24.9.13

Los discursos falaces y nuestro quehacer

Los discursos falaces y nuestro quehacer

Por Sara Plaza

Cuando hace unos días el presidente Barack Obama explicaba que Estados Unidos no es la policía del mundo, que en el planeta están sucediendo cosas terribles y que carecen de medios para corregir todo lo que está mal, pero que, no obstante, con esfuerzo y riesgo modestos, ellos pueden impedir que los niños sirios sean gaseados hasta morir y lograr así que sus propios niños estén más seguros a largo plazo, y que por eso cree que deben actuar, porque eso es precisamente lo que hace a Estados Unidos diferente, lo que los hace excepcionales, e insistió en que no deben perder de vista esa verdad fundamental, no pude evitar parpadear muchas veces ante la trascripción de sus palabras.

La excepcionalidad estadounidense tiene poco que ver con ser "el ancla de la seguridad global", como defendió en la misma intervención el actual inquilino de la Casa Blanca. En cambio, es inseparable de su industria de la mentira y la manipulación, es inseparable del espectáculo mediático, es inseparable de sus amenazas del uso de la fuerza y sus continuas violaciones del derecho internacional, es inseparable de su carácter de nación delincuente, es inseparable de su complicidad en golpes de Estado (Chile, Irán) y en la implantación de dictaduras (Guatemala, Congo, Indonesia), es inseparable de sus invasiones y ocupaciones (Afganistán, Irak)... Era Noam Chomsky, entrevistado en Democracy Now, quien mencionaba algunos de estos hechos y a quien no por habituales dejaban de llamar la atención las vergonzosas declaraciones de un licenciado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard, y la lamentable aceptación que tenían las mismas.

Continuando con su alocución, Barack Obama, el presidente que más inmigrantes ha deportado en la historia reciente de su país, el mismo que defiende, justifica y supervisa los ataques y las ejecuciones extrajudiciales con aviones no tripulados, el mismo que, a propósito del espionaje informático a sus conciudadanos y al resto del mundo, dijo aquello de que no se puede tener 100% de privacidad y 100% de seguridad, el mismo que protege a compañías como Monsanto eximiéndolas por ley de cualquier delito... no tuvo reparos en invitar a quienes lo estaban escuchando a ver los videos que circulaban por Internet mostrando el uso de armas químicas en Siria, pues estaba seguro de que después no podrían mirar para otro lado. Al ser preguntado por la manera tan gráfica como Obama pretendía convencer a quienes se oponían el ataque a Siria, Chomsky recordó que había otras muchas fotos que los estadounidenses podían buscar, por ejemplo las de los fetos deformados de los hospitales de Saigón décadas después de que J. F. Kennedy rociara con Agente Naranja los campos de Vietnam del Sur, las de los niños deformados de Fallujah, tras ser atacada por los marines en 2004... Y le pareció una broma de mal gusto el que Obama hablase de la legislación internacional cuando Estados Unidos, al ser condenado en 1986 por el Tribunal de la Haya por un uso ilegal de la fuerza en Nicaragua, se negó a reconocer la jurisdicción de esa Corte y vetó las resoluciones del Consejo de Seguridad que la ONU que llamaba a cumplir con las decisiones de la misma. Chomsky señaló que Estados Unidos prácticamente no ha firmado ninguna convención internacional y que las poquísimas que ha aceptado son aquellas que no le pueden ser aplicadas, porque ya se ha encargado de introducir algún tipo de reserva para auto-inmunizarse. Y volvió a incidir sobre lo sorprendente que debería resultar que un presidente de los Estados Unidos, que además es abogado constitucionalista, pueda decir las cosas que dijo sabiendo que los hechos demuestran justamente lo contrario. Y por lo mismo, sobre el cuadro de la realidad que presentó Barack Obama afirmó que ni siquiera merecía ser llamado un cuento de hadas.

Creo que es importante esa insistencia de Chomsky en que pese a lo habituados que podamos estar al relato fantástico que sobre la realidad tejen nuestros gobernantes, no debe dejar de sorprendernos su desvergüenza en el mentir ni todo lo que se callan. En esa misma línea, y aterrizando en el reino de España, creo que es fundamental que no normalicemos su desprecio por la vida. Creo que es esencial que nos escandalicemos, que protestemos y nos rebelemos cada vez que atentan contra la dignidad humana, destruyendo, limitando o hipotecando sus condiciones materiales y políticas. Así mismo, creo que es imprescindible que nos indignemos ante la persecución, la criminalización, la represión y las condenas brutales de las que están siendo objeto numerosos activistas [1], que nos solidaricemos con las voces más conscientes y más comprometidas, y que practiquemos la disidencia social y la desobediencia civil, al tiempo que damos la batalla contra la impunidad y repudiamos los indultos y las condecoraciones a torturadores [2] y corruptos.

