25.6.12

Dulenega

Dulenega

Por Edgardo Civallero

Isla de Yandub. Narganá, para los blancos. Archipiélago de San Blas, Panamá. Corre el mes de abril de 1921.

Unos policías coloniales fuerzan a las mujeres indígenas a quitarse sus preciados anillos de oro puro de la nariz. Las obligan a despojarse de sus abalorios, sus collares de monedas, sus planchas doradas, todos esos adornos que las hacen precisamente quienes son. Se burlan de sus molas, esos paños en cuyos coloridos dibujos se cuentan las historias del cielo y de la tierra, y del resto de sus prendas: el muswe, el saburet, la bicha... Se mofan de su lengua, las palabras a través de las cuales llevan siglos narrando sus memorias...

De semejantes ultrajes sabía mucho el pueblo Kuna. O Dule, como se llaman a sí mismos. "Gente". Desde 1870, los Kuna vivían en la llamada "Comarca Dulenega", un pedazo de tierra que les había sido asignado por el gobierno de los Estados Unidos de Colombia, y que incluía sus ancestrales dominios del Archipiélago de San Blas, en el Mar Caribe. Pero tras la separación de Panamá de la Federación y su consiguiente independencia, en 1903, la autonomía Kuna se desconoció. Más aún, se decidió que lo "indígena" era algo inherentemente "salvaje" y "primitivo" que debía ser eliminado de una nación joven que quería entrar en la era moderna con buen pie. Merced a esa filosofía se abolieron ritos y ceremonias tradicionales Kuna, se impusieron la vestimenta, la educación y las costumbres occidentales, y se expropiaron e invadieron grandes extensiones de territorio indígena (brindándolas como concesiones a compañías bananeras y mineras). La policía colonial, por su parte, se dedicó a cometer una larga lista de atrocidades (entre las que se contaban asesinatos, violaciones, explotación, incendios de poblaciones, saqueos) y de humillantes abusos cotidianos. Como despojar a las mujeres de sus marcas tradicionales de identidad, una acción amparada por una ley panameña de 1915 que, supuestamente, buscaba "civilizar" a los indígenas.

Una de aquellas Kuna no acepta someterse a semejante oprobio y huye. Abandona Yandub en una de las tradicionales barcas Kuna y pone rumbo suroeste con destino a tierra firme: más concretamente, a Wargandub (hoy Guebdi o Río Azúcar), su lugar de origen. Atrás deja hijos y yerno, que son detenidos e interrogados por la policía. Mientras tanto, en su comunidad, la gente se reúne para escuchar su historia y decide que la protegerán, que no la dejarán marchar ni aunque venga la autoridad a reclamarla. Y la autoridad lo hace: envía cinco policías a Wargandub.

No son bienvenidos. Los Kuna llevan soportando la arrogancia y la prepotencia de las autoridades demasiado tiempo, y aquella última gota rebosa el vaso. Tanto, que dos de los policías terminan muertos a machetazos; sus cadáveres aparecerán días más tarde medio sumergidos en un río, atados a un palo clavado en la arena de la orilla para que la corriente no se los llevase.

De más está decir que las represalias no se hacen esperar, y que poco después la aldea Kuna de Tikantikí arde como la yesca.

Para febrero de 1925, el ambiente está tan enrarecido que cualquiera hubiera adivinado que en Dulenega bastaba un mínimo empujón para que estallase el conflicto. Un empujón que, según narran las "malas lenguas históricas", darían los omnipresentes estadounidenses, que para entonces ya ocupan militarmente la zona del Canal de Panamá. Pero no son estadounidenses cualesquiera. El que "incita a la rebelión" es un ingeniero y aprendiz de etnógrafo llamado Richard Oglesby Marsh. Dirige una suerte de "expedición antropológica" al Darién, auspiciada por el Smithsonian, de la cual surgiría un delirante librito publicado años después, "Los indios blancos del Darién". La abundancia de albinos entre los Kuna hace creer a Marsh que este pueblo indígena es descendiente de una cultura de raza blanca, y como tal tiene que ser protegido para evitar que se mezcle con otros pueblos, sobre todo con "esos despreciables negros panameños"...

