30.10.12

Música... ¿afroboliviana?

Música... ¿afroboliviana?

Por Edgardo Civallero

Creo recordar que la primera saya que escuché en mi vida fue "Llorando se fue" de Los Kjarkas. En realidad, y con algunas excepciones ("Flor de Mamiña" de Inkuyo, por ejemplo), la mayoría de las sayas que oí cuando me inicié en esto de la música folklórica sudamericana pertenecían a ese grupo boliviano. La historia de "Llorando se fue" probablemente sea conocida por muchos: un grupo brasileño, Kaoma, le aceleró y sincopó el ritmo, le agregó un pasito de danza medio erótico y le tradujo la letra al portugués, convirtiéndola en la celebérrima "Lambada".

[Los (por entonces bastante ignotos) Kjarkas denunciaron a Kaoma por plagio y ganaron el juicio... Curiosamente, pasaron a hacerse famosos por ser los autores de un tema escasamente conocido que, con la versión de los brasileños, logró un reconocimiento cuasi-galáctico.

En aquella época pre-Internet (hablo de finales de los 80' y principios de los 90'), además de escuchar toda la música andina/sudamericana que caía en o cerca de mis manos (generalmente en formato cassette, grabaciones de grabaciones de grabaciones de grabaciones del disco original), también devoraba libros, artículos, revistas, documentales, programas radiales... Fue así como averigüé que la saya, ese ritmo que tanto me llamaba la atención, era, al parecer, afroboliviana: un legado de los esclavos africanos llevados a Bolivia allá por el siglo XVI para trabajar en las minas de plata del Potosí.

Por lo visto, aquellos esclavos negros no solo habían dejado la saya como herencia en Bolivia, sino muchos otros ritmos: la morenada, los caporales, la tuntuna, el tundiqui, los negritos... Mi interés me llevó a notar ciertos hechos bastante llamativos en aquellas expresiones culturales. Todos los ritmos citados ponían marco sonoro a danzas espectaculares (sobre todo por su fastuoso vestuario) que, asombrosamente, se burlaban de los antiguos prisioneros africanos (¿sus supuestos autores originales?), de sus rasgos, de sus sufrimientos, de su historia... Todos ellos se interpretaban con instrumentos totalmente andinos (charangos, zampoñas, quenas) o directamente con bandas de bronce. Y en ninguno de ellos participaban los afrodescendientes que vivían en Bolivia: jamás, en ninguna de esas danzas, vi a uno de ellos; siempre eran mestizos o, en todo caso, indígenas Aymara con la cara y las manos pintadas con betún o portando máscaras deformes, imitando burlescamente los pasos y los movimientos estereotipados de los negros.

Mientras más averiguaba, más fuerte se volvía la sensación de que algo no cuadraba. Pero la información oficial y académica que encontré insistía en que esos ritmos, tan pero tan “andinos”, eran de origen africano. Y muchos "expertos" en el folklore de esa región afirmaban sin dilaciones que aquellas danzas eran "danzas rebeldes" afrobolivianas cuyas coreografías criticaban situaciones tan dolorosas como la esclavitud (los negritos) o el látigo de los capataces (los caporales) mediante la burla hacia el propio sufrimiento… un método que siempre me pareció sospechoso y no dejó de alimentar mis dudas sobre el verdadero origen de aquellos ritmos.

Hasta que hace poco pude escuchar, por fin, la música de los afrodescendientes bolivianos en primera persona. Y oí la saya. Otra saya. El verdadero legado de aquellos esclavos, expresado a través de las manos y las voces de sus descendientes.

Sentí el latido de tres tamaños de tambores distintos, y la respiración de un enorme güiro, la cuancha, interpretando un fondo percusivo muy parecido al de la música costeña peruana. Escuché voces solistas que lanzaban al aire un verso, y coros multitudinarios que respondían con estribillos fijos. No había allí ni vientos ni cuerdas, no había letras "sensuales" o "voluptuosas"... Y vi una danza muy sencilla, sin espectacularidades y, sobre todo, sin burlas ni estereotipos.

Y supe del asombro (y de la irritación) de los afrodescendientes bolivianos actuales, que llevan años constatando el error de la práctica mayoría de sus compatriotas que creen y aseguran que aquella "saya" de Los Kjarkas, o las morenadas, o los caporales tan de moda en las ciudades, tiene todo que ver con ellos... cuando la realidad es que no existe absolutamente ninguna relación.

