29.5.12

Una historia conmigo en ella...

Una historia conmigo en ella

Por Sara Plaza

A story with me in it es una serie documental de la televisión irlandesa que reúne a seis autores irlandeses con otras tantas personas adultas que llevan toda la vida lidiando con la escritura. Cada programa se centra en la historia de una de esas personas y el desafío que fue ponerla por escrito. Basada en dicha serie, la Agencia Nacional de Alfabetización de Adultos (NALA, en inglés) ha desarrollado una página web. Su objetivo es promover la alfabetización y animar a la gente a escribir una historia. A través de ella pueden enviarse las historias (de hasta 1000 palabras) y poemas que uno escriba y quiera compartir con los demás. Para aquellos que necesitan un empujoncito para empezar a escribir hay un apartado en el que se brindan algunos consejos.

El primero de ellos recuerda que todos podemos contar historias y que lo hacemos a diario cuando hablamos con amigos o familiares, y también indica que uno no debe preocuparse demasiado por la ortografía ni la gramática pero sí debe sentarse cómodamente antes de empezar a anotar sus pensamientos.

El segundo consejo tiene que ver con la inspiración. Cuando uno no sabe muy bien sobre qué ponerse a escribir puede empezar haciéndose preguntas del tipo ¿quién?, ¿qué?, ¿dónde?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿cómo?, y ¿por qué?

El tercer consejo explica que en una historia es importante describir los personajes y los lugares tanto como se pueda. Para eso hay que encontrar algunas respuestas: ¿cómo se llaman los personajes?, ¿qué aspecto tienen?, ¿qué es lo que otra gente piensa de ellos?, ¿cuáles son sus aficiones?, ¿dónde ocurre la acción?, ¿qué tipo de lugar es, un pueblo, una ciudad, otro país?, ¿te gusta ese sitio?, ¿por qué?, ¿es de día o de noche, verano o invierno?

El penúltimo consejo se refiere a la estructura y advierte que la mayoría de las buenas historias tienen un comienzo, un desarrollo y un final. El ejemplo que se ofrece plantea la posibilidad de imaginar cómo le contaríamos una historia a un amigo. Tal vez escogiésemos comenzar hablándole de las personas y de los lugares, después podríamos describir qué es lo que sucede y terminar aclarando de qué manera les afecta a ellos o nos afecta a nosotros eso que ha pasado.
El último consejo es ponerse a escribir.

Si nuestro miedo no tiene tanto que ver con la historia como con las propias dificultades para leer y escribir, existe otra sección en la que se esboza brevemente cómo cualquiera puede mejorar sus habilidades de lecto-escritura y obtener confianza para desarrollar otras nuevas. Es posible aprender en casa hablando por teléfono con un tutor o a través de Internet, y también se puede acudir a un centro local de Comité de Vocación Profesional (VEC, en inglés). La formación es gratuita y nada tiene que ver con regresar al colegio, cada cual aprende a su ritmo y no hay exámenes finales.

Volviendo a la serie televisiva, el programa del lunes 14 de mayo reunió a Paddy Joe Donnellan con el autor teatral, novelista y poeta Dermot Healy. El primero nació y creció en la granja familiar. A lo largo de su relato, escrito con la ayuda del segundo, no solo repasa su pasado sino que da cuenta de cómo se vivía en una granja rural durante los años cincuenta, una imagen de Irlanda que hoy está casi olvidada.

Cuenta Paddy: "Nací en 1944 y crecí en Loughrea, condado de Galway. Tenía un hermano y dos hermanas, y un padre y una madre por supuesto. Éramos pequeños granjeros...". Aunque era un buen estudiante tuvo que dejar la escuela cuando su padre cayó enfermo: "No volvió a trabajar ni un solo día más, y así estuvo durante 13 años hasta el día que falleció. Mientras fui a la escuela yo quería ser carpintero o barbero. Pero esas ilusiones se hicieron añicos cuando me tuve que quedar en casa ayudando en la granja. Para entonces, entre la comunidad de granjeros existía la creencia de que el hijo mayor no necesitaba educación. Que él iba a ser un granjero sin más. Y yo como que caí dentro de esa categoría".