Al parecer, es Marsh el que agita los ánimos. Y lo hace tan bien que el 12 de febrero de 1925, en un congreso celebrado en Ailigandí, representantes de 45 aldeas Kuna proclaman la independencia y la "República de Tule". Mientras los sailas, los jefes tradicionales Kuna, se ocupan de definir los límites territoriales de la nueva nación, Waga Ebinkili, nieta del saila de Ailigandí, Olonkitipipilele (también conocido como "cacique Simral Colman"), confecciona una bandera. Es una enseña con tres franjas horizontales en cuyo centro destaca una cruz esvástica (que es, en realidad, el dibujo esquemático del pulpo que, según los Kuna, creó el mundo).

Marsh colabora en el proceso redactando una famosa "Declaración de Independencia y Derechos Humanos del pueblo Tule de San Blas y el Darién" que es publicada en el periódico "Star & Herald" de Panamá el 27 de febrero.
Pero para ese entonces los acontecimientos ya se han precipitado.

Aprovechando los Carnavales, un grupo de Kunas van recorriendo las comunidades una a una, disfrazados. Vigilan a los policías, al tiempo que estudian su distribución y número, sus hábitos, sus costumbres... Y finalmente se desata una revolución indígena encabezada por el saila de Usutpu, Iguaibilikinya (conocido como "Nele Kantule") y el "cacique Colman" de Ailigandí. Apoyados inmediatamente por la población, los rebeldes se alzan en armas y atacan los acuartelamientos de la policía en Playón Chico, Ukupa, Tikantikí, Río Tigre, Río Azúcar, Río Sidra, Ubigantupu, Narasgantupu, Orostupu... No hay más que una treintena de muertos, pero la saña con que esos son asesinados destila todo el resentimiento que contenían los aires y las aguas de San Blas.

El Gobierno panameño considera aquello un ultraje y se prepara para enviar al ejército. Un choque directo entre los sublevados Kuna, pocos y mal armados, y las fuerzas regulares de Panamá hubiera significado una masacre indígena. Ocurre que, dado que hay un ciudadano estadounidense directamente involucrado en la novelesca historia, el gobierno de los Estados Unidos va a tomar cartas en el asunto. Bajo la atenta mirada del Dr. John Glover Smith, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de los EE.UU. en Panamá, se reúnen los Secretarios panameños de Gobierno y de Relaciones Exteriores y 13 sailas Kuna. Y el 4 de marzo de 1925, en la localidad de El Porvenir, se firma un acuerdo que garantiza a los indígenas su territorio y el respeto por sus costumbres y sus tradiciones toda vez que en las comunidades se depusieran las armas, se anulara la declaración de independencia y se acataran las leyes nacionales.

Así se definió la Comarca Kuna de San Blas, hoy Comarca Guna Yala, a la cual, en 1996 y 2000, se sumaron las comarcas Madugandí y Wargandí. Los Kuna fueron uno de los primeros pueblos indígenas americanos en lograr unos objetivos por los que muchas sociedades originarias todavía siguen luchando. De hecho, en la actualidad no es raro ver, en Ciudad de Panamá, a indígenas Kuna luciendo sus molas, sus adornos de monedas y su tradicional nariguera de oro puro.

Nadie las mirará siquiera con curiosidad, y mucho menos se burlará de ellas o condenará su modo de vida. Son parte integrante del universo panameño, como lo es el Canal o los manglares de la costa.

Nota: R.O. Mash murió en Florida en 1953. Su libro pasó a los anales de la historia antropológica como una de las muchas barbaridades que los "aprendices de antropólogo" pergeñaron a finales del siglo XIX y principios del XX. Aún hay muchos que siguen los pasos de Mash y continúan produciendo "tratados", "obras" y "artículos" que oscilan entre el ridículo más brutal y la ceguera más absoluta.

Esos "relatos" no sirven para conocer las historias y las realidades de las sociedades originarias de América y del mundo. Sin embargo, sí que revelan muy bien los temores y los prejuicios de sus autores y de las sociedades "avanzadas" a las que pertenecen. Cuando no su inmensa estupidez.

