28.10.14

La desmesura sentando cátedra

La desmesura sentando cátedra

El texto original, "Paul Krugman and the limits of hubris", forma parte de la Museletter#269 publicada en octubre de 2014 en la página web de su autor, Richard Heinberg. Ha sido traducido por Sara Plaza y revisado por Edgardo Civallero.

Paul Krugman y los límites de la arrogancia

El economista Paul Krugman sin duda se siente molesto y fastidiado por la idea de que pueda haber límites al crecimiento económico: a su artículo de opinión en el New York Times del 18 de septiembre ("Errors and Emissions", al que respondí aquí, [en español aquí]) le ha seguido otro titulado "Slow Steaming and the Supposed Limits to Growth". Es interesante examinar sus últimas afirmaciones y argumentaciones una a una, ya que revelan buena parte de lo que piensan los economistas, y porqué hacen caso omiso de las ciencias físicas cuando se trata de cuestiones referidas a recursos finitos y la posibilidad de crecimiento económico infinito en un planeta pequeño.

El Sr. Krugman empieza señalando: "Parece que estamos en un momento en el que tres grupos con agendas muy diferentes –conservadores anti-ecologistas, anticapitalistas de izquierdas, y científicos duros que se creen más listos que los economistas– han establecido una alianza impía en torno a la proposición que sostiene que la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero es incompatible con el aumento del PIB". No menciona un cuarto grupo: eco-economistas como Herman Daly, que consideran que en el mundo real, las leyes de la física y los límites ecológicos superan a la teoría económica. Para Krugman, solamente se puede confiar en los economistas de la corriente dominante; el resto somos propensos a equivocarnos. Y parece que le desconcierta el hecho de que tanta gente esté llegando a la misma conclusión equivocada por diversos caminos. ¿Podría ser que estén reconociendo una realidad física inevitable?

A continuación el Sr. Krugman dispara contra el reciente ensayo del físico Mark Buchanan, "Economist are blind to the limits of growth". En los años 70, el mentor de Krugman, Bill Nordhaus, estuvo al frente de los economistas de la corriente dominante que condenaron el informe [del Club de Roma] "Los límites del crecimiento". Desafortunadamente para Krugman, los ataques de Nordhaus resultan, retrospectivamente, meras explicaciones al aire: el análisis de los datos pertinentes durante los últimos 40 años demuestra que el escenario más pesimista de aquel clásico de 1972 se ajusta bastante a la realidad.

El enjundioso escrito de Buchanan se centra en la energía como el límite más importante a la expansión económica sinfín. A pesar de que su autor explica cuidadosamente que estamos haciendo un uso más eficiente de la energía (y matiza esa afirmación mostrando que, no obstante, el crecimiento económico implica usar más energía total), el Sr. Krugman quiere hacer creer que los físicos nunca han oído hablar de la eficiencia energética. Dedica la mayor parte de su artículo de opinión a exponer un caso particular (el de los cargueros que navegan a menor velocidad para ahorrar combustible), para probar que existe un nuevo principio fundamental que ningún científico duro habría descubierto hasta ahora. ¿Existen casos en los que usando menos energía podemos obtener el mismo resultado? ¡Por supuesto que sí! Un ejemplo mejor, aunque más gastado, resulta esclarecedor: la utilización de lámparas fluorescentes compactas y lámparas LED ha supuesto una dramática reducción de la cantidad de energía utilizada para desterrar la oscuridad de nuestras ciudades y hogares.

Pero el Sr. Krugman no completa este razonamiento. Si está queriendo decir que no hay límites al crecimiento porque se puede hacer un uso más eficiente de la energía, entonces lógicamente también debe sostener que la eficiencia energética puede mejorarse indefinidamente, al menos hasta el punto de que no haga falta energía para mover la economía (digo "al menos" porque, supuestamente, incluso entonces sería necesario seguir creciendo para probar que no existen límites). Y eso, como cualquier físico sabe, es pura fantasía. La energía se define como la capacidad de realizar un trabajo, y la capacidad de realizar un trabajo es lo que genera PIB. La eficiencia energética puede mejorarse a menudo, pero esas mejoras están sometidas a la ley de los rendimientos decrecientes: el primer 5% de mejora es barato, el siguiente 5% cuesta más, y así sucesivamente. La eficiencia perfecta en cualquier proceso o bien es imposible de alcanzar o resultaría infinitamente cara (dependiendo de cómo lo quiera ver cada uno).

Mi apuesta es que si el Sr. Krugman se enfrenta honestamente a la imposibilidad lógica del crecimiento infinito en un sistema finito, así como a la imposibilidad de mejoras infinitas de la eficiencia energética, cuando lo haga se retractará y dirá algo así como, "sí, pero incluso si existen límites teóricos al crecimiento, todavía estamos muy lejos de alcanzarlos, por lo que de momento resultan prácticamente irrelevantes". Sin embargo, una vez que reconoces la existencia de límites teóricos al crecimiento, tienes que preguntarte, "¿cuáles serían las posibles señales de que nos estamos aproximando a esos límites?".

