28.12.10

Rechazar las cronologías aceptadas

Rechazar las cronologías aceptadas

Por Sara Plaza y Edgardo Civallero

Eso sería lo primero para empezar a buscar una pista del tiempo que no fuera mentirosa. Y eso fue lo que hizo Andrea Barbero, la protagonista del cuento "Variaciones sobre un tema" que firmó Carmen Martín Gaite a finales de los sesenta, para llegar a la siguiente conclusión:

La falta de sincronización entre el lenguaje del reloj o del calendario y el curso real del tiempo, que unas veces anda llevándonos en él y dejándonos habitar los paisajes a que nos asoma, y otras, las más, desconectado de nosotros igual que un tren vacío de cuya llegada a las estaciones llevamos, eso sí, puntual cuenta.

Cuando la próxima estación está cada vez más cerca, el tren comienza a aminorar la marcha una vez más, ajustando su avance al lento girar de las agujas del reloj que en pocos días habrá desnudado el calendario un año más.

No tardará en escucharse el anuncio de su arribo: "procedente de los rescoldos que han estado resguardados hasta la fecha bajo las últimas cenizas del 2010, está haciendo su entrada por la única vía habilitada para su ingreso el año 2011."

Todo parece indicar que continuará su viaje vacío, huyendo de nosotros, de las numerosas crisis que provocan unos pocos y sumergen a todos los demás en un paisaje al que nunca hubieran soñado asomarse.

Pero por esas cosas que de inexplicable tiene el destino, cabe la posibilidad de que nos brinde una nueva oportunidad de subirnos a alguno de sus vagones y poder observar con cierta perspectiva y con algo más de madurez la realidad ensombrecida que no hemos querido o no hemos sabido ver entre tantas luces engañosas.

Una vez arriba, con la nariz aplastada contra el cristal de la ventanilla, el tiempo volverá a estar contenido en las historias deseadas, ésas que cada uno de nosotros deberá escribir, rescribir y protagonizar en un rincón del mundo sin perjuicio del resto de narradores. Sólo así dejará de escurrírsenos en medio de fechas que solo cobijan la mentira, como pensaba Andrea Barbero.

A todos aquellos que ya corren hacia el andén y no olvidaron afilar el lápiz con el que puntada a puntada se tejen y destejen las utopías que van transformando la realidad.

¡Feliz narración!

21.12.10

Diamante en bruto

Diamante en bruto

Por Sara Plaza

Dícese de aquella persona o cosa que tiene o parece tener un gran valor, pero le falta aprendizaje o educación. ¿Será uno de ellos el actual presidente de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), hasta ayer un reconocido negacionista del cambio climático devenido hoy en ecologista "sensato"?

Entre sus últimas intervenciones brillantes, duras y transparentes, propias de su cualidad de piedra preciosa, está la clausura del 2º Congreso del Partido Popular en Estados Unidos, en cuya ceremonia a primeros de diciembre nos brindó una personalísima definición de Estado de bienestar, según la cual se trataría de un estado en el que domina la creencia de que trabajando poco se puede ganar mucho, y en el que la gente quiere empezar a trabajar lo más tarde posible y jubilarse lo antes posible. Ciertamente al ex presidente del Gobierno español no le sobran ni el aprendizaje ni la educación, y estas declaraciones suyas se me atragantaron durante días, hasta que comprendí que la indigestión estaba relacionada con mi intolerancia al mal uso y al abuso de ciertos términos que algunas bocas han convertido en dardos envenenados con los que emponzoñar todos y cada uno de nuestros sentidos, desde el crítico hasta el común.

Recordé entonces una entrevista del pasado verano a Santiago Alba Rico, en la que el filósofo y escritor advertía lo siguiente: "El capitalismo es un orden económico perverso que se reproduce y se legitima a fuerza de aumentar el número de libertades. Es el más tolerante de la historia. Lo tolera todo. Tolera el racismo y el anti racismo; el belicismo y el pacifismo; tolera a los vegetarianos y a los caníbales [...]."