Cinco años atrás, Paddy acudió al centro de formación para adultos de Loughrea y con la ayuda de una tutora fue mejorando sus habilidades y anotando sus recuerdos. Explica: "Todavía me queda mucho por vivir y sigo adelante con mi formación... Me gustaría intentarlo ahora, estoy haciendo averiguaciones para ver si puedo inscribirme para el Certificado de post-egresado (PLC, en inglés). Lo que aún me quede de vida voy a seguir formándome".

En cuanto a Dermot Healy, actualmente recorre el país recolectando la historia oral de su gente y su pasado. Sobre la historia de Paddy afirma: "Es un retrato muy honesto, uno muy simple. Él se acordaba de estar yendo a la escuela y haciéndolo muy bien cuando de repente se encontró de vuelta en la granja, trabajando. Y un momento muy especial de su relato fue al hablar de su maestro entristeciéndose al saber que tenía que dejar la escuela y regalándole un diccionario".

22.5.12

El arte de recordar

El arte de recordar

Por Edgardo Civallero

Durante los inviernos de los años 1924 a 1927, el misionero capuchino bávaro Ernesto Willhelm de Moesbach se reunió, en la misión de Puerto Domínguez (cerca del lago Budi, provincia de Cautín, IX Región de la Araucanía, Chile), con un anciano del pueblo Mapuche llamado Pascual Coña. La intención inicial del religioso era mejorar su manejo del mapudungu, la lengua de ese pueblo originario del centro y el sur chileno. Durante las charlas, Moesbach iba grabando en cinta magnetofónica todo lo que le relataba aquel viejo memorioso y hablador, que no escatimaba detalles a la hora de describir antiguas costumbres de su gente y antiguos paisajes de su tierra natal.

Con el paso de los encuentros, el bávaro se dio cuenta de que tenía en sus manos un testimonio único: una narración en primera persona de uno de los actores de un periodo histórico crucial (la ocupación de la Araucanía chilena) y de uno de los últimos supervivientes de un modo de vida en franco retroceso. De manera que organizó sus notas y propuso a Coña editar un libro con su biografía.

El texto, escrito a dos columnas (una reflejando la narración original en mapudungu y la otra con la traducción aproximada al castellano de la época) fue revisado por Rodolfo Lenz y Félix José de Augusta (verdaderas autoridades en lingüística Mapuche) y, con el auspicio de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, fue publicado en Santiago de Chile en 1930 bajo el título de "Vida y costumbres de los indígenas araucanos en la segunda mitad del siglo XIX".

Pronto se convirtió en una verdadera obra de referencia: una de las fuentes más útiles y fidedignas para conocer no solo la lengua de los Mapuche de finales del siglo XIX (y sus giros, modismos y vocabulario especializado), sino también su cultura, sus costumbres, su organización y sus creencias. Asimismo, proporciona un análisis personal de la visión de un indígena Mapuche de la llegada del hombre blanco a sus territorios, y de las decisiones y posicionamientos que los distintos individuos y grupos Mapuche asumieron ante tal presencia extranjera.

Las últimas ediciones del volumen se han titulado "Lonco Pascual Coña ñi tuculpazungun / Longko Pascual Koña ñi tukulpan dungun / Testimonio de un cacique Mapuche" y su autoría es erróneamente adjudicada al propio Pascual Coña. En realidad, Coña no fue longko (una de las jerarquías socio-políticas Mapuche) ni escribió el libro en sí.

Cuando narró su historia y sus vivencias, Coña tenía alrededor de 80 años. Había nacido en Auweyeku, pero vivió en Raukenwe, localidad hoy llamada Piedra Alta, a 20 kms. al sur de la actual Puerto Saavedra (zona costera de la IX Región de Chile). Basándose en los datos que proveyó en sus relatos, investigaciones posteriores han desvelado que los descendientes de ese abuelo narrador viven hoy en la localidad de Kalbuleo, cerca de Puerto Domínguez, en unas tierras que les cedió el Estado chileno cuando su pueblo fue derrotado y “reducido”.