La "saya" andina es una simple adaptación del huayno, uno de los ritmos más populares de los Andes. Se lo ha sincopado para que tenga un cierto sabor "afro", y se le ha agregado el sonido de un güiro y, en ocasiones, de tamboriles, bongos o congas, para que parezca más "exótico". De igual modo, el resto de ritmos mencionados más arriba son invenciones que nada tienen que ver con la cultura o las tradiciones de los esclavos africanos de antaño o de sus descendientes actuales. Y esas danzas y coreografías tan célebres en toda la América andina son, como ya se dijo, una burla de los Aymara hacia los negros bolivianos, a los que tradicionalmente consideraron como personas sucias, ladronas, vagas y maleantes...

En la actualidad, los ritmos "afro" como morenadas, sayas y caporales son los más apreciados en todas las entradas folklóricas de Bolivia y alrededores, y es raro encontrar una comunidad boliviana (incluyendo las de emigrantes) que no tenga al menos un grupo de baile de caporales para sus fiestas. No solo se escuchan en festividades y celebraciones religiosas: en cualquier discoteca de La Paz pueden oírse las sayas y morenadas más sabrosas del momento. Los grupos que las interpretan son "número uno" en ventas, y los candidatos más firmes para ganar todos los premios habidos y por haber y lograr fama y dinero. Y por eso mismo, los compositores de esos ritmos son los más solicitados; las bailarinas de esas danzas son las mujeres más deseadas; los diseñadores de los vestuarios, los más requeridos... Los Kjarkas, que incluso acuñaron la etiqueta de "saya sensual" para las "sayas andinas" cuyas letras incluían contenidos claramente sexuales, han sido uno de esos grupos con muchos de sus temas en las listas de éxitos latinoamericanas.

Entiendo que todo esto es un negocio. Pero, como tantos otros, es uno injusto, que se nutre de la identidad de unos terceros que nada ganan; es más, han perdido siempre. Y los problemas no acaban allí. Los documentos oficiales, los manuales de folklore y música, y muchísimos libros y artículos académicos dan por buena la tesis del origen africano de la morenada, la saya y el caporal que hoy se escuchan, cantan y bailan a lo largo y ancho de Bolivia. Los documentales de muchas televisiones públicas hispanoamericanas, los programas radiales, los videos musicales, los materiales educativos para las escuelas, todos ellos propagan y perpetúan una idea equivocada.

Mientras tanto, los afrodescendientes llevan siglos viviendo en los yungas (valles cálidos) del oriente del departamento de La Paz, dedicados a sus propios asuntos: el cultivo de café, fruta y coca. Hace un tiempo que vienen denunciando el continuo manoseo y la grosera deformación de su identidad. Y lo logran haciendo sonar su saya. La verdadera. Una música pura y sencilla, que nada tiene que ver con las versiones del huayno creadas por los Aymara del altiplano. Una música que, hoy por hoy, les sirve de bandera y de caballo de batalla en la lucha por sus derechos.

Video 01. Homenaje a la saya afroboliviana.
Video 02. Saya de Los Kjarkas ("El ritmo negro").
Video 03. Saya afroboliviana auténtica.
Video 04. Así se difunde la "música afroboliviana" en la propia Bolivia (Carnaval de Oruro).

Imagen.

23.10.12

El poeta que aprendió de los árboles

El poeta que aprendió de los árboles

Por Sara Plaza

Escribe el poeta y escritor palestino Mourid Barghouti en el perfil de su sitio web oficial:

La vida no será simplificada. La sobresimplificación es mi enemiga como poeta. En los últimos 50 años la vida en mi parte del mundo ha ido entrelazando lo normal y lo anormal. La gente continúa con su vida cotidiana en medio de extremos históricos de guerra, emigración, opresión e incertidumbre. En mi trabajo intento desafiar el lenguaje convencional a través del cual es descrito este mundo no convencional; trato de ver lo asombroso en lo habitual y lo habitual en lo extremo; la gran paradoja de Palestina es que los bombardeos no son tanto una noticia como lo es una reunión familiar. También formalmente estoy fascinado por este entrelazarse lo usual y lo inusual, exactamente como la guerra y la paz se manifiestan en el número de miembros de la familia que están presentes en la mesa a la hora del desayuno, intento expresar lo extraño de mi mundo con palabras que no son extrañas en absoluto. Quiero que mi lenguaje sea físico, preciso, visual, concreto, cotidiano y normal con el fin de revelar cómo de anormal es la condición que describe. Al hacer esto, intento sugerir un nuevo lenguaje que desafíe la falsa y ostentosa grandeza gubernamental, cuyo objetivo es menospreciar la realidad compleja con una monótona metáfora bidimensional. No me da miedo ninguna teoría, la vida es mucho más rica que todos nuestros modos de escribirla y un hermoso poema puede revolucionar todas las teorías literarias.

Mourid Barghouti nació y creció en Deir Ghassana, cerca de Ramallah, en la Ribera Occidental del río Jordán, Palestina, en el año 1944. A mediados de los sesenta se fue a estudiar a la Universidad de El Cairo en Egipto. Estaba finalizando sus estudios allí cuando estalló la Guerra de los Seis Días (junio de 1967). Al terminar ésta, Israel había ocupado Gaza y la Ribera Occidental y Barghouti no pudo regresar a su tierra natal. Al principio estuvo trabajando como profesor en el Industrial Collage de Kuwait y allí comenzó su carrera literaria. Sus escritos pronto aparecieron publicados en diversas revistas. En 1970 se casó con la novelista egipcia Radwa Ashour, y en 1977 nació su hijo, el también poeta, Tamin Al Barghouti.

Su primer libro de poesía, Dar al-Awdeh apareció en 1972. Desde entonces ha publicado doce libros de poesía, el último de los cuales se titula Muntasaf al Lail (Beirut, 2005) (1).

En 1977, en las vísperas de la visita de Anwar Sadat a Israel, Barghouti fue deportado de Egipto esposado y sin nada más que la ropa que llevaba puesta, y solo se le permitió regresar junto a su familia al cabo de 17 años, durante los cuales vivió en Budapest, desempeñándose como agregado cultural y representante de la Organización para la Liberación de Palestina en la Federación Mundial de la Juventud Democrática. Tal y como señala el propio autor, su estancia en dicha ciudad lo apartó de la escena literaria árabe, lo que supuso una gran pérdida.

Tras los Acuerdos de Oslo, Barghouti pudo retornar a la Ribera Occidental, y en 1996 volvió a Ramallah, después de 30 años de exilio, hecho que inspiró su novela autobiográfica Ra'aytu Ram Allah (2), publicada un año después por Dar Al Hilal en El Cairo. Con esta obra ganó la Medalla Naguib Mahfouz de Literatura ese mismo año, y en el 2000 recibió el Premio Palestino de Poesía.

Mourdid Barghouti ha escrito numerosos ensayos sobre poesía tanto en árabe como en inglés, y uno de sus párrafos más citados pertenece a un artículo publicado originalmente en el número 359 de la revista New Internationalist (agosto, 2003) bajo el título Vervicide (Verbicidio):

...Uno de sus fascinantes milagros es que a través de su forma, la poesía puede resistir el contenido del discurso autoritario. Recurriendo a la atenuación, al lenguaje concreto y físico, un poeta se enfrenta por igual a la abstracción, la generalización, la hipérbole y el lenguaje heroico de los generales irascibles y los falsos amantes... La poesía sigue siendo una de las asombrosas maneras que tenemos en nuestras manos para resistir el oscurantismo y el silencio. Y dado que no podemos lavar las palabras contaminadas de odio de la misma manera que lavamos los platos grasientos con jabón y agua caliente, nosotros, los poetas del mundo, continuamos escribiendo nuestros poemas para devolver el respeto al significado y dar sentido a nuestra existencia.

Y estas son algunas de sus respuestas en la entrevista que apareció en The Guardian (diciembre, 2008):

... Aprendo de los árboles. Igual que muchas frutas se caen antes de estar maduras, cuando yo escribo un poema lo trato con saludable crueldad, borrando imágenes para ocuparme de las buenas, de las más apropiadas.