Apuntaré algunos: el aumento total de los costes de energía (de hecho, la producción de energía actualmente consume una mayor proporción del PIB global que hace una década); la disminución del mineral obtenido por unidad de energía utilizada para su extracción y fundición (en casi todos, del antimonio al zinc); el incremento de los costes y los riesgos medioambientales derivados de los procesos industriales (véase "cambio climático").

El Sr. Krugman escribe: "¿De dónde surge la idea de que la energía es algo especial? Diría que fundamentalmente de no pensar en ejemplos concretos ... porque si se piensa en las actuales actividades económicas, aunque sea brevemente, resulta obvio que existen compensaciones que podrían llevar a producir más usando menos energía". De nuevo, ésta es una afirmación que nadie puede discutir. Pero el ejemplo de Krugman de la eficiencia energética subraya el hecho de que a menudo hay costes ocultos para lograr una mayor eficiencia. Afirma que "[d]espués de 2008, cuando el precio del petróleo aumentó considerablemente, las compañías marítimas ... respondieron disminuyendo la velocidad de sus barcos. Resultó que navegar más despacio reduce el consumo de combustible más de lo que proporcionalmente correspondería a la disminución de velocidad". Pero mover barcos más lentamente significó desplegar más barcos para transportar la misma cantidad de carga, por lo tanto sustituir capital y trabajo por energía. Esta estrategia no requirió el desarrollo de nueva tecnología; las compañías marítimas "simplemente emplearon los mismos barcos de modo distinto".

En los comentarios al artículo de opinión del Sr. Krugman en el sitio web del New York Times, Ken White (uno de mis colegas en el Post Carbon Institute) señala que todos esos barcos extra representan un montón de energía incorporada, la cual se gastó en la extracción y el refinado de minerales y en otros aspectos de la construcción de los barcos. Cuando miramos de esta forma a muchas (no todas) de las mejoras de la eficiencia –es decir, desde la perspectiva de los sistemas– gran parte de las ventajas tienden a desaparecer. ¿En este caso, el coste añadido de la energía incorporada es equivalente a la energía del combustible ahorrado? No dispongo de datos y no he hecho los cálculos, pero incluso si hubiera algún ahorro neto probablemente sería mucho menor del que asume Krugman. Se puede sustituir capital y trabajo por energía en algunos casos y hasta cierto punto, pero literalmente no puede hacerse nada sin cierto gasto de energía. La sustitución misma está sujeta a límites.

El Sr. Krugman da a entender que los economistas de la corriente dominante son los únicos que plantean ejemplos concretos como el que acabamos de ver; en cambio, los científicos duros se ocuparían de abstracciones etéreas. Para los científicos físicos, no dejará de ser una noticia sorprendente, ya que la mayoría trabajan con ejemplos concretos a diario.

Los siguientes son algunos de ellos:

• Casi la mitad de los animales salvajes han desaparecido en los últimos 40 años como consecuencia de la expansión de las actividades humanas.
• Los costes de extracción del petróleo están aumentando más de un 10% por año debido al agotamiento de los yacimientos de petróleo convencionales que suministraron la energía barata que estimuló la economía a lo largo del siglo XX.
• El mundo pierde cada año más de 25 mil millones de toneladas de capa superficial de suelo como consecuencia de la agricultura industrial, y a este ritmo muchos países habrán agotado su capa vegetal antes de que acabe el siglo.

¿Por qué el Sr. Krugman está al frente de una cruzada contra los límites medioambientales al crecimiento ecológico? Creo que está en marcha una agenda política y que está dirigida por sentimientos loables. Normalmente me cuesta adivinar los motivos que impulsan a las personas, pero en este caso están claramente implícitos en los dos artículos de opinión de Krugman citados arriba. Es evidente que está muy preocupado por el cambio climático y desea que la humanidad evite los peores impactos, pero cree que no se puede persuadir a los responsables políticos para que adopten políticas de protección del clima si eso conlleva frenar el crecimiento económico. Escribe: "[H]ay espacio para reducir las emisiones sin acabar con el crecimiento económico". Sí, hay espacio. De acuerdo con un estudio citado por el propio Krugman en su anterior artículo de opinión, el primer 10% de reducción de las emisiones puede lograrse sin mucho sufrimiento. Pero a partir de ahí todas las reducciones tendrán un coste neto para la economía.

Al igual que Paul Krugman, quienes trabajamos en el Post Carbon Institute estamos seriamente preocupados por el cambio climático y queremos que los funcionarios adopten políticas para evitarlo. Ciertamente, si los líderes de opinión informados hacen creer que se puede proteger totalmente el clima sin ningún coste real, los políticos son más proclives a aprobar políticas disponibles sin coste. Pero de ese modo estarán alcanzando compromisos muy débiles que no cumplirán con los niveles de reducción de emisiones realmente necesarios. Induciendo a error a los responsables políticos y al público en general de esta manera, estamos desperdiciando el tiempo y la oportunidad.

Al reconocer que el cambio climático supone una seria amenaza para el futuro de la humanidad, el Sr. Krugman está reconociendo de hecho la existencia de límites medioambientales al crecimiento económico. Probablemente podríamos objetar que el cambio climático es simplemente un límite para una economía dependiente de los combustibles fósiles, y que una economía basada en energías renovables podría crecer indefinidamente. Pero una vez que abrimos la caja de los límites y miramos en su interior, enseguida encontramos nuevas fronteras.