Tenemos que recuperar nuestra capacidad crítica, cuestionar la inevitabilidad de las políticas, las reformas y los decretos que nos imponen, desacostumbrarnos a que nos roben derechos sin oponer resistencia [3], conocer la historia de las luchas a través de las cuales se conquistaron esos derechos [4], reconstruir la conciencia de clase [5] y "arrancar –literalmente– sus juguetes a millones y millones de suicidas" [6].

[1] La lista es larga y puede rastrearse a lo largo y ancho del territorio español no solo en el País Vasco que, como antes, sigue sufriendo el embate represivo del estado. A continuación se citan solo un puñado de los casos más recientes.
Sobre la persecución político-judicial contra el independentismo galego puede consultarse aquí, aquí y aquí.
Sobre la criminalización de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) puede consultarse aquí y aquí.
Sobre la represión contra el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) puede consultarse aquí.
Sobre el proceso contra la acción popular de los 4 tartalaris puede consultarse aquí.
[2] Los sucesores de Galindo, por Xavier Makazaga, investigador del terrorismo de Estado.
[3] "En un clima tormentoso lo normal debería ser tener un pararrayos. Nos están quitando los pararrayos y, en lugar de reclamar uno, reclamamos que se los quiten a los que todavía los conservan, como si esos pararrayos -y no el Zeus tonante que lanza los rayos- fuesen la causa misma de las tormentas. Es una locura, pero la combinación de políticas neoliberales, sindicatos claudicantes, consumismo suicida y represión llevan naturalmente a ella, antesala histórica de los fascismos". Santiago Alba Rico.
[4] "Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así una propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas". Rodolfo Walsh.
[5]"No se adquiere ni se logra por decreto, sino a partir de experiencias históricas, tradiciones y luchas políticas. Nunca está dada. Jamás preexiste. Se va construyendo a partir de los conflictos. La mayoría de las veces se genera a saltos. Cuando se logra, la clase trabajadora puede pasar de la necesidad económica a la voluntad política. La conciencia de clase es parte beligerante en la lucha de clases. Empezar a construirla es comenzar a ganar la lucha". Néstor Kohan.
[6] "Me temo que habrá que atravesar pruebas muy duras, como en los viejos cuentos, y sin tener jamás la certeza de que el sufrimiento, como en los viejos cuentos, nos garantizará la princesa prometida. Ese mundo “bonito, regular y aproximado” -frente al “bello, bueno y verdadero” que nos promete la publicidad y persiguen Monsanto, BP y el Pentágono- es el único posible. No hay otro posible para 7.000 millones de personas que comparten recursos finitos en un planeta vencido. Pero para llegar a él hay que arrancar -literalmente- sus juguetes a millones y millones de suicidas". Santiago Alba Rico.

Imagen.

17.9.13

Jugando con las palabras

Jugando con las palabras

Por Edgardo Civallero

En algún párrafo de "Music in Aztec and Inca Territory" [Música en el territorio azteca e inca], el recientemente fallecido musicólogo estadounidense Robert Stevenson explica que una de las fuentes de información más jugosas para el etnomusicólogo (en realidad, para el estudioso de cualquier rasgo cultural de una sociedad) son los diccionarios, gramáticas, artes, vocabularios y demás textos lingüísticos. Señala Stevenson que todo rasgo de la identidad y la cultura de un pueblo se refleja, casi obligatoriamente, en sus palabras. Poniendo en práctica su aseveración, exploró incansablemente los primeros manuales y listados de voces indígenas latinoamericanas (sobre todo los de náhuatl y quechua), buscando allí nombres de instrumentos, ritmos, géneros, bailes y cantos. Con lo que halló pudo hacerse una idea preliminar (y dárnosla a sus lectores) del pasado musical de los extensos territorios antaño controlados por Tenochtitlán y Cusco.

