29.8.11

El latido del Mapu

Kultrún Mapuche

Por Edgardo Civallero

Ha sido etiquetada como primitiva, chamánica, ancestral... Ha sido empleada por numerosos "creadores" foráneos, sin ningún respeto, para dar un toque "étnico" a sus composiciones jazzísticas, clásicas, rockeras o New Age... La música del pueblo Mapuche (del mapudungu mapu, "tierra" y che, "gente") ha tenido una gran difusión. Sin embargo, paradójicamente, se encuentra entre las menos conocidas y las peor entendidas del cono sur de las Américas.

Los sonidos y ritmos Mapuche tienen siglos de antigüedad. Y han resistido ataques e influencias externas tanto como sus creadores, que aguantaron los embates de las huestes Incas, las tropas españolas, los ejércitos republicanos y las brigadas de la muerte pinochetistas y aún siguen allí. Quizás más desposeídos que al principio, pero aún de pie, exhibiendo un orgullo difícil de borrar.

Su música está, indefectiblemente, asociada a actividades, ceremonias, ritos y momentos bien determinados. Su música es prácticamente sagrada. Acompaña danzas de celebración y agradecimiento al espíritu de las alturas, Ngenechen, o plegarias de sanación y limpieza, o íntimos recuerdos y deseos de amor. Pero también pone ritmo y melodía a las luchas, las protestas, los reclamos, las venganzas, las batallas...

Kultrún Mapuche
El latido de esta música está marcado por el kultrún, uno de los dos tambores que emplean los Mapuche. Se decía que ese pequeño membranófono convocaba, llamaba, abría las puertas al mundo invisible de los espíritus. Con su sonido se maldecía y se curaba. El kultrún apoderaba lo que nombrara su intérprete: si este decía "lluvia", el kultrún dotaba a esa palabra de todo su poder. Y llovía.

Básicamente, se trata de una especie de timbal de madera de cuerpo semi-esférico, cuya boca se ve cubierta por un parche de cuero pelado. Es usado por las machi, las "chamanes" Mapuche (en realidad los hombres también pueden ser machi, pero en el oficio hay tal cantidad de mujeres que suele considerárselo como un menester femenino). Las machi son las que invocan a los antiguos espíritus, las que ruegan por lluvia y buenas cosechas, las que curan con hierbas y oraciones... Y habitualmente lo hacen golpeando su kultrún.

En su parche lleva un diseño característico, que puede variar en algunos detalles pero que, por lo general, respeta una estructura fija. La superficie circular de cuero está cortada por una cruz, que marca las cuatro partes en que los Mapuche dividen el universo. Los brazos de esa cruz terminan en patas de choike, el avestruz patagónico, un animal siempre presente en las leyendas de este pueblo. El centro del parche (y del universo) suele estar señalado por un círculo, que representa la comunidad a la que pertenece la machi dueña del instrumento. Y en cada una de las secciones en las que se divide el parche se perfilan respectivamente dos estrellas, el sol y la luna, los astros que determinan el tiempo y las estaciones.

Kultrún Mapuche
Construir un kultrún no es sencillo. En los viejos tiempos tenía que hacerlo un artesano que conociera la tradición Mapuche, a pedido expreso de la machi. El artesano debía tallar el cuerpo del tambor en un pedazo de tronco de canelo foiye o de laurel triwe, los árboles sagrados. Esos troncos debían ser cortados durante el püken, la estación de las lluvias. Antes de dar el hachazo era necesario pedir permiso al ngen-mawida, el espíritu protector de los bosques. Se labraba siguiendo la veta de la madera, para mantener el fluir de la savia y no interrumpir la corriente de la vida. Luego había que cortar un pedazo circular de cuero de trülke –cabrito– para hervirlo, rasparlo con piedras, suavizarlo y unirlo al cuerpo de madera con tiras de piel o con crines de caballo trenzadas. El kultrún se tenía que armar, obligatoriamente, en el patio de la casa de la machi que lo iba a tocar. Antes de cerrarlo, se colocaban en el interior del tambor una serie de objetos, siempre en número de cuatro o sus múltiplos. Se ponían unas piedrecillas que diesen newen o poder, unas semillas para la fertilidad, unos granos de cereal para la abundancia, unos yuyos medicinales para la salud, unas monedas de plata blanca para la prosperidad, pelitos de animal para la buena suerte, un poco de tierra sagrada... Y después la machi debía encerrar dentro del kultrún un soplo de humo, la energía superior del fuego, y su propia voz. Así metía dentro una parte de sí misma, de su poder, de su energía, y lograba una sintonía perfecta con su instrumento. A veces gritaba «Akutún, akutún, ayuwi ta ñi piwke!». «¡Aquí estoy, aquí estoy, contento está mi corazón!». Otras decía «Küme newen nieaymi»: «Que tenga buen poder». El kultrún se consagraba más tarde en una ceremonia llamada ngillatún man kultrún: «rogativa del kultrún».

