26.3.13

Solidaridad intelectual

Solidaridad intelectual

Por Sara Plaza

En una hermosa, emocionante y absolutamente inspiradora entrevista de la Guerrilla Comunicacional a la maestra cubana Leonela Relys, esta admirable mujer contaba:

El principio en la relación número letra está dado por la asociación cognitiva: partir de lo conocido, que es ese número que ya estudiamos, para ir a lo desconocido, que es ese fonema que es el que desconoce. Entonces los pasos son número, fonema o letra, imagen, porque una imagen da una confianza extraordinaria en el aprendizaje. Cuando él ve una imagen de una casa, él no sabe que debajo dice "casa", pero sí, rápidamente, dice "casa", y le estoy dando confianza y estoy contribuyendo a elevar la autoestima de esa persona, que es otro padecimiento que tiene, prejuicio, baja autoestima, y ya desde que él está diciendo "casa" casi todos creen que saben leer.

Bueno a mí me gustaría definir qué es el analfabetismo. El analfabetismo es una consecuencia de los problemas de orden social, es decir, el analfabetismo existe porque existen inequidades e injusticias sociales, y existe porque no hay educación para todos en todos los lugares. Por tanto, el analfabetismo es una consecuencia de un problema social. Y el analfabetismo es un fenómeno muy complejo, extremadamente complejo, porque atiende a una diversidad muy heterogénea y requiere de un tratamiento muy diferenciado de acuerdo con su carácter también relativo: hay lugares donde existe un determinado tipo de analfabetismo, de acuerdo con el desarrollo que tenga el lugar. Por tanto, el analfabetismo es ese fenómeno socio-educativo complejo, relativo, heterogéneo, es una consecuencia de que no exista realmente educación para todos, ni que exista igualdad social. Igualdad en el sentido de que todos tengan acceso y posibilidad de estudiar y de prepararse para poder enfrentar y transformar el mundo en que se vive. Por tanto, los seres humanos que padecen de analfabetismo no están en igualdad de condiciones para realizar en la sociedad determinadas tareas, no pueden practicar sus derechos políticos, no pueden practicar sus derechos sociales y, por supuesto, con respecto a la cultura, tampoco. Entonces están siendo excluidos política, socialmente y culturalmente.

Los sistemas educativos, en general, en el mundo capitalista son sistemas educativos excluyentes. Y al ser excluyentes siempre hay una población que no tiene la posibilidad, el acceso al estudio, a la preparación. Por tanto, [ante] esta situación (y se ha planteado desde el año 1965 por la UNESCO), se está planteando la necesidad de que exista en todos los países del mundo educación para todos. Pero esto es más marcado en los países capitalistas donde estamos viendo que están surgiendo indicadores de analfabetismo, que no son más que el resultado de esos rezagos educativos que van ocurriendo debido a la falta de oportunidades: como no existe oportunidad para todos, de igual forma, por tanto, siempre hay una población excluida, y al ser excluida es una población que no accede a la educación. Y algo que quería destacar, esto es un problema que va más allá de tener conocimientos y cultura. El que no exista educación para todos es un caldo de cultivo para la violencia, es un caldo de cultivo para una juventud deformada, es un caldo de cultivo para la delincuencia. Por tanto, mi llamado es a que todos los países del mundo, especialmente estos llamados países capitalistas, donde primero está el capital y no el ser humano, sientan mucha más ocupación y preocupación por la educación de sus niños y jóvenes para poder garantizar la vida de forma pacífica en sus países. Convivir en armonía, convivir en afecto, convivir en amor y en desarrollo, pero para todos.