La técnica ha sido empleada por muchísimos investigadores modernos. En América Latina, un claro ejemplo lo presenta el chileno José Pérez de Arce en el catálogo "Música en la piedra". En las disciplinas arqueo- o etno-musicológicas, la revisión de diccionarios (antiguos y modernos) puede conducirnos al encuentro de instrumentos que en la práctica han caído en el olvido o en el desuso (y que los vocabularios aún recuerdan). O a descubrir la antigüedad de alguna práctica instrumental que considerábamos relativamente moderna, o las relaciones de los bailes actuales con otros antiquísimos. O a entrever la evolución de ciertos nombres a lo largo del tiempo (si se revisan las fuentes lingüísticas ordenadas cronológicamente). O a detectar, grosso modo, cuando cierta flauta o cierta forma de cantar desaparecieron...

Gracias a estos métodos de investigación de fuentes documentales lingüísticas, los intérpretes de sikus, las famosas flautas de Pan de doble hilera del Altiplano peruano-boliviano (y alrededores) saben que el vocablo siku es de origen aymara, y que puede rastrearse al menos hasta 1612, fecha en que se imprimió el primer vocabulario escrito en esa lengua ("Vocabulario de la Lengua Aymara", Ludovico Bertonio), que incluye "sico" en su listado. Algo similar ocurre con antara (flauta de Pan de hilera simple) o wank'ara (bombo) en quechua, que aparecen ya en las primera crónicas peruanas y en el vocabulario de Diego González Holguín ("Vocabulario de la lengva general de todo el Perv llamada lengva Qquichua o del Inca", 1608).

Los problemas surgen cuando se utilizan estas fuentes para buscar las raíces y los orígenes de tal o cual término en el marco de "investigaciones" que utilizan herramientas académicas o científicas para fines burdamente chauvinistas. Lamentablemente, no sólo la musicológica, sino también buena parte de la literatura antropológica de la última mitad del siglo XX en América Latina está plagada de estos ejercicios "etimológicos" que solo han logrado crear confusión y desinformación. Sería el hipotético caso de un autor que pretenda negar el más que comprobado origen aymara del término siku y construya una explicación que roce el ridículo para darle a la palabra un origen quechua. O guaraní. O muchik. O lo que convenga al caso... El desaguisado no se limita a una mala interpretación (totalmente intencional) de las fuentes documentales: sobre esa nueva explicación etimológica se suele construir una teoría y una historia alternativas, que suelen ser aprovechadas por ciertos círculos políticos, sociales o incluso intelectuales para apoyar determinadas posiciones o reclamos.

Un caso de este tipo es el de los investigadores ecuatorianos Piedad y Alfredo Costales, que realizaron numerosas investigaciones antropológicas y musicológicas a fines del siglo pasado en todo el territorio ecuatoriano. En sus descripciones de los instrumentos musicales del área andina decidieron evitar la etimología quechua de la mayoría de ellos y buscar las raíces de los nombres en lenguas pre-incaicas ecuatorianas... o en los supuestos derivados actuales de esas lenguas. ¿El motivo? Negar la evidente impronta que dejó, en territorio de Ecuador, la conquista incaica, e intentar revivir los patrones culturales existentes antes de la llegada de las huestes de Cusco.

De esta forma, en uno de sus trabajos, "Lo indígena y lo negro" (Instituto Andino de Artes Populares, Ecuador, 1995), uno puede leer a los Costales señalando los "crasos errores" de traducción e interpretación de prácticamente todos los autores que los precedieron (desde los primeros cronistas coloniales hasta investigadores contemporáneos) y buscando las raíces de las palabras que analizan en lenguas como el chachi/cayapa o el tsáchila. Las piruetas etimológicas que efectúan son tremendas, y más tremendas aún son las explicaciones creadas para sustentar tales piruetas y negar el origen quechua-cusqueño-incaico de ciertos rasgos culturales ecuatorianos actuales.

Veamos un ejemplo (p. 68)...

Pingullo
En Chachi pingu=luciérnaga; habla de agua, culebra y luciérnaga. En Zatchilá pílno=desleírse; pilú=invierno, creciente, pozo. Todas las grafías hablan de estar destinado dicho instrumento al culto del agua. Descompuesta la grafía, expresa en Zatchilá, haber estado destinado al baño purificatorio para envolver y embalsamar a los muertos...