Seamos realistas. La tierra es una esfera limitada, y la economía humana es una máquina que extrae materias primas y produce residuos. Si mantenemos funcionando esta máquina dentro de los límites de lo que nuestro planeta puede absorber o reponer mediante el funcionamiento normal de sus ecosistemas está todo bien. Pero si la economía continúa creciendo año tras año, en algún momento los sistemas del planeta se saturarán, incluso si estamos utilizando energías renovables para extraer y transformar las materias primas. La energía y los materiales pueden utilizarse de maneras más eficaces, pero solo hasta un cierto punto. Si la tierra misma se estuviese expandiendo a un ritmo cada vez mayor, el crecimiento económico continuo no supondría ningún problema. Sin embargo, la última vez que lo comprobé, el planeta no había crecido y desde entonces no hemos dejado de exigirle más y más.

En su último artículo de opinión el Sr. Krugman se burla de los "científicos duros que se creen más listos que los economistas". Se me ocurren varias respuestas maliciosas a esa caracterización, pero no creo que sea necesaria ninguna. La frase dice mucho de la hybris [auto-afirmación arrogante] de los economistas.

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22.10.14

The Book of Days – Recordando el 5 de noviembre

The Book of Days – Recordando el 5 de noviembre

Por Edgardo Civallero

"The Book of Days" –el Libro de los Días– es, según indica el subtítulo original, "una miscelánea de antigüedades populares relacionadas con el calendario, incluyendo anécdotas, biografías, historia, curiosidades literarias y rarezas de la vida y el carácter huamno". Editado por el polifacético autor escocés Robert Chambers (1802-1871) en 1864, en dos volúmenes dotados de numerosos y elaborados grabados e ilustraciones, fue recientemente re-publicado en 2004 por Chambers Harrap Publishers.

La obra tiene una estructura similar a la de las modernas efemérides, con un calendario en el cual figuran, día a día, hechos, costumbres, nombres ilustres, festejos y un largo etcétera. Lejos de ceñirse al típico estilo telegráfico de las efemérides, Chambers se tomó el trabajo de escribir largos y bien documentados textos para cada elemento que incluyó en sus "Días". Así, describió eventos históricos importantes, la vida de sus contemporáneos (de todas las clases sociales), y costumbres de todos los rincones del mundo, reflejando a la vez una parte nada despreciable del pensamiento de la época.

La intención del autor era que el lector se sentara al menos una hora cada noche a deleitarse con un par de fragmentos de cultura general –los que tocaran para ese día– que nutrieran su intelecto. Una intención que en este mundo actual de desinformación e idiotización masiva suena a verdadera utopía.

Para el 5 de noviembre, Chambers seleccionó el Guy Fawkes' Day, una celebración popular británica (trasladada a algunas de sus colonias) que solía festejar el fracaso del rebelde católico británico Guy Fawkes (1570-1606). Fawkes y sus compañeros planearon el célebre Gunpowder Plot ("Complot de la pólvora"): volar la Cámara de los Lores de Londres con el rey protestante James I y los miembros del parlamento dentro, para colocar en el trono a una reina católica. Fawkes fue apresado bajo el Palacio de Westminster mientras vigilaba la enorme carga de pólvora destinada a reventar el edificio. Bajo tortura, reveló el nombre de sus secuaces. Todos ellos fueron ejecutados de la forma más terrible, la reservada a los traidores en Inglaterra: ahorcados, destripados y descuartizados. Fawkes se libró del suplicio saltando desde la horca en el último momento y partiéndose el cuello en el acto.

Durante el Guy Fawkes' Day se fabricaba un monigote –el Guy, de donde deriva el actual término guy, que en inglés coloquial significa "tipo", "fulano", "individuo"– que se paseaba en procesión y terminaba ahorcado y quemado en una hoguera, con mucho fuego de artificio. Nos hemos familiarizado con el personaje central de esta festividad anglosajona gracias a la novela gráfica "V for Vendetta" (escrita por Alan Moore, ilustrada por David Lloyd, publicada por DC Comics/Vertigo en los 80') y, sobre todo, merced a su adaptación al cine en 2005. El "héroe" de esa historia, "V", un anarquista que lucha contra un régimen totalitario, se ocultaba bajo una máscara de Guy Fawkes diseñada por Lloyd que terminó volviéndose icónica. El mensaje político que lanzaron novela y película se replicó, y la estilizada careta de Fawkes, con esa sonrisa tan característica, se convirtió en el símbolo de distintos grupos, como por ejemplo Anonymous (desde 2008).

He aquí la traducción de lo que cuenta Chambers sobre el Guy Fawkes' Day en las correspondientes páginas de su "The Book of Days".

The Book of Days – Recordando el 5 de noviembre
Hasta hace poco, un servicio especial para el 5 de noviembre formó parte del ritual del Libro de Oración Común de la Iglesia de Inglaterra; pero por una ordenanza reciente de la Reina en el Consejo, este servicio, junto con los del Martirio de Charles I, y la Restauración de Charles II, ha sido abolido. La designación de este día como festivo data de una ley promulgada por el Parlamento británico en enero de 1606, poco después de que la Legislatura escapara por poco de las maquinaciones de Guy Fawkes y sus confederados.