19.6.12

Jugándosela una vez más

Jugándosela de nuevo

Por Sara Plaza

Asturias verde de montes / y negra de minerales (...) firme sobre roca firme, / herida viva de su carne (1)

La historia de las numerosas huelgas que en estos últimos cien años han tenido lugar en las cuencas mineras asturianas y leonesas no puede contarse en un puñado de párrafos. Por eso, porque no puede resumirse, para tratar de entenderla tenemos a nuestro alcance libros de historia, ensayos, literatura, poesía, documentales, numerosos artículos, reportajes fotográficos (p.ej. notas 3, 4, 5, 6, 7, 8). Hay que ir a buscarlos, hay que encontrar tiempo para su lectura, su escucha o su visionado. Unos pocos podrán recordar, los más todavía tenemos que aprender muchas cosas porque en este país, lo de la memoria histórica es otra de las asignaturas que nos quedan pendientes. Por eso no les recomiendo que acudan a los libros de texto. Los mineros y sus familias, sus sufrimientos, su solidaridad, su resistencia, su autoorganización, su compromiso con la lucha obrera, no tienen cabida en ellos.

¿Quién derribará ese árbol / de Asturias, ya sin ramaje, / desnudo, seco, clavado / con su raíz entrañable / que corre por toda España / crispándonos de coraje? (2)

Hace medio siglo, "en medio de un estado de excepción expresamente decretado para atajar las huelgas y cuando han comenzado las deportaciones de mineros que están siendo concentrados en Valladolid, la resistencia no cede, para desconcierto de los responsables policiales (...) En estas condiciones, el conflicto que se extiende de forma aparentemente espontánea acaba por recibir la denominación de «huelga del silencio» (...) Los esfuerzos policiales por identificar a los responsables e instigadores de la huelga chocan con el predominio de las formas colectivas de extenderla. Los liderazgos que indudablemente existen se apoyan en valores compartidos por la gran mayoría y recurren para transmitir la voluntad de sostener la huelga a códigos conocidos por todos, lo que les permite diluirse en la masa y minimizar los riesgos de un excesivo protagonismo individual. Basta un gesto, un comentario, para provocar el efecto deseado dentro de un clima ya caldeado por las noticias que sotto voce dan cuenta de lo que está sucediendo en otros pozos, en la cuenca vecina o en las comisarías y por las informaciones que llegan a través de las ondas radiofónicas, principalmente las emisiones de Radio España Independiente –la omnipresente Pirenaica- pero también Radio París, la BBC y otras de onda corta con programas en castellano (...) La eficacia de la propaganda, a pesar de la precariedad de medios y las enormes dificultades para su difusión (incluso las emisiones radiofónicas están sometidas a interferencias y exigen de los oyentes todo tipo de cautelas para evitar ser detectados por confidentes o vecinos indiscretos), revela, más allá del descontento que origina la protesta, la solidez de los vínculos de solidaridad de clase y la persistencia de los códigos propios de la cultura obrera forjada en el primer tercio de siglo. Únicamente sobre ese sustrato puede explicarse el contagio de la huelga, su persistencia y la ineficacia de las medidas represivas. La propaganda, ya fuera radiada o escrita, surtía efecto porque encontraba un medio propicio en las barriadas obreras y, en general, entre la población de unas cuencas mineras con un fuerte sentimiento comunitario y arraigadas tradiciones de lucha. (...) En buena medida, la huelga, que no ha sido convocada ni prevista por ninguna de las organizaciones que la alientan una vez desatada, se extiende por contagio. A partir de un nimio incidente en un pozo, una cadena de solidaridades primero en el marco de la empresa, luego de la cuenca y finalmente de toda la minería y gran parte de la industria en Asturias y en muchas otras zonas de España da cuenta no sólo del profundo malestar existente sino también de la persistencia de vínculos subjetivos que responden a una cultura obrera que la dictadura no ha podido erradicar. (...) Para la mayoría de los mineros, ver cómo han regado de maíz los accesos al pozo o afrontar los insultos de un piquete de mujeres representa una vergüenza, una línea que no están dispuestos a cruzar y que a menudo proporciona el impulso definitivo para dejar de trabajar. (...) La fuerza extraordinaria que tienen estos códigos obreros de solidaridad de clase acentúan el carácter pacífico de la huelga (...) En 1962 y en los años sucesivos se observa en los huelguistas un prudente cálculo de los riesgos. Las huelgas mineras se convierten, a partir de estos años, en un hecho habitual, pero apenas se registran incidentes violentos. El acto subversivo más notable es una manifestación que desemboca en el "asalto" –sin víctimas- a la comisaría de Mieres en marzo de 1965, que corre a cargo de una multitud desarmada que reclama la puesta en libertad de unos detenidos. Y, llegada la democracia, cuando los piquetes y las barricadas vuelvan a poblar las cuencas en los momentos de mayor tensión, dando lugar a choques con la policía, puede afirmarse, no obstante, que se trata de una violencia dosificada y controlada que, por otra parte, no se diferencia sustancialmente de la que está siendo empleada por otros sectores obreros como los vecinos trabajadores del sector naval gijonés". (3)