En la actualidad, el kultrún sigue sonando como antaño. Retumba a ambos lados de la cordillera de los Andes, en la Patagonia de Argentina y Chile, en manos de cultores de la música tradicional como Beatriz Pichi Malén, Luisa Calcumil o el grupo Aflaiai. Repica con cada una de las machi que siguen curando, agradeciendo y recordando en todas las comunidades Mapuche. Y brama en todas las manifestaciones en las cuales los Mapuche reclaman sus perdidos y mancillados derechos: el de la tierra y el agua, el del aire y la vida, el de la comida y la escuela... Porque el kultrún, decían los viejos, da poder a lo que se nombra...

Para todos aquellos interesados en conocer un poco más de la música Mapuche, se recomienda la visita a este enlace, en donde podrán consultar el material necesario para una aproximación bastante completa al paisaje sonoro de este pueblo.

23.8.11

Educación pública gratuita y de calidad

Educación pública gratuita y de calidad

Por Sara Plaza

Durante estos últimos meses he intentado seguir las protestas de los estudiantes en Chile, leer y escuchar a los jóvenes dentro y fuera de las aulas, a quienes los apoyan, a quienes están sumando sus voces y arrimando el hombro por una educación pública gratuita y de calidad en ese país. Ellos luchan por conseguirla, acá en España batallamos por defenderla, para evitar que la desmantelen y termine siendo subastada.

Agustín Moreno, un profesor de educación secundaria en el distrito madrileño de Vallecas, a mediados de julio pasado, escribía un interesante artículo titulado Hay que pelear por una educación pública digna y de calidad. Todo menos llorar por los rincones. En él afirmaba lo siguiente: "toda agresión no contestada se considera debilidad e invita a nuevos ataques. Lo mismo que todo recorte de derechos sin movilización se consolida y se puede perder para siempre, con la excusa de la crisis, sin que se recuperen aunque algún día ésta se supere.

¿Qué hacer ante esta situación? Todo menos desmoralizarse, todo menos acabar instalados en la queja y en la impotencia en las salas de profesores. Que no nos quiten la motivación y el compromiso con la educación pública".

De agresiones ya saben bastante los estudiantes chilenos:

Francisco Figueroa: Primero hicieron la apuesta de ignorar el movimiento y después cuando toda esta cuestión empezó a tomar vuelo apostaron por criminalizarlo.

Danae Díaz: Se han encargado de manipular esta situación de bajarle el perfil al movimiento, de desarticularlo, porque claramente los dueños de estos medios de comunicación son la misma gente del gobierno, son empresarios que tienen sus acciones dentro de estos canales de televisión.

CamilaVallejo: Instalar en el nivel discursivo ciertas ideas para la opinión pública, tratarnos de minoría en un principio, de acomodados, de defender nuestros intereses, después de que estábamos divididos, sobreideologizados, politizados.

Francisco Figueroa: La derecha y la Concertación se desesperaron y salieron a mentir, simplemente. Lo que está detrás de estas palabras del Ministerio de acusar la ideologización del movimiento no es otra cosa que el miedo. Un profundo miedo a que la gente empiece a tomar en sus manos el diseño de su futuro.

Vicente Durán, el rapero conocido como Subverso también enumera un sinfín de ataques de la red empresario-política chilena en su tema Terroristas (Agosto, 2010).

Para aprender un poquito más a los actuales estudiantes chilenos y entender el sistema educativo que se viene forjando desde la dictadura puede verse el video MalEducados! El problema de la educación en Chile, del que he extraído las anteriores y algunas de las siguientes intervenciones. También pueden leerse los artículos completos de otros autores citados a continuación así como algunos de los documentos por ellos mencionados. Todos ellos aparecen al final de estas líneas.

José Araya: Es una generación que afortunadamente no creció con el miedo a la dictadura militar. La dictadura militar la conocen ellos por la televisión, por las películas, por las historias familiares, por lo que se dice en las calles, por la conversación, por la lectura de libros, pero afortunadamente ellos no vivieron esa experiencia del miedo que paralizó una generación y que de alguna manera provocó también un cierto conservadurismo en un sector de la población, principalmente por tener un miedo al retorno a un periodo que no lo quieren vivir de nuevo.