El término pingullo, tal y como se emplea en Ecuador, es una adaptación del quechua pinkullu, utilizado a lo largo y ancho de toda la cordillera de los Andes (y, con adaptaciones, en las áreas de selva amazónica vecinas), y que figura como "pincullo" en el diccionario de González Holguín. El instrumento ha cumplido numerosas funciones (incluyendo las ceremoniales) entre las distintas comunidades indígenas de los Andes, aunque las que señalan los Costales no se encuentran entre ellas. Uno no puede dejar de preguntarse cómo llegan los autores a las conclusiones a las que llegan. Más que buscar explicaciones en las palabras, parecen buscar palabras que sustenten sus explicaciones.

Aunque quizás el colmo de los colmos sea descubrir, gracias a los Costales, que el término "ocarina" no es una palabra de origen italiano, como señalan todos los diccionarios y enciclopedias, sino que deriva del quechua waqarina ("llorar, llanto"). Probablemente nuestros autores lo hicieran derivar del quechua porque los diccionarios chachi y tsáchila no arrojaban ningún vocablo que se pareciera...

Lamentablemente, estas prácticas no quedaron limitadas al siglo pasado. Una teoría en circulación desde hace un tiempo en el mundo folklórico andino busca negar el origen castellano de la palabra "charango" indicando que el vocablo derivaría de la combinación del término aymara, chara ("pierna") con el quechua anku ("tendón"). Dejando de lado el hecho de que sería una de las pocas (sino la única) voz andina formada por palabras de dos lenguas distintas; de que el término chara se refiere a una pierna humana (o a una de ave) y no a la pata de un animal; y de que es demasiado evidente que los que idearon esta locura buscaron voces que se asemejaran al sonido "charango", ¿cómo se explica el significado de la supuesta palabra charanku, "tendón de pierna"? Al parecer, los primeros charangos utilizarían tendones secos como cuerdas... Un hecho que, evidentemente, no aparece secundado por ninguna fuente documental.

Sirvan estos ejemplos para señalar la necesidad de una metodología crítica, consecuente y reposada en el marco de las investigaciones sobre la cultura latinoamericana. Ya ha habido demasiada improvisación (basta revisar las etimologías que intentaron explicar los topónimos del noroeste argentino a mediados del siglo XX), y demasiadas teorías dibujadas solo para responder a unos criterios interesados que pocas veces tenían algo que ver con la verdad. Estamos hablando de nuestra historia, nuestra cultura, nuestra realidad. Vale la pena realizar el "esfuerzo" de ser meridianamente serios y responsables.

Imagen. Guaman Poma de Ayala, en "Nueva Corónica y Buen Gobierno" (ca. 1615).

10.9.13

El poeta y el gaitero

El poeta y el gaitero

Por Sara Plaza

Escuché la música de Liam O'Flynn antes de empezar a leer algunos poemas del recientemente fallecido Seamus Heaney. Ambos irlandeses, O'Flynn es originario del condado de Kildare, mientras que Heany lo era del de Londonderry (Irlanda del Norte). El primero, hijo de padre violinista y madre pianista, comenzó a tocar la gaita irlandesa (uilleann pipe) desde niño y hoy es uno de los máximos exponentes de la música tradicional de su país. El segundo, con antepasados granjeros por parte de padre y obreros de los telares de lino por parte de madre, no tardó en encontrar en su pluma la herramienta con la que sus manos cavarían, como antes lo habían hecho su abuelo y su padre con una pala, hasta convertirse en uno de los poetas más importantes en lengua inglesa (recibió el Premio Nobel de Literatura en 1995).

A principios del pasado mes de agosto, los reencontré juntos leyendo una entrevista en la que, a propósito de la publicación en 2003 del disco "The Poet & the Piper" junto a O'Flynn, y preguntado por la necesidad de devolver la poesía a su lugar de origen, Heaney respondía:

La calidad y potencia de la gaita irlandesa es tal que abre, prepara y propicia el terreno para la posterior llegada de la palabra poética. Suelo usar la analogía siguiente: La gaita es la artillería y la poesía, la infantería.

Sobre la presentación de ese disco en el National Concert Hall de Dublín, en marzo de 2008, estuve echando un vistazo a otro artículo, en el que se cuenta que el acto fue presentado por Heaney. El poeta bromeó con el público diciéndoles que no iban a ser tan afortunados como en aquella ocasión en que W. B. Yeats (una de las figuras más representativas del renacimiento literario irlandés) realizó una lectura musicada de algunos de sus poemas con motivo de la celebración del Día de San Patricio de 1934.