Pese a algunos puntos en común y ciertos vínculos entre ellas, las huelgas que se han sucedido en las cuencas mineras no son equiparables unas a otras, y los distintos protagonistas han ido adaptando sus formas de acción y movilización a los contextos políticos y a las circunstancias en que éstas se producían. Es necesario conocer los segundos para comprender los motivos de las primeras.

A mediados de junio de 2012 no se ha decretado (todavía) un estado de excepción pero a él nos han llevado la proposición, aprobación y entrada en vigor de "leyes" excepcionales (9) que permiten llevar a cabo reformas y contrarreformas injustas, regresivas e ineficaces (para el fin que dicen perseguir pero una verdadera bendición para la patronal, los bancos y las aseguradoras), desmantelar servicios públicos, precarizar, empobrecer y condenar a la mayoría, reprimir y acallar las críticas, blindar a banqueros, jueces mentirosos y empresarios, desahuciar familias, indultar a corruptos y estafadores, evitar la investigación de sus delitos e incluso premiarles, rescatar a los bancos, abaratar y flexibilizar el despido, congelar las pensiones, rebajar los salarios, dinamitar los derechos laborales, desconocer cómo se conquistaron...

En general, la escuela de la transición inmódelica enseñó a los nietos de quienes participaron en aquella huelga silenciosa (y a los del resto de la clase obrera) que las libertades y la democracia de este país las trajo el rey Juan Carlos y Suárez. Afortunadamente, ha habido abuelos y abuelas que nos han sacado a algunos del error, que pidieron a sus nietos que les dijeran a los profesores que se releyeran la historia y que les explicaron que no, que "para conseguir las libertades y la democracia en este país sufrimos muchos mucho y quedaron muchos en el camino". (4)

Hay una luz en Asturias que ilumina España entera, es que allí se ha levantado toda la cuenca minera (10)