María Oliva Monckeberg: El golpe militar de 1973 cambió todo en la sociedad chilena, y desde luego en el ámbito de lo educacional. Por una parte las universidades fueron intervenidas por los militares [...] pero a la vez sus académicos fueron perseguidos, hubo gente que tuvo que partir al exilio, hubo estudiantes que nunca más volvieron a las universidades, carreras, disciplinas que fueron cercenadas, que fueron simplemente cerradas sus matrículas, caso de Sociología, caso de las Escuelas de Periodismo, hubo mucha persecución. El equipo civil que acompañó a Pinochet, ese equipo que nosotros en aquellos años llamábamos de los Chicago Boys porque muchos habían hecho sus estudios de economía, sus magister y doctorado en la Universidad de Chicago, en Estados Unidos, y que hoy día los conocemos como los artífices del modelo neoliberal ¿no es cierto?, ellos fueron diseñando un modelo de universidad, y un modelo de sociedad también, muy distinto a lo que habíamos vivido hasta el 73. [...] En la Constitución prevalece la libertad de enseñanza, que equivale a la libertad de empresa, universitaria, o secundaria o general, por sobre el derecho a la educación. Y una de las amarras más significativas para esto es la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, la LOCE de 1990. [Jesús Redondo: "Que en realidad uno lo mira y tiene poco que ver con Educación, hay un par de artículos que hablan de Educación, el resto es más bien mecanismos administrativos para posibilitar, por una parte, el negocio de la Educación en la Educación Básica y Media, y para posibilitar el desarrollo de Universidades privadas, entre comillas, sin ánimo de lucro en la Ley, aunque luego hoy día es uno de los temas es que detrás de eso hay lucro.] En el fondo terminaba la dictadura pero no terminaba su proyecto refundacional de toda la sociedad chilena.

Jaime Massardo: [D]esde el último tramo dictatorial, las élites entendieron que la intervención militar no podía asumir una forma permanente. La disciplina de la fuerza de trabajo implantada durante los años de la dictadura y el nuevo sistema de referencias articulado en torno al mercado facilitaron entonces un proyecto político-cultural que fue formando un sentido común que llevó a despolitizar la sociedad chilena. Estimulado por la complicidad de los medios de comunicación fueron desplegándose durante estas casi cuatro décadas las características de este proyecto cuyos ejes se consideraron «naturales»: la educación pagada, la salud privatizada, el individualismo extremo, un nacionalismo vulgar, el repliegue del espacio público, la brutal concentración de la propiedad y del ingreso, la acumulación de riquezas en manos privadas, la permanente degradación de la situación de los trabajadores, la desigualdad y la discriminación entre chilenos, la banalidad de la clase política, la entrega de los recursos naturales al capital y la consiguiente amenaza al equilibrio ecológico, pasaron a ser componentes de este sentido común que tardó décadas en cuestionarse a sí mismo, tan grande había sido la derrota del pueblo chileno en septiembre de 1973.

Jesús Redondo: El sistema chileno es tan extremadamente neoliberal, sin ningún tipo de control democrático, que es incluso antisistémico para el modelo capitalista. Cuando tú haces que se endeuden los que no van a poder devolver, estás poniendo en riesgo el sistema mismo. [...] En Chile el concepto ideológico suena mal, porque Chile ha defendido durante estos años que en realidad la solución en la Política Pública es una solución técnica, neutra, no ideológica, basada en evidencia se dice acá. Pero en realidad eso es lo más ideológico que existe porque oculta el verdadero origen de las decisiones. Es decir, las decisiones en Chile se toman de forma absolutamente ideológica, otra cosa es que se disfrazan con una utilización adecuada de los datos disponibles. [...] Entonces hay mucho de ideológico detrás del planteamiento de que mercantilizando se consigue mejor calidad educativa. No se consigue, lo que sí que se genera es un buen negocio.

Neirlay Andrade: En abril de 1980, en el artículo «Orientaciones de políticas en el sector educacional» –en un discreto pie de página–, Piñera propone un desplazamiento de las funciones del Estado chileno: que no tenga como meta garantizar la educación sino velar por los créditos financieros. [...] Ese «sistema de préstamos» tiene hoy, treinta años después, su materialización en las Becas con Aval del Estado; créditos cuya tasa de interés es superior a la de un crédito hipotecario: con un mínimo de 6% de intereses, el estudiante chileno se aventura al mundo laboral arrastrando una deuda que se promedia en 30.000 dólares. [...] Tres décadas han pasado y Piñera insiste en su postura: la educación «es un bien de consumo», «tiene un componente de inversión», «tiene un doble propósito». Pero desde hace más de dos meses los estudiantes chilenos se mantienen en las calles y han tenido que sufrir lo embates de la represión policial. Acceso, endeudamiento y calidad desiguales son la cara oscura del sistema educativo chileno.

***

María Oliva Monckeberg: El cambio de una sociedad de ciudadanos por una sociedad de consumidores que se había producido, que en Chile era toda la gente más consumidores que ciudadanos, de repente como que empieza a reventar por diferentes lados.