Sin embargo, no es probable que la llamada gunpowder treason ["traición de la pólvora"] sea olvidada, siempre y cuando el festival conocido como Guy Fawkes' Day sea mantenido por la juventud inglesa, que todavía considera el 5 de noviembre como uno de los días más felices del año. El modo de observar la fiesta a lo largo y ancho de Inglaterra es vestir a un espantapájaros con todo tipo de harapos (la pieza que compone la cabeza es, por lo general, de papel, pintada y adornada con cintas de papel anudadas), hacerlo desfilar en una silla por las calles y, al caer la noche, quemarlo con gran solemnidad en una gran hoguera. Se supone que la figura representa a Guy Fawkes; de conformidad con tal idea, siempre lleva una linterna sorda en una mano y un manojo de cerillas en la otra. La procesión visita las diferentes casas del barrio una tras otra, repitiendo la tradicional rima:

Remember, remember
the fifth of November,
the Gunpowder treason and plot!
There is no reason
why the Gunpowder treason
should ever be forgot!


[¡Recuerda, recuerda
el cinco de noviembre,
la traición y el complot de la pólvora!
¡No hay ninguna razón
por la que la traición de la pólvora
deba ser olvidada!]

Existen numerosas variaciones y adiciones a esta estrofa en distintas partes del país. Así, en Islip, Oxfordshire, se cantan las siguientes líneas, de acuerdo a lo que señala Sir Henry Ellis en su edición de Brand's Popular Antiquities.

The fifth of November,
since I can remember,
gunpowder treason and plot.
This is the day that God did prevent
to blow up his king and parliament.
A stick and a stake
for Victoria's sake;
if you won't give me one,
I'll take two:
the better for me,
and the worse for you.


[El cinco de noviembre,
desde que tengo memoria,
la traición y el complot de la pólvora.
Este es el día en que Dios impidió
que volara su rey y el parlamento.
Un palo y una estaca
por Victoria;
si no me das uno,
tomaré dos:
el mejor para mí,
y el peor para ti].

Una costumbre se mantuvo siempre en estas ocasiones: la de pedir dinero a los transeúntes mediante la fórmula "¡Para recordar a Guy!", "¡Por favor, para recordar a Guy!" o "¡Por favor, para recordar la hoguera!"

En otros tiempos, en Londres, la quema de la efigie de Guy Fawkes el 5 de noviembre fue una ceremonia muy importante y portentosa. La hoguera en Lincoln's Inn Fields se solía llevar a cabo a una escala sin precedentes. A veces se consumían doscientas carretadas de leña en un único fuego, mientras que más de treinta Guys eran colgados de horcas y enviados a las llamas. Otra enorme hoguera era alzada por los carniceros de Clare Market, que en la misma tarde desfilaban por las calles con gran fuerza, dando una serenata a los ciudadanos con la famosa melodía de "marrow-bone-and-cleaver". El alboroto producido en la ciudad por los gritos de la multitud, el tañido de las campanas de las iglesias y la confusión general que prevalecía apenas si puede ser imaginado por un individuo de nuestros días.

El fermento ocasionado en todo el país por la "Agresión Papal" de 1850 dio un nuevo rumbo a los genios juerguistas del 5 de noviembre. En lugar de Guy Fawkes se quemó en Londres una efigie del cardenal Wiseman, entonces recién nombrado "Arzobispo de Westminster" por el Papa. En 1857, un honor similar fue concedido a Nana Sahib, cuyas atrocidades en Cawnpore [rebelión de Kanpur, India] en julio habían arrancado un grito de horror en todo el mundo civilizado.

La oportunidad también es aprovechada por buena parte de esa numerosa clase londinense que obtiene su sustento nadie sabe exactamente cómo, para ganar unos peniques desfilando por las calles el 5 de noviembre con figuras gigantescas representando a las principales celebridades del momento. A veces son bien ingeniosas, y la curiosidad de los transeúntes, que se detienen a mirarlas, se grava con la contribución de una moneda de cobre.

14.10.14

O Carballiño, El Roblecito, Little Oak

O Carballiño, El Roblecito, Little Oak

Por Sara Plaza

Permítaseme retroceder hasta el año 2010 para recordar la "informada" y "cortés" respuesta de un agente de la Policía Nacional a una persona que le estaba preguntando a una tercera por dónde se iba a cierta pescadería del centro de Santiago de Compostela, para llegar en los párrafos finales a la que dio hace algunas semanas el Concello de Carballiño a una queja de la Mesa pola Normalización Lingüística.

A finales de julio de ese año, tres artículos de opinión firmados por Quim Monzó en La Vanguardia (En Santiago na noite escrura [1]), Miguel Anxo Fernán Vello en Galicia Hoxe (Policía brutaz [2]) y Anxel Vence en El Faro de Vigo (Disturbios del bilingüismo), se hacían eco de una noticia aparecida en el diario EL PAÍS que comenzaba así: "Estaba en la Alameda de Compostela y quería llegar a la plaza de Pescadería Vella. Al cruzar en el semáforo de la entrada al casco histórico en la noche del sábado, en plenas fiestas del Apóstol, una periodista de EL PAÍS, andaluza, preguntó a una señora por dónde tenía que ir usando el nombre oficial del lugar, en gallego. Lo hizo al lado de un grupo de independentistas que se concentraban pacíficamente, rodeados por decenas de agentes de la Policía Nacional. Un antidisturbios la agarró del brazo: 'Aquí no hay nada que se llame Pescadería Vella, se llama Pescadería Vieja. Tú, que eres de fuera, deberías saberlo', le reprendió. Acto seguido le espetó: 'Corre, no vaya a ser que te demos unas hostias'. Fue antes de que los antidisturbios comenzaran a cargar contra los concentrados".