"Yo, sí puedo" nace a partir de una idea de nuestro querido Fidel en el año 2001, en el que nos encargó hacer una cartilla muy pequeña, porque el problema económico está muy marcado en el mundo, y era necesario que Cuba, a partir de esa deuda que tenía de solidaridad con otros pueblos, pudiéramos ayudar a otros países que tienen este problema del analfabetismo. El "Yo, sí puedo" primero que todo sigue el principio de nuestra campaña del 61 de querer eliminar de la faz de la tierra ese grave problema. Luego, quisiera destacar, que el "Yo, sí puedo" tiene su génesis en la República de Haití, donde durante dos años estuvimos desarrollando labores de colaboración internacionalista en alfabetización por radio. Por lo que nuestro agradecimiento con ese pueblo es muy grande porque nos permitió comprender bien cómo los medios audiovisuales, la radio, la televisión y otros medios son fundamentales para la educación de un pueblo, y cuánto pueden ayudar si están bien orientados y están bien dirigidos a desarrollar una buena campaña de alfabetización. En Haití aprendimos nuevamente, de forma mucho más marcada, la relación que tiene el analfabetismo con la pobreza, con el hambre, con la miseria, con la pobreza extrema, con la insalubridad; cómo el analfabetismo no es un problema que solamente uno puede decir "es que no sabe leer y escribir", va más allá de eso. Por eso tenemos que el analfabetismo está estrechamente relacionado y asociado con la pobreza, con la miseria, con la violencia, con los problemas que existen en la biodiversidad, los problemas que existen ambientales, está muy relacionado. Entonces en Haití comprendimos perfectamente, allí, en el terreno, cuánto hay que hacer en el orden social para poder eliminar el analfabetismo desde el punto de vista pedagógico. Entonces, con el "Yo, sí puedo" ha existido una posición, o pudiéramos decir, ha existido un principio básico que ha sido el principio de solidaridad, pero basándonos en la solidaridad intelectual. Por eso siempre tenemos que decir "Yo, sí puedo" es de todos, porque si lo hicimos en quechua, quienes aportaron la cultura y la lengua son los quechuas; si lo hicimos en suahili para Tanzania, quienes aportaron la cultura y la lengua fueron los tanzanos, y así sucesivamente. Por eso es que este es un programa eminentemente colectivo, y siempre digo que es de millones de personas: tiene mamá, tiene papá, pero tiene tíos, primos, medios hermanos, tiene muchísimas cosas el "Yo, sí puedo".

Te quisiera decir que en Haití la primera palabra que aprendí en lengua creole fue "grangú". "Grangu" significa hambre, esa fue la primera palabra. Es decir, que las personas que no saben leer y escribir en Haití, lo primero que te decían era "¿y cuánto me van a pagar?", "¿y quién me va a dar de comer?", porque realmente volvemos a ratificar que el analfabetismo está estrechamente relacionado con la pobreza. Entonces, el analfabeto no entiende bien porqué tiene que aprender a leer y escribir, porque su esencia de vida no es la lectoescritura, su esencia de vida es garantizar la alimentación a su familia, eso es una realidad. Entonces, en Haití se está avanzando mucho en estos momentos, pero nos hemos demorado por todas estas dificultades que ha enfrentado el país. Mira yo tengo una experiencia en Haití que no quisiera dejar de decirla: hay una persona que se me acerca, llamado Lugier Kuakú, y me dice "¿yo podré aprender a leer y escribir?", digo "¿por qué no?", y dice "porque es que yo tengo sesenta y cuatro años, y ya yo voy a morir". Es decir, la esperanza de vida de Haití no rebasa los cincuenta años. Cuando le entregamos el lápiz a este hombre, lo tomó y apoyó el lápiz por la goma para escribir. Estamos hablando del siglo XXI. Siglo XXI, que una persona no sepa cómo se toma un lápiz o cómo, qué parte del lápiz tiene el grafito para escribir, y eso lo vivimos en Haití. En Haití vivimos que cuando estábamos alfabetizando había personas que caían muertas, pero no porque se les hubiese acabado la vida, es porque llevaban días sin comer. Entonces, ¿quién puede priorizar alfabetizarse con el estómago vacío? Por eso, una vez más, ratifico que estos problemas están estrechamente relacionados, son indisolubles, están asociados, eso lo ha definido muy bien Fidel.