Jesús Redondo: Si hay Democracia y si hay Seguridad Social y si hay Derechos Sociales, el paso siguiente es porqué no se democratiza la Economía.

José Araya: Para algún lado positivo va, porque lo que estamos viendo en las calles creo que es como lo mejor de las cosas positivas que uno siempre piensa encontrar en la vida: la alegría, la creatividad, esa capacidad de soltarse de la gente, de hacer locuras en la calle pero con un sentido político, creo que eso es lo bonito. Y si esa bola para algún lugar que nos permita construir una mejor sociedad para nuestros hijos bienvenido sea pero, por ahora, dejémosla correr, creo yo.

Jaime Massardo: El movimiento estudiantil ha devuelto la alegría a la calle y al pueblo chileno, recordándonos que la lucha social es y será siempre una fiesta. Con ello, por primera vez en estos treinta y siete años el sentido común «naturalizado» por el mercado se pone en cuestión…

Jesús Sepúlveda: Mucho se ha hablado de la falta de credibilidad y de referentes para producir los cambios necesarios. Los estudiantes de Chile han recobrado para todos nosotros -indignados y decepcionados- esa credibilidad y tersura que ningún político tiene. Entendámoslo de una vez: Chile no es un país ni tampoco un proyecto de país. Es un gran supermercado con mano de obra barata en el que unos pocos se han adueñado de los negocios, de la política y del espectáculo. Son esos pocos los que no creen en el futuro porque de otro modo amordazarían sus propias bocazas angurrientas y escucharían con atención lo que los estudiantes tienen que decir y enseñar. Porque ellos -los estudiantes, y no otros- son, hoy por hoy, los grandes maestros de Chile.

Jesús Redondo, director del Observatorio Chileno de Políticas Educativas, director de la Facultad de Psicología de la Universidad de Chile

José Araya, fundador del Observatorio Ciudadano, abogado de Derechos Humanos.

María Oliva Monckeberg, escritora, directora del Instituto de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile.

Francisco Figueroa, Vicepresidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile.

Camila Vallejo, Presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile.

Danae Díaz, Vocera de la toma del Liceo Carmela Carvajal.

Estudiantes de Chile, maestros del futuro por Jesús Sepúlveda, en Rebelión.

Las lecciones del movimiento estudiantil por Jaime Massardo, en Le Monde Diplomatique (Chile).

La cara oscura del sistema educativo chileno por Neirlay Andrade, en Rebelión.

MalEducados! El problema de la educación en Chile por Diego Marín Verdugo, en TeleSur.

Orientaciones de políticas en el sector educacional por Sebastián Piñera en revista Realidad (1980).

Constitución Política de la República de Chile (1980)
Artículo 19. Incisos 10 y 11
[...] Los padres tienen el derecho preferente y el deber de educar a sus hijos.
Corresponderá al Estado otorgar especial protección al ejercicio de este derecho.
[...] La libertad de enseñanza incluye el derecho de abrir, organizar y mantener establecimientos educacionales.
La libertad de enseñanza no tiene otras limitaciones que las impuestas por la moral, las buenas costumbres, el orden público y la seguridad nacional.

Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE, 1990)

Ilustración de Sara Plaza.

16.8.11

La enciclopedia de un mundo fantástico

Codex Seraphinianus

Por Edgardo Civallero

A lo largo de 30 meses, entre 1976 y 1978, el artista, arquitecto y diseñador italiano Luigi Serafini (Roma, 1949) creó el Codex Seraphinianus, una alucinante enciclopedia visual de un mundo irreal, ilustrada con fantasiosos dibujos llenos de detalles y coloreados en tonos vivos, y escrita en un alfabeto inexistente que, supuestamente, codificaría una de las lenguas de ese universo ficticio.

Este trabajo –que podría catalogarse como un imaginativo experimento artístico que tiene de "libro" solo la estructura- está dividido en once capítulos, organizados en dos secciones generales. La primera de ellas trataría sobre la naturaleza de ese mundo extraño, analizando su fauna, su flora, e incluso lo que parece ser su física y su química. La segunda abordaría todos los aspectos de la vida "humana": la indumentaria, la historia, la cocina...

Codex Seraphinianus
El primer capítulo describe varios tipos de plantas, árboles y flores. Incluye frutas que sangran, uvas que saltan solas desde su racimo a la boca de sus consumidores, plátanos que nacen de alcachofas y de los cuales surgen cerezas, hinojos con raíces de rábanos que fructifican en nueces ya secas, pimientos rellenos de una jalea brillante, rabanitos que contienen cerillas candentes en su interior, árboles que arrancan sus raíces de la tierra y migran o nadan, u otros que se reproducen abriéndose como muñecas rusas...