... La belleza de un poema está en enfriar el lenguaje, pues el tono ampuloso y grandilocuente es el de los gobiernos, generales y partidos políticos. Un poeta tiene que hacer lo contrario. Un slogan solo dura un minuto. (...) No tienes derecho a decirle al lector cómo debe sentirse, decirle "quiéreme, entiende mi causa, odia a mis enemigos". Muéstrale una escena y deja que sea él quien responda; eso es democrático. Te invito a una ventana, a una galería, y te dejo allí solo.

... [S]e espera de nosotros [los escritores palestinos] que hablemos de las necesidades de las personas a quienes se niega poder expresarse por sí mismas bajo la ocupación, que expresemos su dolor. Pero esto es una trampa: tienes que encontrar un equilibrio sin sacrificar la estética para los lectores. Odio los términos "poesía de resistencia" o "poesía del exilio". No somos poetas monotemáticos. A un momento de alegría o de miseria se yuxtapone el contrario. No hay una sola cara; yo veo ambas. Todo el tiempo me cuestiono a mí mismo; si sobre simplificas es mejor dejarlo.

(1) Barguti, Murid, Medianoche. Traducido por Luis Miguel Canada, publicado por Fundación Antonio Perez. UCLM, Cuenca, España , 2006.
(2) Barguti, Murid, He visto Ramala. Traducido por Iñaki Gutiérrez de Terán, publicado por ediciones del oriente y del Mediterráneo, Guadarrama, España , 2002.

Fotografía de Sara Plaza.

15.10.12

Con tu puedo y con mi quiero...

Con tu puedo y con mi quiero...
Con tu puedo y con mi quiero...
Con tu puedo y con mi quiero...
Con tu puedo y con mi quiero...
Con tu puedo y con mi quiero...
Con tu puedo y con mi quiero...

Texto de Gustavo Duch, autor del blog Palabre-ando, los libros Lo que hay que tragar, Alimentos bajo sospecha y Sin lavarse las manos (cuentos protesta), y coordinador de la revista Soberanía alimentaria, biodiversidad y culturas.

Ilustraciones de Sara Plaza.

9.10.12

La vuelta al mundo

La vuelta al mundo

Por Edgardo Civallero

Uno de mis libros favoritos en nuestra biblioteca se titula "La vuelta al mundo_ Colección de los viajes hechos en las cinco partes del Universo durante el siglo XIX" y fue impreso en París en 1861. Según reza la portadilla, es una "edición de todo lujo, adornada con 183 láminas y 22 mapas grabados sobre acero". Lo rescaté hace muchos años de la pila de "libros para descarte" de una biblioteca cuyo nombre me callaré, allá en Córdoba (Argentina). Su destino era acabar en manos de un "cartonero", que lo vendería al peso a los recicladores de papel viejo. No es, por cierto, el único libro "rescatado" que hoy disfruta de un tranquilo y merecido retiro en nuestros estantes, ni es el más antiguo de nuestra colección. Pero sí es uno de los más interesantes. Básicamente, se trata de un compendio de relatos de viajeros y exploradores de mediados del siglo XIX, que narraban sus andanzas por el África oriental, el Lejano Oeste (que todavía era "lejano"), los misteriosos Balcanes, la Cochinchina, la Siberia o las islas de la Melanesia. Y las ilustraban con grabados que representaban trajes nacionales, paisajes de ensueño o animales legendarios y enigmáticos.

Les hablo de una época en la cual, para un amplio porcentaje de la humanidad, las fronteras personales y mentales se ubicaban a las afueras del pueblo en el que habían nacido, vivían e iban a morir. Ése era el mundo conocido, y lo demás era una suerte de terra incognita de la cual se recibían noticias a través de arriesgados mercaderes, trabajadores migratorios o funcionarios. O, en el caso de Europa, de viajeros, aventureros, soldados o comerciantes. En la mayoría de los casos, las descripciones de esas "tierras más allá de lo familiar y conocido" eran orales, pero en otras se escribían, y la minoría de la época que sabía leer y tenía acceso a la compra de libros podía disfrutarlas en la tranquilidad de sus hogares, lejos de los calores asfixiantes de Timbuktu, los mosquitos de la malaria del Nilo Azul, los cazadores de cabezas de las Filipinas o los piratas de la Malasia. Así, los europeos y americanos de mediados y finales del siglo XIX supieron de las costumbres de los Apaches chiricahua, de la orografía de los desiertos australianos, de los olores de las isbas de Irkutsk, y de los sabores de las comidas de los mercados callejeros de Estambul. Y todo eso era recibido con una mezcla de interés, admiración, recelo y espanto. ¡Tan inmenso y variado era el mundo, y tan distinta su gente, y tan diferentes sus costumbres!

