25.6.13

Voces, voces, voces...

Voces, voces, voces...

Por Edgardo Civallero

Hay algo extrañamente mágico en los archivos sonoros, de tradición o de historia oral. Al recorrer sus registros, uno se tropieza con retazos de canciones y ritmos, de voces de individuos o de comunidades enteras, incluso con paisajes sonoros completos. Es como abrir un paquete en cuyo interior se mantuviera, congelado e intacto, un instante del pasado que se desplegara ante nosotros. Es algo mucho más vívido que pasearse ante las vitrinas de un museo: en ellas, la vida se ha detenido para siempre, mientras que los sonidos dan la ilusión de que esa vida, de alguna manera, sigue latiendo. Uno se asoma a tiempos pretéritos a través de un pequeño orificio y encuentra hilachas de conversaciones, de risas, de cánticos y poesías...

Uno de los archivos sonoros más reconocidos internacionalmente es el del etnomusicólogo estadounidense Alan Lomax (1915-2002), uno de los mayores especialistas en folklore y música popular del siglo XX. Lomax no solo estudió detalladamente la música de raíz de los Estados Unidos, su tierra natal, sino que recorrió buena parte del mundo (desde el Caribe hasta Afganistán, y desde Escocia a Marruecos) recolectando sonidos y otros pedacitos de realidad que se dejaran atrapar en sus cintas y carretes. No solo grabó canciones; también historias, "ambientes", descripciones, opiniones... Y fotografió el contexto de sus registros, documentando todo con imágenes.

Lomax estuvo en España entre 1952 y 1953, recorriendo todo el país (en aquel entonces bajo el régimen franquista) y registrando la música tradicional con el apoyo de la BBC y la ayuda de personajes como Julio Caro Baroja e instituciones como Radio Nacional. Los archivos relacionados con España incluyen vaqueiradas gallegas, jotas aragonesas y navarras, romances extremeños, añadas asturianas, tarantas y saetas andaluzas, alboradas leonesas, cantos de trabajo baleares, dantzak euskaldunes, salves murcianas, cantos valencianos, fandanguillos manchegos y villancicos cántabros, e instrumentos de todo tipo, como gaitas, dulzainas, pitos, panderos y panderetas.

Voces, voces, voces...
Pero quizás lo más interesante sean los fragmentos de grabación que Lomax guardó a propósito bajo el título de "Ambiance" (Ambiente), y que reflejan los sonidos, conversaciones y pruebas de instrumentos inmediatamente anteriores a algunas de las tomas "buenas" del musicólogo. En Bollullos de la Mitación (Andalucía, septiembre de 1952), una grabación recoge ese "ambiente", en donde destaca un "¡Callarse la boca ya!". En Bormujos (Andalucía, septiembre de 1952) ocurrió algo similar. En esa misma localidad, Lomax recolectó las conversaciones de unas muchachas que se preparaban para cantar y se animaban entre ellas y los gritos cantados de un vendedor callejero de fruta llamado Anastasio Ruiz.

En el mercado de San Agustín de Granada, en septiembre de 1952, Lomax se hizo con muchísimos gritos de puesteros y vendedores ambulantes. Ejemplos son los del colchonero José Fernández, los de la vendedora de higos Valentina Hago, los del comprador de trapos viejos Tomás Martínez o los de un anónimo comprador de lana vieja.

Posiblemente una de las grabaciones más bonitas realizadas en el mercado granadino sea el toque de flauta de Pan de Manuel Muñoz.

En cuanto a flautas de Pan, el archivo de Lomax conserva el toque de "chifro" de uno de los últimos castradores de cerdos del norte de España: José María Rodríguez. Las grabaciones fueron registradas en Faramontaos (Orense), en noviembre de 1952.

Los archivos de Alan Lomax han sido puestos en línea a través del centro de investigaciones de la organización estadounidense que él fundara en 1983, Association for Cultural Equity (ACE). Buena parte de sus grabaciones pueden accederse vía Internet; muchas de ellas vienen acompañadas de testimonios gráficos y todas cuentan con fichas que proporcionan valiosa información sobre informantes, ritmos, instrumentos y sitios.