(1 y 2) Versos del poema "Asturias", del escritor salmantino Pedro Garfias.
(3) "De la dinamita a la huelga del silencio. Los mineros asturianos entre la revolución proletaria y la resistencia antifranquista (1934-1962)", por el historiador y profesor de la Universidad de Oviedo Rubén Vega García.
(4) Fundación Juan Muñiz Zapico. Huelgas de 1962 en Asturias.
Hay una luz en Asturias. Testigos de las hueglas de 1962 (documental).
Homenaje a las mujeres de la huelga del 62 (libro homónimo y cortometraje A golpe de tacón).
(5) "Las huelgas ya no son lo que eran", prólogo de Manuel Vázquez Montalbán a la primera edición del libro "Las huelgas de 1962 en Asturias", coordinado por Rubén Vega García y recientemente reeditado.
(6) Se radicaliza la lucha obrera en todo el país (artículo). La cuenca asturiana se paraliza y los mineros preparan más movilizaciones (artículo).
(7) Cuando el escritor se queda fuera (artículo).
(8) Reportaje fotográfico "Resistencia minera", por Javier Bauluz. Huelga general en Asturias, censura en los medios (fotos, videos, audios). "La lucha que temen", por Pablo Hasél (video musical)
(9) Véase la esclarecedora intervención de Manuel Monereo en el programa de La Tuerka CMI titulado Y llegaron los hombres de negro (min.28-32): "[Q]ue se acepte [un diktat] de órganos no representativos, que no tienen jurisdicción en la política española desde ningún punto de vista, eso significa, pura y simplemente que los poderes fácticos son los que están dirigiendo la vida de este país. Lo voy a decir de otra manera, lo que la crisis pone de manifiesto es algo terrible, que es que estamos ante un estado de excepción. Y los estados de excepción se demuestran por dos cosas fundamentalmente: una es, se suspende el Derecho, y dos, los poderes fácticos mandan. El Derecho está suspendido en este país, la Constitución española del 78 ya no está vigente, es una simple constitución semántica, no dirige la vida del país. Y, a su vez, los poderes fácticos, especialmente la banca española, son los que están mandando. Y eso yo creo que significa algo muy serio. No es que sea solo una cuestión de los banqueros y de su terrible voracidad, no, son los banqueros, una clase política supeditada a los banqueros y unos medios de comunicación parte del entramado de poder los que están dando un golpe sistemático contra los trabajadores. Lo que se está desmontando es la Constitución del 78, lo que se está desmontando es el estado social y el gran pretexto y el gran cerebro organizador de eso se llama la Unión Europea".
(10) Escrito por Rafael Alberti.
(11) Blog de Antón Saavedra.

Imagen. (11)

10.6.12

Narraciones al son de la zanfona

Narraciones al son de la zanfona

Por Edgardo Civallero

El Museo de la Gaita forma parte del Muséu del Pueblu d'Asturies, una institución gijonesa situada a orillas del río Piles, muy cerca de la desembocadura de ese curso de agua en las costas del Mar Cantábrico.

Además de contar con una impresionante colección de gaitas de todo el mundo (incluyendo, evidentemente, a la gaita asturiana, la "reina" de la exposición), el Museo dispone de una sección en la cual exhibe un completo muestrario de instrumentos musicales populares y tradicionales de Asturias. Y entre ellos se encuentra la zanfona, un cordófono de sonido muy particular que, desde tiempos medievales, estuvo sobre todo en manos de trovadores y narradores ciegos.
Esta tradición tuvo numerosos cultores en toda la mitad norte de España, pero se concentró en Galicia y Asturias. Una foto tomada por Baltasar Cue a principios del siglo XX y expuesta tras las vitrinas de esa sección del Museo de la Gaita, documenta la presencia de uno de los últimos ciegos trovadores asturianos. La imagen muestra a un anciano que sostiene una enorme zanfona entre los brazos, un instrumento oscurecido por esa pátina tan especial que adquiere la madera tras años y años de ser acariciada por manos grasosas, de ser apoyada en cualquier sitio, de viajar de un lado a otro desprotegida... A su lado, un niño de unos diez años, a todas luces el lazarillo que solía guiar al ciego, acompañar sus canciones con una pandereta y recoger las monedas, parece ofrecer al público uno de los famosos "pliegos de cordel".

Es en ese momento cuando la atención pasa de la música y los instrumentos a las palabras que solían acompañar.

En tierras europeas y latinoamericanas, la literatura popular se difundió sobre todo a través de las narraciones en verso de trovadores, payadores o cuenteros... A partir de la aparición de la imprenta y de la popularización de sus productos, los relatos que recitaban esos "libros vivientes, andantes y cantantes" (sobre todo los ciegos cantores del norte de España, acompañados por la música quejumbrosa de la zanfona y el pandero de sus lazarillos) también podían comprarse impresos en pequeños pliegos de papel.

Esos pliegos (llamados "de cordel" porque solían exponerse para la venta prendidos de cuerdas) sirvieron como medios de transmisión de literatura histórica, religiosa o de otra índole entre la gran masa de campesinos y "gentes del pueblo". Los pliegos eran breves, manejables, baratos, ilustrados y descartables. A aquellos que no poseían las destrezas de la lectura les bastaba con oír la amena exposición del narrador invidente, que había memorizado de antemano los contenidos. Los que supieran leer podían, además, adquirir y llevarse a casa, por una moneda, el apasionante relato —versificado e impreso en letras de molde— de crímenes, valentías, bajas pasiones, arrebatos, milagros, apariciones, brujerías, guerras, rebeliones...