Codex Seraphinianus
El segundo capítulo está dedicado a la fauna. Posee una sección de insectos de todo tipo (incluyendo enjambres que viven en arco iris sólidos y agujereados como una colmena), muchísimas combinaciones coloridas de formas y perfiles, y situaciones de total desvarío (como mariquitas naciendo de un aro de masa roja). Los reptiles semejan simples agregados de distintos elementos (salamandras rojas de seis patas, una de ellas una aguja de coser enhebrada con la lengua del animal, que es un hilo).

Codex Seraphinianus
Los peces son alfombras que vuelan, o disponen de máscaras descartables que se enganchan a los anzuelos, o escafandras, o largos cabellos gruesos. Otros parecen ojos... Las aves, de un colorido impresionante, son descritas con sus costumbres y sus diferentes huevos, de todas las formas y tamaños imaginables. Los mamíferos, por su parte, son variantes delirantes de los habituales de cualquier zoo.

Codex Seraphinianus
El tercer capítulo analiza lo que parece ser un reino independiente de rarísimas criaturas bípedas: luces, nubes, nidos o paraguas con dos piernas, que aparentemente caminan entre la "gente normal" sin ningún inconveniente.

El cuarto estudia algo similar a la química y la física, aunque resulta ser el más críptico de todos: parece mostrar átomos y moléculas, esferas de colores que supuestamente compondrían el universo del Codex. El quinto, por su parte, muestra máquinas y vehículos de ensueño (o de pesadilla): productores de toda suerte de entidades vivas, generadores de sueños, cazadores automáticos de moscas y mariposas, o el constructor del arco iris, con una similitud curiosa a una de las máquinas voladoras de Leonardo.

El sexto explora a los seres "humanos" en general, aunque de humanos tengan poco: hay extremidades acabadas en todo tipo de estructuras (ruedas, martillos, plumas), dientes de colores, vello corporal con aspecto vegetal... Ofrece también estampas de individuos de pueblos indígenas, vestidos con curiosas estructuras (de madera, de mimbre) acordes a sus hábitats...

El séptimo capítulo tiene que ver con la historia; el octavo muestra el desarrollo de la escritura del propio Codex; el noveno abarca gastronomía e indumentaria y el décimo muestra juegos y deportes. Finalmente, el último capítulo está dedicado totalmente a la arquitectura.

Las ilustraciones son evidentemente surrealistas, una visión paródica de la realidad humana, aunque algunas son totalmente abstractas y su significado, si lo tienen, resulta inalcanzable. La lengua y el sistema de escritura empleado en las páginas del Codex han dado mucho de que hablar. Las letras tienen algún parecido con el georgiano cursivo, posee mayúsculas y minúsculas y parece seguir algún tipo de estructura lógica. Quizás por esas características, fueron muchos los estudiosos que pasaron años intentando descifrarla, hasta que el propio autor terminó aclarando (en 2009) que se trata de meros garabatos, escritura automática que no tiene ningún sentido. Según sus propias palabras, Serafini solo buscaba emular en el lector la sensación que tienen los niños frente a los libros, elementos que no pueden comprender (porque no saben leer) aunque intuyen su valor: una puerta abierta a mundos de maravillas pasadas y presentes, de ensueños y fascinación.

Ya se trate del desvarío de un artista loco o de una verdadera obra maestra, este libro consigue lo que su creador se proponía: mantenernos con la boca abierta por el asombro o curvada por una sonrisa, pasando página tras página, perdidos en un código alfabético que no podemos descifrar, y adivinando lo que las ilustraciones nos quieren decir acerca de un planeta totalmente desconocido. ¿No es esa, en definitiva, la sensación que tuvimos todos la primera vez que nos enfrentamos a un libro?

NOTA: El Codex Seraphinianus fue producido originalmente en dos volúmenes en 1981, por el famoso editor milanés Franco Maria Ricci. Ricci, además de publicar la revista de arte FMR ("la revista más bella del mundo", de acuerdo a los críticos), es conocido por lanzar al mercado ediciones limitadas y costosísimas de trabajos artísticos únicos y muy particulares. Sus ediciones se caracterizan por su papel hecho a mano y sus encuadernaciones de lujo.

En 1983, el Codex volvió a ser publicado, y se agotó hasta 1993. La última edición, revisada, con nuevas ilustraciones y un prefacio del autor, fue lanzada en 2006.