La lucidez que demuestra Coña al contar sus experiencias es asombrosa. Lo es, también, el nivel de detalle al que llegan sus descripciones. Véase, sino, el relato sobre su genealogía, que todo Mapuche sabe hacer ascendiendo al menos cuatro generaciones (el meli folil küpan):

Cuando ya tenía conocimiento de las cosas, llegué a ver a una anciana de edad muy avanzada; tendría más de cien años. Por tanta vejez sus ojos se habían secado, dentadura ya no tenía: las puras encías le quedaban. Tampoco oía, era bien sorda; sin embargo, si se le hablaba al oído, conversaba lo más bien. Esa anciana se llamaba Picholl y era mi bisabuela paterna. El marido de ella, por consiguiente mi bisabuelo, se llamaba Wechuñpang.

Dicho Wechuñpang tuvo un hijo de nombre Aillapang, mi abuelo paterno. Este estaba casado, pero a su mujer, mi abuela, no la alcancé a conocer. El hijo de Aillapang se llamaba Tomás Coña y ése era mi padre. Nació cerca del mar, en el lugar denominado Raukenwe.

Mi finada madre nació en Wapi, en el lugar donde está actualmente la capilla, Kolwe se llama esa región. Su padre era Paillau. Ese anciano era, pues, el padre mi mamá; luego mi abuelo materno. La madre de mi mamá, o mi abuela materna, se llamaba Wenter; vivía en Maiai, donde está ahora la viuda Marta, mujer del finado Pichipainemill. Tenía un hermano, el finado Painekeu. Al padre de ella, a mi bisabuelo materno, no lo alcancé a conocer.

A la hija de Paillau, madre mía e hija de Wenter, la había robado mi padre para mujer; pues solía decir: "deuma niefilu mafün (después de tenerla hice el pago tradicional)". De tal modo casados vivían ellos en Rankelwe.

Coña describe uno de los juegos más tradicionales de los Mapuches, el llamado "juego de las habas" o awarkude.

También jugábamos a las habas. Para este fin se buscaban ocho habas que se pelaban en una cara, tiñéndolas enseguida de negro en la misma cara pelada con carbón. Ya arreglado eso, se reunían veinte fichas: servían de tales unos porotos o arvejas o habas o palitos: cualquiera de estas cosas.

Antes de empezar el juego se ponía en el suelo una frazada por tablero. Luego se sentaban frente a frente los dos muchachos que querían jugar a las habas; cada cual tenía sus veinte fichas a un lado. Listos, se invitan uno al otro diciendo "kudeaiyu mai (juguemos, pues)".

- "Chem pilelaen? (¿Qué cosa dirás que tienes para mí? [¿Qué quieres apostar?])" pregunta el uno a su adversario.

- "Este lazo te pondré de premio. Y tú, ¿qué cosa apuestas?".

- "Esta lama [paño tejido para la silla de montar] o este cuchillo, cualquiera de las dos cosas que prefieras, te destinaré de premio" contesta el otro.

- "La lama me gusta".

- "Bueno".

Entonces empiezan el juego. Las ocho habas preparadas son las piezas con que se juega. Un jugador las toma, las empuña con la derecha y las desparrama enseguida sobre el tablero. Si cuatro habas caen de espalda [la cara negra arriba] y otras cuatro de barriga hay lo que se llama "paro"; vale una ficha.

Pero si todas caen de espalda o todas de barriga, hay lo que se llama "negro" o "blanco" respectivamente; vale dos fichas.

El que ha alcanzado paro pasa una ficha al otro lado de su cuerpo; mas cuando hace todo negro o todo blanco, pasa dos fichas a ese mismo lado.

El que ha hecho paro o todo negro (o blanco) continúa sus tiradas hasta que ya no hace negro ni paro.; entonces toca al adversario, que juega de la misma manera.

Mientras que los jugadores tiran sus piezas, cantan así: "¡Vamos, juego! ¡Favoréceme, juego! ¡Al negro, juego!".

