blog personal (02/07/2010). URL: http://rosamariaartal.com/2010/07/02/%C2%BFun-golpe-militar-para-afianzar-losmercados/

DOLDÁN GARCÍA, XOÁN RAMÓN (2012a): «O futuro e rural», O Peteiro, n. 1. Partido da Terra. URL: http://www.partidodaterra.net/peteiro/1_3/

DOLDÁN GARCÍA, XOÁN RAMÓN (2012b): «A herdanza enerxética de Núñez Feijoo», Tempos Novos no 184 (octubre 2012). URL: http://www.vesperadenada.org/2012/10/16/a-herdanza-enerxetica-de-nunez-feijoo-artigode-xoan-doldan-para-tempos-novos/

GALIZA ANO CERO (2013): Entrevista con Boaventura de Sousa Santos (01/07/2013). URL: http://galizaanocero.tv/entrevistas/boaventura-de-sousa

GEORGE, SUSAN (2001): El informe Lugano. Cómo preservar el capitalismo en el siglo XXI. Icaria, Barcelona.

HEINBERG, RICHARD (2004): Powerdown. Options and actions for a post-carbon world. New Society Publishers, Gabriola Island, Columbia Británica, Canadá.

MILLS, MICHAEL E. (2008?) «Evolutionary psychology and peak oil: A Malthusian inspired "heads up" for humanity», web personal. URL: http://www.drmillslmu.com/peakoil.htm

MURPHY, PAT (2008): Plan C: Community Survival Strategies for Peak Oil and Climate Change. New Society Publishers, Gabriola Island, Columbia Británica, Canadá.

ODUM, HOWARD T.; ODUM, ELIZABETH C. (2001): A Prosperous Way Down: Principles and Policies. University Press of Colorado, Boulder, Colorado, EUA.

RIECHMANN, JORGE (2009): «La crisis energética: algunas consideraciones políticas», Economía Industrial no 371, Industria y medio ambiente. El reto de la sostenibilidad. Ministerio de Industria, Energía y Turismo. URL:http://www.minetur.gob.es/Publicaciones/Publicacionesperiodicas/EconomiaIndustrial/RevistaEconomiaIndustrial/371/37.pdf

TAINTER, JOSEPH (1988): The Collapse of Complex Societies. Cambridge University Press, Cambridge, Reino Unido.

Imagen. Ilustración de Carlos Calvo.

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4.11.14

Los discursos y los hechos

Los discursos y los hechos

Por Sara Plaza.

El pasado 30 de octubre, aparecieron en la sección de opinión de rebelion.org dos artículos sobre el Encuentro Mundial de Movimientos Populares que acababa de celebrarse en el Vaticano. El que firmaba Ignacio Ramonet, llevaba por título Encuentro mundial de movimientos populares: una jornada histórica en el Vaticano, mientras que Ollantay Itzamná titulaba el suyo ¿Por qué El Vaticano reúne a “los movimientos populares” del mundo?.

Las opiniones de ambos autores y las argumentaciones que las sostienen no pueden ser más dispares. Los párrafos del periodista español, a mi parecer, están escritos con una desacostumbrada ingenuidad, y llama la atención el papanatismo del periodista, esa admiración excesiva y poco crítica hacia "el nuevo rol histórico del Papa Francisco, como abanderado solidario de las luchas de los pobres de América Latina y de los marginados del mundo." Por su parte, el abogado y antropólogo quechua cuestiona las denuncias discursivas del pontífice y su conclusión no puede ser más contundente: "Yo vivo en un país donde hay más iglesias que niños felices. Más biblias, sacerdotes y pastores que escuelas, textos escolares y profesores. Sin embargo, éste es uno de los países más violentos, desiguales y empobrecidos del Continente. Su gobernante actual es predicador de la Biblia, amigo de Francisco I, e íntimo del Cardenal Oscar Rodríguez. Pero, es uno de los gobernantes más corruptos e insensibles que conozco."

Tras la lectura de ambos artículos, no pude por menos que entrelazar algunos planteamientos y valoraciones de uno u otro autor en una misma conversación.

Ollantay Itzamná [OI]: El Encuentro Mundial de Movimientos Populares con el Papa Francisco I, organizado por El Vaticano (mediante el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, en coordinación con la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales), en Roma, los días 27 al 29 de octubre del presente año, genera expectativas y celebraciones espontáneas en la parte occidental del planeta.

