22.5.18

Tiranos en las Galápagos

Tiranos en las Galápagos

Por Edgardo Civallero

Tras el abandono de la primera empresa colonizadora ecuatoriana de las Galápagos, iniciada por el general José de Villamil en 1831 y finalizada en 1837 por las numerosas deudas asumidas, la única isla ocupada hasta entonces, Floreana, quedó a cargo de un inglés que acompañaba a Villamil. Willams, que así se apellidaba el fulano, fue el primer tirano del archipiélago.

Lamentablemente, no sería el único.

Williams consideró que la isla era como su propiedad privada, y en ella reinó apoyándose en una guardia de marineros extranjeros, mercenarios contratados en los balleneros que pasaban por la zona. El británico instauró la caza sistemática de tortugas para la venta de la carne a los balleneros: tanto visitantes como colonos las juzgaban más sabrosas que el ganado, de forma que los pesados reptiles prácticamente acabaron por desaparecer, en lo que sería la primera crisis ecológica de origen humano del archipiélago.

En 1841 los colonos se rebelaron y, tras echar a Williams, la mayoría regresó al continente. De los 300 habitantes que había hacia 1837, solo quedan 25 en 1849, y en 1851, no más de una docena.

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En 1870, el español Valdizán compró la "Empresa Industrial Orchillana" a comerciantes de Guayaquil, que habían explotado la orchilla en las islas pero sin establecerse allí ni pagar impuestos, algo terriblemente inconveniente para el Estado. El gobierno ecuatoriano le encarga la tarea de establecerse en Floreana y colonizarla... otra vez.

La mano de obra de la hacienda de Valdizán la compusieron pobres huasipungueros de las grandes propiedades de la Sierra, y presos por deudas. Ninguno de ellos tenía derecho a nada, ni siquiera a una parcela, y estaban vigilados por guardias armados ingleses. A diferencia de la vez anterior, en esta ocasión la colonia contó con un velero que llevaba la orchilla y el aceite de tortuga a Guayaquil y proveía a los habitantes de Floreana de los bienes necesarios. Pero los viajes eran irregulares, el velero era pequeño... Hastiados, los colonos se rebelaron en 1878 y asesinaron a Valdizán, volviendo al continente.

Algunos, sin embargo, se unieron a familias que desde 1876 se habían asentado en la isla San Cristóbal, en donde Manuel Cobos (uno de los comerciantes a los que Valdizán compró la "Orchillana") había establecido un núcleo de poblamiento con miras a una colonización, que terminó lanzando en 1879.

En 1880, cuando el buque de guerra británico Triumph visitó Floreana, la encontró desierta.

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En 1879 comenzó oficialmente la colonización de isla San Cristóbal. Concretamente, en la hacienda "El Progreso", de Manuel Cobos. El comerciante ya no buscaba exportar orchilla ―para entonces se habían descubierto colorantes sintéticos mucho más rentables― sino azúcar, café, cuero, aceite de tortuga y pescado seco.

En San Cristóbal se instaló un ingenio a vapor, llevado allí desde Glasgow y operado por un ingeniero inglés, que producía 20.000 quintales de azúcar por año, y alcohol de caña. Se plantaron 100 hectáreas de cafetales, y se cazaron todos aquellos animales que pudieran producir aceite (tortugas, lobos marinos, iguanas) para el alumbrado de Guayaquil y otras ciudades de la costa. Incluso antes de que las tortugas de San Cristóbal desapareciesen casi por completo, Cobos mandó a buscar animales a las islas vecinas, especialmente a Isabela, en donde también hizo recoger azufre del volcán Sierra Negra.

Los bosques de San Cristóbal, que para 1880 (según fotos) contaban con hermosos árboles, fueron arrasados para construir cabañas, caminos e incluso un muelle en la antigua Wreck Bay, rebautizada como Puerto Chico. Cobos contaba con varios barcos que le permitían dar salida a su producción y abastecerse en Guayaquil.

Para la mano de obra vació las prisiones de la provincia del Guayas. San Cristóbal era una propiedad privada en donde se explotaba todo, incluyendo a la gente. En el centro estaba la casa del amo, rodeado de una guardia armada de ex-presidiarios que le debían todo. Alrededor, las chozas de los trabajadores. Los castigos eran terribles para quienes infringiesen reglas, mostrasen "mala voluntad" o no lograsen la cuota de producción: desde latigazos y garrotazos a la muerte o el destierro "caritativo" (a islas con agua, como Santa Cruz) o "definitivo" (a islas en donde se creía que no la había, como Santiago).

Los hombres trabajaban 18 horas por día y libraban tres medios días al año, cuando aprovechaban para emborracharse y pelearse, especialmente por las escasas mujeres. El sueldo era en una moneda que solo podía usarse en la hacienda de Cobos, a sus precios. Nadie podía escapar y volver al continente.

Como era de esperar, en 1904 los peones se sublevaron y mataron a Cobos. También asesinaron al Jefe Territorial, cómplice de Cobos.

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En 1893, Antonio Gil, intendente de Guayaquil, intentó crear una empresa de curtiembres en Floreana, pero había poca mano de obra disponible y el ganado no era tan numeroso como para sustentar el emprendimiento.

Cuando en 1897 el gobierno ecuatoriano autorizó el reclutamiento forzado de desempleados, Gil se lanzó a colonizar la isla Isabela, donde abundaba el ganado salvaje (transferido allí por Villamil) y las tortugas. Como su cargo le otorgaba poder y jurisdicción sobre las Galápagos (para entonces parte del territorio de Guayas), hizo redadas en las calles de Guayaquil y deportó gente, fundando Puerto Villamil (hasta hoy capital de la isla) y la hacienda "Tomás de Berlanga": una hacienda ubicada en los flancos del volcán Sierra Negra, cerca de los pastizales donde se alimentaba el ganado cimarrón y de los bebederos de las tortugas.

La pequeña colonia era propiedad de la familia Gil, que aplicaban leyes menos duras que las de San Cristóbal. Los colonos trabajaban gratuitamente, pero tenían derecho a explotar una parcela propia. La naturaleza era saqueada sin miramientos: eran miles los caparazones de tortuga que flanqueaban el camino a casa del patrón. Los aceiteros (los peones encargados de extraer aceite) cazaban por igual tortugas, focas y lobos marinos, cuyas pieles se vendían. El ganado era sacrificado únicamente por el cuero, dejando los cadáveres pudriéndose en el sitio.

Cuando un destacamento militar se instaló en Puerto Villamil en 1928, los peones se rebelaron y trataron de impugnar la autoridad de los Gil sobre la isla. Recién en 1935 el jefe del destacamento prohibió capturar ganado cimarrón sin autorización previa. Atacado en su base, el sistema de los Gil se desmoronó. Todos los colonos (familia Gil incluida) acabaron repartiéndose las tierras, terminando así la historia del último tirano de las Galápagos.

Aunque no la historia de las penurias en las islas.

Imagen. Barca en Pelican Bay, Puerto Ayora, Santa Cruz (islas Galápagos). Foto de Edgardo Civallero.