De esta manera siguen los dos adversarios con su juego. Quien en primer lugar acaba con sus fichas, habiéndolas pasado al otro lado, ese es el vencedor. Sin embargo, todavía no recibe el premio; el juego sólo está medio hecho; exige dos tantos.

Por eso empiezan de nuevo, procediendo completamente de la misma manera. Si ahora el mismo que acabó en primer lugar con sus fichas acaba con ellas otra vez el primero, entonces el juego está terminado; pero no si el otro le hace empate; en este caso tienen que continuar el juego.

Aquel que dos veces continuas acabe el primero con sus fichas gana definitivamente y es acreedor del premio.

Cuenta también el cultivo del maíz, la preparación de la chicha de manzana chisko, la elaboración de alfarería, platería y tejidos de telar, las técnicas de caza y pesca, los casamientos y las guerras. Evidentemente, su historia refleja también las sombras que se cernieron sobre los Mapuche:

Muchas injusticias me hacían en este terreno los vecinos [colonos chilenos]: me ponían cercos por medio de mi fundo, continuamente me violaron la línea de demarcación. Un cerco bueno no erigían; por mi suelo no más pasaron sus cercos esos huincas.

Muchas veces me fui donde el Protector de Indígenas en Temuco. "Se te hará justicia", me dijo ... pero mi terreno no se me ha devuelto nunca.

Además los mismos parientes me causaban daño en el terreno. Por eso me afligía mucho yo, pobre hombre, me cansaba por los eternos disgustos. Me dije a mí mismo: "Ojalá pudiera morir ahora, para no ver nada más de toda esta miseria, yo pobre desgraciado".

Como bien señala José Ancán Jara (Centro de Estudios y Documentación Mapuche Liwen de Temuco), prologuista de una de las última ediciones del libro, "la entregada complacencia de los [Mapuches actuales] que ofrecen al mejor postor partículas de tradición convertida en tarjeta postal siguen reproduciendo el rostro más amargo de la derrota experimentada en vivo y en directo por Coña".

El libro comienza con unas palabras que resultan casi proféticas...

Kiñe dengu pian (Una cosa diré):

Estoy viejo ya, creo que tengo más de ochenta años. Durante esta larga vida llegué a conocer bien los modos de la gente de antaño; todas las diversas fases de su vida tengo presentes; tenían buenas costumbres, pero también malas.

De todo esto voy a hablar ahora: contaré el desarrollo de mi propia existencia y también el modo de vivir de los antepasados.

En nuestros días la vida ha cambiado; la generación nueva se ha chilenizado mucho; poco a poco ha ido olvidándose del designio y de la índole de nuestra raza; que pasen unos cuantos años y casi ni sabrán hablar ya su lengua nativa.

Entonces, ¡que lean algunas veces siquiera este libro!

Piken mai ta tüfa (He dicho).

14.5.12

Un mundo sin alma

Un mundo sin alma

Por Sara Plaza

En realidad, lo que denunciara hace años el experto en biodiversidad agrícola y activista contra el hambre José Esquinas, sumándose a la acusación de otros muchos, es que es el mercado el que carece de alma. Sin embargo, en la medida en que este se ha ido instaurando en cada ámbito de nuestra vida, podemos afirmar que todos nos hemos vuelto un poco más o menos desalmados.

Me gustaría compartir aquí algunas reflexiones del que fuera Secretario de Subcomité de la FAO sobre Ética en la Alimentación y la Agricultura, y actual director de la cátedra contra la pobreza de la Universidad de Córdoba (España), extractadas de un video de Attac tv. Explica José Esquinas:

Si nos centramos en el tema de la diversidad biológica agrícola hay una infrautilización de este recurso natural. A lo largo de la historia de la Humanidad el ser humano ha utilizado para satisfacer sus necesidades básicas entre 8.000 y 10.000 mil especies distintas. Hoy 12 especies contribuyen con un 75% a la alimentación calórica humana, y solo 4 especies vegetales, trigo, arroz, maíz y patata, y 5 especies animales contribuyen con más del 60% a esa alimentación calórica. Estamos infrautilizando los otros cultivos... hemos perdido, en el siglo XX, más del 90% de la diversidad biológica de las razas y de las variedades tradicionales de los agricultores que se habían acumulado a lo largo de 10.000 años de agricultura. Esa pérdida dramática de la diversidad biológica agrícola ha sido en gran parte consecuencia de su sustitución por variedades más productivas en determinadas condiciones, a veces artificiales, y con determinados insumos, como pueden ser fertilizantes, insecticidas y pesticidas... En el caso de EEUU el 93% de las variedades de frutas y verduras descritas a principios del siglo XX se han perdido para siempre. En España yo colecté, en los años 1970-74, unas 380 variedades distintas de melón; hoy no se encuentran más de diez o doce variedades en el mercado nacional... En el caso de la India, a principios del siglo XX había descritas más de treinta mil variedades de arroz; hoy se cultivan doce en el 75% del territorio nacional... Al perder esa diversidad estamos perdiendo la capacidad necesaria para adaptarnos a condiciones impredecibles del futuro, fundamentalmente en un periodo de cambios climáticos. Yo solamente puedo seleccionar lo que necesito en la diversidad, en la uniformidad no hay selección posible, por eso se hace totalmente imprescindible el conservar antes de que se pierda.

Hay otro elemento añadido, más político, en el tema de la diversidad biológica agrícola que es la interdependencia entre los países. No existe ningún país del mundo que sea autosuficiente. La interdependencia media es de un 70%, y en el caso de España depende en más de un 80% de genes procedentes de otros países. En otras palabras, cuando hay un problema en la agricultura española, en nuestros cultivos, y tenemos que resolver una resistencia a una enfermedad, o al frío o al calor, tenemos que buscar la resistencia, en el 80% de los casos, fuera de España. En el caso de EEUU es superior al 90%. Porque aquí además se da una circunstancia muy curiosa: si bien todos los países son interdependientes no lo son en la misma medida. Los llamados países ricos, porque lo son en dinero, y a veces en tecnología, son los países más pobres desde el punto de vista de esa materia prima a la que se aplica la tecnología para producir alimentos, los recursos genéticos. En la inmensa mayoría de los casos, son los llamados países pobres los que tienen ese gran pozo de diversidad que soluciona los problemas a todos los países del mundo.

Eso es lo que ha llevado a que la cooperación internacional en esta materia no sea una opción sino una necesidad ineludible, y eso ha hecho que en Naciones Unidas, que se toma el tema por primera vez entre mediados y finales de los años setenta, se haya negociado a lo largo de estos treinta años un acuerdo vinculante, el Tratado Internacional de Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura...

El número de personas que mueren cada día como consecuencia del hambre y la malnutrición son 40.000, y ese mismo día estamos usando en armamento 4.000 millones de dólares. En mi opinión es una vergüenza y es la mayor pandemia de la Humanidad. Por otra parte se dan una serie de contradicciones que no tienen mucho sentido. A partir del año 2005, el número de personas obesas y con sobrepeso supera al número de hambrientos. Y sobre todo, y la contradicción más fuerte, es que el hambre en el mundo no es cuestión de falta de alimentos. Según datos de la FAO, existen alimentos suficientes para alimentar al 70% más de la Humanidad hoy. Los alimentos están en el mercado internacional pero no llegan ni a la boca ni a la mesa de los que tienen hambre. Por eso el tema no es tanto producir muchos alimentos, sino producirlos localmente... Y por otra parte, si estamos hablando de acceso a los alimentos, es un problema de voluntad política. Y si existe la voluntad se puede conseguir terminar con el hambre en el mundo... Quizás, la gran tragedia del hambre es que no es contagiosa. Es triste, pero es posible que ésta sea una de las razones... Lo que sí es, es tremendamente peligrosa. La crisis alimentaria del 2008 llevó a revueltas callejeras en más de 70 países, y en muchos de ellos cayó el Gobierno. El repunte de crisis alimentaria y el incremento de los precios en el mercado internacional en el 2011 ha sido la causa inmediata de la Revolución o la Primavera Árabe, y bienvenida sea desde otros puntos de vista... De hecho yo creo que sin seguridad alimentaria y, sobre todo, sin soberanía alimentaría, sin la capacidad de cada país o cada comunidad de producir sus propios alimentos es muy difícil de alcanzar nunca la Seguridad mundial y la Paz en el mundo.

