27.9.11

Códigos sin Rosettas

Rongo rongo

Por Edgardo Civallero

Grabada sobre tablillas de madera con dientes de tiburón o puntas de obsidiana, la escritura llamada rongorongo fue empleada por los habitantes de la lejana y aislada Rapanui (Isla de Pascua) para codificar sus memorias.

Desaparecidos aquellos que conocían el significado de cada uno de sus pequeños glifos (que incluyen figuras antropomórficas o zoomórficas, objetos celestes, formas geométricas, anzuelos...), el rongorongo (en pascuense, "recitar") se convirtió en un misterio que, a diferencia de los jeroglíficos egipcios o la escritura cuneiforme de la antigua Mesopotamia, no tiene ni una piedra de Rosetta ni una inscripción de Behistún que ayuden a descifrarla, y que ha desatado una verdadera marea de suposiciones y teorías más o menos descabelladas.

Rongo rongo
El primer contacto de los europeos con este tipo de escritura ocurrió durante la firma del acta de anexión de la isla de Pascua a la Corona Española en 1770. La llamada "Expedición de González de Haedo" tomó posesión de Rapanui bautizándola como "Isla de San Carlos", y, para asombro de los recién llegados, los jefes tribales locales inscribieron símbolos rongorongo como firma al "acuerdo" por el cual "aceptaban" el dominio extranjero de su pequeña tierra natal.

Se supone que el rongorongo (originalmente llamado kohau motu mo rongorongo, "líneas grabadas para ser recitadas") era un código mnemotécnico que permitía recordar y repetir fórmulas rituales, cantos ceremoniales breves, listas y genealogías, al estilo de los pallares Mochicas, las conchas de caurí Yorubas y los cinturones wampum Iroqueses. Los expertos en leer ese código en Rapanui eran llamados tangata rongorongo: se cree que se trataba de una privilegiada minoría de escribas, y que la mayoría de ellos murieron a causa de las epidemias y los ataques de los europeos o bien fueron llevados a Perú como esclavos en 1862 para trabajar hasta la muerte en la extracción de guano en las islas Chincha. Con ellos desaparecieron todas las claves para comprender el significado de los glifos.

Los textos rongorongo, al igual que muchas otras escrituras antiguas (por ejemplo el griego clásico o el etrusco) no parecen tener signos de puntuación ni espacios de separación entre palabras. Se cree que el sentido de su lectura es un bustrofedon invertido: la primera línea se lee de izquierda a derecha, y la segunda, de derecha a izquierda, pero poniendo el texto boca abajo. No se sabe si cada símbolo codifica una palabra, un sonido o una idea, ni tampoco si tales cadenas expresan oraciones completas o simples claves para recordar textos mayores.

Debido a que las inscripciones se grababan en un material escaso y valioso en Rapanui –la madera-, los mensajes perpetuados serían elementos de suma importancia para la cultura isleña. Algunos investigadores creen que los aprendices empleaban hojas de bananero para sus prácticas, y que solo aquellos fragmentos textuales realmente valiosos merecían la suerte de perdurar grabados en la superficie leñosa de una tableta o un bastón.

Rongo rongo
Quedan unos 25 objetos (considerados "auténticos") con escritura rongorongo, y todos ellos están repartidos en diversos museos del mundo: 14 tablillas completas, 9 fragmentos de tablillas, dos reimiros (pectorales decorativos), un bastón de cacique (con la mayor cantidad de signos tallados, más de 2300) y una estatuilla de madera de un tangata manu, un "hombre-pájaro". Se sabe que existieron muchas más inscripciones: el primer misionero en la isla, Eugène Eyraud, describió la existencia de centenares de tablillas en un informe a sus superiores fechado en 1864. Considerándolas "satánicas", muchos religiosos cristianos empujaron a los pascuenses a quemarlas, con lo cual, como sucediera en Yucatán gracias a la "encomiable" labor del padre Diego de Landa (quién más tarde intentaría enmendar su error recogiendo lo que quedó de la cultura maya en su "Relación de las cosas de Yucatán"), desaparecieron entre las llamas tradiciones y narraciones que jamás se recuperarían.

El escaso número de textos supervivientes dificultan la tarea de descifrar el rongorongo. Objeto de una intensa actividad académica en torno a ella, la escritura, sin embargo, se ha mantenido elusiva a todos los esfuerzos por interpretarla. Tras ella permanecerán escondidos los secretos de un pueblo que en la actualidad, y aún orgulloso de sus milenarias tradiciones, es sólo una sombra difusa de lo que un día fueron sus ancestros.