Vale la pena darse una vuelta, de vez en cuando, por un archivo sonoro... No hay máquina del tiempo más a mano. Ni biblioteca que deje mejor sabor de boca. Una verdadera conexión con los suspiros, risas y tarareos de nuestro pasado inmediato.

Imagen 01. Rabelista de Castilla-La Mancha. Del archivo fotográfico de Alan Lomax.
Imagen 02. Niños de Castilla-La Mancha tocando zambombas. Del archivo fotográfico de Alan Lomax.

18.6.13

Requerimiento de 2013

Requerimiento de 2013

Por Sara Plaza

A 500 años del Requerimiento de 1513 (que, de acuerdo a las Leyes de Burgos, el conquistador español debía leer a los indígenas americanos en sus acciones de "descubrimiento" y conquista), acaba de aparecer una versión multilingüe, revisada y moderadamente actualizada, dirigida a todos los públicos. En el reino de España, por ejemplo, se está procediendo a su lectura por capítulos en la rueda de prensa de los viernes, tras el Consejo de Ministros.

De parte del rey, Don Mercado; de su hija, Doña Agencia de Calificación, reina de las Bolsas de Valores y los Índices de Referencia; de los infantes FMI, Banco Mundial y BCE; la infantas OMC y OTAN, domadores de dictaduras y democracias formales por igual; nosotros, sus siervos, os notificamos y os hacemos saber, como mejor podemos,

Que el Capitalismo nuestro Dios, uno y eterno, creó el cielo y la tierra, y un hombre y una mujer, de quien nos y vosotros y todos los hombres del mundo fueron y son descendientes y procreados, y todos los que después de nosotros vinieran. Mas por la muchedumbre de la generación que de estos ha salido desde hace cinco mil y hasta más años que el mundo fue creado, fue necesario que los unos hombres fuesen por una parte dueños de los medios de producción y especulación, otros vendiesen su fuerza de trabajo y el resto engrosasen las filas del ejército de desempleados, y se dividiesen por clases y subclases, que en una sola no se podían sostener ni conservar.

De todas estas gentes, el Capitalismo nuestro Dios dio cargo a uno, que fue llamado San Liberalismo, para que de todos los hombres del mundo fuese señor y superior a quien todos obedeciesen, y fuese cabeza de todo el linaje humano, dondequiera que los hombres viviesen y estuviesen, y en cualquier ley, secta o creencia; y dióle a todo el mundo por su Reino, señorío y jurisdicción. Y San Liberalismo mandó poner su silla en los Consejos de Administración de las Multinacionales, como en lugar más aparejado para regir el mundo, más también permitió que su silla pudiese estar en cualquier otra parte del mundo para juzgar y gobernar a todas las gentes, precarios, eventuales, desempleados, inmigrantes, becarios, dependientes, pensionistas, o de cualquier otro colectivo que fueren. Desde ese sillón se abogó por la Libre Competencia, que quiere decir intercambio generalizado de hambre y mercancías, desregulación del capital financiero y privatización de los bienes comunes.

A este San Liberalismo obedecieron y tomaron por señor y superior del universo los que en aquel tiempo vivían, y así mismo han tenido a todos los otros que después de él fueron elegidos para defender el Saqueo de lo Público para Beneficio Privado, y así se ha continuado hasta ahora, y continuará hasta que el mundo se acabe.

Uno de los ocupantes pasados de aquel sillón, como señor del mundo hizo donación de este estado que se dice Social y de Derecho a los dichos rey Don Mercado y reina Doña Agencia de Calificación y sus sucesores en estos Reinos, con todo lo que en él hay, según se contiene en ciertas Reformas, Recortes y Ajustes que sobre ello pasaron, según se ha dicho, que podréis ver si quisieseis.

Así que sus Majestades son reyes y señores de este estado que se dice Social y de Derecho por virtud de la dicha donación; y como a tales reyes y señores han recibido a sus Majestades algunos estados más y casi todos a quien esto ha sido notificado, y los han obedecido y servido y sirven como los súbditos lo deben hacer. Y con buena voluntad y sin ninguna resistencia y luego sin dilación, como fueron informados de lo susodicho, obedecieron y recibieron a los hombres de negro que sus Altezas les enviaban para que les predicasen y enseñasen nuestra Santa Fe en la Austeridad, y todos ellos, de su libre agradable voluntad, sin premio ni condición alguna, se tornaron estados intervenidos y lo son, y sus Majestades los recibieron alegre y benignamente, y así los mandaron tratar como a los otros súbditos y vasallos; y vosotros sois tenidos y obligados a hacer lo mismo.