En esa entrevista señaló que hablar de libertad "es siempre peligroso porque si hay una palabra, un concepto que nos han arrebatado desde la derecha, que han malversado, manipulado, es precisamente este de libertad [...] La derecha hace cada vez más uso de la palabra libertad para reivindicar cosas que son totalmente contrarias a lo que es su contenido digamos histórico, tradicional, republicano, al final parece que lo que reivindican es la libertad para tener esclavos [...] Es importantísimo recordar que es peligroso no definir bien lo que es el término libertad, porque hay otros términos que la derecha manipula más difícilmente, por ejemplo igualdad, igualdad es algo que molesta a la derecha, solidaridad les irrita, fraternidad no digamos, pero en cambio libertad es un término que pertenece al mismo tiempo a las corrientes más revolucionarias, republicanas, y a las corrientes más liberales, capitalistas."

Santiago Alba Rico insistió mucho en que "libertad quiere decir básicamente no depender de otro. O sea en términos civiles no ser esclavo y en términos políticos es no obedecer a otros seres humanos sino a las leyes que tu mismo te has dado en asamblea con otros seres humanos [...] Y a partir de ahí todo lo que no sea compatible con eso no solamente no es libertad sino que es liberticida. Y por eso el capitalismo, que no deja de, aparentemente, aumentar el número de libertades, es liberticida. Porque las únicas libertades que no permite, precisamente porque las permite todas, es la libertad de ser dueño de uno mismo, de los propios recursos, del propio cuerpo, etc."

Creo no ir demasiado desencaminada al afirmar que los defensores de este pernicioso y enfermizo sistema están empeñados en que dejemos de pensar y en evitarnos el engorroso proceso de rumiar sus discursos. Tal es así que han puesto lo mejor y lo peor de sí mismos en la elaboración de un glosario que nos ayude a digerir el significado de sus diatribas, y a olvidar que existen "jugosas" razones para tergiversar numerosos términos que les resultan incómodos, así como para privatizar el "insostenible" Estado de bienestar que, con el buen tino al que nos tiene acostumbrados, acaba de redefinir todo un maestro de ceremonias, pero no el único, que ha creado escuela entre lo más granado del elenco político dentro y fuera de casa.

14.12.10

Propaganda, eterna propaganda

Propaganda, eterna propaganda

Por Edgardo Civallero

Deseo plantearles un ejercicio práctico. Un ejercicio en el cual les mostraré una serie de principios propagandísticos, y ustedes deberán acertar a qué político o partido pertenecen. Es simple, es sencillo, y, como verán al final de esta entrada, es totalmente angustiante y deprimente.

1 - Principio de la simplificación y del enemigo único.
Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.

2 - Principio del método de contagio.
Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

3 - Principio de la transposición.
Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. "Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan".

4 - Principio de la exageración y la desfiguración.
Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en una amenaza grave.

5 - Principio de la vulgarización.
"Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión, escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar".

6 - Principio de orquestación.
"La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas". De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad".

7 - Principio de renovación.
Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

8 - Principio de la verosimilitud.
Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados “globos sondas” o de informaciones fragmentarias.

9 - Principio de la silenciación.
Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos, y disimular las noticias que favorecen al adversario, a la vez que se contra-programa con la ayuda de medios de comunicación afines.

10 - Principio de la transfusión.
Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

11 - Principio de la unanimidad.
Llegar a convencer a mucha gente de que piensan "como todo el mundo", creando impresión de unanimidad.

Respuesta: Si Ud., lector/a, está accediendo a esta bitácora desde España, probablemente piense que estos son los principios que sigue el Partido Popular (partido de derechas actualmente en la oposición), que emplea cada uno de ellos casi a diario.
Si me lee desde un país latinoamericano (p.e. Argentina), quizás ya haya establecido ciertos paralelismos con los actores de la política regional y local.

Sin embargo, lamento informarle que estos principios fueron los usados por Joseph Göbbels para generar la propaganda nazi. Saque Ud., mi estimado/a amigo/a, sus propias conclusiones acerca de la vigencia de estas “reglas propagandísticas”.