Parece que hoy hemos perdido ese asombro infantil ante la amplitud de nuestro planeta y la diversidad de sus habitantes. GoogleEarth nos permite caminar pos las calles de Helsinki o Hong Kong mientras desayunamos, y conocer el color de las baldosas de la acera de cierta esquina determinada sin que se nos mueva un pelo por la emoción. Las fotos de Flickr o Picassa nos llevan prácticamente a todos los rincones visitados por el hombre, y los blogs y sitios webs de turismo y viajes son tantos y tan detallados que sería difícil no encontrar la descripción de alguna ruta concreta. Parece que nuestro apetito se ha saciado a fuerza de engullir demasiado. Aunque, por fortuna, aún quedan viajeros que se adentran en "lo desconocido" para ver y sentir, de primera mano, lo que este planeta nuestro tiene para ofrecernos. Porque saben, como sabían aquellos tempranos viajeros decimonónicos (y todos los que la historia ha visto), que los viajes marcan la piel y el espíritu de los que los emprenden, y el que vuelve no es el mismo que el que se fue. Y que esos aprendizajes adquiridos cuando se viaja no se enseñan, ni se transmiten ni se comparten: hay que vivirlos.

Les dejo, como curiosidad, algunos de los grabados y de las descripciones incluidas dentro de "La vuelta al mundo". El libro real es una verdadera maravilla: el olor y el color del papel, y ese ruido de páginas con siglo y medio de vida, son inimitables. Muchas de las realidades mencionadas en sus líneas o ilustradas en sus imágenes ya no existen. Por ende, estos son también testimonios de un mundo que se fue. Las imágenes debieron ser retocadas, dado que el papel ha amarilleado bastante con el paso del tiempo y hoy su color es prácticamente sepia. Sin embargo, los textos no fueron alterados en absoluto, y mantienen la ortografía usada en las imprentas de la época.

La vuelta al mundo
1. "Tipos de indios crees. Dibujo de Pelcoq, copiado de Paul Kane".
"Es cosa de ver, en fin, la capilla de madera de Prairie-Portage, cuando reúne en su recinto a sus abigarrados parroquianos, mestizos, indios crees ó indios del llano. Estos últimos vienen algunas veces desde muy lejos, y M. Hiud ha visto allí a una mujer sumamente hermosa en su raza, cuya habitación estaba á 300 millas en el interior del país. Muchas veces al regresa de las grandes cazas, se encuentran allí muchos indios no cristianos atraidos por la curiosidad. Se sientan con mucho decoro en el suelo, á la puerta de la capilla, vestidos de pieles ó envueltos en una manta, y ataviados con sus collares y adornos en la cabeza. Una muchacha que les acompañaba, en una ocasión, llevaba un magnífico vestido hecho del paño encarnado de uniforme. Y mientras que estos tolerantes oyentes se juntaban con sus compatriotas convertidos, mientras que Peguis, el famoso gefe de los Sault se consolaba de sus pasadas grandezas, cumpliendo devotamente con sus deberes de buen cristiano; mientras que toda aquella turba heterogénea, de origen y creencias tan diferentes, se agolpaba en sus templos é iglesias, estaban á dos pasos de allí, en la pradera los salvages nómadas del llano, ejecutando sus danzas profanas y degollando á unos perros para conjurar el mal espíritu. Todo es contraste en aquellas lejanas regiones, tanto el hombre como la naturaleza".

Narración del capitán John Palliser de la exploración de las Montañas Rocosas (1857-1859) hoy en día conocida como "Expedición Palliser".

La vuelta al mundo
2. "La Cochinchina: Retratos y trajes del Emperador y sus ministros. Dibujo de Therond".
"El Emperador de Annam es el padre de sus súbditos, pero es padre como lo entendían los antiguos cuando recomendaban al ciudadano que amara enérgicamente á sus hijos. La solicitud del monarca se da á conocer con latigazos y con palos; el palo es la base de la política asiática. Y la correccion principia por el primer ministro, que apaleado, apalea á su vez y así va sucediendo hasta la última de la escala social. Difícil sería hacer un cálculo de los palos que puede representar un instante de mal humor del soberano".

