25.9.12

El fotógrafo del Ande

El fotógrafo del Ande

Por Edgardo Civallero

Se dice que el primer fotógrafo indígena de América Latina fue el peruano Martín Chambi, una verdadera leyenda en el oficio. Sin embargo, un contemporáneo de Chambi, con una habilidad sino mayor, quizás igual para retratar el modo de vida indígena de la Sierra peruana, fue Teófilo Hinostroza Irrazábal, prácticamente un desconocido hasta tiempos recientes.

Hinostroza nació en 1914 en Colcabamba (provincia de Tayacaja, departamento de Huancavelica). A los 15 años entró a trabajar de aprendiz en el estudio del fotógrafo Fortunato Pecho, en Huancayo. Sus trabajos eran de tan alto nivel, y su talento tan apreciado, que hacia 1937 decidió abrir su propio taller en la propia Huancayo. Tuvo tan buen recibimiento en la ciudad que terminó mudándose a la mismísima calle Real, en donde desarrolló toda su carrera.

El fotógrafo del Ande

Tiempo después empezó a viajar por la Sierra Central, haciendo fotos de paisajes, costumbres y tradiciones locales. Sus imágenes poseen una composición, un encuadre y una iluminación inigualables; tanto, que son muchos los que en la actualidad lo llaman "el Chambi del centro", pues el otro había recorrido únicamente el sur del Perú.

La colección de Hinostroza, con unos 10.000 negativos, fue "descubierta" por un fotógrafo belga residente en Perú, Servais Thissen, que se encontraba realizando un catálogo general de fotógrafos peruanos. El archivo fue cuidadosamente conservado por la familia de Hinostroza tras su muerte en 1991; Thissen lo empleó para dar dos exposiciones en 2007 y para publicar un libro titulado "El Perú profundo de Teófilo Hinostroza". Con ellos dio a conocer al gran público el trabajo del artista huancaíno.

El fotógrafo del Ande

Hinostroza también fue un eximio músico y compositor. Quenista desde los 5 años, fue profesor de música y danzas en la Universidad Nacional del Centro y director del Departamento de Música de la Casa de la Cultura de Huancayo. En 1975 la BBC difundió varias de sus interpretaciones. Con esta trayectoria, era de esperar que muchas de sus fotos estuvieran dedicadas a músicos y a instrumentos musicales. Por otro lado, registró varias películas documentales, todas ellas inéditas a excepción de una, "Tarpuy", que recoge la siembra de la papa en Ñahuinpuquio (Huancavelica) y que fue exhibida, por única vez, en el Museo Nacional de la Cultura Peruana.

El fotógrafo del Ande

Teófilo Hinostroza fue amigo del escritor peruano José María Arguedas. Así como el célebre literato pretendió retratar el Perú andino más profundo mediante palabras, Hinostroza lo intentó á través de fotografías. Y se propuso hacerlo rescatando el lado más bello y limpio de la vida campesina andina peruana. Algo que queda demostrado al comprobar que, si bien trabajó hasta entrados los años 80, en su archivo no se encuentran las imágenes de violencia terrorista y miseria tan habituales en las colecciones de otros fotógrafos. Para Hinostroza, como para muchos otros artistas, no hace falta revolver lodos y sombras para explorar el alma de un pueblo.

Artículo, en Centro Documentación de Arte Peruano Contemporáneo.
Artículo. El cine desconocido de Teófilo Hinostroza.
Artículo. El Perú profundo de T. Hinostroza.

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18.9.12

Lecturas de hoy, de ayer y de mañana

Lecturas de hoy, de ayer y de mañana

Por Sara Plaza

Sobre el lenguaje y el uso del mismo que hace el actual presidente del gobierno español, leía hace poco lo siguiente:

La farmacia de Platón de Derrida es la oposición dialéctica a la farmacopea rajoyana. Se trata de un compendio de recetas desgastadas por la historia, la malsana historia de la usurpación y el latrocinio y que tan mal sentaban a Sócrates en el Fedro. Es un batiburrillo, una miscelánea mamapea entre Goebbels y Paco Martínez Soria. Su procedimiento es bien sencillo: utilización de una calculada ambigüedad en expresiones como "hay que hacer lo que hay que hacer"; expresión de formulaciones genéricas que enganchen con un aparente sentido común, tipo "no podemos gastar lo que no tenemos"; cierre ideológico del discurso: "no hay alternativas, la historia se ha encargado de desmentirlas"; y culpabilización generalizada: "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades". Es decir, un montón de bobadas sin más sentido que embaucar a una audiencia sumisa, en parte, o refractaria, pero que, en todo caso, nada puede hacer contra la utilización torticera de la democracia. [...] La farmacopea rajoyana acabará con todos nuestros males, y también con nuestros bienes. (La farmacia de Rajoy, por Bernardo Pérez Andreo)