15.9.11

Genocidios descubridores y fundacionales

Genocidios descubridores y fundacionales

Por Sara Plaza

Hace un par de años, con motivo de la celebración el 12 de octubre del "Día de la Raza", como se lo conoce en la mayoría de los países de Hispanoamérica, o "Día de la Hispanidad", como se denomina en España, el historiador argentino Felipe Pigna, en una entrevista al diario marplatense El Atlántico, afirmaba lo siguiente: "se hace insostenible este «festejo», es algo ofensivo para nuestra identidad y un muy mal ejemplo para las nuevas generaciones porque se está celebrando el genocidio, el robo, el saqueo, el secuestro y el asesinato en masa." Creo que tiene toda la razón: año tras año resulta patético el intento de justificarlo en las aulas. Sin embargo, el mal ejemplo sigue cundiendo en las instituciones educativas, en los libros de texto y en buena parte la literatura infantil y juvenil. A propósito del "descubrimiento" de América por parte de los europeos, Pigna explicaba en esa misma entrevista: "El término es absurdo por donde se mire pero expresa muy claramente una de las bases del eurocentrismo: las cosas comienzan a existir cuando ellos las «descubren». Y también es absurdo porque Colón murió en la absoluta ignorancia de haber «descubierto» un continente «nuevo», sigue pensando que llegó al Japón, China y la India." En un cómic publicado por la editorial SM, titulado El pirata garrapata en América, escrito por Juan Muñoz e ilustrado por Antonio Tello, puede leerse en una de sus últimas páginas referidas a algunos de los personajes que llegaron a América, lo siguiente: "No es que [Francisco Vázquez de] Coronado tuviera planeado irse a esquiar cerca de Granada. La Sierra Nevada de la que habla está en el actual México. Lo que sucede es que, cuando los españoles llegaron a América, estaban tan ocupados buscando oro que no tenían tiempo de ir poniendo nombres a las zonas que iban descubriendo y, por eso, se dedicaron a repetir los de sus tierras. Así, por ejemplo, nombraron una «Nueva España» y una «Nueva Galicia». Sin comentarios.

Cuatro siglos después, "30 millones de hectáreas robadas a los pueblos originarios. Se las repartieron entre los más ricos con la llamada «Campaña del Desierto». De esta forma surgieron estas grandes estancias que siempre impidieron que el campo fuera de quien lo trabaja en nuestro país. En realidad se trató de una continuación de las políticas hispánicas de exterminio de los indígenas por las burguesías criollas de la naciente Argentina". Son palabras del periodista y escritor argentino Osvaldo Bayer, en el documental Akwa Liwen (Rebelde Despertar) que dirige junto al abogado argentino Mariano Aiello y la politóloga alemana Kristina Hille. En el mismo volvemos a encontrarnos con las reflexiones de Felipe Pigna: "en 1862, el poder nacional, el poder porteño en realidad, encabezado por Mitre logra consolidar la unidad nacional a la fuerza, y comienza lo que se denomina el Proceso de Organización Nacional, así lo llamó Mitre, que es un proceso de concentración de poder en lo cual lo primero que importó fue la creación de un ejército nacional que, aproximadamente, se llevaba la mitad del presupuesto. Ese ejército fue pensado esencialmente como un ejército de represión interna, no como un ejército pensado para la defensa de las fronteras, sino como un ejército de represión interna cuyas primeras campañas son efectivamente campañas contra los levantamientos populares, campañas muy duras sobre La Rioja, Catamarca, la zona de Cuyo, con métodos muy similares a los que se van a usar un siglo después, la tortura, arrasar pueblos enteros, captura de los dirigentes... Y por eso es tan exacto el nombre que le va a dar Videla y Martínez de Hoz a su dictadura que es Proceso de Reorganización Nacional que, de alguna manera, respeta las pautas de aquel primer proceso: aplicación de un modelo económico impopular a partir de la fuerza armada con un ejército nacional organizado. Este ejército estuvo siempre muy impregnado y muy vinculado al poder económico, fue funcional siempre a los intereses, y cuando evidentemente estos sectores comprobaban que no podían llegar al poder por las urnas recurrían a la violencia armada de los golpes de estado, siempre son como el brazo ejecutor de los intereses impopulares."