Ignacio Ramonet [IR]: El martes 28 de octubre ha sido una jornada histórica. Primero porque no es frecuente que el Papa convoque, en el Vaticano, a un Encuentro Mundial de Movimientos Populares en el que participan organizaciones de excluidos y marginados de los cinco continentes, y de todos orígenes étnicos y religiosos: campesinos sin tierras, trabajadores informales urbanos, recicladores, cartoneros, pueblos originarios en lucha, mujeres reclamando derechos, etc... En suma, una Asamblea mundial de los pobres de la Tierra. Pero de los pobres en lucha, no resignados.

[OI]: En su discurso de saludo, el Papa acogió a representantes de las diferentes organizaciones sociales, en los siguientes términos: "Este encuentro de Movimientos Populares es un signo, es un gran signo. Vinieron a poner en presencia de Dios, de la Iglesia (…), una realidad muchas veces silenciada." Además, reiteró los tres temas centrales que motivan al Vaticano a reunirse con los movimientos populares: El acaparamiento inmoral de tierras por unos pocos, creciente población mundial sin techo, y la población (en especial juvenil) desempleada. "El mundo se ha olvidado de Dios que es Padre. Se ha vuelto huérfano, (….)", concluyó su discurso el Papa ante un auditorio emotivo. Denunció la depredación del planeta, la explotación laboral y la especulación financiera.

[IR]: Segundo, es menos frecuente aun que el Papa se dirija directamente a ellos, en el Vaticano, diciéndoles que quiere "escuchar la voz de los pobres" porque "los pobres no se conforman con padecer la injusticia sino que luchan contra ella" y que él (el Papa) "los quiere acompañar en esa lucha". También ha dicho Francisco que "los pobres ya no esperan de brazos cruzados por soluciones que nunca llegan; ahora los pobres quieren ser protagonistas para encontrar ellos mismos una solución a sus problemas" pues "los pobres no son seres resignados, sino protestan" y su protesta «molesta». Ha dicho que espera que "el viento de la protesta se convierta en vendaval de la esperanza". Asimismo ha afirmado el Papa: "La solidaridad es una forma de hacer historia". Y por eso se une al pedido de los pobres que reclaman "tierra, techo y trabajo", Y ha añadido: "Cuando pido para los necesitados tierra, techo y trabajo, algunos me acusan de que 'el papa es comunista'! No entienden que la solidaridad con los pobres es la base misma de los Evangelios."

[OI]: El mensaje está por demás claro. En un sistema-mundo-occidental-cristiano en múltiples crisis simultáneas se debe intentar todo. La crisis de sentido genera un desbande caótico en el redil. [...] Desde la perspectiva del Vaticano, dicho Encuentro Mundial es estratégico, no sólo para devolver "al redil a las ovejas descarriadas", sino para intentar sensibilizar en la virtud de la obediencia al Padre y en la virtud de la mesura a los "descabritados" movimientos populares que casi ya le ponen en jaque al suicida sistema-mundo-occidental-cristiano en crisis. El capitalismo necesitó y subsistió gracias a sus agentes-misioneros cristianos.

[IR]: También ha afirmado Francisco: "La reforma agraria es una necesidad no sólo política sino moral!" Y ha acusado (sin nombrarlo) al neoliberalismo de ser la causa de muchos de los males de hoy: "Todo esto ocurre -ha afirmado- cuando se saca al ser humano del centro del sistema y que en ese centro está ahora el dinero." "Por eso hay que alzar la voz", ha repetido. Y ha recordado que "los cristianos tenemos un programa que me atrevería a calificar de revolucionario: las bienaventuranzas del 'Sermón de la Montana' del Evangelio según San Mateo."
Un discurso fuerte, valiente que se inscribe en el filo directo de la Doctrina Social de la Iglesia que el papa ha reivindicado explícitamente. Y en la opción preferencial por los pobres. Hacia mucho tiempo que un Papa no pronunciaba un discurso tan social, tan "progresista" sobre un tema, el de la solidaridad con los pobres, que constituye la base misma de la doctrina cristiana.