Narración de un corresponsal militar francés anónimo que retrata la Cochinchina en 1859.

La vuelta al mundo
3. "Compañeros de caza inesperados. Dibujo de Doré, copiado de Anderson".
"En otra ocasión, habiendo salido á cazar muy temprano, encontré en un recodo del río tres niús (antílopes) ocupados tranquilamente en pacer la yerba. Aprovechándome de los accidentes del terreno, me acercaba á ellos con toda la prudencia de un cazador, cuando de pronto, azotándose los costados con la cola y dando golpes en la tierra con sus pezuñas, levantaron la cabeza resollando con fuerza; sin que pudiera explicarme de qué provenía su conmoción, porque yo me hallaba perfectamente oculto a sus miradas. No tardé mucho en averiguar la causa de su agitación: un animal comenzó á gruñir cerca de mí, me volví en dirección del ruido y con gran asombro descubrí sobre un cerro una manada de leones que, como yo, trataban de sorprender á los niús".

Narración de las "aventuras y cacerías del viajero Anderson en el África austral".

La vuelta al mundo
4. "El estanque a la hora del crepúsculo. Dibujo de Doré, copiado de Anderson".

La vuelta al mundo
5. "Elefantes en Ceilán. Dibujo de M. de Bar".
"La mayor parte de los elefantes que se emplearon en otro tiempo en los ejércitos de Deccan, ó en los astilleros marítimos de Coromandel, procedía de Ceilan. Menos corpulentos y fuertes que los elefantes de los Ghauts occidentales ó de los valles del Araccan, los cingaleses pasan por ser más fáciles de criar, de enseñar y de conservar en la servidumbre. A pesar de las muchas caerías y de los degüellos que los han diezmado, esos grandes y poderosos animales se hallan todavía en crecido número en los djungales que cubren el sudeste de la isla".

Narración del viaje de circunnavegación de la fragata austriaca "La Novara" (1857-1859).

La vuelta al mundo
6. "Templo tunguse en las márgenes del Amur. Dibujo de Sabatier, copiado de Atkinson".
"En la orilla izquierda del Amur, á 76 verstes mas abajo, hay otro puesto militar compuesto de tres cabañas de madera cubiertas de juncos, y un poco más allá se eleva una casa dedicada al culto. Delante de esta casa, y mas cerca del río humeaban unos incensarios toscos que estaban fijos en la tierra. Según el sinólogo Sytschewski, que acompañaba á la espedición, este humilde templo de troncos de árboles mal trabajados, está consagrado al dios de la guerra".

Narración de M. Pirmikin de la expedición rusa de exploración del río Amur (1854).

Imágenes. "La vuelta al mundo", preparadas por Edgardo Civallero.

1.10.12

La guerra antes del gran apagón: una entrevista con Helen Graham


Por Sebastiaan Faber y James D. Fernández

Publicada el 6 de marzo de 2010 en la edición en línea de The Volunteer, como una versión extendida de la entrevista que apareció en el número de marzo de 2010 de la edición en papel de esa misma publicación.

Traducción de Sara Plaza [con permiso de los autores]