Continúa Osvaldo Bayer: "Y también este mismo ejército que a partir de 1976 asesinó a 30.000 personas había masacrado a miles más durante el gobierno de Nicolás Avellaneda en la misión militar comandad por su Ministro de Guerra Julio Argentino Roca, llamada eufemísticamente «Campaña del Desierto». ¿Pero de qué desierto hablamos, si eran territorios en gran parte no desérticos y poblados por los aborígenes? Los dictadores Videla, Massera y Agosti celebraron el centenario de la «Campaña del Desierto» como una gran gesta patriótica. Ellos estaban asesinando a miles y miles de argentinos y argentinas en ese año 1979, y de esa forma esperarían también que alguna otra dictadura futura festeje este nuevo genocidio con pompa y grandes reconocimientos."

Para terminar diciendo: "En la época de la llamada «Campaña del Desierto» había suficiente tierra para que cada uno se formara su propio medio de vida y no se recurriera al lenguaje del Remilgton. Pero se eligió el camino de la violencia. En ningún caso se habla de las vidas que costaron esas campañas, y del trabajo esclavo al que fueron sometidas las mujeres y los niños traídos a Buenos Aires. Ahora como ayer había suficiente tierra para todos, también para los pobladores originarios que han sido despojados de sus territorios ancestrales. Está en nosotros lograrlo. No repitamos la historia de violencia, racismo y exclusión con nuestros hermanos originarios. Nunca más.

Ojalá que el silencio de las pampas no sea más herido por el eco de las balas. Ojalá que el paisaje de las pampas no sufra más el corsé de fronteras inventadas por el egoísmo humano y se extienda del Atlántico al Pacífico como en el sueño de Bolívar. Ojalá que el hombre y la mujer de estas tierras puedan criar a sus hijos mansamente y con alegría, y respirar sus aires y aromas con la tranquilidad de saberse seguros en su dignidad. Ojalá que la naturaleza latinoamericana pueda seguir criando su fauna y su flora, como cuando estaban sus habitantes originales, quienes siempre estarán asomados vigilando desde costas, lagos y cordilleras para ver qué hacemos con su Madre Tierra."

Por su parte, Ulises de la Orden, el realizador de Río arriba, está trabajando en un nuevo documental sobre los pueblos originarios, que llevará por título Tierra adentro. Hace un mes, en un artículo del diario argentino Página 12, firmado por Diego Braude, este director explicaba: "[el proyecto] me terminó agarrando y me metí de cabeza en esa historia, que es la más negra de todas. Es la fundación del Estado argentino a través de un genocidio [...] "Los mismos documentos del Estado argentino demuestran el genocidio [...] o hace falta más que las notas de los militares mismos, la cartografía, ahí está todo."

Ahí está todo...

Y aquí una pequeña parte:

Akwa Liwen
Link al documental (Parte 1) en youtube
Link al documental (Parte 2) en youtube

Río arriba
Link al documental (Parte 1) en youtube
Link al documental (Parte 2) en youtube

Link al Capítulo VIII: "La Conquista del Desierto" del programa de la televisión argentina Algo habrán hecho por la historia argentina.

Fotografía de Edgardo Civallero.

12.9.11

Al son de la kamacheña

Kamacheña camacheña flautilla de Pascua

Por Edgardo Civallero

Las había visto siempre en libros: primero en los trabajos del renombrado musicólogo argentino Carlos Vega, un pionero de esa disciplina en mi país, y más tarde en una pequeña obra del también argentino Rubén Pérez Bugallo ("Catálogo ilustrado de instrumentos musicales argentinos") y en la del boliviano Ernesto Cavour ("Instrumentos musicales de Bolivia"). En esos textos las habían llamado de mil formas distintas: "quenas", "quenas jujeñas", "flautillas", "flautas de Pascua", "flautillas/quenillas de Pascua", "kamacheñas", "camacheñas"... Pero nunca había visto una de verdad, nunca había podido tener una entre mis manos, jamás las había oído, y no pude encontrar videos o materiales gráficos actualizados sobre ellas, sobre todo en su contexto tradicional: la porción oriental de las provincias de Salta y Jujuy, en Argentina, y el departamento de Tarija, al sur de Bolivia.