Yo creo que una causa del problema es que se está tratando de dar soluciones técnicas a un problema que va mucho más allá y, sobre todo, no se le ha dado la prioridad necesaria a nivel político, ligándolo al tema de la Defensa y de la Seguridad mundial. No se han invertido las cantidades necesarias desde ese punto de vista y no se han invertido en el lugar correcto... La FAO es la organización de Naciones Unidas cuyo objetivo principal es terminar con el hambre en el mundo... Su presupuesto regular, ordinario, de dos años es el equivalente a lo que dos países desarrollados utilizan en comida de perros y gatos en una semana... y el de diez años es el equivalente a lo que el mundo gasta en armamento en un solo día.

Lo peor que podemos hacer, estoy hablando tanto en el tema de la conservación de los recursos naturales como en el tema de luchar contra el hambre en el mundo, es decir que no podemos hacer nada... Como consumidores tenemos la capacidad de influir en los mercados: tenemos que transformar nuestros carros de la compra en un carro de combate.

8.5.12

La cocina del Califa

La cocina del Califa

Por Edgardo Civallero

En la segunda mitad del siglo X —o, al menos, eso indican los expertos— un copista de manuscritos y compilador de textos de Bagdad llamado Abu Muhammad al-Muzaffar Ibn Nasr Ibn Sayyar al-Warraq recibió un encargo ciertamente curioso: elaborar un compendio de recetas de platos preparados para regentes y dignatarios, de los productos que utilizaban, las herramientas que empleaban, los procesos que seguían y los cuidados que tenían en consideración... Probablemente su cliente fuese un sibarita deseoso de emular, en su mesa, los festejos gastronómicos de los que gozaban los ricos y poderosos.

Así surgió Kitab al-Tabikh, "el libro de los platos", el primer texto de cocina escrito en árabe y uno de los más antiguos sobre el arte culinario medieval.

Nacido en el Bagdad de los Abásidas, en unos tiempos misteriosos y legendarios que llenan la cabeza de aromas a mercados de las mil y una noches, el libro no se limita, sin embargo, a la célebre cocina bagdadí, sino que recoge también platos de Siria y Egipto, de Turquía y de la Península Arábiga. Al-Warraq —cuyo nombre en árabe significaría "el que comercia con papeles"— compiló 615 recetas, tomadas de una veintena de libros escritos para/por califas, príncipes, dignatarios, médicos y otras prominentes figuras de la política y de las artes. Aunque el principal propósito del compilador fue realizar una antología culinaria en un libro que abarcase la mayor variedad posible de platos, bebidas y postres, Al-Warraq también quiso desmitificar las bondades de la "cocina de los príncipes", y permitir que cualquier cocinero/a pudiera repetir los platos de los califas y sultanes en la intimidad de su propia casa, para su propia familia.

Por otro lado, el autor buscó que su trabajo sirviera como una especie de guía o manual instructivo para la cocina saludable. No en vano Kitab al-Tabikh se subtitula "el libro de cómo ganar el corazón de la persona amada y evitarle la necesidad de un médico".

El resultado fue un texto elegante y coherente, que nada tiene que envidiar a las mejores guías gastronómicas actuales. De hecho, pocos textos modernos poseen el nivel de detalle de Kitab al-Tabikh.

