15.8.17

De hierbas y pipas

La odisea del diccionario yahgán

Por Edgardo Civallero

Las "pipas de la paz" o pipas ceremoniales aparecen con mucha frecuencia en películas, fotografías o narraciones que muestran o describen, no siempre acertadamente, la vida de los pueblos indígenas norteamericanos.

Pocos, sin embargo, se han preguntado qué se colocaba dentro de esas pipas. Qué se fumaba. Porque, a pesar de lo que se pueda asumir, no solía ser sólo tabaco.

Las sociedades nativas de aquella parte del mundo solían fumar –tanto ceremonial como socialmente– distintas especies del género Nicotiana (existen unas 70), lo que equivale a decir que utilizaban parientes silvestres de la planta de tabaco utilizada hoy a nivel industrial (Nicotiana tabacum). Entre ellas se encontraban Nicotiana rustica ("tabaco azteca" o "mapacho") y Nicotiana attenuata ("tabaco coyote").

Ocurre que esos tabacos eran tan fuertes y tan ásperos que sus consumidores preferían mezclarlos con otros vegetales que atenuaran su sabor. Como, por lo general, tales vegetales no ardían con la lentitud necesaria (un rasgo al parecer difícil de encontrar), era necesario agregar otros que sí lo hicieran. A veces se sumaban, además, pequeñas dosis de plantas conocidas por sus efectos psicotrópicos; otras, se llegaban a utilizar sustancias animales, como algunas grasas o aceites.

El resultado final era una mezcla muy heterogénea, que combinaba distintas hierbas, hojas y cortezas en proporciones diversas, dependiendo de la región y del pueblo que la preparara, y que recibía nombres diferentes en cada lugar.

Una de las denominaciones que tuvo más éxito a la hora de designar el "tabaco" que alimentaba las pipas nativas fue kinnikinnick. El término derivaría de la palabra kelekenik'an ("mezcla") de los Lenape, o de giniginige ("mezclar una cosa animada con una inanimada") de los Ojibwe. Dado que esos pueblos se contaron entre los primeros con los que los cazadores, tramperos, aventureros y colonizadores europeos tuvieron contacto, sus vocablos fueron los que estos últimos adoptaron, por extensión, para referirse a todas las mezclas fumables del continente.

La terminología indígena empleada para denominar aquello que se fuma muestra claramente las distinciones establecidas por cada cultura (o la ausencia de ellas). Entre los Algonquinos se diferenciaba nasemà ("tabaco"), mitàkozigan ("tabaco sin mezclar") y apàkozigan ("tabaco mezclado"). Lo mismo ocurría entre los Odaawaa u Ottawa (semaa, mtaakzigan y paakzigan) y entre los Ojibwe (asemaa, mitaakozigan y apaakozigan). Otros pueblos hablaban simplemente de "mezcla" (čhaŋšáša entre los Lakota y Dakota, ahpaesāwān entre los Menominee, äñ'-ka-kwi-nûp entre los Shoshoni) o incluso de "corteza para fumar" (roxišučkéra entre los Winnebago) cuando las opciones eran más limitadas.

Entre esas opciones se encontraban las hojas o cortezas de sagú (Maranta arundinacea), las bayas de varias especies del género Rhus (R. virens, R. microphylla, R. glabra y R. typhina), las hojas de laurel (Laurus nobilis), wahoo (Euonymus atropurpureus), Vaccinium stamineum, artemisas (Artemisia spp.), tabaco indio (Lobelia inflata), cerezos (Prunus spp.) y verbascos (Verbascum spp.), cantidades reducidas de estramonio (Datura stramonium), las hojas de abedul (Betula nigra), y las barbas de maíz. Algunos grupos iroqueses agregaban grasas animales y almizcle.

Los Ojibwe solían utilizar hojas secas de la uva de oso o gayuba (Arctostaphylos uva-ursi), la raíz seca y molida de Aster novae-angliae y, en menor grado, cortezas de plantas del género Cornus o cornejos, como C. sericea, C. amomum, C. stolonifera, C. rugosa y C. canadensis. Los Salish y los Kutenai, por su parte, usaban la corteza de Cornus stolonifera y la de varios sauces (Salix spp.), así como las raíces del falso eléboro (Veratrum viride) y de Osmorrhiza occidentalis.

En la actualidad estas mezclas siguen elaborándose y fumándose, y muchos de los ingredientes pueden adquirirse a través de Internet, en tiendas especializadas. Sin embargo, no hay nada comparable a recolectar las plantas en plena naturaleza, secarlas, ahumarlas, desmigajarlas, y combinarlas sabiamente para buscar ese aroma que luego se disfrutará plácidamente, mientras arde en la cazoleta de una vieja pipa de madera.

Bibliografía

Bollwerk, Elizabeth A.; Tushingham, Shannon (eds.) (2016). Perspectives on the Archaeology of Pipes, Tobacco and other Smoke Plants in the Ancient Americas. Heidelberg: Springer.

Cutler, Charles R. (2002). Tracks that Speak. The legacy of Native American words in North American culture. Boston: Houghton Mifflin Co.

Hart, Jeff (1992). Montana Native Plants and Early Peoples. Helena: Montana Historical Society Press.

Imagen: Niño del pueblo Siksika o Blackfoot jugando con una pipa.