Respecto de estos hechos señalaba Anxel Vence en su artículo: "Antonio de Nebrija, ilustre forjador de gramáticas y diccionarios, afirmó en famoso prólogo que 'Siempre la lengua fue compañera del Imperio', aunque se refería obviamente a empeños mayores como, por ejemplo, el de la conquista de América".

Y continuaba diciendo: "Ahora que las lenguas y los imperios son otros, se conoce que aún quedan a nuestra módica escala local algunos funcionarios empeñados en que al idioma lo acompañe la porra. O en mandar a la porra a los vulgares lenguajes vernáculos. Sorprende un poco que la policía trate de suplantar a la Real Academia Española en su meritoria labor de defensa de la lengua, pero ya se sabe a qué extrañas situaciones conducen a veces los excesos de celo. Tal vez el agente decidido a castellanizar por las bravas el callejero de Compostela estuviera bajo el influjo de algunos políticos cuya obstinación con la toponimia y las lenguas periféricas empieza a adquirir rasgos francamente pintorescos. [...]

Ni los más acendrados defensores de la toponimia bilingüe han llegado -de momento- al extremo de abogar por la doble denominación Pontevedra-Puentevedra, tal como hacen ya sin complejos con La Coruña y Orense. Tampoco han propuesto aún la conversión de O Carballiño en El Roblecito y, a lo sumo, se limitan a optar en la práctica por el híbrido Carballino. Probablemente habría que ampliar el tamaño de los carteles de entrada a la localidad para incluir el dilatado párrafo: 'Bienvenidos a O Carballiño-Carballino-El Roblecito'; pero tampoco vamos a pararnos en gastos cuando de instaurar el bilingüismo trilingüe se trata".

Anxel Vence finalizaba su escrito con brillante y fino humor: "Razón no les falta, pese a todo, a los esforzados paladines de la lengua española que ha de ser defendida por los antidisturbios de la persecución que al parecer sufre en Galicia. Fáciles son de imaginar los apuros que pasaría un conductor que, procedente de la Meseta, pretendiese llegar a La Coruña guiándose por confusos carteles que indican la dirección de 'A Coruña'. Por no hablar ya de la posibilidad de que un desconocedor de la lengua gallega se despistase en su camino hacia Orense y acabase en Astorga por culpa de los indicadores que sitúan su destino en lugar de nombre tan raro como 'Ourense'. Cosas como estas no pasarían con agentes tan bizarros como el que el otro día mandó el gallego a la porra en Compostela. Francamente".

A propósito del bilingüismo, en marzo de ese mismo año, en una entrada del blog "La mirada del mendigo" titulada Execración del bilingüismo, podía leerse lo siguiente: "Básicamente, la lengua castellana está afianzada en las grandes urbes gallegas (con excepción de la capital, Santiago) mientras que el gallego sigue siendo predominante en las aldeas. En las villas, las fuerzas están, más o menos, igualadas. [...] ¿Cómo se ha llegado a esta situación? Por el bilingüismo: aunque en la formulación parezca una solución equilibrada y tolerante, llevaba dentro el germen del exterminio de una lengua y una cultura. [...] El gallego parte de una situación de indefensión frente a uno de los idiomas más poderosos del mundo. Mientras que el castellano fue normalizado en el s. XVIII, el gallego lo ha sido en tiempos recientes, y aún persisten sustanciales controversias. Esas viruelas de juventud, el castellano las pasó hace dos siglos. El gallego, tras siglos de ostracismo, presenta grandes lagunas en el lenguaje científico y técnico, lagunas que sólo pudieron ser rellenadas de forma artificial, lo cual contribuyó a acrecentar el desapego del ciudadano por su lengua, que utilizaron ciertos sectores reaccionarios para ridiculizarlo. El castellano era un formidable adversario que estaba encastillado en una posición privilegiada: las ciudades, con su dinamismo económico y demográfico. Un idioma con cientos de millones de hablantes, respaldado por el Estado, e inoculado a la población por la teta ideológica de finales del pasado siglo: la televisión. Y no lo digo en tono de broma, sino completamente serio. [...] [Q]ue casi media población gallega haya abandonado su lengua materna para hablar una lengua extranjera es una anormalidad. [...] Esta anormalidad lingüística tiene unas causas patentes: la constante segregación del gallego, un proceso de apartheid cultural que ha actuado durante siglos. Si en el siglo XVIII la introducción del castellano era anecdótica, sólo entre las clases altas o funcionarios (administrativos, eclesiásticos, judiciales o militares) venidos de la meseta, poco a poco el servilismo y el autodesprecio que se había inculcado a los gallegos hizo que las clases medias urbanas, oriundas, fueran adoptando el idioma invasor. [...] Sólo podría revertirse la castellanización de la sociedad empleando métodos análogos a los empleados para introducir el castellano en Galicia. ¡Oh, tiranía! No. Porque en un caso se cortaron carballos, para plantar eucaliptos, y en este sería arrancar eucaliptos para volver a restituir la situación del ecosistema cultural, antes que las tropas bárbaras cambiaran la faz de esta tierra. No es lo mismo robar que restaurar lo robado, aunque para ambos se precise la fuerza. [...] Si no arrancamos los eucaliptos de los montes y repoblamos con carballos, si dejamos los montes como están y aplicamos el principio del laissez-faire, el eucalipto, un árbol de más rápido crecimiento, más resistente a los incendios, que se adapta a una gran variedad de ecosistemas y crea en unos años un ecosistema propio que le es propicio y tóxico para el resto de competidores, si no hacemos nada será el eucalipto el árbol que colonice toda Galicia. Y dentro de unos años, los niños tomarán al eucalipto como el árbol propio de Galicia, el árbol gallego por antonomasia. No es ninguna broma: yo me sorprendí al saber que el piñeiro bravo o piñeiro do país (Pinus pinaster)… es una especie alóctona, procedente del Mediterráneo. Las repoblaciones sistemáticas del s. XIX hicieron que ya los paisanos nazcan tomándolo como propio. Y lo mismo pasará con el eucalipto, que vencerá sobre el pino. Y lo mismo pasará con el castellano, y puede que quizá con el inglés, que acabará venciendo a ese primer colonizador y transformando un mundo rico en un desierto cultural de olor a caramelo balsámico".