Haití tiene una característica y es que es un país, por todos los aspectos, muy atacado, atacado hasta por la naturaleza. Entonces, nosotros en Haití logramos un resultado inicial, pero no hemos llegado a nuestras expectativas. Hoy se está trabajando muy fuerte con el ALBA, con el apoyo de Venezuela, con el apoyo de Brasil, con el apoyo de diferentes países, para ver cómo podemos sacar este indicador tan alto de analfabetismo. Pero en realidad, los resultados no han sido todo lo que hemos esperado. Sin embargo, ya hay más de 100.000 personas en Haití que han aprendido a leer y escribir.

La mujer es el centro de la familia. Quien primero va trasladando la lengua materna, la cultura, los valores, los modos de proceder, los sentimientos es la mujer. Por eso, la madre, la mujer es el centro de la formación familiar. Una mujer culta, una mujer preparada, una mujer que sabe leer, una mujer que sabe escudriñar en los libros y encontrar el subtexto de lo que me están diciendo, tiene una familia culta, se preocupa y ocupa porque sus hijos asistan a la escuela, hace todo tipo de sacrificios por enseñar y se convierse en un ejemplo de educación en el lugar. Por eso nosotros entendemos que hoy en el mundo de los más de 700 millones de analfabetos que existen, el 64% son mujeres, lo cual nos está diciendo que esta influencia materna no está cumpliendo su rol ya que las madres son también analfabetas. Pero si vamos a ver un poquito más, el 54% son niñas, lo que entonces nos está diciendo que los indicadores van a mantenerse igual con respecto a la mujer. Y es que la mujer ha tenido, generalmente, tanta discriminación en las sociedades que los indicadores de analfabetismo marcan esa discriminación de género. Y es algo que defiende el "Yo, sí puedo", que la mujer tenga un nivel de prioridad en el aprendizaje por su nivel de influencia en la formación de la familia, de los hijos, de los nietos y hasta de los esposos.

Hermosísimo haber podido colocar, modestamente, nuestro "Yo, sí puedo" en Sevilla, como lo colocamos también en el primer mundo en Nueva Zelanda, en Canadá, donde hemos trabajado también .Es decir que es hermosísimo poder ver que no nos podemos seguir dividiendo en primeros y segundos mundos, sino tenemos que ir viendo que el mundo es uno solo, y que en unos países hay determinados desarrollos que pueden contribuir a estos llamados países del primer mundo. Lo que ha hecho Sevilla ha sido extraordinario, porque estos jóvenes, educadores, promotores han trabajado arduamente y han alcanzado un magnífico resultado dentro de una población que, hasta cierto punto, denota un nivel de discriminación también. Entonces hemos visto cómo más de 35.000 sevillanos han sido alfabetizados con el "Yo, sí puedo". Sin embargo, mi llamado es que en este primer mundo no basta con aprender a leer y escribir con el "Yo, sí puedo", hay que garantizar esa continuidad de estudios de la que estamos hablando, porque los niveles tecnológicos, el desarrollo de la tecnología aquí en España, y especialmente en Sevilla, que es del que estamos hablando, es más elevado y se requiere un mayor nivel.

Nosotros creemos que muestras querida Cuba ha dado una vez más muestras de internacionalismo y solidaridad, y que estamos contribuyendo también a que nuestra lengua materna, que es el español, se mantenga y que no exista, en los países de habla hispana, analfabetismo. Como lo hemos hecho en América Latina pues también estamos dispuestos a hacerlo en este "primer mundo", aunque el nuestro sea mal llamado "tercero", pero estamos en toda la disposición de hacer esa labor. Y les damos las gracias a quienes han hecho este trabajo, que ha sido tan hermoso, tan ético y tan solidario.

