17.10.17

Habitar la vida con poesía

Habitar la vida con poesía

Por Sara Plaza

Compartimos este precioso acercamiento de Carlos Negro a la poeta lucense Olga Novo, que el pasado 30 de agosto publicaba en su versión digital el diario Sermos Galiza, con el título "Olga Novo: a guímara do Amor". Ha sido traducido por Sara Plaza. El texto original en gallego puede leerse aquí.

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Olga Novo: la guímara del Amor

Trataremos de no estorbar las palabras de la poeta. Dejaremos que el discurso vital de Olga Novo (Vilarmao, A Pobra de Brollón, 1975) fluya como un arroyo de aldea, nítido y cantarín. No diremos, pues, todo lo que la poeta lucense lleva escrito, traducido o pensado. No diremos qué obras suyas merecen ser más o menos leídas, cuando todas ellas constituyen retazos incandescentes, impactos que apelan a la reivindicación de una belleza radical, libre de restos retóricos y peajes académicos. Erótica y oracular, labriega y surrealista, libertaria a través del Amor. Guímara desde el genoma de la infancia.

Leer a Olga Novo no permite la indiferencia. Sus poemas abrasan, apelan a la memoria colectiva, al lenguaje originario del paraíso, reclaman la intensidad de los afectos como una revolución política; y cada verso que emite resuena en nuestro interior como el eco de un tambor de madera delicada, como el ruido cóncavo que hacen las vocales cuando entran en contacto con la sangre. Y la verdad de sus versos se clava en las entrañas como una aguja, doliendo para que sintamos.

Olga Novo: la diosa campesina que hoy comparte con nosotros pedazos de un diario de lava. Ese que nos va llevando desde A teta sobre o sol (Edicións do Dragón, 1996) hasta Cráter (Toxosoutos, 2011), con Nós nús (Xerais, 1997) y A cousa vermella (Espiral Maior, 2004) como escalones esenciales en el camino. Y sin renunciar nunca a la unión libre con otras artes e investigaciones filológicas.

DIARIO VOLCÁNICO (RETAZOS)

LA GUÍMARA

Cuando era niña, mi madre me aplicaba el adjetivo "guímara", de manera cariñosa, como sinónimo de "rebelde", un uso que se retrotrae a la historia medieval del concello de la Pobra do Brollón, cuando las gentes del pueblo se negaron a pagar los tributos abusivos al conde de Lemos. Este episodio de resistencia, tan hermoso por otra parte, dio lugar al apelativo despectivo de guímaros –"insociables", "tercos"–, aplicado a los habitantes de la Pobra. A mí me gusta sentirme de la estirpe de aquellas antepasadas resistentes guímaras, vecinas de María Castaña.

LA CASA

En una casa labriega, humilde, sin libros, el primer contacto con la cultura fue, evidentemente, con la cultura oral. Mi padre fue un gran contador, con una portentosa imaginación hiperbólica y grandes dotes oratorias; mi madre es una mujer hipersensible, que me recitaba de memoria algunos romances tradicionales y también algunos versos de Rubén Darío y de Pemán, que ella había aprendido en la humilde escuela de la aldea de Saá. Recuerdo escuchar hechizada, con tres años, la musicalidad modernista en la voz materna, mientras se cocían las berzas del caldo. Estos dos hechos acompañaron probablemente mi natural disposición hacia la música, de la que la poesía no deja de ser una emanación, y quizás me predispusieron hacia el ejercicio poético.

LA INFANCIA

Mi memoria es ante todo una memoria sensitiva. Recuerdo por ejemplo, de muy niña, levantarme en verano cuando todavía era de noche, para ver amanecer; recuerdo el olor a tierra húmeda; acariciar las piedras de las paredes al borde de los senderos pensando en todas las personas que me había precedido y habían puesto tal vez sus manos en aquel mismo trozo de granito; el bufar de las vacas en la cuadra justo debajo de mi cuarto; meter las manos en la masa del pan leudado; velar una margarita por ver si cerraba los pétalos al anochecer; el sabor de la leche batida; el ritmo de la hoz cortando el herrén; volver de los nabos sentada en el remolque del tractor; estudiar con los pies metidos en el horno de la cocina de leña; llorar de la emoción al ver salir las patas del becerro cuando nace; ver a mi abuelo arreglando relojes con cachitos de tojo y emocionarse al hablar de la guerra; leer a Kafka en un tremedal mientras pacían las vacas...