"Contar grandes historias a través de las vidas de personas concretas es una forma muy poderosa de hacer historia. Sigo estando interesada en la teoría, pero creo que las vidas de las personas –siempre que elijas las vidas adecuadas– son, a la larga, más complejas que cualquier teoría." Quien habla es Helen Graham (nacida en Liverpool en 1959), una de las más destacadas historiadoras de habla inglesa especializada en la historia de España durante el siglo XX. Es autora, entre otros, de los libros The Popular Front in Europe (Londres: Mcmillan, 1987), La República Española en guerra (1936-1939) (Barcelona: Debate, 2006, publicado originalmente en inglés como Spanish Republic at War 1936-1939, Cambridge University Press, 2002) y el best seller Breve historia de la Guerra Civil (Pozuelo de Alarcón: Espasa Calpe, 2006, publicado originalmente en inglés como The Spanish Civil War. A Very Short Introduction, Oxford University Press, 2005), un ensayo "que me tomó nueve meses escribir y veintitrés años preparar." Junto con Jo Labanyi, miembro del comité de los Archivos de la Brigada Abraham Lincoln (ALBA por sus siglas en inglés), es editora de la fundamental Spanish Cultural Studies. An Introduction (Oxford University Press, 1995). Su nuevo libro, actualmente en preparación, entrelaza cuatro biografías de personas que participaron en la guerra: dos hombres, dos mujeres; dos españoles, dos extranjeros. (Uno de ellos es Bill Aalto, un finés-americano miembro del Batallón Lincoln que además de comunista era gay; los otros son Gustavo Durán, el compositor y militar republicano que llegó a Coronel; Lucía Sánchez Saornil, poeta futurista y fundadora de Mujeres Libres; y la fotógrafa de origen austriaco Margaret Michaelis, quien estuvo refugiada en España durante los años treinta, perdió a parte de su familia en el Holocausto y vivió el resto de su vida como fotógrafa retratista en Australia). Catedrática de Historia de España en el college Royal Holloway (Universidad de Londres), Graham ocupa actualmente la cátedra Rey Juan Carlos I de España en la Universidad de Nueva York. Una tarde de domingo del mes de enero se sentó a hablar de la fascinación que durante toda su vida ha sentido hacia la guerra, los intentos de "recuperar" la memoria histórica que han tenido lugar en España y la visión distorsionada que todavía tienen algunos académicos e intelectuales estadounidenses.

Territorio mágico

Graham ha pasado más de dos décadas estudiando la Guerra Civil Española en todas sus dimensiones, fascinada en particular por las razones detrás de la derrota republicana. El tema la atrapó desde el primer momento. "La Guerra Civil Española es sin ninguna duda la razón por la que decidí ser historiadora. Recuerdo perfectamente lo sorprendida que me sentí por el hecho de que la República no hubiese ganado. ¿Cómo podía haber ocurrido? Naturalmente uno no puede ganar la guerra por los republicanos. Pero sí puedes dedicar tu vida de manera muy útil a explicar en detalle porqué no la ganaron. La Guerra Civil Española fue, en cierto sentido, la guerra antes del gran apagón: la guerra que pudo haber cambiado el curso de la historia europea y mundial si los actores poderosos hubieran actuado de otro modo. Semejante escenario de transformación cultural para tantos tipos diferentes de personas es en verdad un terreno mágico."

Graham se aproxima al pasado con sumo respeto, afecto y sutileza, tomando en consideración todo, desde la psicología de los líderes políticos hasta la evolución de las relaciones de clase y género. Se niega categóricamente a sucumbir a la tentación de explicar el mundo en términos binarios. "Me interesa la historia porque es el mejor antídoto contra cualquier tipo de simplificación excesiva. En cuanto alguien dice: Así es como debe(ría) ser siempre, uno puede responder: Ah, pero no ocurrió así en el momento X. En ese sentido la historia es la inmunización perfecta contra el pensamiento binario y simplista.

"En Breve historia, por ejemplo, tenía muchas ganas de hablar sobre el comunismo como un movimiento social. El público en general, incluso los estudiantes de hoy en día, se tragan la ridícula idea de que el comunismo fue algo así como una especie de lavado de cerebro colectivo. No parecen entender –y todavía menos desde 1989– que no se trataba solo de ideología. En el contexto europeo en particular, tienes que partir de la idea de que el comunismo fue un movimiento social de masas que incorporó a millones de personas y que tuvo que ver con la totalidad de sus vidas. Su significado fue tanto cultural como político."

Breve historia es la obra más leída de Graham. "No la escribí como un libro de texto a propósito. Es un ensayo ético sobre la Guerra Civil Española que de alguna manera destila todo mi trabajo anterior. El proceso de escribir un libro como este es parecido al sudoku, es algo que refresca las neuronas. Debo confesar que fue todo un reto. Pero estoy contenta de haberlo escrito. No dejo de asombrarme con las cartas que me envían los lectores. Lo iba leyendo en el metro, me cuenta alguien, y tenía que escribirle."