Y hace algo más, leyendo Los condenados de la tierra de Frantz Fanon subrayé algunos párrafos como este:

Es verdad que si se toma la precaución de emplear un lenguaje sólo comprensible para los licenciados en derecho o en ciencias económicas, se probará fácilmente que las masas deben ser dirigidas. Pero si se habla el lenguaje concreto, si no se está obsesionado por la voluntad perversa de confundir las cartas, de desembarazarse del pueblo, se advierte entonces que las masas captan todos los matices, todas las astucias. Recurrir a un lenguaje técnico significa que se quiere considerar a las masas como profanas. Ese lenguaje disimula mal el deseo de los conferenciantes de engañar al pueblo, de dejarlo fuera. La empresa de oscurecimiento del lenguaje es una máscara tras la cual se perfila una más amplia empresa de despojo. Se pretende al mismo tiempo arrebatarle al pueblo sus bienes y su soberanía. Todo puede explicarse al pueblo a condición de que se quiera que comprenda realmente. Y si se piensa que no se necesita de él, que por el contrario amenaza con romper la buena marcha de las múltiples sociedades privadas y de responsabilidad limitada cuyo fin es hacer al pueblo todavía más miserable, el problema está zanjado.

Si se piensa que puede dirigirse perfectamente un país sin que el pueblo meta las narices, si se piensa que el pueblo por su sola presencia obstaculiza el juego, sea porque lo retrase o porque por su natural inconsciencia lo sabotee, no debe haber ninguna vacilación: hay que apartar al pueblo.

Inmediatamente después, Fanon ilustra mediante un ejemplo práctico (Argelia en el curso de los años 1956-1957) cómo "se explicó al pueblo el funcionamiento de las grandes leyes económicas basándose en casos concretos". Exactamente lo mismo que llevan tiempo haciendo numerosos economistas españoles, entre ellos Mirem Etxezarreta, Alberto Garzón, Alberto Montero Soler, Juan Torres López, Vicenç Navarro, Arcadi Oliveres, Bibiana Medialdea, Nacho Álvarez, Ricardo Molero o Francisco Álvarez.

Y a continuación nos aclara que, a partir de ese momento, "[l]a acumulación del capital dejó de ser una teoría para convertirse en un comportamiento muy real y muy presente. El pueblo comprendió cómo a base de un comercio es posible enriquecerse y agrandar el comercio. Sólo entonces los campesinos contaron cómo ese abarrotero les prestaba a tasas de usura; otros recordaron cómo los habían expulsado de sus tierras y cómo se habían convertido de propietarios en obreros. A medida que el pueblo comprende mejor, se hace más vigilante, más consciente de que en definitiva todo depende de él y de que su salvación reside en su cohesión, en el conocimiento de sus intereses y la identificación de sus enemigos. El pueblo comprende que la riqueza no es el fruto del trabajo, sino el resultado de un robo organizado y protegido. Los ricos dejan de ser hombres respetables, no son ya sino bestias carnívoras, chacales y cuervos que se ceban en la sangre del pueblo."

Para concluir el capítulo aclarando que: "Ningún líder, cualquiera que sea su valor, puede sustituir a la voluntad popular, y el gobierno nacional debe, antes de preocuparse por el prestigio internacional, devolver la dignidad a cada ciudadano, poblar los cerebros, llenar los ojos de cosas humanas, desarrollar un panorama humano, habitado por hombres conscientes y soberanos."

11.9.12

Porque quería hacer un trabajo...

Porque quería hacer un trabajo

Por Sara Plaza

Así respondía Evelyn Hutchins, voluntaria de la Brigada Abraham Lincoln, cuando al ser entrevistada por el sociólogo John Dollard hacia 1942, recordaba sus motivaciones para viajar a España durante la Guerra Civil y luchar contra el fascismo trabajando como conductora de ambulancias.

La primera vez que supe de esta activista estaba leyendo Breve Historia de la Guerra Civil, de la historiadora e hispanista Helen Graham (un ensayo que, en palabras de la propia autora, le tomó nueve meses escribir y veintitrés años preparar). La nombraba inmediatamente después de haber mencionado a Salaria Kea y Thyra Edwards, las dos únicas mujeres afro-americanas que participaron en la contienda, la primera como enfermera y la segunda como trabajadora social.