9.8.11

La espera de la libertad se llama lucha (1)

La espera de la libertad se llama lucha

Por Sara Plaza

Los sociólogos Frances Fox Piven y Richard A. Cloward, allá por 1966, publicaron en The Nation un artículo bastante controvertido bajo el título The Weight of the Poor: A strategy to end poverty. Lo que Piven y Cloward sugerían hace 45 años era desafiar al sistema de seguridad social. Considerando, por un lado, la enorme brecha que existía –aunque no se reconociese– entre los beneficios a los que las personas tenían derecho dentro de los programas de prestaciones sociales, y las ayudas que efectivamente recibían (por cada persona a la que se le otorgaba ayuda había al menos otra que, cumpliendo con los requisitos necesarios, no la recibía), y, por el otro, que este hecho no era accidental sino una característica del propio sistema de prestaciones sociales, la propuesta de los autores consistía en "a massive drive to recruit the poor onto the welfare roll", algo así como colapsar las listas de la seguridad social y provocar una profunda crisis financiera y política, que obligara a realizar reformas económicas conducentes a eliminar la pobreza estableciendo una renta básica universal.

Un buen puñado de años después, a finales de diciembre del pasado, apareció en el mismo medio un interesante análisis titulado Mobilizing the jobless, en el que Piven se preguntaba dónde estaban las multitudes enojadas, las manifestaciones, las sentadas y las turbas incontroladas en un país, Estados Unidos, que daba la bienvenida al 2011 con casi 15 millones de personas oficialmente desempleadas y otros 11,5 millones ocupados en un trabajo a tiempo parcial o que directamente habían dejado de buscarlo. Desde entonces, esa misma pregunta la he escuchado varias veces en España, con casi 5 millones de parados (más del 21% de la población activa), y donde las medidas patrocinadas por el Gobierno se asemejan mucho a las adoptadas por el Congreso estadounidense: recortes, subida de impuestos indirectos, cuasi-criminalización de los desempleados al sugerir que son las generosas ayudas que reciben estando en el paro las que les hacen incurrir en malos hábitos laborales e irresponsabilidad, y reuniones con los empresarios para solicitarles amablemente que consideren la posibilidad de invertir una parte de sus ingentes beneficios en la creación de empleo y el crecimiento económico, preferiblemente en el propio país y no en China. Entre las causas de la desmovilización de millones de personas afectadas de un modo u otro por la actual crisis, Piven analiza tres obstáculos fundamentales que deben ser salvados para empezar a presionar desde la base y forzar un cambio de política. En primer lugar llama la atención sobre la dispersión y la falta de conexión entre los trabajadores una vez que pierden su trabajo, sobre lo poco o nada que los sindicatos se ocupan de sus desempleados, y sobre lo atentas que están las administraciones para evitar que la gente pueda exteriorizar de manera colectiva su frustración y su enojo y llegar a organizarse, por ejemplo, en las largas colas del paro (de ahí que traten de impedir que se formen grandes grupos de espera, y muchas operaciones se realicen a través a través de Internet). En segundo lugar afirma que la movilización colectiva requiere dignidad, enojo y una serie de reivindicaciones. Las personas deben pasar de sentirse heridas y avergonzadas a estar enfadadas e indignadas. Quienes están sin empleo tiene que dejar culparse a sí mismos y redirigir su malestar hacia los burócratas y políticos que son los verdaderos responsables. Por último resalta la importancia de los objetivos, preferiblemente locales y accesibles, que puedan proporcionar algún tipo de respuesta a las demandas. Para esta profesora las protestas de los desempleados tendrán que darse a nivel local, pues es ahí donde está la gente y donde se construyen las solidaridades. Sin embargo, dado que los gobiernos locales y estatales están maniatados por los presupuestos y continúan despidiendo trabajadores, las iniciativas que respondan a las necesidades de las personas sin trabajo necesariamente tendrán que provenir del gobierno federal. De ahí que sea fundamental afianzar y extender las protestas locales para presionar seriamente a los políticos nacionales. En este punto Piven repasa las huelgas y las revueltas en Grecia ante las medidas de austeridad impuestas por su gobierno y la Unión Europea, y también las protestas de los estudiantes en Reino Unido por el aumento de las tasas universitarias. Al terminar su artículo, vuelve a insistir en que una movilización de desempleados, de jóvenes trabajadores, de estudiantes, que llegara a ser lo suficientemente importante y desestabilizadora tendría graves repercusiones para Washington.