Por ende, como mejor podemos, os rogamos y requerimos que entendáis bien esto que os hemos dicho, y toméis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuere justo, y reconozcáis a la Mercantilización por señora y superiora del universo mundo, y al Sumo Interés, llamado Libre Competencia, en su nombre, y al rey Don Mercado y a la reina doña Agencia de Calificación, nuestros señores, en su lugar, como a superiores y reyes de este estado que se dice Social y de Derecho, por virtud de la dicha donación, y consintáis y deis lugar que estos hombres de negro os declaren y prediquen lo susodicho.

Si así lo hicieseis, haréis bien y aquello a que sois tenidos y obligados, y sus Altezas y nos en su nombre os recibiremos con todo amor y caridad, y os dejaremos tranquila vuestra prima de riesgo, para que de ella y de vosotros hagáis libremente lo que quisieseis y por bien tuvieseis dentro de los límites de déficit y deuda pública, y no os compelerán a que os tornéis estados intervenidos, salvo si vosotros, informados de la verdad, os quisieseis convertir a nuestra Santa Fe en la Austeridad, como lo han hecho casi todos los vecinos de los otros estados que se dicen Sociales y de Derecho, y allende de esto sus Majestades os concederán beneficencia y caridad, y os harán muchas mercedes.

Si no lo hicieseis, o en ello maliciosamente pusieseis dilación, os certifico que con la ayuda del Capital Privado, nosotros entraremos poderosamente contra vosotros, y os haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia del Modelo Neoliberal y de sus Majestades, y tomaremos vuestras personas y vuestra prima de riesgo y los haremos esclavos, y como tales los venderemos y dispondremos de ellos como sus Majestades mandaren, y os tomaremos vuestros bienes comunes, y os haremos todos los males y daños que pudiéramos, como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen;
y protestamos que las muertes y daños que de ello se siguiesen sea a vuestra culpa y no de sus Majestades, ni nuestra, ni de estos antidisturbios que con nosotros vienen.

Y de como lo decimos y requerimos, pedimos al presente notario que nos lo dé por testimonio signado, y a los presente rogamos que de ello sean testigos.

11.6.13

Cosas que madre solía hacer...

Cosas que madre solía hacer

Por Edgardo Civallero

El sitio web Forgotten Books me ha regalado varias sorpresas últimamente. Una de ellas fue un libro, "Things Mother Used to Make: A Collection of Old Time Recipes, some nearly One Hundred Years Old and Never Published Before" [Cosas que madre solía hacer. Una colección de viejas recetas, algunas con casi un siglo de antigüedad y nunca publicadas antes], escrito por Lydia Maria Gurney en 1913 y publicado en Nueva York por The MacMillan Company. Gurney describe así el objetivo de su libro.

Consiste en recetas de la vieja escuela, que han sido transmitidas en su mayor parte de boca en boca, de una generación a otra, a lo largo de un periodo de casi cien años. La autora, originaria de Nueva Inglaterra, ha probado en su cocina la mayor parte de estas recetas, que representan la mejor cocina de todos los tiempos.

El volumen contiene un sabroso compilado de preparaciones culinarias de todo tipo, todas ellas con el toque indiscutible de la cocina hogareña de siempre. Al final, cuenta con un "Apéndice" que resulta, quizás, la parte más curiosa e interesante del volumen, sobre todo para aquellos que no nos dedicamos a la gastronomía. Básicamente, el apéndice recopila viejos consejos y trucos caseros...

Para mantener sus manos blancas.

Tenga un pedazo de limón en su baño o cocina. Le quitará manchas de las manos.

Algunos ya no son necesarios... aunque nunca se sabe...

Para conservar huevos.