La autora británica venía hablando de las Brigadas Internacionales, de la solidaridad, del internacionalismo y de las distintas reivindicaciones y batallas que tuvieron lugar al tiempo que se peleaba por salvar a la República. Una de esas luchas tenía que ver con la participación de la mujer en la guerra. La solicitud de Evelyn Hutchins para trabajar como conductora de ambulancias se topó con los prejuicios de una izquierda política que solo reclutaba mujeres como enfermeras o personal de apoyo. Helen Graham nos dice que finalmente Evelyn fue aceptada, pero que la suya fue una victoria aislada, dado que las mujeres no eran movilizadas como voluntarias salvo para ejercer aquellas funciones que se adecuaban a las normas de género establecidas.

Según la propia Evelyn explicó al profesor Dollard, cuando este se encontraba inmerso en una investigación sobre el significado del miedo en la batalla:

Fui como conductora. Ellos quizás pensaron que, en caso de que algo saliera mal, podría trabajar como oficinista [...] Había conducido varias ambulancias aquí en la ciudad [...] sabían que podría manejarlas. Sabían que podría manejarlas igual o incluso mejor que algunos de los compañeros que estaban yendo. Algunos de ellos opinaban que era muy divertido que yo estuviera allí conduciendo. Soy pequeña, no fanfarroneaba ni trataba de actuar de modo masculino. Me comportaba como siempre lo había hecho. Solía discutir con ellos sobre esto. Ellos me decían «eres muy pequeña, ¿qué le vas a hacer?». Y yo respondía «soy como soy». Era una chica, era baja y no pesaba demasiado pero estaba haciendo un trabajo y no era suficiente. Les gustaba sacarme fotos al lado de los camiones; el que yo fuera pequeña les resultaba divertido. Algunos decían «todo lo que tengo que hacer es soplar fuerte y te caerás de rodillas». Pero lo importante era que los compañeros que sí entendían porqué quería ir, porqué había escogido el trabajo de conductora como la única posibilidad de estar tan cerca como pudiera de la lucha real, no pensaban que una mujer no debería querer luchar y sostener una metralleta en vez de conducir un camión; estos compañeros eran los que se tomaban la cosa en serio [...] Siempre tuve que arreglármelas sola, que cuidar de mí misma, que tomar mis propias decisiones, y algunas veces fue muy duro. [...] Por otro lado, siempre me han indignado las injusticias que he visto, y las que se cometen contra las mujeres. En muchas ocasiones me he sentido frustrada por no ser un hombre. De ahí que quizás me de cuenta de algunas cosas antes que otras personas a las que no les importe. Para algunas mujeres podría no tener importancia el hecho de no poder entrar en el ejército... Siempre me dijeron que no podía hacer esto o aquello porque las chicas no hacen ese tipo de cosas. Demasiadas veces me dijeron que las chicas son inferiores a los hombres, que ellos pueden hacer cosas que nosotras no podemos, y no podía soportarlo.

[...] En cuanto a la situación política en Europa, no soy de quienes piensan que todo es simplemente propaganda. Recuerdo cuando Mussolini decretó –yo era una niña entonces- que las mujeres no podían llevar faldas cortas y que debían permanecer en su lugar. Bien, a mi parecer, Mussolini estaba definitivamente fuera de onda. Estaba convencida de que cualquier persona con ese tipo de actitud no podía ser buena para la gente en general. Nunca me creí un genio sobresaliente, pero los demás tenían que darme la oportunidad de pensar y desarrollar cualesquiera que fueran mis capacidades. Si no me la daban, me enfrentaba a ellos. Hitler tiene un sistema en el que las mujeres son enviadas a campos para tener hijos. Eso va contra mi deseo más íntimo de libertad, de libre expresión, de cultura y de educación. Como un ser humano común no podría tolerar algo así. Significa mucho para mí y haré cualquier cosa para luchar contra unas condiciones como esas.

La idea de ir a España se me ocurrió a mí en primer lugar, y entonces mi marido y mi hermano tuvieron la misma idea y fueron antes que yo. Me esforcé muchísimo para ir. Ahorré dinero y tuve que convencer a algunas personas. Tuve que discutir con ellos y que demostrar cosas. Sin embargo, ni el compañero medio ni mi marido tuvieron problemas para ir.