Hasta tiempos relativamente recientes, los pliegos de cordel fueron considerados por los estudiosos, académicos e historiadores de la literatura como poco menos que bazofia, prototipo del mal gusto que un populacho inculto se regodeaba en leer (o escuchar). Dice Antonio Lorenzo en la Revista de Folklore de la Fundación Joaquín Díaz:

En los manuales al uso sobre la Historia de la Literatura, se presta escasa o nula atención a un género literario conocido con el nombre de "Literatura de Cordel". Las mentes clasistas, tan acostumbradas a regirse por una preceptiva del bien hacer, consideran este género como prototipo del "mal gusto". Sólo admiten una literatura aséptica encaminada a un lector preparado y culto, donde las pasiones entrarían en el campo de lo previsible por la sociedad. Frente a esta postura, la literatura de cordel ofrece una visión vitalista de la realidad donde entran en juego crímenes pasionales, venganzas horribles o arrepentimientos de empedernidos pecadores. Se la ha etiquetado como infraliteratura donde se parangona lo vulgar con el gusto popular y, aún más, como inductora de bajas pasiones y de promover la superstición en sus asiduos consumidores. A pesar de la parte de verdad que esto encierra, toda simplificación generalizadora, supone el desconocimiento profundo de la mecánica de lo popular y su proceso.

Denostados por esos pocos que, en términos de historia oficial, siempre tuvieron la última palabra, y adorados por el resto, aquellos siempre silenciados, siempre etiquetados como "campesinos", "populacho" o el anónimo y masificador "gente", los pliegos de cordel tienen un rincón en un museo que trata de impedir el olvido definitivo de tradiciones ya desaparecidas o en total recesión: la del relato oral, la de los romanceros, la de la zanfona... Precisamente esas pocas tradiciones que democratizaban la cultura y el saber.

El Muséu del Pueblu d'Asturies no solo es un refrescador de viejas memorias. También es un excelente desmitificador, que deshace, con sus exposiciones, leyendas históricas e imágenes preconcebidas. Como aquella que nos muestra a los pastores asturianos comiendo el queso de sus ovejas y la mantequilla de sus vacas y a los agricultores disfrutando cada tarde de un trozo de pan blanco, un rebosante plato de verduras variadas y, de postre, un sorbito de la mejor sidra...

Nada más lejos de la realidad. Pero esa historia quedará para otra ocasión. Porque merece un buen par de páginas...

[Nota: Desde este pequeño rincón en el universo virtual, vayan mis ánimos a los trabajadores de la cuenca minera asturiana y a todos los sectores sociales que se han sumado a sus protestas].

5.6.12

Tropos, trucos y trampas

Tropos, trucos y trampas

Por Sara Plaza

¡Cómo me hubiera gustado tener de profesor de Lengua y Literatura a un agitador político-literario! ¡Cómo hubiera deseado aprender sobre usos y abusos del lenguaje en alguna de las conferencias de Santiago Alba Rico! ¡Qué no hubiera dado por participar en el turno de preguntas para desdudarme sobre los trucos y las trampas que jalonan los hitos del discurso, y de la propaganda!

No hace mucho me tropecé con una de esas conferencias titulada "Los fines y los medios: comunicación y capitalismo", celebrada el 1 de mayo de 2010 en Getaria, y no pude por menos que acordarme de mis años de Bachillerato y de lo mucho que me aburría auscultar extractos literarios en busca de la escurridiza metáfora, la alocada sinestesia, el provocador oxímoron y toda la cohorte de recursos similares que estrangulaban aquellos textos...