Según se explica en la nota, Heaney comenzó con "Digging" ["Cavar"], poema incluido en el libro Death of a Naturalist, cuyos versos saben a tierra y huelen a papa. Liam O'Flynn lo hizo con "Port na bPucaí" [algo así como "Música de las hadas"], una evocadora melodía de las Islas Blasket que, según la leyenda, empezó siendo soplada por la brisa marina y acabó enredada en las cuerdas de un violín.

A decir del autor de la reseña, los dos hombres parecían pequeños en un escenario preparado para acoger a una orquesta en el que simplemente había dos sillas y una mesa. Cuenta que la voz de Heaney resultó cercana y amable, y que éste leyó, o recitó, con un énfasis que recordó al oyente que la poesía escrita solo está viva a medias.

Al describir la música de O'Flynn hace referencia a aquella frase de Diderot en la que el enciclopedista francés compara la buena música con la lengua primitiva, pero aclara que el lenguaje con el que este maestro de la gaita recorre gran parte de la historia de Irlanda es sumamente delicado y elaborado. Sobre el instrumento explica que se trata de la uilleann pipe que le legara a O'Flynn su maestro Séamus Ennis, y que es una orquesta es sí misma, capaz de llenar el NCH con el sonido de un delicado batir de olas o de un maremoto. Y entre unas y otro O'Flynn fue desgranando las historias que hay detrás de la música: historias profundamente ligadas al terruño, de cómo fue compuesta y de los músicos que la tocaron.

En cuanto al repertorio, indica que O'Flynn interpretó aislings, canciones de un sueño o una visión; hornpipes como "The Humours of Castlebernard", de la colección musical de la hospitalaria y festiva residencia del conde de Bandon; y, por supuesto, los jigs y reels del hombre común y corriente. La pieza destacada fue "The Fox Chase", la única compuesta enteramente para gaita irlandesa, que incluye un melancólico lamento por el zorro en el medio.

De la actuación de Heaney resalta su conmovedora cercanía con el público, y de entre los poemas que leyó menciona "Oysters" de su obra Field Work (1979), que expresa el placer culpable que pasarlo bien en los setenta; "The Harvest Bow", donde recuerda a su padre trabajando con las manos; y "Mid-term Break", sobre la muerte de su hermano de cuatro años en 1953. A los versos se sumó el relato de los mitos del origen de la música de viento; el poeta narró cómo el sátiro Marsias desafió a un concurso musical a Apolo, y cuál fue el terrible castigo que le impuso el dios vencedor. Heaney finalizó con traducciones o adaptaciones de varios poemas del mirlo [blackbird poems], un tema tradicional de la poesía irlandesa; el último de ellos fue "The Blackbird of Glanmore", con el que también cierra su colección District and Circle (2006): "a bird’s eye view of myself, / A shadow on raked gravel / In front of my house of life" ["me veo a mí mismo a vuelo de pájaro, / Una sombra en la gravilla / Frente a mi casa de la vida"].

Se trata de un final triste, concluye el cronista, pero gran parte del arte irlandés está teñido de este tipo de tristeza.

Aquella tarde el gaitero y el poeta recibieron un cálido y agradecido aplauso del público, aplauso al que me sumo cada vez que tengo oportunidad de escuchar y leer a estos dos encantadores de la música y la palabra.

Algunas interpretaciones de Liam O'Flynn: Video 01, Video 02, Video 03.
Algunas lecturas de Seamus Heaney: Selección de videos, Documental.

Imagen. Obra de Eoin Ryan
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3.9.13

Lea usted...

Lea usted

Por Edgardo Civallero

Revisar revistas de hace un siglo no solo permite asomarse a las noticias, narraciones, fotografías e ilustraciones de aquella época, sino también a sus anuncios publicitarios. Uno puede entonces cometer la maldad de reírse ante las "novedades" ofertadas en esas páginas en blanco y negro. Por ejemplo, la del "Foto-revólver Krauss a película en carretes de 25, 50 o 100 exposiciones", que hoy, con suerte, nos mira desde las vitrinas de algún museo, o desde una página de subastas de antigüedades (en donde, por cierto, puede alcanzar los 3000 euros).

Lea usted
Uno también puede darse cuenta de que hay ciertas publicidades que parecen acompañarnos desde el minuto cero de la historia humana. Como la de este "Elixir estomacal de Sáiz de Carlos", que estaba "de venta en las principales farmacias del mundo"... y también en Serrano 30, Madrid, lugar en el que don Ramón Sáiz de Carlos instaló su laboratorio y una de las mejores farmacias de la capital española.