De sus 132 capítulos, los 30 primeros están dedicados a describir los utensilios de cocina y los ingredientes de las comidas, a detallar las propiedades de cada alimento, y a dar consejos sobre cómo evitar los daños que pueda provocar cada plato. Entre los capítulos 31 y 47 se refiere a los platos fríos y de acompañamiento, generalmente preparados con carne, pollo, pescado y verduras. Luego pasa a las preparaciones cocidas, servidas calientes y acompañadas de pan: sopas, cocidos, platos fritos y tortillas (cap. 48-86). De los fogones pasa a la parrilla (cap. 87-92) y a los postres (cap. 92-104), para luego dedicarse a la comida para enfermos (cap. 105-109). Las bebidas, alcohólicas y digestivas, tienen su propia sección (cap. 110-126). Siguen varias recetas para elaborar productos para lavarse las manos, y consejos sobre como elegir los khilal, los palillos para los dientes (cap. 127-129). Asimismo, habla un poco sobre la etiqueta durante las comidas (cap. 130-131). Finalmente, el último capítulo está dedicado a remarcar la conveniencia de echarse una siesta tras el almuerzo.

Además de las recetas y las explicaciones de rigor, Al-Warraq incluyó numerosas anécdotas y hasta 80 poemas.

Los contenidos de Kitab al-Tabikh han sobrevivido gracias a tres manuscritos copiados en el siglo XIII. Uno de ellos fue encontrado en la Bodleian Library de Oxford (Reino Unido), el segundo en la Universidad de Helsinki (Finlandia) y el tercero en Estambul. Los dos primeros fueron utilizados para lanzar una re-edición del libro en 1987. Desde entonces se han editado traducciones comentadas del texto, basadas en una interpolación de los tres documentos originales.

Al-Warraq demuestra, a través de algunos comentarios, el grado de cuidado que se tenía en las cocinas árabes de su época: "A veces, cuando el líquido de cocción se reduce por evaporación, partículas de cebolla picada o cualquier otra verdura pueden quedarse pegadas a las paredes internas del caldero. Al final se queman y caen de nuevo al fondo del caldero o se mezclan con el resto de los ingredientes si se agrega agua extra. Si esto ocurre, [el sabor de] el plato se arruinaría, de modo que uno necesita evitar tal cosa, Dios mediante".

Una de las anécdotas más famosas del libro demuestra el afán de difusión que tenía al-Warraq, y su ansia de desmitificar la "alta cocina". Cuenta que un grupo de hombres solía reunirse de vez en cuando para jugar al ajedrez hasta el mediodía. El resto del día pasaban el rato en la casa de aquel al que le tocaba hacer de anfitrión, comiendo y bebiendo. Ocurrió que en cierta ocasión, uno de los cocineros del sultán fue invitado a jugar, y de ahí en más se unió al grupo. Una vez, sus compañeros se tomaron la libertad de pedirle que preparara para ellos un plato como los que hacía para el sultán; en concreto, querían que comer sikbaj, un guiso de carne de vaca remojada en vinagre. Sin inmutarse —ni moverse de su sitio— el cocinero real preguntó quién cocinaba en aquella casa. Trajeron ante su presencia al encargado. El chef le preguntó cómo cocinaba el sikbaj, a lo cual el otro respondió con lujo de detalles. El cocinero del sultán se limitó entonces a pedir la cazuela en la que preparaba el guiso, y, tras olerla, pidió que se la lavara varias veces, incluso frotándola con hojas de perejil. Cuando la consideró limpia, dijo que ya podían ir a preparar el sikbaj tal y como solían hacerlo habitualmente, y siguió con su juego de ajedrez. Todos se quedaron extrañados, y esperaban que en algún momento aquel experto en sabores se levantara, se acercara a los fogones y agregara algunas especias, o diera quizás algunas indicaciones secretas. Sin embargo, el chef no se movió de su sitio.

Cuando el sikbaj estuvo listo y servido, todos se maravillaron por su exquisito sabor. El chef explicó entonces: "¿Creen ustedes que los platos cocinados en la cocina del sultán son diferentes de cualquier otro plato de cualquier familia común? Los ingredientes que se usan no son otros que vinagre, hierbas frescas, carne, berenjena, calabaza, azafrán y demás. De hecho, es la meticulosa limpieza de los ingredientes y los cazos lo que marca la diferencia. Nada más".