Durante esta intervención, el autor trata de explicar cómo se construye la opinión pública a través de los medios de comunicación en el contexto del capitalismo, y empieza distinguiendo entre el contenido (del cual ya estamos acostumbrados a desconfiar) y los formatos, cuando se aborda la difusión de los discursos. Sobre la manera de manipular, silenciar y falsificar el contenido menciona en primer lugar el hecho de que hay titulares que desmienten la noticia y viceversa, contenidos verdaderos bajo encabezamientos falsos. A continuación habla sobre ciertos "lugares comunes" del lenguaje (impuestos intencionadamente en unos casos y utilizados por inercia en otros) que son "bombardeados", "minados", "invadidos" por los medios de difusión y el discurso político. E inmediatamente después hace referencia al paralelismo que existe entre los recursos literarios que se emplean en el periodismo y los que se utilizan en la poesía. Y es entonces cuando de manera sumamente ilustrativa va desgranando algunos de esos tropos que tanto me hicieron padecer en clase...

Dice Alba Rico:

... utilizan muchísimo el eufemismo, que como saben ustedes es el nombrar una palabra por otra que la esconde pudorosamente. Así vemos casos conocidísimos, como cuando hablamos de efectos colaterales, que es un término verdaderamente ignominioso para referirse a piernas y brazos y corazones que sangran... Otras como contratistas para referirse a los mercenarios, o cuando utilizamos donantes para referirnos a las empresas y países involucrados en eso que, también eufemísticamente, se llama proceso de reconstrucción de un país que en realidad es un proceso de saqueo y de apropiación de sus riquezas... O por ejemplo cuando hablamos en el caso palestino de asentamientos, que es un término muy neutral y muy descriptivo para no llamar por su nombre a las colonias que se apropian de tierra ajena por la fuerza de las armas.

... luego tenemos la sinécdoque, que como ustedes saben es un tropo literario que consiste en nombrar la parte por el todo... yo recuerdo por ejemplo que cuando gobernaba Sadam Husein en Irak, en los titulares de [el diario] El País..., como podemos ver ahora con Venezuela, era siempre Sadam Husein el que tomaba todas las medidas... todo lo hacía Sadam Husein, como ahora todo lo hace en Venezuela el presidente Chávez... siempre es Chávez, y es una manera de ignorar que Venezuela es un país donde hay división de poderes, donde hay instituciones, cada una de las cuales toma sus decisiones, muchas de ellas no solo con independencia de lo que piense el presidente Chávez, sino además en contra muy probablemente de lo que serían los deseos del presidente Chávez... Desde que Irak es un país ocupado y tiene un gobierno títere, títere al mismo tiempo de los Estados Unidos y de Irán, ya no son los gobernantes los que toman las decisiones, se dice "Irak abre sus fronteras con Siria".

... el uso de la antífrasis es permanente... por ejemplo, recuerdo que en vísperas de las últimas elecciones estadounidenses, cuando Hillary Clinton quería ser candidata a Presidente... pues El País titulaba una noticia Hillary modera su discurso. ¿Y qué quería decir que Hillary moderaba su discurso? Que lo había acercado, que cada vez lo había asimilado más al discurso de la derecha neoconservadora más radical. Es decir, que Hillary había dicho que iba a tomar medidas contra los inmigrantes, que iba a reducir el gasto público, el gasto sanitario, que iba a perseguir el crimen aún más sañudamente y que iba a bombardear más países si obtenía la presidencia. Y a eso El País lo llamaba moderar el discurso. Porque sabemos que vivimos en un mundo muy curioso en el que si alguien lanza un huevo es un radical y si alguien lanza un misil es un moderado. Vivimos en un mundo muy curioso en el que si uno quiere conservar su casa o su tierra es un radical, y si alguien quiere apoderarse de ella, violar a las mujeres, quemar todos los árboles, arrancar todos los olivos y no dejar piedra sobre piedra, ese, en cambio, se considera un conservador... Aquí estamos muy acostumbrados a que se llame precisamente moderado al radical y radical al moderado, conservador al extremista destructivo y extremista destructivo al que lo único que quiere es conservar las paredes de su casa o conservar un mínimo de derecho, por ejemplo. Aquí arremeter contra el derecho es un síntoma de moderación y buen juicio y, en cambio, tratar de conservar un mínimo de derecho se identifica en seguida con posiciones extremistas, radicales, etc.