En verano, cuando son baratos, compre una cantidad suficiente de huevos recién puestos. Para que duren hasta el invierno, tome una parte de vidrio líquido y nueve partes de agua fría que haya sido previamente hervida, y mézclelas bien. Coloque los huevos en una bandeja honda y vierta sobre ellos la mezcla anterior, hasta que los cubra en una pulgada. Los huevos aguantarán seis meses, si están perfectamente frescos cuando se los empaqueta de esta suerte, y no tendrán sabor extraño alguno, a diferencia de lo que ocurre cuando se los conserva en agua de cal.

Los hay realmente curiosos...

Para eliminar olores desagradables de la casa.

Esparcir café recién molido o un poco de azúcar en una plancha de carbones al rojo. Es un buen desinfectante.

...y los hay más curiosos todavía...

Cáscaras de cebolla como tintura.

Si desea obtener una tintura amarilla, guarde las cáscaras de las cebollas. Teñirán la telas blancas de un tono amarillo vivo.

Evidentemente, siempre están los que apelan al sentido común...

Un uso para el vinagre de los encurtidos.

Cuando ya no queden encurtidos en sus tarros de vidrio, no tire el vinagre en el cual se los conserva. Úselo para aliñar las ensaladas. Es mucho mejor que el vinagre solo, debido al sabor que posee.

...y otros que apelan a un sentido común... de antaño.

Para suavizar botas y zapatos.

Frótelos con querosén. Los zapatos durarán más si se los frota con la grasa que gotea del cordero al asarlo. La gente de antes siempre usaba sebo de carnero para los zapatos de los niños.

Finalmente, el "Apéndice" incluye una descripción que retrotrae a antiguas novelas y películas de época...

La manera adecuada de barrer una habitación.

Limpie de polvo el mobiliario y muévalo a otra habitación. Limpie de polvo los adornos y las cosas pequeñas y colóquelas sobre la cama, si está en un dormitorio, o en una mesa, si está en otra habitación. Cepille las cortinas, bájelas y extiéndalas sobre la cama o sobre una mesa. Cúbralas con una sábana, junto a los adornos. Humedezca un periódico, desmenúcelo en pedacitos pequeños y espárzalos sobre la alfombra. Ahora usted está lista para barrer.

Barra toda la suciedad hacia el centro de la habitación. Barra las esquinas con una escobilla pequeña. Mueva cada mueble que no haya sido trasladado, para que no quede suciedad debajo de ellos. Abra las ventanas antes de barrer. Cuando el polvo se asiente, tome un balde de agua caliente, disuelva en él una cucharadita de amonio, y con un paño limpio empapado en esa mezcla limpie las ventanas, espejos y cuadros; pula luego con un trapo seco. Elimine todas las marcas de dedos de puertas y mesas.

Ahora, si el suelo está alfombrado, tome un balde de agua limpia con amonio y con un pequeño cepillo, frote toda la alfombra para quitar el polvo y avivar los colores. Vuelva a colocar el mobiliario, los adornos y las cosas pequeñas y las cortinas, y su habitación habrá quedado perfectamente limpia. Manteniéndola cuidada, solo será necesario realizar esta limpieza una vez cada dos o tres semanas.

Los trucos caseros y recetas hogareñas de ese ayer no tan lejano no han desaparecido; solamente se han adaptado a los nuevos tiempos y a las nuevas necesidades. Basta revisar los cientos de libros, revistas y sitios web actualmente dedicados a esa materia. No hay nada nuevo: lo mismo de siempre, pero con otros materiales.

Sin embargo, es realmente emocionante encontrar que, en algunos casos concretos, nuestras costumbres no han cambiado en absoluto a lo largo de dos siglos. Todavía podemos reconocernos, hoy por hoy, en los viejos párrafos de un libro para amas de casa de mediados del siglo XIX o de principios del siglo XX... Reconforta comprobar que eso que llaman "progreso", con sus cachivaches eléctricos y su barata y continua aplicación de la ley del mínimo esfuerzo ("todo es más fácil y más rápido"), no ha logrado despojarnos de toda nuestra identidad; esa que, de vez en cuando, gustaba de ensuciarse las manos.