Hace apenas cuatro meses, Frances Fox Piven volvía a la carga con otro artículo, Debt, Austerity and How to Fight Back, en el que denunciaba, junto al filósofo Cornel West, que los bancos, las corporaciones norteamericanas y sus aliados políticos habían declarado la guerra a los estadounidenses. Después de exponer el panorama desolador que enfrentan muchísimos estudiantes, trabajadores, pensionistas, desempleados y personas desalojadas de sus hogares, así como el deterioro de infraestructuras, escuelas, hospitales y numerosos servicios, los autores advierten de los beneficios astronómicos acaparados en los últimos meses por los bancos y las corporaciones que, aprovechándose de las fisuras legales para no pagar impuestos, están conduciendo al país a la bancarrota. Piven y West tienen clarísimo que no es el gasto en necesidades sociales sino las guerras, las exenciones fiscales que disfrutan las corporaciones y las políticas extorsionistas que llevan a cabo bancos y entidades financieras, las que han provocado los problemas de deuda y déficit que tiene el país. De ahí que, tras mencionar las valientes protestas que tuvieron lugar en Winsconsin animen con sus líneas a embarcarse en un movimiento que ponga freno a la dominación corporativa de bancos, empresas energéticas y especuladores de la guerra. Para ello, el cinco de abril organizaron y actuaron como moderadores en un "National Teach-in on Debt, Austerity and How People Are Fighting Back", una jornada contra la avaricia corporativa y a favor de la justicia económica y social celebrada en Nueva York en la que varios invitados explicaron las cuestiones antes nombradas, y a la estuvieron conectadas más de doscientas comunidades y campus de todo el país.

Sin duda es algo estupendo que tantas personas en tantos países nos estemos reuniendo y escuchando para aprender unos de otros. Lo es el hecho de que salgamos a la calle a denunciar, a protestar, a reclamar. Lo es el que compartamos dudas, temores, indignación, lucha y propuestas de cambio. Lo es estar caminando juntos por caminos diferentes, haber sumado nuestros pasos, los que nos han traído hasta aquí y los que tenemos que seguir dando para acabar con el sistema capitalista antes de que él acabe con el planeta y la humanidad entera. Haber sido capaces de romper los muros de las aulas, de los despachos, de las oficinas, de las fábricas, de los hospitales, de los hogares, etc., para sentarnos juntos en una plaza a sido toda una proeza en los tiempos corren y no debemos dejar pasar la oportunidad de mirarnos unos a otros ahora que por fin empezamos a reconocernos.

(1) Santiago Alba Rico en su artículo "¿Cuánto tiempo tenemos que esperar?"

Imagen. Obra de Antonio Berni titulada "Manifestación" (1934).

2.8.11

JSTOR: los verdaderos piratas

JSTOR: los verdaderos piratas

Por Edgardo Civallero

El 6 de enero de este año, la policía de Boston detuvo a Aaron Swartz, de 24 años, por haber descargado el 98% de los contenidos de la "base de datos académica" JSTOR, es decir, alrededor de 4,8 millones de artículos.

De acuerdo a la fiscalía, el acusado conectó subrepticiamente un ordenador portátil a la red informática del MIT (Massachussets Institute of Technology) y, empleando el acceso (pagado y legal) que dicha institución tiene a los fondos de JSTOR, puso en marcha un programa especial y descargó artículos masivamente. Tanto, que las alarmas de JSTOR sonaron y se bloquearon repetidas veces las IPs del MIT. Una sospecha y una alarma llevaron a la otra, y finalmente Swartz fue detenido.

El 19 de julio fue formalmente acusado de los cargos de fraude informático (se habría conectado ilegalmente a la red del MIT, aunque su posterior acceso a JSTOR fuese legal), obtención de información mediante un script o programa especial, y supuesta intención de liberar esos artículos en redes P2P. Swartz se declaró no culpable y fue liberado bajo una fianza de 100.000 dólares. JSTOR ha manifestado públicamente (quizás para deshacerse de toda relación con un caso que, de alguna forma, coloca sus actividades bajo la lupa de la opinión pública crítica) que no interpondrá demandas civiles contra Swartz. Sin embargo, el gobierno de los EE.UU. sí lo hará (lo cual, de acuerdo a muchos abogados, es algo realmente notable) y el acusado se enfrentaría a una pena de 35 años de prisión y a multas de hasta un millón de de dólares.

Las voces de apoyo a Swartz no tardaron en aparecer, enfocándose no en el delito de acceso ilegal a una red informática (el cual, por cierto, no es tan raro en ambientes tecnológico-académicos como los del MIT, y no acarrearía ni tanto revuelo ni esas penas desmesuradas) sino en que, por un lado, las alarmas de JSTOR hayan saltado por "demasiadas descargas" (es como si la biblioteca de la que somos socios y a la que pagamos nuestra cuota nos prohibiera el paso por "demasiadas lecturas") y en que, por el otro, se esté enjuiciando a Swartz por pretender colocar ese saber en línea para descarga gratuita cuando, en numerosos casos, la propia JSTOR está vendiendo material que ya pertenece, hace años, al dominio público. Uno de los escritos de apoyo mejor fundamentados ha sido el de Greg Maxwell, que además ha subido a la plataforma The Pirate Bay unos 18.000 artículos científicos de JSTOR, en protesta por las políticas de publicación y difusión de la información y por la persecución legal a quienes no son los verdaderos "piratas" y "saqueadores".