... tenemos también la sinestesia... que es cuando un poeta asocia dos emociones o dos sensaciones que en la lógica común son contrarias, si hablamos por ejemplo de un fuego frío, o cuando Luis Cernuda habla de ese ángel cuya ala de acero penetra en el pecho del amado... Las sinestesias se utilizan todo el rato, por ejemplo se habla de fuego amigo... recuerdo que también El País, cuando una mujer que había perdido un hijo en Irak y que llegó a acampar delante de La Casa Blanca, la llamaba la más agresiva activista por la paz... Luchar por la paz se convertía en una agresión, por lo tanto en un acto de guerra, y por lo tanto en un acto que justificaba todas las medidas que permanentemente tomaban contra ella.

... tenemos también la metáfora, basta ver los nombres que ponen a las misiones bélicas, tanto Israel como los Estados Unidos, uvas de la ira, lluvias de otoño, están constantemente utilizando metáforas poéticas para construir su discurso.

... hay cosas atroces, por ejemplo cuando se utiliza la elipsis. No se si ustedes recuerdan cuando "detuvieron" a Ahmed Sadat, el líder palestino y lo sacaron de una prisión que en realidad estaba custodiada por estadounidenses e ingleses en virtud de un acuerdo con la Autoridad Palestina y con Israel. Los israelíes atacaron la prisión, sacaron desnudos a los prisioneros y había una curiosa leyenda debajo de una fotografía atroz, terrible, en la que se veía a un prisionero palestino en calzoncillos encañonado por un fusil... la leyenda decía fuerzas militares israelíes detienen a Ahmed Sadat que permanece desnudo. Permanece desnudo es una expresión bastante singular, parece que es que hubiera nacido desnudo, no se hubiera vestido nunca y lo hubieran sacado tal y como hubiera nacido de allí. Hay que imaginar más bien que alguien lo había desnudado, que si estaba dentro y había estado resistiendo contra el asedio israelí no lo había hecho desnudo.

... en esa misma noticia se utilizaba por ejemplo un oxímoron, que saben ustedes que es una contradicción absoluta, que es como cuando hablamos de luz negra, es como una sinestesia extrema... debajo de esa misma fotografía se decía que Ahmed Sadat se había entregado voluntariamente. ¿Ustedes se pueden imaginar que [el diario] El Mundo, por ejemplo, pudiera describir un atraco a mano armada como la entrega voluntaria por parte de un viandante de la cartera a alguien que le amenaza con una pistola?

... y luego una que a mí me ha parecido siempre particularmente capciosa, particularmente insidiosa, es la manipulación sintáctica... es lo que llaman los lingüistas y los gramáticos hipérbaton, que es cuando cambiamos el orden sintáctico de la frase para producir un determinado efecto... Yo no sé si se han dado ustedes cuenta, sobre todo en el caso palestino, al que yo soy particularmente sensible, cómo mientras que "terroristas palestinos atacan un autobús en Tel Aviv y asesinan a doce civiles", que luego muchas veces resulta que son militares, al revés se titula "veinticinco niños palestinos mueren a consecuencia de, o más perverso aún, mueren después de un ataque del ejército israelí"... Es interesante porque los sujetos de la frase son siempre los palestinos: cuando atacan son los agentes de la agresión y cuando son atacados son, de alguna manera, también responsables de su propia muerte... los palestinos mueren a consecuencia de, después de, al mismo tiempo, nunca son los israelíes los agentes de la acción, son siempre los sujetos lingüísticos los palestinos y por lo tanto son siempre los palestinos los responsables, tanto de la muerte de los israelíes como de sus propias muertes.

De este modo extraordinariamente pedagógico expone Alba Rico lo que él llama una pansemia generalizada, "allí donde de pronto todas las palabras significan todo y por lo tanto nada", o una episemia generalizada "donde los signos dejan de significar, pierden su valor para significar, unas veces en virtud de una polisemia excesiva, otra veces en virtud de una oligosemia; unas veces porque significan demasiado, otras veces porque significan tan poco que ya pierden por completo todo significado".

¡Qué poco nos dejaron entrever este auténtico campo de batalla aquellas frases tan ñoñas que traían los libros de texto para ser analizadas sintácticamente y aquellos párrafos tan insípidos que teníamos que diseccionar para dar con alguno de los recursos enumerados más arriba...!