Es posible, sí es posible lograrlo, pero debemos hacerlo entre todos como verdaderos hermanos. Y cada gobierno debe tomar conciencia de que ese es su problema, y que debe resolverlo desde la posición gubernamental con el apoyo solidario de todos. Pero es un deber del gobierno, como mismo es un derecho del pueblo a ser culto. Y por eso nosotros nos basamos en ese principio: todo hombre al venir a la tierra tiene derecho a que se le eduque, y después en pago, el deber de contribuir a la educación de los demás. Y si queremos ser verdaderamente libres, hay que ser cultos, hay que saber leer, hay que saber entender el mundo para poder transformarlo. Y yo creo que sí, que un mundo culto, que un mundo libre es posible, pero es posible mediante la unidad y la solidaridad. No podemos andar los países cada uno por una parte, tenemos que seguirnos ayudando, colaborando y viendo cómo podemos acabar con este lastre que está haciendo tanto daño hoy. Hay quienes no comprenden bien el daño que hace. Hay personas que no saben cómo tomar un ómnibus o cómo trasladarse a un lugar si alguien no se lo dice, o no pueden llegar a un aeropuerto para trasladarse porque no pueden leer lo que les están indicando.

Entonces, ¿hasta cuándo? Estamos hablando de tecnología y de Internet y de desarrollo, y la brecha cada día es mayor entre el que no lee y el que sí lee, entre el que no sabe y el que sí sabe, entre el que tiene y el que no tiene. Esa brecha hay que disminuirla, al menos hay que disminuirla. Para mí, mi sueño es eliminarla, pero hay que disminuirla. Porque si no nunca vamos a vivir en paz en este hemisferio terráqueo, porque no nos estamos ayudando. Entonces yo, como soy una maestra optimista, pienso que sí, que un mundo mejor es posible, y gracias a la solidaridad que estamos recibiendo nosotros de otros países lo podemos lograr.

19.3.13

Pedagogía rural y propaganda de la mano del cinematógrafo

Pedagogía rural y propaganda de la mano del cinematógrafo

Por Sara Plaza

Jesús Francisco González de la Riva y Vidiella (Cádiz, 1885 – Madrid, 1967), Marqués de Villa-Alcázar, fue un ingeniero agrónomo, aficionado a la fotografía, con un gusto especial por la música clásica y cierta habilidad manual, que impulsó de manera notable la producción documental cinematográfica del Ministerio de Agricultura, sobre todo a partir de 1940.

Las primeras películas hechas bajo mi dirección fueron "El barbecho", "Abonos" y "Semillas", realizadas antes de nuestra guerra de liberación. El año 1940 expuse al Subsecretario de Agricultura y a la Junta Asesora de Publicaciones y Propaganda de dicho Ministerio la idea de impulsar la realización de películas educativas, cortas y sonoras, que considero como el mejor medio de divulgación para enseñar y aconsejar a quienes viven por entero en el medio rural y entre quienes hay, desgraciadamente, un elevado tanto por ciento de analfabetismo. Más eficaz que la lectura de un folleto, por muy sencilla que sea la forma de expresión que en él se emplee, es la proyección de unos metros de película, porque así el hombre de campo ve y oye al mismo tiempo lo que le interesa aprender. (1)

Entre 1934 y 1966 llegó a dirigir cerca de setenta documentales sobre temas relacionados con la agricultura, la viticultura, la sericicultura, la silvicultura, la ganadería y la pesca fluvial, que además de conformar un valioso testimonio de prácticas agrícolas, ganaderas y forestales, constituyen un rico patrimonio cultural antropológico, histórico y etnográfico (aunque, como escribe la profesora Carmen Rodríguez Fuentes, «vistos con los ojos de hoy en día, estos documentales no dejan de ser de una ingenuidad sofocante»).

– ¿Tardó mucho tiempo en convertirse en realidad?

– El tiempo preciso que exigen los asuntos oficiales.

– ¿Qué tiempo invierte usted en realizar una película?