4.6.13

Celebrar la tierra, la vida y la alegría

Celebrar la tierra, la vida y la alegría

Por Sara Plaza

Lenta pero viene. Despacio, muy despacio se va aproximando. Avanza dubitativa y amaga con volver sobre sus pasos. En la estela de la tormenta aparece un rayito de sol. Al caer la tarde chillan enloquecidos los mirlos. Cada mañana pare un arco iris y siguen encogiéndose las noches.

Diga lo que diga el calendario, en esta esquinita del mundo recién estamos estrenando la primavera. Aún queda nieve en las cimas de las montañas, pero el cauce de los arroyos empieza a disminuir poco a poco, y ya no brillan los espejos de agua sobre las piedras. Los caminos huelen a cantueso, a retama y a tomillo. Un mar verde se extiende a ambos lados de la carretera y por encima de los muros asoman las lilas.

Llega tarde y marcha enseguida. Por eso, como la protagonista de la historia I’m in charge of celebrations de la autora estadounidense Byrd Baylor, me encargo de celebrar su estancia fugaz recorriendo mis trochas favoritas. Mis otras celebraciones incluyen hacer pequeños ramos de flores silvestres, acariciar la hierba, los troncos de los árboles y las hojas recién nacidas; observar el trajín de las hormigas, las carreras de las lagartijas, los equilibrios de los verdecillos en las ramas más altas de los fresnos; escuchar los arroyos, el canto del cuco y el crotoreo de las cigüeñas; remover la tierra con la azada, abonarla, cavar surcos, sembrar y arropar los plantines con ramitas de jara para que no tiriten de frío bajo la lluvia en forma de escarcha y granizo.

La anfitriona de las celebraciones en el libro de Baylor lo contaba así:

He dejado mi Celebración de Año Nuevo para el final.

La mía es un poco diferente de la de la mayoría de las personas.

Es en primavera.

Para ser sincera, nunca me gustó que mi nuevo año comenzara el 1 de enero.

Para mí, ese es otro día de invierno cualquiera.

Yo dejo que mi año empiece cuando termina el invierno y amanece más temprano, como debería ser.

Es cuando me apetece empezar de nuevo.

Espero hasta que las palomas blancas regresan de México, y las flores silvestres cubren las colinas y florecen mis cactus favoritos.

Me recuerda que yo también tengo que florecer.

Y es entonces cuando comienzo a planear mi Celebración de Año Nuevo.

Tengo que elegir el día perfecto.

Incluso el aire tiene que ser perfecto, y la tierra estar caliente bajo mis pies descalzos.

(Generalmente, es un domingo a finales del mes de abril.)

Tengo un tambor que toco para indicar que ha llegado El Día.

Luego me voy a andar por ahí, siguiendo todos mis senderos favoritos hasta todos los lugares que me gustan.

Compruebo cómo está todo.

Paso el día admirando cosas.

Si la vieja tortuga del desierto que conozco del año pasado anda por ahí, la sigo un rato.

Festejo con los falsos camaleones y los cuervos y los lagartos y la codorniz…

No es una mala fiesta.

Caminando de vuelta a casa (tarareando), algunas veces pienso en esa gente que me pregunta si me siento sola aquí.

No puedo evitar reírme a carcajadas.

No lo puede evitar porque no entiende que la gente le pregunte todo el tiempo si no se siente sola viviendo rodeada de desierto. Y no lo entiende porque ahí están "las quebradas y los nidos de los halcones en los riscos y las sendas de los coyotes que serpentean entre las colinas", y también los diablos del polvo, y las liebres contemplando arco iris triples, y las nubes verdes con forma de cotorra, y las estrellas fugaces enloqueciendo el firmamento... Ella es la encargada de anotar en un cuaderno esos momentos de los que no se tiene que olvidar y que merecen una celebración. Y aclara: "Se sabe que algo merece una celebración porque el corazón te late con fuerza, y te sientes como si estuvieras en lo alto de una montaña y al aguantar la respiración estuvieras respirando una clase nueva de aire".

Yo también tengo un cuaderno en el que año tras año voy escribiendo los distintos pasos de mi andar arañando la tierra. Y cada vez que una semilla germina y asoma en el surco una planta nueva, siento algo parecido y me entran unas enormes ganas de reír.

Imagen. "The Vegetable Garden with Donkey" del artista Joan Miró.