Pero comencemos por el principio: ¿qué es JSTOR? En su sitio web se presenta como un "servicio sin ánimo de lucro que ayuda a académicos e investigadores a descubrir y usar un amplio rango de contenidos en un archivo digital de más de mil publicaciones periódicas académicas...".

JSTOR es parte de ITHAKA, un proyecto dedicado a estudiar el uso de tecnologías digitales para la distribución de la información en universidades y bibliotecas, y a promover determinadas formas de trabajo que favorezcan el uso de esas nuevas tecnologías y del conocimiento electrónico.

Lo que hace JSTOR, en realidad, es digitalizar (si no está digitalizado ya, y con una calidad por lo general deplorable) los artículos de las principales revistas científicas mundiales, organizarlos en una base de datos en línea, y vender el acceso a dichas publicaciones. Supuestamente, una parte de los beneficios obtenidos iría a manos de las editoriales que publican esas revistas científicas, y otra quedaría para JSTOR. ITHAKA, por su parte, influye (a través de informes y recomendaciones "neutrales" y "profesionales") en los altos estratos académicos para que productos del tipo "JSTOR" obtengan preferencia en bibliotecas y otros entornos académicos.

Cualquiera que haya intentado acceder a la base de datos de JSTOR sabe que se necesita un usuario y una contraseña, que hay que pagar con una sustanciosa suscripción anual, o que se puede descargar un artículo determinado si se abona la "módica suma" de entre 5 y 40 dólares, dependiendo de la antigüedad y la categoría del artículo.

Sin embargo, pocos saben que el dinero obtenido no va a los bolsillos de los autores de los artículos.

En efecto, JSTOR es una de las tantas cabezas de una enorme masa de organizaciones (editoriales, sobre todo) que se dedican a "traficar información". Todas ellas han entendido que, en la actualidad, la información es uno de los bienes más valiosos que existen. Y, en consecuencia, lo comercializan. El hecho es que, al hacerlo, venden los contenidos creados, de manera totalmente gratuita, por docentes, investigadores, escritores y ensayistas. Pues así es la publicación académica: los autores no reciben un centavo (no, ni un solo centavo, de nadie) cuando sus manuscritos son publicados en cualquier revista académica, o cuando son vendidos por una base de datos como JSTOR. Es más: tienen que sentirse agradecidos y afortunados de ver sus textos difundidos por tales revistas, pues de esa forma podrán agregar una "publicación" a sus curricula vitae y, a más publicaciones, más oportunidades tendrán de obtener becas y subvenciones, o de mejorar sus puestos de trabajo.

JSTOR no sólo vende los artículos que se encuentran bajo copyright, sino que también comercializa textos que se encuentran hace tiempo en el dominio público (es decir, cuyo copyright ha expirado). La excusa es que deben cobrar su "trabajo de digitalización", aunque se encuentren mejores digitalizaciones, desde hace años, en cualquier rincón de Internet.

En definitiva, tanto JSTOR como las organizaciones que la acunan y las editoriales a las que representan se benefician, por un lado, de una legislación (que ellas mismas ayudaron a redactar) que condena como criminal todo acto que implique el acceso a la información estratégica sin restricciones y la libre difusión de la cultura. Y por otro, se benefician igualmente de una cultura académica (que ellas mismas han ayudado a crear) en la que los autores dedican tiempo y esfuerzo a publicar contenidos intelectuales valiosos que solo dejan beneficios económicos a los que los publican y distribuyen, y no a los que los escriben.

Una de las soluciones a este problema es la radical de Swartz y Maxwell (y tantos otros): reventar los muros de las bases de datos y de las editoriales y recuperar para el público en general el saber que guardan bajo siete llaves, y que fue producido originalmente para ser compartido, no comercializado. La otra, menos radical, es la eliminación progresiva del sistema de publicación académica actual y el apoyo a otros métodos, como el del self archive/open access archives.

El conocimiento académico y científico es estratégico para el desarrollo de la vida humana. La información es poder: poder para cambiar las cosas, para solucionar los problemas, para enfrentar las crisis. Que ese poder esté guardado en los cofres de unos pocos, y que quieran que paguemos por ello cuando ellos mismos no pagaron en absoluto por tenerlo, es inmoral. Y debería ser ilegal también. Pero parece que la ley está ocupada persiguiendo a rebeldes como Swartz, que se juegan el tipo por una idea limpia.

Artículo: "Documentos de JSTOR publicados en The Pirate Bay". Por Greg Maxwell. En Rebelión, 28.07.2011.
Artículo: "La desobediencia civil alcanza a la publicación de estudios académicos". En Público, 01.08.2011.

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