– Pero las "Charlas cinematográficas" del Ministerio de Agricultura exigen mucho más, muchísimo más trabajo y tiempo. En ellas lo primero es la "charla" que encierra la lección que cada película lleva, porque el Ministerio no hace películas como "espectáculo", sino como "enseñanza". Y luego, la misión de la cámara es recoger imágenes que apoyen, con su ejemplo, la lección de la "charla". Esas imágenes pueden exigir meses (diferentes fases de un cultivo) o años (diferentes fases de una obra de saneamiento de tierras o de repoblación forestal, o de evolución de cruces de varias razas ganaderas). El montaje de nuestras películas se lleva no una tarde, sino muchos días, y la parte musical es también tanto más cuidada que lo usual... hay que contar con unos cuarenta o sesenta días de trabajo activo... sin tener en cuenta los invertidos en viajes que se precisan hacer en distintas estaciones del año. Pero esos días suelen ir diluidos en un plazo de un año aproximadamente. [...] Desde un principio he asumido la labor de autor, guionista, director y hasta locutor y en adelante haré más que hasta ahora de la parte fotográfica, por disponer ya de elementos de que antes carecía; pero cierto es también que nada de esto podría haber sido realizado sin la confianza y el apoyo que presta el Ministerio. [...] Para la música se emplea un sexteto compuesto por grandes figuras, al frente del cual está el maestro Leoz, y sus programas se componen de música clásica, que va siguiendo en todo momento el ambiente de la imagen. (2)

Por otro lado, la función educativa de estos documentales iba más allá de los conocimientos asociados a las tareas y labores del campo, y eran pródigos en otro tipo de enseñanzas, advertencias y consejos con una gran carga ideológica. Los cortometrajes conjugaban a la perfección la pedagogía agropecuaria y la enseñanza de los valores e ideales promovidos por el franquismo, tales como la religión y la moral cristiana, la disciplina, la familia o la patria. Cada documental debía, sin olvidar su belleza plástica y su calidad formal:

[L]levar en sí la lección o el mensaje que al Ministerio de Agricultura interesase y, además, ser interesante [...] [L]as películas tenían que ser cortitas, de diez a catorce minutos de duración, y ayudarse de símbolos, comparaciones y experimentos de laboratorio que ayuden a su comprensión, además de no faltar en ellas toques humorísticos que hagan sonreír [al público] mientras aprende la lección. (3)

Preguntado por su forma de hacer películas, el Marqués de Villa-Alcázar explicaba:

Primero, no han de hacerse mudas, porque ya no hay donde proyectarlas, tanto por la diferencia de velocidad de proyección como por la diferencia de tamaño del fotograma. Segundo, no deben hacerse largas, porque donde hay mucha longitud es difícil mantener vivo el interés del espectador. Tercero, no deben hacerse mímicas, porque los gestos que el improvisado director cree que expresan su pensamiento, suelen estar muy lejos de llevar a la mente del espectador las ideas que el autor se propone, y, por último, no deben adoptar la variedad que pudiera llamarse de despacho, manivela o panorama, en las que generalmente por falta de compenetración entre el director técnico y el operador aparecen panoramas que nos enseñan a gran distancia campos en los que no se ve detalle alguno, en los que siempre suele haber alguien dando vuelta a la manivela, o que empiezan con el manoseado y muchas veces fotografiado despacho de un personaje en la materia y comienzo de un discurso. (4)

Y así es como recordaba Juan Antonio Bardem la manera de trabajar del Marqués:

En 1946 tuvo conocimiento de la existencia de un departamento de cine en el Ministerio de Agricultura y vio la posibilidad de unir sus estudios y su futuro trabajo con su auténtica vocación. Se ofreció para colaborar en la realización de películas técnicas y fue asignado al departamento que dirigía el Marqués de Villa-Alcázar, un entusiasta del cine que lo controlaba absolutamente todo... aprendí a manejar un proyector, embobinar y rebobinar y llegué con él (el Marqués de Villa-Alcázar) hasta cortar y montar el negativo. Me acuerdo que salí con él una vez al campo... nada más que para llevarle la cámara y el trípode...; bueno, eso también es experiencia. (5)

Bardem dejó el departamento por «las discrepancias ideológicas surgidas en torno a un documental sobre una finca de Cádiz, donde el Marqués pretendía mostrar los beneficios de la política agraria franquista frente a la tímida reforma republicana». Ese documental al que se refería el director de cine madrileño (que curiosamente también se tituló como ingeniero agrónomo) llevaba por título "Promesas y realidades", y es el único del prolífico Marqués que no se conserva.(6)