Lea usted
O la del "Delgadose Pesqui" (del laboratorio Pesqui de San Sebastián, España), el mejor remedio para adelgazar, que "no perjudica a la salud. Sin yodo ni derivados del yodo ni thyroidina", y que se vendía "al precio de 8 pesetas el frasco".

Lea usted
En algunos campos la competencia publicitaria parecía estar bastante reñida. Uno de ellos era el tecnológico...

Lea usted
¿Recuerdan esas máquinas de escribir? Pues las máquinas Underwood (en la actualidad, piezas por las que los coleccionistas llegarían a matar) vendidas en España por las numerosas sucursales de don Guillermo Trúniger tenían su competencia, por ejemplo, en las máquinas Corona, que se ofrecían "al contado a 550 pesetas"... de entonces.

Lea usted
En el ámbito de la fotografía, la competencia era feroz. Al foto-revólver Krauss se sumaban las máquinas Goerz, con las que "obtendrá Vd. fotografías iguales a las mejores contenidas en esta revista". Lo cual ya era decir bastante...

Lea usted
Las cámaras de fotografía instantánea de Kodak (conocidas hoy como Polaroid) también buscaban su nicho. No pierdan detalle de la fotógrafa, en segundo plano de la ilustración...

Lea usted
Por supuesto, no podían faltar los anuncios de automóviles. "Los automovilistas más exigentes quedan absolutamente satisfechos con el nuevo Packard Single Six, ya sea como coche para deporte, o como coche elegante de paseo. La marca Packard ha significado siempre calidad suprema de mano de obra. Este último modelo confirma su reputación, y su precio moderado, como automóvil fino, es una revelación sin precedentes". Packard dejó de producir coches en 1958. En España, los que gustasen podían acercarse al Paseo de Gracia, en Barcelona, para ver los modelos...

Lea usted
¿Pensaban que no había anuncios destinados al público femenino en particular? Se equivocan. Ya Colgate hacía de las suyas por entonces.

Lea usted
Si en el anterior explica que "la mujer española, siempre alegre y risueña, gusta del uso de la crema dentífrica Colgate. Ella sabe que sus dientes blancos y brillantes añaden mayor encanto a su hermosura", en el siguiente indica que "la mujer francesa, que viste con singular buen gusto, sabe que a los atractivos de su gracia y donaire debe unir los de unos dientes brillantes y perfectos".

Lea usted
Pero no solo de dientes blancos y brillantes presumían las mujeres de la época, al parecer; la pulcritud era parte de su elegancia. Y si no, que se lo digan a la Perfumería Gal de Madrid, ofreciendo sus pastillas de jabón Heno de Pravia...

Lea usted
Y para las mentes inquietas, publicidad de libros, generalmente iniciada con un "Lea usted..." que se ha ganado mis aplausos. Aunque viendo las temáticas que el tal "Caballero Audaz" (seudónimo del escritor y periodista José Maria Carretero Novillo) abordaba en sus novelas, dudo mucho que hubieran sido de mi gusto (por mucho que las tradujera al francés la aún importante editorial Flammarion de París).

Lea usted
Tras echar un vistazo a la publicidad gráfica actual, en donde individuos deformados por patéticos retoques de Photoshop intentan vendernos, de acuerdo a estrictas "reglas de mercadotecnia", cosas inútiles sin las cuales nuestra vida estaría totalmente vacía y carente de sentido, y modelos de comportamiento orientados únicamente a mantener funcionando la máquina del capitalismo salvaje, me quedo mil veces con la publicidad de la vieja escuela de principios de siglo. Esa que no ahorraba palabras para decir las cosas, ni ocultaba sus intenciones (por despreciables que fueran) bajo melosas metáforas. Esa que aún conservaba ciertas buenas maneras en sus mensajes. Esa que, al menos, me hace sonreír cuando la leo y me permite jugar a los arqueólogos. Aunque sea sobre papel.

[Todas las imágenes han sido tomadas de un volumen encuadernado de ejemplares de 1923 de la célebre revista gráfica española de información general "La esfera" (1914-1931). El voluminoso tomo fue rescatado de un sótano semi-inundado y mohoso hacia 2003, y aún conserva, por desgracia, algunas marcas de sus desventuras, incluyendo muchas hojas onduladas por la humedad. Dado el enorme tamaño de cada hoja, fue imposible escanear las imágenes, debiendo ser fotografiadas y retocadas].