Hasta que se cruzaron en mi camino. No recuerdo el año: sólo que caminaba, curioso, por entre las "carpas" de artesanos que se montan todos los años en la plaza central de la localidad de Cosquín, en la provincia de Córdoba (Argentina). Allí, cada febrero tiene lugar uno de los festivales folklóricos más importantes del país, y es bastante común que, además de músicos, cantantes y bailarines, se reúnan en la ciudad los más afamados luthiers (constructores de instrumentos) nacionales y extranjeros para ofrecer sus artículos a los artistas. Paseaba, pues, por entre los puestos, admirando los bombos "legüeros" del famoso artesano santiagueño Mario Paz o las flautas llegadas desde la comunidad de Walata Grande, en Bolivia, cuando me tropecé con una pequeña mesilla en la que se desplegaban multitud de unas flautas que yo desconocía y que, a primera vista, no fui capaz de identificar. Pueden imaginar mi sorpresa cuando, de boca del hombre que las había construido y las vendía, supe que aquellas eran las famosas "flautillas de Pascua".

Aquella noche me llevé una conmigo. El vendedor me aseguró entre risas que, para que sonaran realmente bien, había que estar un poquito "machado", término andino derivado del verbo quechua maqchay, "golpear", y que significa "borracho". De acuerdo a sus palabras, la saliva espesa provocada por el alcohol eran una especie de "elemento esencial" para hacer sonar aquella pequeña flauta.

La kamacheña o camacheña (nombre que recibe sobre todo en Bolivia) es un instrumento musical muy antiguo. A decir de muchos etnomusicólogos, pertenece al estrato llamado "música tritónica", los sonidos que interpretaban las culturas del norte de Argentina y el sur de Bolivia antes de la llegada de los Incas, que impusieron la "música pentatónica", dominante en la actualidad a lo largo y ancho de los Andes. Se trata de una flauta con solo tres o cuatro orificios de digitación, generalmente elaborada en un simple tubo de "caña de Castilla" (caña europea común), con uno de los extremos cerrados por un nudo natural y el otro totalmente abierto; este último es el extremo por el que se sopla. Allí no hay boquilla o "conducto de insuflación" (el "pico" de las modernas flautas dulces escolares); en su lugar hay un bisel o muesca semicircular (que, supuestamente, denotaría su extrema antigüedad, pues esos biseles solo se han hallado en flautas arqueológicas) y dos especies de "aletas" laterales. Tales aletas caracterizan al instrumento: el intérprete debe introducirlas en su boca para poder soplar, y convierten a la flauta en un elemento tremendamente difícil de ejecutar. Cuando el aire de dicho soplo golpea el bisel semicircular, se produce la magia y nace el sonido, que luego es modulado por los orificios de digitación para producir las escasas notas que la kamacheña proporciona.

Dado que, por su número de orificios, puede interpretarse con una sola mano, los ejecutantes de kamacheña suelen ocupar la otra con una "caja", un tamboril de doble parche muy tradicional y popular en todos los Andes. Y muy antiguo: aparece, bajo la denominación quechua de tinya, en las crónicas de los primeros conquistadores del Perú, e incluso Guaman Poma de Ayala, en su "Buena Corónica [sic] y Buen Gobierno" las dibuja en manos de los incas. Esa forma de interpretación sería, también, muy antigua: se repite en Bolivia, con los waka-pinkillos, y en el País Vasco, con los txistus.

Golpeando la caja y soplando la kamacheña, el intérprete (casi siempre un varón) pone un marco musical a las danzas de ronda: una docena de bailarines que, tomados de las manos, dan vueltas en torno al flautista/percusionista, a veces cantando "coplas" (las cuales suelen nacer de las bocas de las mujeres, que dominan un estilo de canto muy particular). Las kamacheñas suelen aparecer en las fiestas religiosas de la época invernal (en Tarija, en San Roque, Todos los Santos y Carnavales), y la música que se ejecuta con ella suele ser sencilla, imitando a veces las líneas melódicas de las "coplas" que se cantan a su son.

La vigencia del instrumento se limita al territorio y a las fechas descritas. Es muy difícil encontrarlas en grabaciones comerciales (de hecho, en una colección de más de 2.000 CDs de música folklórica y tradicional no he sido capaz de dar con ninguna) o en presentaciones de grupos musicales; asimismo, y excepto en las páginas de algunos luthiers y sitios especializados, no hay muchas fotos, y los vídeos en los que aparecen son prácticamente inexistentes: pude ver brevemente una hace poco, en un documental argentino sobre pueblos originarios titulado "Awka Liwen". Es muy difícil escuchar los "toques" de esta flauta, a no ser que uno se desplace a las zonas de interpretación originales, y eso es bastante complicado...