Notas:
(1) y (2) Lagarma J: "El cine como medio de divulgación ganadera", en Ganadería nº 4, 1943. Págs. 50-52. Entrevista al Marqués de Villa-Alcázar.
(3) Marqués de Villa-Alcázar (1944): "Cinematografía agrícola, forestal y ganadera", en VV AA, Conferencias pronunciadas en la emisión Radio Agrícola. Madrid: Ministerio de Agricultura.
(4) "Interesante acto de cinematografía cultural", en Agricultura, Revista agropecuaria, enero 1942. Págs. 23 y 25.
(5) García de Dueñas, Jesús y Olea, Pedro: "Bardem 64: Confesiones a las cinco de la tarde" en Nuestro Cine, mayo de 1964. Pág. 26.
(6) "Catálogo de documentales cinematográficos agrarios 1895/1981", de Fernando Camarero Rioja.

Algunos documentales en línea:
El barbecho (1934).
El corcho (1941).
Bosques amigos (1941).
Repoblación forestal (1942).
Jerez-Xèrès-Sherry (1943).
Madera de España (1945).
¡Sí!, ¡Tenemos Bananas! (1951).
Fertilidad (1953).
Concentración parcelaria (1955).

Fuentes de las que he extraído la información para esta entrada:
"Las charlas cinematográficas del Marqués de Villa-Alcázar: documental científico e ideología en el primer franquismo", de Pedro Poyato Sánchez.
"La animación al servicio de la didáctica en la obra del Marqués de Villa-Alcázar", de Carmen Rodríguez Fuentes.
Folleto explicativo de la "Obra cinematográfica del Marqués de Villa-Alcázar (1934-1966)". Colección de 14 discos DVD que recoge 69 documentales realizados por Francisco González de la Riva y Vidiella, Marqués de Villa-Alcázar.

Imagen.

12.3.13

Los trovadores de la pampa

Los trovadores de la pampa

Por Edgardo Civallero

En todas las épocas y en todas las áreas en las que el único medio de transmisión de noticias fue el boca a boca, los trovadores, cantores, juglares y recitadores se convirtieron en apreciadas y populares fuentes de entretenimiento (y aprendizaje).

En la pampa argentina, antaño un extenso territorio de llanuras, salinas y desiertos interrumpidos aquí y allá por lagunas y la monotonía blanquinegra de las vacas, la gente de campo solía reunirse en las pulperías, almacenes o tabernas locales para el trago y las charlas de rigor. Y allí, al calor de las seis cuerdas de una guitarra, desgranaban historias los cantores y, sobre todo, los payadores: improvisadores de versos que, en ritmo de milonga o cifra, narraban eventos históricos, cantaban la belleza de la tierra o, simplemente, se entretenían en dibujar estampas y aventuras cotidianas.

El paisaje cambió. La gente también. Pero la costumbre de sentarse alrededor de una "viola" y de cantar y contar aún perdura.

En esas reuniones paisanas eran y son siempre bienvenidas y festejadas unas canciones que, en tono muy jocoso, se burlan de la actitud asombrada del hombre de campo ante las novedades de la ciudad: el automóvil, el cine, el teléfono, la internet...

La siguiente payada, titulada "La luz", fue interpretada en ritmo de milonga por Ángel Crecencio Nieto, un musiquero y cantor de la zona de Limay Mahuida, al oeste de la provincia de La Pampa. Fue recogida entre 1973 y 1975 por la musicóloga Ercilia Moreno Ché, que la incluyó en el trabajo discográfico-etnográfico de 1975 titulado "Documental folklórico de la provincia de La Pampa". Junto a otras joyas de la inventiva popular, ese documental preserva estos versos, que buscan expresar el ilimitado asombro del paisano ante esa "cosa 'e Mandinga" llamada luz eléctrica.

¡La pucha con los inventos!
El criollo más preparado
debe quedar azonzado
al ver cosas que al momento
parece que fueran cuento,
pero bien lo he comprobado.
Jamás me hube imaginado
que al dar vuelta un botoncito
diera luz un vidriecito
que había en el techo colgado.