Cruzando fronteras

Aunque los historiadores británicos y estadounidenses, desde Brenan hasta Jackson y Preston, han jugado un papel importante en el desarrollo de la historiografía española, su relación con sus colegas españoles no ha estado exenta de tensiones. "Todos los hispanistas británicos cuentan historias de celos: Este no es tu terreno, ¿qué estás haciendo aquí? Hay razones históricas para ello. Las limitaciones severas que el franquismo impuso a la historiografía española hicieron que la relación entre los historiadores españoles y extranjeros fuera un tanto rara, lo que puede haber contribuido a que los historiadores españoles se volviesen susceptibles. Pero esa situación se ha ido superando con el tiempo y las relaciones se han normalizado. Es obvio, por ejemplo, que la historia española que pertenece a los archivos va a ser escrita por españoles, que tienen más tiempo y oportunidad para ahondar en esos documentos que nosotros. Por otro lado, algunos de mis mejores amigos son historiadores españoles."

Los libros de Graham, como los de Preston, tienen muchos lectores en España. "Algo que ha valido siempre para los hispanistas británicos es que escriben bien. Diría incluso que su contribución en este campo no ha sido tanto en el contenido como en la entrega, la forma de presentación. En comparación, el trabajo de los especialistas en España a menudo continúa siendo muy denso. Incluso el material realmente bueno no es fácil de leer." Antonio Muñoz Molina, quien, como Graham ocupa la cátedra Juan Carlos I este semestre, cree que tras esto subyacen razones culturales. "Yo siempre creí que los historiadores españoles simplemente no se preocupaban demasiado de que sus textos fueran legibles porque estaban escribiendo para sus colegas. Pero Antonio piensa que creen realmente que escribir de manera fluida está de alguna forma por debajo de su dignidad. Para mí eso es contraproducente. Si quieres llegar hasta la persona de la calle tienes que ser legible. Y tengo la certeza de que puedes decir cosas bastante complicadas con una prosa clara sin ser simplista, de la misma manera que puedes decir cosas muy teóricas sin utilizar un lenguaje demasiado teórico. Tal vez los filósofos no puedan hacerlo siempre, pero desde luego los historiadores culturales, sí."

Para Graham no hay ninguna razón por la que los historiadores deberían sentirse constreñidos por su identidad nacional. "Al contrario, pienso que es muy importante que las historias no sean solo escritas por los nacionales. Si lo fueran, la historia sería increíblemente menos rica. Por un lado, el hecho de ser historiadora de un país distinto al tuyo es que puedes mirarlo desde fuera y ofrecer una perspectiva diferente. Por el otro, no pienso necesariamente en mí como inglesa. Y menos aún me gustaría escribir la Historia de los ingleses, tampoco las historias de su imperio.

"Obviamente soy una ciudadana del Reino Unido porque así lo pone en mi pasaporte. Pero hay muchísimas identidades culturales diferentes en las Islas Británicas. Yo misma he tenido siempre una relación problemática con los ingleses y lo inglés. Mucho de lo cual se debe, sin duda, a haber nacido y crecido en la República de Liverpool que, en muchos sentidos, es una patria chica. Muy bien puede haber una conexión entre el interés de alguien por otro país y sentirse desplazado en su propia sociedad; no es mera coincidencia el que el hispanismo británico haya tendido a rellenarse con gente procedente de los márgenes celtas. No quiero sugerir con esto que yo misma esté traumatizada o desplazada de algún modo. Pero si provienes de Liverpool, o de cualquier otra ciudad periférica del norte, tu relación con lo inglés va a ser claramente diferente de la que sería si hubieras nacido en los Home Counties (condados alrededor de Londres). Por otro lado, ¿qué es lo que los historiadores hacen realmente cuando escriben la historia de su propio país? Se supone que todo el mundo se ha alejado de la idea de que la historiografía nacional es básicamente una rama del nacionalismo, dedicada a glorificar la historia nacional. Afortunadamente esa noción ha desaparecido en este momento, o por lo menos entre la gente con la que trato. Todo el mundo debería cruzar más fronteras."

Seguir leyendo la entrevista completa, descargando nuestro archivo pdf, o en línea en The Volunteer

Sebastiaan Faber y James Fernández son miembros del comité ejecutivo de ALBA (Abraham Lincoln Brigade Archives).
Entrevista original (en inglés).
Extracto del video grabado durante la entravista (en inglés).
Introducción y primer capítulo del nuevo libro de Helen Graham, titulado War and Its Shadow: Spain’s Civil War in Europe’s Long Twentieth Century (en inglés).

Imagen.

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