[OI]: Francisco I denuncia el acaparamiento de tierras, la idolatrización del dinero, la destrucción del planeta, etc. La pregunta básica es: ¿Acaso no fue el Papa Alejandro VI, mediante la Bula Papal Inter Caetera (1493), quien dio origen al saqueo y al acaparamiento de las tierras en nuestra Abya Yala? ¿Acaso no es la Iglesia Católica, en la actualidad, una de las principales acaparadoras de predios rurales y urbanos? En Los Andes, hasta los santos/as tienen tierras agrícolas fértiles, bajo propiedad eclesial. Mientras indígenas y campesinos sobremorimos sin tierra. Está demás decir que los primeros misioneros llegaron casi desnudos a Abya Yala. Aquí, la Iglesia Católica se enriqueció con los bienes y el trabajo mortal de nuestros ancestros. Lo mínimo que esperamos en este Encuentro Mundial es que Francisco I devuelva las tierras y bienes que acapara la Iglesia Católica a sus legítimos dueños. [...] El dólar del cristiano Imperio norteamericano lleva inscrita la invocación de "Confiamos en Dios". Si Francisco y sus seguidores se quejan del Dólar (Dios), entonces, que cierren el corrupto banco del Vaticano (Instituto para las Obras de Religión), y que distribuyan ese dinero a sus históricos y postergados "prestadores", los pueblos indígenas y campesinos.

[...] Tampoco el Papa debería predicarnos sobre la crisis ecológica. Eso no lo generamos nosotros. El origen de la depredación y saqueo de la Madre Tierra tiene como una de sus causas filosóficas a la misma doctrina cristiana. "Multiplicaos y someted a la tierra (…)" nos dice el libro de Génesis, cap. 1. En otros lugares de la Biblia nos habla de: "Maldita la tierra…" Nos predicaron y predican que lo sagrado es el lejano cielo desconocido. Según ellos, el único Dios desconocido habita allá arriba. Nos fustigaron de idólatras, y nos persiguieron a muerte cuando con reverencia venerábamos a nuestra Madre Tierra. La modernidad ecocida tiene como a uno de sus raíces filosóficas al judeocristianismo. [...] El Papa nos predica denuncias discursivas en contra del perverso capitalismo. El capitalismo también tiene impronta cristiana. [...] Es más, ayer y hoy, todos los agentes del sistema capitalista sufren crisis financiera, menos la Iglesia Católica (ni las otras iglesias), ni las principales corporaciones financieras. ¿Por qué será? Lo mejor que puede hacer la Jerarquía católica, si de verdad denuncia y renuncia al sistema capitalista, es volver a las auténticas enseñanzas del nómada nazareno crucificado. Dicen que ese compa tenía sólo una túnica, y predicaba con el ejemplo.

Unos días después de la publicación de esta entrada, encontré un artículo de Maciek Wisniewski titulado Las simulaciones ideológicas del papa Francisco I, de muy recomendable lectura, en el que, a propósito del encuentro aquí señalado, afirmaba lo siguiente:

El Papa durante el encuentro con los movimientos populares (Vaticano, 27-29/10/14), parafraseando a Hélder Cámara: Si pido ayudar a los pobres, dicen que soy comunista (Telesur, 28/10/14).

Löwy también recordaba aquel pasaje canónico (Si doy pan a un pobre, me dicen que soy un santo; cuando pregunto por qué la gente es pobre, me llaman comunista), pero para recalcar que Bergoglio ayuda y no hace preguntas incómodas (hasta su paráfrasis se quedó corta...).

En su enfoque no hay clase oprimida y clase opresora (algo que sí identifica la teología de la liberación); para él, eso no importa: sólo hay que trabajar juntos por el bien de todos.

En este sentido es excesivo el entusiasmo de Ignacio Ramonet, que tras el encuentro –al que asistió Evo Morales como líder cocalero– aplaudía el gran valor del Papa y su nuevo rol histórico como abanderado solidario de las luchas de los pobres del mundo (Rebelión, 30/10/14).

Y más si recordamos el análisis de Rubén Dri, ex cura tercermundista: Para Bergoglio el verdadero rival son los gobiernos progresistas. Pero él sabe que no puede chocar frontalmente con ellos. Tiene que actuar de manera inteligente, desde abajo, entre los movimientos populares (Krytyka Polityczna, 1/2/14).

Así, aquel encuentro con los movimientos sociales se perfila más bien como la más grande, hasta ahora, simulación de Francisco I. Su afán es cooptar, no cooperar; neutralizar, no impulsar; disciplinar y meter los movimientos y gobiernos progresistas a su redil.