A pesar de la relativa ausencia de información disponible sobre la kamacheña, es un instrumento que sobrevive y sigue sonando. Porque, afortunadamente, no hace falta que sea ampliamente conocido por todos para que sus constructores, sus intérpretes y su público tradicional sigan disfrutando de él. Sin embargo, no está de más difundir la existencia de estas pequeñas maravillas, milagros del arte más antiguo de las Américas que se han refugiado en un pequeño rincón de ese gran mundo para sobrevivir el paso de los tiempos. Siempre es interesante hacer saber que, a pesar de todo, hay fragmentos de una supuesta "historia pasada" que quieren seguir siendo "historia presente" y se niegan a morir.

Es por eso que me he puesto a recordar en voz alta, en esta entrada, la noche en la que me crucé con una kamacheña, allá en Cosquín. Una kamacheña que, junto a una tinya, descansa silenciosa ahora mismo, en el cuarto donde conservo todos mis instrumentos.

Fotografía de Edgardo Civallero.

6.9.11

Perú: una liga propia


Por Sara Plaza

En esta oportunidad les invito a que vean el video de uno de los programas de la serie Witness, de la emisora de televisión por satélite Al-Jazeera, realizado por el director de cine Rodrigo Vazquez y cuyo título original en inglés es Peru: A ligue of their own. Football is helping the women of the Andes find a political voice and fight the effects of climate change (Perú: una liga propia. El fútbol está ayudando a las mujeres de los Andes a articular una voz política y a luchar contra los efectos del cambio climático).

Tanto la narración como los subtítulos están en inglés, mientras que los protagonistas brindan su testimonio en quechua y en español.

Con la introducción al video que puede leerse en la página web del programa es posible seguir el hilo de la historia, de manera que aquí les dejo mi intento de traducción de la misma.

"En Peru: A league of their own veremos a algunas de las mujeres dirigirse al centro político de su país para hacer oír su voz y reclamar apoyo en la gestión de los ríos, así como la aprobación del plan de relocalización de su pueblo.

En las apartadas comunidades andinas de Perú, los campesinos indígenas pobres solían vivir en un estado de apartheid económico y social. Familias enteras sobrevivían con menos de un dólar diario.

Hace unos pocos años, Juana, una campesina indígena, organizó un equipo de fútbol femenino en los Andes que, por primera vez, logró abrir el camino hacia la participación política de su comunidad. «Fuimos las primeras en organizar actividades para las mujeres en esta comunidad. Fuimos las primeras mujeres que jugaban al fútbol en este lugar. Nadie había pensado jamás en algo así. Pero todas vinieron a jugar y no han dejado de hacerlo desde entonces», explica.

Después de pasar décadas desempeñando un papel más bien pasivo en la organización y política comunitaria, dedicadas a ocuparse de la cocina y a atender el ganado y los campos de cultivo, el fútbol ha ofrecido a las mujeres una oportunidad para discutir sobre las necesidades de sus comunidades.

Las reuniones celebradas al término de los partidos se convirtieron en asambleas populares donde las mujeres podían exponer sus problemas colectivos y tratar posibles soluciones. El cambio climático y su impacto en las comunidades rurales era uno de los asuntos que más les preocupaba.

En el pasado, las elevadas pendientes de los Andes peruanos fueron capaces de alimentar a las comunidades de campesinos indígenas, pero ahora las sequías amenazan sus vidas y su sustento. La familia de Juana cultiva maíz y patatas, pero el cambio climático ha causado inundaciones que hacen imposible obtener algún tipo de provecho de la agricultura. La tierra que antes era fértil se ha vuelto obsoleta y las inundaciones han arruinado las cosechas. «Si estamos unidas y nos ayudamos unas a otras, seremos capaces de encontrar una solución, debemos trabajar de manera colectiva. Porque si no trabajamos juntas y permanecemos cada una por nuestro lado tendremos que hacer frente a una muerte segura» dice.

Muchos campesinos de los Andes se sienten abandonados por el gobierno. El 60% de ellos vive en la pobreza más absoluta y no tienen acceso a los servicios básicos como agua y asistencia sanitaria.

Gracias al fútbol, Juana fue la primera mujer en participar en las asambleas y acercarse a los políticos de manera regular –un papel que anteriormente había estado reservado solo a los hombres.

Numerosos grupos locales de mujeres se han ido creando en la región para jugar al fútbol y luchar contra el impacto del cambio climático. Las mujeres están decididas a romper su silencio tradicional. A medida que van ganando confianza para hablar en los encuentros posteriores a los partidos, también se van desempeñando papales cada vez más importantes en sus comunidades."