Pues bien, a primeros de octubre de 2014, en Sermos Galiza aparecía una noticia con el siguiente titular Little oak, o inglés como arma na "cruzada" do Carballiño contra o galego. Parece que el desierto cultural de olor a caramelo balsámico ya es una realidad, dado que, como explica el periodista, tras haber recibido quejas de la Mesa pola Normalización Lingüística por negarse a atender a un ciudadano en gallego desde el Servicio de Gestión Tributaria Municipal (servicio subcontratado a un empresa de Madrid), el Concello de Carballiño ofrece ahora unos nuevos impresos para domiciliar el pago de impuestos en bilingüe español/inglés.

No sabemos si a tenor de los cambios habidos en estos cuatro años, el fervor lingüístico de aquel antidisturbios le habrá hecho atravesar la puerta de alguna academia y matricularse en un curso de inglés para ampliar su meritoria labor de defensa de esta otra lengua imperial. De ser así, es casi seguro que el Concello de Carballiño estará más que gustoso de contribuir a su formación a través del Servicio de Gestión Tributaria Municipal.

[1] "¿Habrase visto tamaño atrevimiento? ¡Una 'de fuera' diciendo en gallego el nombre de una plaza! ¿Y cómo supo el policía que era 'de fuera'? Supongo que por el acento, y porque preguntó por la forma de llegar a un lugar que para los compostelanos es archiconocido. Todo eso sucedió justo el día en que, en el mismo Santiago, en la catedral, el rey Juan Carlos I se encomendaba al apóstol, respaldaba la Constitución, volvía a pedir la 'solidaridad' autonómica y la unidad de esa 'gran familia' que –según él– es España. Todo muy bonito y muy entrañable, pero me gustaría saber en qué punto exacto del alegato real encaja la actitud del policía –nacional– hacia la periodista en particular y la sociedad en general. ¿En el respaldo a la Constitución? ¿En la 'solidaridad' autonómica? ¿En la unidad de la 'gran familia' española?".

[2] "[E]se policía (funcionario dependente do Ministerio do Interior) que ameazou a unha xornalista cunhas 'hostias' -textual-, tras recriminarlle a utilización do nome santiagués propio e oficial de Pescadería Vella –'se dice Pescadería Vieja', bradou o axente-, non é outra cousa que un brutaz incumpridor das misións básicas constitucionais que deben presidir as actuacións do Corpo Nacional de Policía: 'Protexer o libre exercicio dos dereitos e liberdades e garantir a Seguridade Cidadá'. Por iso mesmo non estaría nada mal, como mínimo, que o mando superior das Forzas e Corpos de Seguridade do Estado, que corresponde ao Ministerio do Interior, lle abrise un expediente sancionador ao funcionario policial por falta grave, porque grave é ameazar con violencia a un cidadán, ademais de desprezar o idioma propio e oficial de Galicia e pretender impor o uso pola forza de formas lingüísticas non oficiais. [...] Do que non me cabe dúbida a min é de que o citado axente represor lingüístico non cumpre cos principios de 'servizo, dignidade, entrega e lealdade' que decoran a formación dun policía e estou por asegurar que o aproveitamento de materias como Dereito, Socioloxía, Psicoloxía e Comunicación e Relacións cos Cidadáns, entre outras, foi, neste caso, nulo".

Fotografía de Sara Plaza.

7.10.14

El manuscrito Voynich

El manuscrito Voynich

Por Edgardo Civallero

Conservado desde 1969 en la biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos de la Universidad de Yale (Connecticut, EE.UU.), el llamado "manuscrito Voynich" ha sido y sigue siendo una de las mayores incógnitas a las que se han enfrentado los bibliófilos e historiadores de la literatura modernos.