Al-Warraq cierra la introducción del libro con las siguientes palabras, dirigidas a su anónimo cliente, aquel que le encargara la compilación: "Espero que el libro demuestre estar a las alturas de vuestras expectativas, así como espero que mis esfuerzos en escribirlo estén a la altura de mi estima hacia vos". Nunca supo que su libro fue uno de los manuales más citados durante toda la Edad Media y que, aún en la actualidad, un milenio más tarde, toda la información que recopiló de otras fuentes (algunas desaparecidas para siempre) sigue siendo válida. Tanto, que sería aconsejable que muchos "grandes chefs" actuales leyeran sus palabras y aprendieran de ellas.

1.5.12

La vacuna de la historia

La vacuna de la historia

Por Sara Plaza

Fue Eduardo Galeano quien dijo que "[s]i un libro se puede leer impunemente, no vale la pena tomarse el trabajo. Cuando los libros están de veras vivos, respiran; y uno se los pone al oído y les siente la respiración y sus palabras son contagiosas, peligrosamente, cariñosamente contagiosas…".

En el último disco de León Gieco, El desembarco, puede escucharse un tema titulado Las canciones, que también nos advierte sobre la buena o mala salud de éstas: "Pobre la canción que llega tarde / Que aparece cuando todo pasó. [...] Mucho más osada es la canción que te acompaña / De dos caminos te hace uno solo / Brota de la nada y te señala / Que el lugar del alma está nuboso".

¿Y qué pasa con la historia? ¿Sigue viva? ¿Le sentimos la respiración si nos la ponemos al oído? ¿Se nos contagia su osadía?

Poco, muy poco.

No es que ella llegue tarde, más bien somos nosotros quienes nos rezagamos. Se la ha rescrito tantas veces que sus páginas están emborronadas. Hay tachones, notaciones en los márgenes, correcciones, más tachones, subrayados, palabras encerradas en un círculo, frases raspadas, renglones torcidos, párrafos enteros desaparecidos.

Pocas veces escuchada, a menudo prohibida, las más amenazada, silenciada, tergiversada...

...Si conociéramos la historia, entonces sabríamos cuántas veces el miedo ha sido utilizado para que la gente actuase en contra de sus propios intereses, para ponerla nerviosa, para conseguir que haga cosas horribles a otra gente precisamente porque se los ha asustado... un miedo y una histeria que se han empleado para controlar a la población y meterla en una guerra detrás de otra...

...Al final, aquellos que tienen el poder saben que su poder descansa en el consentimiento de la gente, y cuando la gente retira ese consentimiento ellos pierden su poder. Es importantísimo que esto lo entienda la gente corriente: cuando pareces paralizado, si te sientes paralizado ellos tienen todo el poderío militar y la riqueza de su lado, pero el hecho es que su poder se apoya sobre tu obediencia. Cuando comienzas a desobedecer entonces pierden su poder.

Cuando los trabajadores desobedecen, cuando los trabajadores van a la huelga, las corporaciones pierden su poder; cuando los consumidores desobedecen, cuando los consumidores boicotean determinadas mercancías, la gente que produce esas mercancías pierde su poder; cuando los soldados deciden no servir más en una guerra eso crea agitación en los estamentos militares y el gobierno no puede seguir adelante con la guerra...

...Un poco de historia sobre el uso del miedo y la histeria,... sería muy útil para alertar a la gente de lo que está ocurriendo hoy...


El historiador y activista norteamericano Howard Zinn, no dejó de insistir en ello a lo largo de su carrera docente.

Queda claro que no podemos leer impunemente la historia porque forma parte de nuestro presente, y nos está señalando un panorama con pocas luces y muchas sombras, que cada día que pasa se nubla más y más. Y desde luego no podemos leer impunemente la historia si pretendemos involucrarnos en ella y cambiar su curso. Tenemos que leer la historia y aprender de ella para dejar de llegar siempre tarde. Tenemos que interrogarla y ponérnosla al oído para que nos inmunice contra el miedo y la histeria que siguen inoculándonos quienes ostentan el poder.

Y en cuanto a las Historias que nos han contado no olvidemos que, como las canciones, las hay "centenarias, himnos de una patria, para niño y dictador".