LA ALDEA

Mi canto a Vilarmao es un canto de amor, no un canto saudoso y ruralista por un pasado perdido, sino un cl(amor) por una cultura aniquilada, que yo vi y viví en pleno proceso de descomposición. Aquella poética inicial no me abandonó nunca, con el eco profundo de Novoneyra: "pobos pobres que se foron quedando nos ósos" ["pueblos pobres que se fueron quedando en los huesos"]. Así le sucedió a Vilarmao, epítome simbólico de la Galicia rural.

El ORÁCULO

Yo no escribo nunca nada con voluntad deliberada, y ni siquiera corrijo los textos que se me aparecen. En ese aspecto tengo una concepción muy romántica de la poesía, emparentada con las poéticas de la escucha y de la creación como acto visionario. Escribo por placer y necesidad expresiva, y por lo tanto desde un posicionamiento de libertad absoluta y en conexión profunda con mi propia experiencia vital –y en esto hay que integrar la artística, por supuesto–. Escribo desde dentro.

LA POÉTICA

Concibo la poesía como un acto integral en el que intervienen necesariamente los sentires y saberes. Decía Otero Pedrayo que todavía no aprendimos a ser metafísicos en la física, esto es, a encontrar la "razón espiritual" en la materia. Creo en la inteligencia de la materia y en la lucidez del amor. Y la poesía para mí es ante todo un acto de amor, una percepción amorosa de la vida, incluso si no se escribe un solo verso, y es creación, esto es, libertad radical. Desde este punto de vista, la poesía no encaja en nuestro mundo, pero precisamente por eso es tan necesaria.

LA POLÍTICA

Así como el feminismo defiende que lo privado es público, también yo creo que toda poesía, por el hecho de ser un acto individual de creación libre, representa ya un acto político: es una verdadera declaración de independencia, una afirmación del individuo frente a la ley del número de las supuestas democracias en las que vivimos, como decía el anarquista vigués Ricardo Mella. No sucumbir a modas ni a mercados es para mí una intervención política. La conmoción emocional que produce la poesía profunda es política porque es liberadora, como el amor.

LAS AFINIDADES ELECTIVAS (LUCENSES)

La afinidad cultural con Novoneyra, a quien admiré, pero no llegué a tratar, yo diría que es antropológico-poética. La primera vez que leí sus textos tendría unos diez u once años, en la escuela. Disfrutaba leyendo aquellos poemas desde la ventana de mi cuarto en Vilarmao mirando hacia el Courel, donde habitaba poéticamente aquella voz que me fascinó, antes que nada, por su emoción telúrica. Para mí Novoneyra fue el descubrimento dunha voz oracular.

En cuanto a Luz Poza Garza y Luís Pimentel, me atrajeron por la elegancia musical y por la verdad de sus respectivas obras, en las cuales no hay jamás impostura literaria, sino una belleza hecha de verdadera intensidad y desgarro vital. También ambos escriben desde dentro.

A Carmen Blanco y Claudio Rodríguez Fer me une una larga amistad que viene del inicio de mis estudios universitario en el campus de Lugo. Me considero discípula tanto del feminismo libertario de Carmen Blanco como hija poética de la radical erótica de Claudio Rodríguez Fer. Además, el compromiso de ambos con la memoria de las víctimas del fascismo, hace de ellos dos voces imprescindibles de la ética y de la estética, de mi manera de ver y estar en el mundo y de habitar la vida con poesía.

EL PARAÍSO

Hay un poema en Cráter que, en dos versos, dice así: To Ei ei ei Ou ou ía Ixca / La-gúi La-gúi Xo!; en realidad, es una especie de canto que recoge expresiones gallegas con las que les hablamos a determinados animales para que se detengan ("to" para las vacas, "xo" para las caballerías), para que caminen o modifiquen su paso ("ei", "ou"), para que se aparten ("ixca", se le dice a las gallinas), o para que beban ("lagúi", le decimos al ganado para que beba en los barcales de las fuentes). Para mí es un lenguaje del paraíso, pues en cierto modo conecta con el mito de un universo integrado en el que el lenguaje abarcaba la comunicación total entre todos los seres de la tierra, una especie de Esperanto amoroso. Porque para mí, en definitiva, la Poesía es (solo) Amor.

Dibujo de Sara Plaza.

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