Producido –según señalan las pruebas de C-14 realizadas en 2009– entre 1404 y 1438, escrito sobre vitela (un fino pergamino) y profusamente ilustrado, el libro recibe su nombre actual de Wilfrid Voynich, un revolucionario polaco devenido en librero y bibliófilo que lo adquirió en una subasta en Roma en 1912.

¿En donde reside lo misterioso de este ejemplar? Básicamente, en que para su escritura se emplearon un idioma y un alfabeto absolutamente crípticos. Hasta el momento no han podido ser desentrañados ni siquiera por los mejores programas informáticos especializados en criptografía. Ello provoca que aún se desconozcan su lugar de origen, su autor y, sobre todo, su contenido (su temática puede ser apenas adivinada a través de los dibujos y diagramas que ilustran el ejemplar) y las razones que motivaron tan férrea codificación.

El manuscrito Voynich
Físicamente, el manuscrito Voynich pasaría fácilmente desapercibido: no es sino un pequeño librito de poco más de 15 cms. de ancho por 20 cms. de alto. Los análisis modernos indican que fue escrito con pluma de ave y tinta de agallas de roble, los medios más simples y habituales utilizados durante la Edad Media y el Renacimiento (y más allá). Las páginas (originalmente unas 280, de las cuales se conservan unas 240) fueron numeradas, re-organizadas y re-ordenadas en tiempos posteriores a su creación; algo similar ocurrió con las ilustraciones, que fueron coloreadas (a veces de forma bastante tosca) por manos distintas a las que realizaron los dibujos originales.

La orientación del texto es de izquierda a derecha, y está dividido en párrafos; existen asimismo listas ordenadas por puntos con forma de estrella o flor. No hay puntuación visible, ni los habituales tachones o señales de corrección de errores habituales en un manuscrito. La escritura parece fluir de manera totalmente natural, sin interrupciones de ningún tipo, algo bien distinto de lo que ocurre en la mayoría de los textos codificados.

Los investigadores que se han dedicado a estudiar el libro calculan que incluye unos 170.000 glifos: caracteres o "letras" realizadas con uno o dos trazos de pluma. Tales caracteres se han organizado y clasificado en un alfabeto de unos 20 ó 30 símbolos, a los que hay que añadir un puñado más, muy poco utilizados. Estas "letras" se organizan a su vez en unas 35.000 palabras de distintas longitudes, que parecen obedecer a las normas ortográficas y gramaticales más habituales en las lenguas naturales: algunos caracteres aparecen en todas las palabras (como las vocales del español), algunos caracteres nunca siguen a otros, algunos pueden ser dobles o triples pero otros no, etc. Todos los análisis estadísticos, de hecho, muestran patrones similares a los de las lenguas naturales. Esos mismos estudios sugieren que el idioma del manuscrito Voynich no es europeo: casi no hay palabras con menos de dos letras o más de diez, la distribución de letras dentro de las palabras es muy peculiar (algunos caracteres aparecen solo al inicio de la palabra, otros al final y otros en el medio, lo que recuerda a la estructura de los alfabetos semíticos en general y del árabe en particular), y el texto parece más repetitivo que lo que sería esperable en una producción europea.

El manuscrito Voynich
Las ilustraciones arrojan información confusa sobre los contenidos, pero permiten organizarlos, grosso modo, en seis "secciones". Con excepción de la última, que es completamente textual, casi cada página contiene un dibujo. Las secciones se denominan, convencionalmente, "herbario" (ilustraciones de plantas con breves párrafos de texto, con una estructura similar a la de los herbarios medievales), "astronómica" (diagramas circulares con soles, lunas y estrellas, que sugieren textos astronómicos o astrológicos; algunos de ellos en láminas desplegables), "biológica" (pequeñas figuras femeninas bañándose en piscinas conectadas por tubos que recuerdan aparatos, órganos o sistemas), "cosmológica" (diagramas circulares de naturaleza más oscura que los "astronómicos"; uno de ellos, en un desplegable de seis páginas, muestra un mapa de nueve islas conectadas por caminos), "farmacéutica" (partes de plantas, entre lo real y lo fantástico, junto a jarras que recuerdan la farmacopea tradicional) y "recetas" (párrafos cortos marcados con puntos de lista).

La impresión inicial que brinda el manuscrito es que haya querido servir como guía a la medicina y la farmacia tardo-medieval o renacentista. Sin embargo, una vez que se consideran los detalles, las intenciones y los significados se difuminan y se entra en el ámbito de las suposiciones. Dentro del "herbario", por ejemplo, no se ha podido identificar ninguna planta sin ambigüedades; incluso al compararlas con las estilizadas ilustraciones de los herbarios medievales, no se ha logrado establecer paralelismos, dado que, al parecer, las plantas de esa sección son composiciones de distintas partes de la sección "farmacéutica" y el agregado de detalles imposibles. La sección "biológica" no tiene ningún sentido, ni siquiera alquímico, y las interpretaciones de la sección "astronómica", más allá de algunas referencias más o menos obvias a los signos del Zodiaco, son simplemente especulativas.