Nota: Mi agradecimiento a un anónimo comentarista del diario español “Público”, que apuntó estos principios en una noticia referente al ex-presidente español José María Aznar y sus declaraciones argumentando que hay que eliminar el estado de bienestar en España.

6.12.10

Quien espera, desespera...

Quien espera desespera...

... sin un libro en las manos.

Por Sara Plaza

Ventanillas de citas en un hospital público. Sólo atienden en dos de las cinco disponibles. Saco el número 85 de la maquinita que se oculta detrás de las columnas. Al girarme veo en la pantalla electrónica que recién acaban de llamar al número 15. Sé que tengo una larga espera por delante. Me apoyo en una de las paredes, abro mi bolso y saco "El ruido y la furia". Guardo entre sus últimas páginas el número y sigo leyendo a Faulkner. Al pasar de página miro por el rabillo del ojo a un joven sudamericano de tez aceitunada, ojos rasgados y pelo negro que está justo detrás de mí. Sostiene una carpeta amarilla sobre sus piernas. Está sentado en una silla de ruedas y todo en él permanece inmóvil salvo sus pupilas. Bajo la carpeta observo una sonda, pero no logro descubrir sus manos. Me he quedado mirándolo fijamente sin darme cuenta, pero no sé si él me ve a mí. Un instante después caen a mis pies varios papeles. Me agacho a recogerlos y se los entrego a la mujer que se acaba de inclinar al mismo tiempo que yo. Gracias, en este bolso llevo de todo. No hay por qué. En sus manos sostiene el número 117. Regreso a mi libro y avanzo un puñado de páginas. Ya solo llaman por una de las ventanillas. Una señora mayor se me acerca. ¿Es aquí donde se piden las citas para traumatología? Levanto la vista y en un cartel informativo leo en la segunda fila "Traumatología". Sí, fíjese en ese cartelito azul, lo dice justo al final. Tiene el número 125. Le dice a su esposo que tal vez puedan sentarse y yo les animo a que lo hagan al fondo. Junto a la ventana hay algunos asientos libres, y les queda un buen rato hasta que los llamen. Bueno, a nosotros ya no nos están esperando los niños. La mujer y el hombre se alejan despacito. Vuelvo a mirar a mi joven acompañante. Sus pupilas siguen danzando en dos charcos oscuros en mitad de su rostro de barro. Otra señora llega hasta mí con el número 130. ¿Sabe usted si tardará mucho? Sí, están tardando muchísimo. Entonces tal vez me de tiempo a buscar otras citas, gracias, luego vengo. Da media vuelta y se marcha arrugando el papel con el número. Me resulta difícil concentrarme en la lectura. Por todas partes escucho quejas y comentarios. La gente protesta por lo lentamente que atienden en las ventanillas, porque sólo lo hace una señorita, porque ahora, para colmo, se ha estropeado la maquinita que da los números... Aún me faltan treinta números y ya llevo casi una hora de pie en esta esquina junto al muchacho sudamericano. Creo que por fin están atendiendo a un familiar suyo. Viene hacia él y busca algo en la carpeta amarilla. El joven ni se inmuta pero sus ojos siguen observándolo todo a su alrededor. Al cabo de un rato regresa su familiar, guarda todos los papeles dentro de la carpeta, le quita el freno a la silla de ruedas y se van. Ninguno de los dos ha abierto la boca, no han cruzado ni media palabra. Un par de pupilas se despiden de mí y se ocultan tras sendos párpados de arcilla. Me quedo sola. Sigo leyendo por espacio de otro cuarto de hora. La maquinita de los números sigue rota. Han habilitado una nueva ventanilla. Acaban de atender al número 82. Me abrazan por un costado. Ya casi he terminado. No te preocupes. Esto es un rollo. Sí, ya sé. De nuevo las protestas y los malos modos. Todos estamos cansados de esperar. Ya nos toca. Vamos. Nos dan cita para dentro de tres meses, pero podemos poner una reclamación en Atención al paciente y quizás así nos la adelanten. Gracias. De nada. Guardo a Faulkner en mi bolso y abandonamos la sala de espera percibiendo nítidamente el ruido y la furia que dejamos a nuestras espaldas.