En la breve reseña biográfica que aparece en los Archivos de la Brigada Abraham Lincoln (ALBA, por sus siglas en inglés) puede leerse que Evelyn Hutchins nació en 1910 en Snohomish, Washington. Era hija de una trabajadora divorciada que participó activamente en el movimiento por el sufragio femenino y su padrastro, trabajador marítimo, fue incluido en una lista negra por hacer huelga. Formada en la escuela de la vida, Evelyn quería ser respetada como feminista. Cuando estalló la guerra trabajó conduciendo camiones que recogían ropa y otro tipo de ayuda humanitaria para ser embarcaba hacia España. A finales de 1936, se presentó como voluntaria para ser reclutada por el American Medical Bureau como conductora de ambulancias. Los organizadores consideraron que no estaba cualificada para un trabajo tan arriesgado por ser mujer. Ella no cejó en su empeño y al final los convenció.

4.9.12

La autopsia de un libro

La autopsia de un libro

Por Edgardo Civallero

¿Cuál es el destino de una enciclopedia vieja? Probablemente, llenarse de polvo en algún rincón olvidado del depósito de una biblioteca. Con suerte, servir de alimento a una tribu de pececillos de plata o a alguna colonia de hongos; con menos, irse desintegrando de simple aburrimiento hasta convertirse en la nada a la que la han relegado enciclopedias más modernas, con contenidos más actualizados y en soportes que no impliquen celulosa en absoluto.

La autopsia de un libro
¿Un panorama demasiado triste? Eso pensó Brian Dettmer, un artista estadounidense (Illinois, 1974). Desde el año 2000 ha venido trabajando en la conversión de viejas enciclopedias en algo que para ciertos bibliotecarios y bibliófilos sería una aberración total, para otros una verdadera obra de arte y para algunos, una opción mucho más creativa, saludable y positiva que la del rincón oscuro lleno de telarañas y mohos.

La autopsia de un libro
Dettmer realiza "autopsias de libros". Literalmente. El proceso es, en cierta forma, parecido al del ya célebre "Tree of Codes" de Jonathan Safran Foer. Implica cortar el papel. Pero Dettmer va un paso más allá. En realidad, va unos cuantos.

La autopsia de un libro
Sus primeros trabajos fueron sencillos, "normales". Eran pinturas relacionadas con códigos lingüísticos como el morse y el braille. Pero con el paso del tiempo comenzó a explorar otras alternativas: por ejemplo, pegar capas y capas de periódicos, revistas y páginas de libros al lienzo, arrancando pedazos luego para dejar a la vista mensajes concretos.
Finalmente, llegó a las autopsias.

La autopsia de un libro
Dettmer busca diccionarios y enciclopedias antiguas, usadas y gastadas, especialmente aquellos que tienen numerosas láminas de ilustraciones en blanco y negro. Sella el volumen y comienza a cortarlo con precisión quirúrgica, utilizando instrumentos y técnicas de cirugía. Va realizando incisiones y dejando al descubierto determinadas partes, páginas y contenidos. No agrega nada extraño, no hay injertos externos: el autor trabaja únicamente sobre un libro original. Es todo lo que necesita.

La autopsia de un libro
El resultado final es impresionante. Tiene cierto aire gótico, quizás por el tipo de ilustración que Dettmer prefiere. El "lector" se enfrenta a algunos de los contenidos del libro, elegidos por el artista-cirujano, sin tener que pasar las hojas. Esos contenidos se combinan en un mensaje, o quizás no: simplemente están allí.

La autopsia de un libro
El trabajo de Dettmer está en exposición en numerosas galerías de San Francisco, Chicago, Atlanta, Nueva York, Toronto y Barcelona.

La autopsia de un libro
Muchos pueden opinar que se trata de un mero acto de vandalismo, puro y simple. Pero esos libros están teniendo una segunda oportunidad, que de otra forma no tendrían en absoluto, sobre todo si tienen que ceñirse a las sacrosantas normas de ciertos bibliotecarios y archiveros (que preferirían verlos podridos en un sótano a convertidos en trabajos artísticos).

La autopsia de un libro
Personalmente, pienso que vandalismo es permitir que un libro nacido para ser leído, visto y disfrutado se descomponga, olvidado y despreciado, en alguna estantería del fondo de una biblioteca.

La autopsia de un libro
Permitir que sea observado y gozado nuevamente, aunque sea de una forma distinta a la que fue concebido, no es más que darle al texto una nueva vida. Una que, estoy seguro, agradecerían si pudiesen hacerlo.

Sitio web del artista (en inglés).
El artista en Wikipedia (en inglés).
Galería del autor en Flickr.

Imágenes.