El manuscrito Voynich
Se supone que el libro fue realizado en Europa dada la semejanza de formato y estilo con los de otros volúmenes contemporáneos. Algunos sitúan su lugar de origen en el norte de Italia debido a la presencia, entre sus dibujos, de un castillo con almenas "en cola de golondrina" originario de esa zona. Habría pertenecido al emperador Rodolfo II del Sacro Imperio Romano Germánico (1552-1612), que habría pagado alrededor de dos kilos de oro por él, y habría pasado tras su muerte a manos de Jacobus Horcicky de Tepenecz (o Sinapius, 1575-1622), alquimista y director de los Jardines Botánicos de Rodolfo en Praga. Su firma aún puede verse, muy desvaída, en el manuscrito. En 1622 pasó a George Baresch (1590-1665), otro alquimista de Praga y responsable de la biblioteca del emperador, quien en 1637 envió copias de algunos párrafos del misterioso texto al célebre jesuita alemán Athanasius Kircher (1602-1680) para ver si lo podía traducir, sin ningún resultado. Tras la muerte de Baresch el manuscrito fue legado a su amigo Jan Marek Marci (1595-1667), rector de la Universidad de Praga, que se lo envía directamente a Kircher junto a una carta en latín (que todavía estaba dentro del manuscrito cuando Voynich lo adquirió) que señala que el autor podría haber sido el célebre Roger Bacon.

En 1680 el libro fue almacenado, con el resto de las cosas de Kircher, en el Colegio Romano de los jesuitas (hoy la Pontificia Universidad Gregoriana), hasta que las tropas de Víctor Manuel II capturaron Roma en 1870, haciéndose con muchas propiedades eclesiásticas (incluyendo la biblioteca del Colegio Romano). Previendo tales acontecimientos, muchos de los libros fueron transferidos a las bibliotecas particulares de los jesuitas, que permanecieron intocadas. Eso ocurrió con el manuscrito Voynich, que todavía tiene el ex-libris (marca de propiedad) de Pieter Jan Beckx (1795-1887), el rector del Colegio en aquel momento. La colección de Beckx fue movida a Villa Mondragone, un palacio rural ubicado en la localidad de Frascati, a 20 kms. de Roma, adquirido por la Compañía de Jesús en 1866. En 1912, el Colegio Romano necesitaba dinero y vendió discretamente algunos de sus manuscritos; Voynich compró una treintena, incluyendo el misterioso ejemplar. Para 1914 el librero polaco ya vivía y trabajaba en Nueva York. Heredado en 1930 por su viuda, la escritora Ethel Voynich, el libro fue legado en 1960 a una amiga que al año siguiente lo vendió a otro librero y anticuario, Hans Kraus. Incapaz de encontrar un comprador para semejante incógnita, Kraus decidió donarlo en 1969 a la Universidad de Yale.

El manuscrito Voynich
Si bien la hipótesis de la autoría del filósofo franciscano inglés Roger Bacon (1214-1294) no ha sido tomada con mucha seriedad, algunos autores han especulado que las murmuraciones sobre tal autoría pudieron haber surgido del matemático inglés John Dee (1527-1608), admirador de Bacon que vivió varios años en Bohemia. Es más, ciertos autores consideran que el propio manuscrito pudo haber sido obra de Dee o de su compañero/escribiente, el medium Edward Kelley (1555-1597), un supuesto alquimista que hablaba con ángeles en una lengua que él denominaba "enoquiano". Se dijo que esos ángeles lo habrían llevado al cielo de visita, y que más tarde escribió un libro narrando su experiencia. Dado que trabajaba para Rodolfo II como alquimista, no resulta ilusiorio pensar que pueda haber creado el libro y habérselo vendido (sobre todo si se considera el precio pagado por él).

Si bien es un elemento demasiado complejo y elaborado como para ser un mero fraude (incluso a niveles semánticos detectables, hoy por hoy, merced a complejos análisis estadísticos), la opinión más extendida es que el manuscrito no es más que un engaño. De hecho, entre 1976 y 1978 el artista italiano Luigi Serafini demostró que con paciencia y habilidad es posible producir una obra semejante: su Codex Seraphinianus es un libro absolutamente fantasioso con imágenes misteriosas y un alfabeto y un idioma que han sido estudiados por los lingüistas durante décadas y aún no han podido ser comprendidos.

Sin embargo, ni estas teorías ni ninguna otra (falsificación del propio Voynich, broma a Kircher) poseen demasiadas pruebas a su favor y tienen varias en contra, comenzando con la datación de C-14.

El manuscrito Voynich
Existen numerosas versiones "decodificadas" y "traducidas" (algunas con demasiada imaginación) del manuscrito, y sus contenidos han sido interpretados muy libremente y vinculados, de acuerdo al gusto (o a la paranoia) de cada autor, a distintos acontecimientos históricos, sectas secretas, credos desconocidos o misterios mágicos. Como ocurre con otros textos similares –por ejemplo, el Códice Rohonc o Rohonczi–, quizás nunca se sepa su significado original. Quizás para eso mismo fueron creados: para agregar un toque de magia e imposibilidad a un mundo humano en donde todo tiene que ser explicado y en donde, por ende, todo resulta absolutamente previsible.

Libro. Versión digital del manuscrito Voynich, alta resolución.

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