En un viaje realizado
que en cuyo hotel yo paré
casi una caja gasté
de fósforos pa' encender
un vidrio que al parecer
forma de bolsa tenía,
y yo realmente creía
que era fácil de prender.

Sobre una silla parado
para alcanzar donde estaba,
los fósforos arrimaba
pero sin ni un resultado.
Hasta que por fin, cansado,
fui a llamar al hotelero
que se me vino ligero
y al oído me gritó:
"Este botón, tuerzaló,
y tendrá luz, caballero".

Movió la jeta un poquito,
tiró al suelo una patada
y largó una manotada
derecho pa'l botoncito.
Este hizo como un ruidito
en cuanto él lo hubo tocado.
Yo me quedé atolondrado
sin saber lo que tenía
al ver que como de día
la pieza había quedado.

Yo dije entre mí enseguida
"Este es invento 'e los gringos.
El hombre zonzo y tilingo
no la prenderá en su vida".
La luz estaba prendida
y dispuse de apagarla.
Inútil me fui a soplarla
por más que estirara el cuello,
quedándome sin resuello
y sin poder dominarla.

Cosa extraña parecía
prenderla con el botón
y lleno de turbación
ese instante me sentía.
Apagarla no sabía
hasta que le hube acertado.
Recién cuenta me hube dado
y el botoncito agarré
y al darlo vuelta noté
que oscuro había quedado.

5.3.13

Eso de hermoso que tienen los saberes

Eso de hermoso que tienen los saberes

Por Sara Plaza

No me refiero a los saberes que circulan por las altas casas de estudios ni a los que dan sus primeros pasos en las casitas de los más pequeños. Me refiero a los saberes que se cobijan bajo el mismo techo durante años y años, a los que se cuecen al calor de la lumbre, a los que se mecen en nanas, romances y adivinanzas. Me refiero a los que se acurrucan en las conversaciones entre grandes y chicos, entre grandes y grandotes, entre chicos y chiquitos. A los que humean en las discusiones, a los que enmiendan cuando algo se rompe, ya se trate de un plato o un corazón.

Me refiero a todos esos saberes desparramados que se tejen, entretejen y destejen con tantos hilos como tejedores. Saberes imperfectos, llenos de contradicciones, voluntariosos las más de las veces, despistados en ocasiones y bastante tercos en general. Saberes que llegan a nuestras manos cuando sus dedos todavía no son lo suficientemente ágiles para manejarlos, saberes de antaño que digerimos con dificultad porque necesitan tiempo para ser contados, mostrados y practicados. Saberes parsimoniosos que no saben de nuestra prisa.

Pues bien, eso es, precisamente lo que tienen de hermoso: su despacioso andar de boca en boca, de cucharón en cucharón, de guiso en guiso. Su arrastrarse entre los surcos de la huerta, su tambalearse en las cuerdas de una guitarra, su avanzar de puntillas por el filo mellado de un navaja, su tropezar con el rastro del lápiz. Y por eso, porque caminan lento, hunden sus raíces en la tierra y fijan su mirada en las estrellas. Con esa parsimonia suya barruntan la lluvia en el semblante de la luna y en el tacto de las piedras, la alegría en el batir de unas alas y la pena en el de las campanas.

Sin embargo, la verdadera causa de su hermosura no es otra cosa que la memoria de su propio saber, ésa que ha de alumbrarnos mañana.

"La memoria es el mapa del futuro", escribía Antonio Orihuela en Comiendo tierra

La memoria es el mapa del futuro, os digo,
porque no venimos de un dios unitrino,
ni de una masa que se acelera uniformemente,
ni de una ecuación con dos incógnitas,
ni de un soneto,
ni de una reina que se lavaba poco.
La memoria es el mapa del futuro, os digo,
porque venimos del trabajo,
del apoyo mutuo,
de la solidaridad,
de la hermandad
y del amor, os digo
que sólo recordando lo esencial
será posible trazar
el mapa del futuro.